Judit Pablos ha anunciado que deja el fútbol al final de esta temporada. La jugadora, formada en La21, cierra así una etapa muy especial después de haber defendido durante ocho años la camiseta del RCD Espanyol. No es una despedida cualquiera, porque hablamos de una futbolista de casa, de esas que han crecido dentro del club y que han vivido el camino desde abajo, con todo lo que eso significa. El domingo jugará su último partido como profesional ante el Sevilla y recibirá la despedida que merece, en una tarde que seguro tendrá bastante de emoción, de memoria y de esos nudos en la garganta que cuesta disimular.
Un adiós comunicado primero al club y a sus compañeras
Antes de hacerlo público, Judit ya había comunicado su decisión al club y a sus compañeras. Y eso también dice mucho de cómo ha querido cerrar esta etapa: primero con los suyos, con la gente del vestuario, con quienes han compartido entrenamientos, viajes, alegrías y días menos bonitos. Luego ha llegado el mensaje abierto, el que ha compartido con la afición. Y ahí se nota que no está hablando solo de una profesión. Está hablando de una parte de su vida. Porque cuando alguien lleva tantos años dentro del fútbol, despedirse no es tan simple como guardar las botas en una bolsa y ya está.
“Hoy me cuesta encontrar las palabras…”
La propia Judit lo ha explicado con una frase que ya marca el tono de todo su mensaje: “Hoy me cuesta encontrar las palabras… porque hoy no solo cierro una etapa, hoy me despido de una parte de mí.” No hay mucho que añadir ahí. Es una frase de las que salen cuando una persona sabe que está cerrando una puerta enorme. El fútbol, para ella, no ha sido solo competición. Ha sido rutina, refugio, identidad y una manera de crecer. Cuando una jugadora formada en casa se despide así, el espanyolismo también se para un segundo a mirar atrás.
El fútbol como casa, escuela y manera de vivir
En su carta, Judit habla del fútbol como algo que le ha acompañado durante muchos años y que le ha ayudado a formarse como deportista y como persona. “El fútbol ha sido mi casa durante muchos años. Me ha visto crecer, caer, levantarme y soñar. Me siento una afortunada de haber podido vivir este camino, lleno de aprendizajes, emociones y momentos que me han hecho crecer como deportista y como persona. El fútbol me ha dado mucho más que un deporte: me ha dado una manera de entender la vida.” Es imposible leer eso sin pensar en todo lo que hay detrás: entrenamientos cuando nadie mira, lesiones, viajes, partidos buenos, partidos malos y esa sensación de pertenecer a algo que te acaba definiendo.
El agradecimiento a la afición, pieza clave en su despedida
Judit también ha tenido palabras para la afición, en una frase corta pero muy clara: “Gracias afición, porque el fútbol sin vosotros no tendría sentido.” Y ahí está una de esas verdades sencillas que a veces se olvidan. El fútbol femenino del Espanyol ha tenido años de mucho esfuerzo, de pelear por espacio, de buscar reconocimiento y de tirar hacia adelante incluso cuando no todo era fácil. Por eso, que una jugadora que ha vivido tanto dentro del club se acuerde de la gente tiene sentido. La afición también forma parte de estas historias, aunque no siempre salga en la foto principal.
Igualada y Espanyol, los dos clubes que marcaron su camino
En su despedida, la futbolista también ha querido acordarse del otro club que ha marcado su trayectoria: el CF Igualada. “Gracias al CF Igualada y al RCD Espanyol, los dos clubes donde he jugado, he crecido y también he podido cumplir un sueño. Aquella niña pequeña que empezó este camino lo ha disfrutado de principio a fin, y hoy soy quien soy gracias a todo lo que he vivido. Me habéis ayudado a formarme como jugadora y como persona y siempre formaréis parte de mí.” Esa imagen de la niña que empezó jugando y acaba despidiéndose como profesional tiene algo muy bonito. Porque el fútbol también va de eso: de sueños que empiezan pequeños y acaban siendo una vida entera.
Compañeras, entrenadores y amistades para siempre
Judit no se ha olvidado de quienes han compartido vestuario con ella. “Gracias a todas las compañeras y entrenadores con quienes me he cruzado en este camino. He aprendido de cada una de vosotras, dentro y fuera del campo. Muchas de vosotras os habéis convertido en amistades para siempre y eso es uno de los regalos más grandes que me llevo.” En el deporte, al final, los títulos, los partidos y las estadísticas quedan ahí, pero muchas veces lo que más pesa son las personas. Las que te acompañan cuando juegas, cuando no juegas, cuando estás lesionada o cuando toca levantarse de un golpe duro. Judit se va del fútbol, pero se lleva una mochila llena de gente importante.
La familia, el refugio de una carrera larga
La parte más íntima de su mensaje llega cuando habla de su familia. “Gracias familia, porque este camino no habría sido el mismo sin vosotros. Habéis sido mi refugio, mi apoyo incondicional y mi pilar en todo momento y os estaré siempre agradecida; sois, sin duda, lo mejor de mi vida.” Es una frase muy de verdad. Porque detrás de una carrera deportiva siempre hay muchas horas de apoyo silencioso. Padres, madres, hermanos, parejas, gente que está ahí cuando no hay cámaras ni aplausos. El fútbol lo juega una persona, pero muchas veces lo sostiene toda una familia.
Nel y una nueva vida por delante
Judit también ha dedicado unas palabras muy especiales a Nel, abriendo una parte nueva de su vida con una ilusión enorme. “Y a ti, Nel… gracias por regalarme la ilusión más grande que he sentido nunca. Me has abierto la puerta a una nueva vida y no puedo tener más ganas de vivirla a tu lado.” Su despedida del fútbol llega, pues, con una mezcla de tristeza y esperanza. Dejar atrás algo tan grande nunca es sencillo, pero hacerlo mirando hacia una nueva etapa también cambia el tono. No es solo un final. También es un comienzo.
Un final que no era el soñado, pero sí con el corazón lleno
El cierre del mensaje de Judit resume bastante bien cómo se va: con emoción, con agradecimiento y con la sensación de que, aunque no todo haya acabado como le habría gustado, el camino ha merecido la pena. “Gracias fútbol por todo lo que me has regalado y por todo lo que me has hecho sentir. Aunque no ha sido el final que yo deseaba, cierro esta etapa con el corazón lleno y ahora, con la misma ilusión con la que empecé, doy la bienvenida a todo lo que está por venir.” Esa frase deja un poso especial. Porque hay retiradas que no necesitan épica exagerada. Basta con sinceridad. Y aquí hay mucha.
El Espanyol despide a una jugadora de casa
El RCD Espanyol ha titulado su despedida con un “Gracias, Judit”, simple y directo. Y seguramente no hacía falta mucho más. Judit Pablos se marcha tras ocho años defendiendo la camiseta blanquiazul, formada en La21 y con una historia muy vinculada al club. Su último partido ante el Sevilla será también una forma de cerrar el círculo, de recibir el cariño de quienes la han visto crecer y de dejar una imagen final con el escudo del Espanyol en el pecho. Para una jugadora de la casa, no hay despedida más simbólica.
Una despedida que también habla del valor de La21
La retirada de Judit también sirve para recordar el valor de La21 dentro del Espanyol. No solo como estructura formativa, sino como lugar donde empiezan historias reales. Historias de niñas que llegan con ilusión, crecen, aprenden, compiten y, a veces, llegan a defender durante años la camiseta del primer equipo. Judit es una de esas historias. Una jugadora que no solo ha pasado por el Espanyol, sino que forma parte de su memoria reciente. Y eso, aunque no siempre se mida en goles o partidos, vale muchísimo.







