Para entender las necesidades actuales, es obligatorio echar la vista atrás de manera ordenada. Durante la campaña en la categoría de plata (20-21), el Espanyol gozó de un juego exterior dominante. La versión más punzante de Adrián Embarba y la aportación del actual capitán Javi Puado, que empezaba a irrumpir con fuerza desde el costado izquierdo hacia dentro, hicieron que el equipo tuviera un caudal ofensivo sobresaliente. Había sintonía y los números salían solos.puado espanyol valencia 2

El problema emergió con el retorno a la máxima categoría en la temporada 21-22. La exigencia de los rivales se multiplicó y las vigilancias defensivas sobre nuestros hombres de banda se volvieron implacables. Aunque el bloque de Vicente Moreno mantuvo la categoría con solvencia colectiva, la producción ofensiva por las bandas se volvió más previsible. Faltaron alternativas naturales en el banquillo con ese punto de chispa necesario para revolucionar los partidos saliendo desde los costados, una carencia que obligó a exprimir a los teóricos titulares.

La falta de regularidad y los cambios de sistema

La temporada 22-23 agudizó la necesidad de encontrar especialistas. La dirección deportiva intentó agitar la coctelera introduciendo piezas como José Carlos Lazo, algo insuficiente, ya que no salió bien ni en cuanto a rol, ni en cuanto a nivel mínimo exigido para jugar en Primera división. Además, los vaivenes en el banquillo propiciaron que jugadores de una naturaleza puramente creativa o asociativa no permitieran la posibilidad de sacar los máximos potenciales. Martin Braithwaite acabó jugando en banda; nadie niega su enorme calidad, pero no era su posición y su rol no era el del extremo vertical que decide encarar a su par cada vez que puede; era un jugador de área, capaz de rematar sin tener gran envergadura, un perfil necesario, pero no el ya mencionado. El ataque dejó destellos de calidad innegables, pero la falta de un extremo puro y profundo que estirara el campo penalizó la fluidez del ataque, pese a hacer bastantes goles.

De vuelta a la División de Plata en la 23-24, la apuesta exterior cambió radicalmente hacia un perfil completamente distinto con la llegada de Pere Milla. El atacante catalán a día de hoy ofrece un despliegue encomiable: sacrificio en la presión, juego aéreo en segundas jugadas y una polivalencia que le permitió actuar en diferentes posiciones, jugando hasta de carrilero zurdo. No obstante, las virtudes de Milla responden más a las de un llegador que a las de un regateador. Con Puado ganando peso en posiciones cada vez más centradas para estar cerca del gol, el equipo echó en falta, una vez más, ese desatascador específico por fuera, un recurso que tanto Luis García primero como Manolo González después tuvieron que compensar mediante el empuje y la profundidad de los laterales.

¿Hacia dónde camina el mercado actual?

Las últimas ventanas de transferencias (24-25 y 25-26) han dejado claro que el diseño de las bandas sigue siendo un desafío abierto. Manolo González y compañía se han visto obligados en numerosas ocasiones a modificar el dibujo táctico, apostando por carrileros largos o por acumular futbolistas de buen pie por dentro ante la ausencia de extremos desequilibrantes en el uno contra uno. Los jóvenes de La21 han aportado frescura y minutos de bastante calidad en varios momentos de la temporada, pero consolidarse en la élite requiere un poso de veteranía y una consistencia que no se adquiere de la noche a la mañana.

Ahora, con las oficinas del club trabajando a pleno rendimiento bajo la gestión de Monchi, la prioridad parece clara de cara a confeccionar la plantilla definitiva para Manolo González. El primero es Álex Calatrava, que parece que puede hacer ese rol y aportar calidad de fuera hacia dentro, si es que Manolo González lo quiere en esas posiciones y no lo pone por dentro.