Eder Sarabia desmonta algunos prejuicios en su presentación: las claves de una presentación que puede haber cambiado la opinión de muchos pericos

5 de noviembre de 2026
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Resumen: La presentación de Eder Sarabia como nuevo entrenador del Espanyol merece una segunda lectura. Más allá de las declaraciones sobre sistemas, jugadores o próximos partidos, el técnico vasco supo responder a buena parte de las dudas que acompañaban su llegada al banquillo blanquiazul. No era fácil. Una parte de la afición todavía recordaba sus polémicas durante la etapa en el Andorra, otros desconfiaban de que su fútbol de posesión pudiera funcionar con una plantilla confeccionada para jugar de una manera muy distinta y tampoco faltaban quienes temían que su carácter terminara provocando problemas. Sarabia no evitó ninguno de esos asuntos. Pidió disculpas, reconoció que ha trabajado para controlar su efusividad, defendió una versión mucho más flexible de su propuesta futbolística y tuvo palabras especialmente generosas hacia Manolo González y Sergio García. Todo ello sin renunciar a su personalidad ni a su ambición. Una rueda de prensa que seguramente no habrá convertido a todos los escépticos en convencidos, pero que sí puede haber conseguido algo importante: que muchos pericos estén más dispuestos a darle una oportunidad.

5 puntos clave

    • Las disculpas: Sarabia afrontó sus polémicas anteriores y pidió perdón a los aficionados ofendidos.
    • Un técnico menos rígido: explicó que está dispuesto a adaptar sus ideas a las características del Espanyol.
    • Respeto a Manolo: reconoció su legado y aseguró que quiere conservar lo que funcionó.
    • Autocrítica personal: admitió que está trabajando para controlar su efusividad.
    • Ambición con sentido práctico: prometió un equipo valiente, pero dejó claro que primero hay que ganar partidos.

Eder Sarabia llegó con muchas dudas alrededor y salió de su presentación habiendo dado respuestas

Hay presentaciones de entrenadores que se olvidan antes de que termine el día. Unas cuantas palabras de ilusión, la típica promesa de trabajar mucho, una foto con la camiseta y poco más. La de Eder Sarabia como nuevo técnico del Espanyol fue bastante distinta. No tanto porque dijera algo revolucionario, sino porque llegaba con tantas preguntas pendientes que necesitaba algo más que una sonrisa y un discurso preparado para empezar a ganarse a la gente.

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Y lo cierto es que, escuchándolo con calma y repasando sus respuestas, hay motivos para pensar que supo interpretar bastante bien lo que necesitaba escuchar el espanyolismo. No necesariamente todo lo que le habría gustado oír, que es una cosa diferente, sino explicaciones razonables sobre tres grandes dudas: quién es realmente Eder Sarabia, qué piensa hacer con una plantilla tan distinta a las que había dirigido anteriormente y hasta qué punto conoce el club al que acaba de llegar.

Seguramente hubo aficionados que comenzaron la rueda de prensa convencidos de que Monchi se había equivocado con su elección. Y puede que algunos terminaran pensando exactamente lo mismo. Pero también es bastante posible que otros acabaran viendo al nuevo entrenador con mejores ojos. Porque Sarabia fue respondiendo, una por una, a varias de las objeciones que se habían repetido desde que se anunció su fichaje.

La cuestión ahora es separar las buenas palabras de lo que realmente puede significar todo aquello que explicó. Y ahí es donde aparece la segunda lectura de una presentación que dejó bastante material para analizar.

La primera barrera era personal: Sarabia sabía que tenía una cuenta pendiente con parte de la afición

El primer problema de Sarabia no era futbolístico. Antes de hablar de posesión, presión adelantada o salidas de balón, había una cuestión que debía resolver: sus polémicas durante la etapa en el Andorra y el mal recuerdo que habían dejado entre una parte del espanyolismo. No era un asunto menor, porque difícilmente podía pedir confianza a una afición si comenzaba su etapa evitando aquello que más recelos había provocado.

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Sarabia pudo haber optado por quitar importancia a lo sucedido, refugiarse en que todo formaba parte de la rivalidad deportiva o simplemente esquivar las preguntas. No lo hizo. Explicó que siempre había defendido con intensidad al equipo para el que trabajaba, pero reconoció que había aficionados que podían haberse sentido ofendidos. Y entonces llegó una de las frases más importantes: “Si tengo que pedir perdón a la gente que se sintiera ofendida, pues pido perdón.”

Más adelante volvió a abordar la cuestión con otra respuesta directa: “Como he dicho, pido disculpas a la gente que se haya sentido ofendida, que tengan clarísimo que mi equipo es el Espanyol”. Y en su primera intervención sobre el asunto había dejado una promesa de compromiso: “Lo nuestro ahora es el Real Club Deportivo Espanyol y que lo vamos a defender a muerte”.

¿Son suficientes esas disculpas para cerrar definitivamente el debate? Eso tendrá que decidirlo cada aficionado. Lo significativo es que Sarabia reconoció el problema y no se escondió detrás de su personaje. Para un entrenador al que tantas veces se ha señalado por su orgullo y su vehemencia, aceptar públicamente que pudo ofender a parte de la gente que ahora debe representar era una manera inteligente de empezar.

El entrenador del fútbol de toque sorprendió explicando que no piensa imponer su libreto a cualquier precio

La segunda gran duda era seguramente la más importante desde el punto de vista deportivo. ¿Cómo puede funcionar el fútbol de Eder Sarabia en un Espanyol que viene de jugar durante mucho tiempo con unas ideas muy diferentes? La pregunta es razonable. No se trata de una plantilla construida expresamente para desarrollar un juego de posesión prolongada, con constantes asociaciones y mucha elaboración desde atrás.

Aquí Sarabia dejó posiblemente algunas de sus respuestas más convincentes. Porque, lejos de explicar que los futbolistas tendrían que aprender inmediatamente su manera de jugar, defendió que también corresponde al entrenador comprender qué características tienen sus jugadores y adaptar sus ideas.

Lo resumió al recordar su evolución entre el Andorra y el Elche: “Aprendimos a ser más flexibles, aprendimos también a escuchar, no a veces de palabras, sino cómo se expresaba el jugador en el campo.” Y puso un ejemplo que tiene bastante más importancia de lo que parece. Durante su etapa en Andorra se desesperaba cuando el portero jugaba en largo. Con el tiempo entendió que, si un equipo dispone de futbolistas capaces de sacar partido de ese recurso, renunciar a él solamente por fidelidad a una idea no tiene demasiado sentido.

Fue una manera bastante eficaz de desmontar la imagen de entrenador que prefiere perder antes que modificar su modelo. Sarabia sigue queriendo un equipo que lleve la iniciativa, pero dejó claro que no pretende encerrarse en un único sistema. “Para mí el fútbol son relaciones y distancias”, explicó, antes de señalar que su Espanyol podrá defender, atacar y presionar de diferentes maneras.

Hay una diferencia importante entre tener unas convicciones futbolísticas firmes y convertirlas en una obligación que los jugadores deban cumplir aunque no dispongan de las herramientas adecuadas. El Sarabia que habló en el RCDE Stadium pareció bastante más cercano a lo primero que a lo segundo. Y eso, para quienes temían un cambio de modelo traumático, seguramente fue una buena noticia.

La inteligencia de no querer construir el Espanyol del futuro antes de ganar al Deportivo

Otro aspecto interesante fue comprobar que Sarabia entendió perfectamente la urgencia deportiva con la que llega. El Espanyol tiene once puntos después de once jornadas y solamente uno de margen sobre el descenso. La victoria en Villarreal ha aliviado la situación, pero no ha resuelto los problemas que arrastra el equipo.

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El entrenador podría haber aprovechado su presentación para hablar durante horas del fútbol que quiere desarrollar dentro de unos meses. Y en parte lo hizo, porque tiene una idea clara. Pero cuando se le preguntó qué necesitaba cambiar primero, volvió a la realidad más inmediata. “Claro, esto es como si yo voy al gimnasio y ya quiero tener el pecho en un día.” Después lo dejó todavía más claro: “Imposible, todo tiene un proceso.”

La explicación fue sencilla. Pretender que el Espanyol juegue inmediatamente como un equipo que lleva meses trabajando las mismas ideas solamente generaría frustración. Su prioridad es preparar al Deportivo, transmitir un plan comprensible y conseguir que los jugadores recuperen confianza.

Dejó otra frase bastante reveladora: “Esta semana, pues no hemos hablado mucho de modelo y de esto, hemos hablado de deportivo, plan de partido y las cosas muy claras y simples”. Posiblemente esta fuera una de las declaraciones que más tranquilidad podían dar a los escépticos.

Sarabia no renuncia a su fútbol, pero parece haber comprendido que primero hay que asegurar los resultados que permitan construirlo. No tendría demasiado sentido dedicarse a perfeccionar la salida de balón mientras el equipo continúa acercándose peligrosamente al descenso. La primera obligación del nuevo entrenador es competir y ganar partidos. Y durante su presentación no dio la impresión de haberlo olvidado.

Con Manolo González supo tocar una tecla especialmente sensible para el espanyolismo

Hay otro apartado que merece una segunda lectura: la manera en que Sarabia habló de Manolo González. El nuevo entrenador llega después de una destitución dolorosa para muchos aficionados, que siguen teniendo un enorme cariño por el técnico que devolvió al Espanyol a Primera y consiguió mantenerlo en la categoría.

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En este escenario, Sarabia podía haber cometido un error bastante habitual: intentar justificar su llegada explicando todo lo que debía cambiar. Optó por un camino muy diferente. “Hablé con Manolo porque primero que me parece una persona espectacular”, explicó, antes de recordar sus méritos y el respeto que despierta entre los entrenadores.

Lo más significativo fue que no presentó el trabajo anterior como un obstáculo, sino como una base sobre la que construir. “Ya le dije en este vestuario se va a hablar siempre bien de ti”, aseguró, añadiendo que los posibles éxitos futuros también tendrán relación con lo realizado por su antecesor.

Y aquí Sarabia estuvo especialmente acertado. No necesitaba conquistar al espanyolismo quitándole valor a Manolo. Todo lo contrario. Reconocer su legado era una manera de demostrar respeto por la historia reciente del club y, al mismo tiempo, de evitar una confrontación innecesaria entre quienes defendían al anterior entrenador y quienes quieren dar una oportunidad al nuevo.

Algo parecido sucedió con Sergio García. Sarabia elogió su trabajo en Villarreal, agradeció que consiguiera cambiar el estado de ánimo del vestuario y explicó que quiere mantener una relación estrecha con él por su conocimiento de la cantera. En lugar de empezar reclamando todo el protagonismo, reconoció que otros habían hecho cosas importantes antes de su llegada. Un detalle que dice bastante de cómo quiso presentarse ante su nueva afición.

También quiso desmontar la idea de que la plantilla no sirve para su fútbol

Otra sospecha habitual desde que se anunció su fichaje era que el Espanyol necesitaría cambiar a media plantilla para jugar como quiere Sarabia. El entrenador respondió defendiendo el talento que ya tiene a su disposición. No pidió refuerzos, no señaló carencias concretas y tampoco anunció una revolución en el mercado de invierno.

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“Para mí es un equipo que tiene mucho talento, que tiene muchas alternativas”, aseguró. Y explicó que su obligación será conocer mejor a cada futbolista, encontrar su posición más adecuada y construir situaciones que le permitan rendir.

La anécdota de pedir a los jugadores que dibujen dónde se sienten más cómodos fue especialmente interesante. No parece el gesto de alguien que llega convencido de que todo lo anterior estaba equivocado y de que solamente existe una manera válida de hacer las cosas. Al menos sobre el papel, Sarabia quiere escuchar antes de decidir.

También ofreció una explicación bastante comprensible sobre cómo conseguir que un equipo juegue mejor con el balón sin necesidad de tener once especialistas en el toque. Si los pases son más cortos, hay compañeros cercanos y los jugadores entienden dónde colocarse, las acciones resultan más sencillas. El trabajo del entrenador consiste precisamente en crear esas condiciones.

Y cuando apareció el mercado de invierno, dejó una frase con cierta gracia: “De momento me han fichado como entrenador, no como seleccionador.” El mensaje era que primero quiere trabajar con los futbolistas que tiene y conocerlos de verdad. Una respuesta que seguramente habrá gustado a quienes consideran que la plantilla necesita un entrenador capaz de sacar más rendimiento de sus recursos antes que una larga lista de fichajes.

La21, otra puerta que Sarabia supo dejar abierta sin hacer promesas fáciles

La victoria en Villarreal había dejado una imagen especialmente ilusionante para la afición: el protagonismo de los jóvenes de La21. Después de la actuación de Alejandro Santiago y Jan Peries, y con Ángel Fortuño consolidando su presencia en el primer equipo, una de las dudas era qué sucedería con ellos cuando Sarabia comenzara a tomar decisiones.

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El nuevo técnico no prometió que todos seguirían jugando. Tampoco habría sido demasiado serio hacerlo. Pero sí garantizó que los jóvenes tendrán oportunidades si demuestran que pueden ofrecer el rendimiento que necesita el equipo. “La cantera del Espanyol históricamente ha sido una de las mejores de España.” Y explicó que quiere mantener un contacto constante con el filial y el Juvenil.

La frase que mejor resume su postura fue bastante clara: “Los iremos viendo, estaremos cerca y cuando entendamos que son mejores que otros, pues los pondremos”. Nada de regalar titularidades por motivos sentimentales, pero tampoco cerrar las puertas por falta de experiencia.

Fue otra respuesta inteligente porque conectó con el orgullo de pertenencia que había despertado el partido de Villarreal sin comprometerse a tomar decisiones que todavía no puede justificar. Sarabia sabe que La21 es una parte fundamental de la identidad del Espanyol. Reconocerlo públicamente era importante, aunque ahora tendrá que demostrar con hechos que esa puerta continúa abierta.

La autocrítica sobre su carácter ofreció una imagen de Sarabia diferente a la habitual

La tercera gran barrera estaba relacionada con su personalidad. Sarabia arrastra una imagen de entrenador vehemente, protestón y excesivamente impulsivo en determinados momentos. Una característica que también había generado dudas sobre cómo podría encajar en un club donde la presión acostumbra a ser considerable.

En lugar de reivindicar que él es así y que no piensa cambiar, reconoció que ha trabajado para gestionar mejor su efusividad. Habló de su colaboración con Javier Marigorta, especialista en liderazgo y desarrollo personal con quien ya había trabajado en el Andorra, y explicó que aborda cuestiones mentales, espirituales y de relaciones personales.

También recordó que había experimentado una evolución entre sus etapas en el Andorra y el Elche. “Ya creo que habíamos dado un gran paso entre Andorra y Elche”, señaló. Y explicó que ese trabajo se desarrolla mediante reuniones, conversaciones y videollamadas.

Es una respuesta que merece atención porque no presentó su carácter como una virtud que todo el mundo debe aceptar sin condiciones. Admitió que hay reacciones que pueden perjudicarle y que está intentando aprender a controlarlas.

Eso no significa que vayamos a ver a un Sarabia completamente tranquilo durante los partidos. Seguramente seguirá protestando, gesticulando y viviendo cada acción con una intensidad enorme. Pero reconocer que necesita mejorar ya supone una diferencia respecto a la imagen que muchos tenían de él. Habrá que comprobar hasta qué punto esa evolución se mantiene cuando aparezcan los problemas.

Sarabia no prometió Europa ni victorias aseguradas: eligió comprometerse con una identidad

Otra de las cosas que pueden haber jugado a su favor fue que no convirtió su presentación en una colección de promesas imposibles. Sarabia habló de ambición, de querer construir un equipo protagonista y de aspirar a cosas importantes en el futuro. Pero también marcó claramente los límites de aquello que puede garantizar.

“Es que lo único que no podemos prometer los entrenadores son los resultados.” Fue una respuesta bastante sensata cuando se le pidió que explicara qué podía ofrecer al espanyolismo. No prometió ganar al Deportivo, ni clasificarse para Europa, ni terminar la temporada en una posición concreta.

En cambio, sí se comprometió con el trabajo, el ambiente del vestuario y una manera reconocible de competir. “Vamos a ir a todos los campos a ganar sin complejos”, aseguró, defendiendo la idea de un Espanyol que no se limite a esperar lo que haga el rival.

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Monchi completó ese mensaje al explicar que el fichaje de Sarabia tiene un propósito que va más allá de la salvación. “Eder no ha venido solamente para conseguir la salvación”, afirmó, antes de insistir en que el objetivo es conseguir que el nivel deportivo del equipo vuelva a corresponderse con la historia y la dimensión social del club.

La combinación resultó interesante: prudencia para el presente y ambición para el futuro. Sarabia no quiso vender una transformación inmediata, pero tampoco escondió que su intención es construir un Espanyol capaz de mirar hacia arriba. Justamente el equilibrio que necesitaba transmitir en un momento tan delicado.

La conexión con el espanyolismo: Sarabia entendió que primero debe dar motivos a la grada

Otro detalle que pasó quizá algo más desapercibido fue la manera en que Sarabia habló de la afición. No se limitó a elogiar al espanyolismo por compromiso. Recordó el partido del 125 aniversario, cuando visitó el RCDE Stadium con el Elche, y explicó que había puesto aquella jornada como ejemplo a los propios jugadores.

“Había una comunión con la afición espectacular, me acuerdo que hubo un ambiente increíble”, recordó. Sarabia quiere recuperar esa conexión, pero también dio a entender que no se consigue simplemente pidiendo que la gente anime.

Explicó que el equipo debe generar situaciones que hagan reaccionar al estadio: presionar, atacar, provocar córners, crear ocasiones y transmitir desde el primer minuto que está decidido a competir. El apoyo de la grada no debe ser una excusa para que los jugadores esperen soluciones desde fuera, sino una respuesta a lo que demuestren sobre el césped.

También fue significativo que no pretendiera copiar la relación que Manolo González mantuvo con los aficionados. “porque Manolo es Manolo, yo soy yo y bueno no quiero forzar nada”, explicó. Quiere ganarse a la gente con su trabajo y su manera de ser, sin intentar reproducir artificialmente una conexión que surgió en circunstancias muy diferentes.

La respuesta tuvo bastante sentido. El espanyolismo no necesita otro Manolo González. Necesita que Eder Sarabia consiga ser un buen entrenador para el Espanyol. Y eso solamente podrá demostrarlo con el tiempo.

La segunda lectura: Sarabia no ganó todavía ningún partido, pero sí pudo empezar a cambiar su imagen

Después de repasar todo lo que dijo, la sensación es que Eder Sarabia supo manejar bastante bien una presentación que podía haber resultado mucho más incómoda. Tenía que responder por unas polémicas anteriores, convencer de que su fútbol podía encajar en la plantilla, mostrar respeto por un entrenador muy querido y explicar cómo pretendía asumir un reto deportivo especialmente complicado.

Y fue encontrando respuestas para casi todo. Pidió disculpas cuando tocaba, reconoció que su carácter necesita trabajo, explicó que ha aprendido a ser más flexible, reivindicó a Manolo y Sergio García y defendió que la plantilla tiene más talento del que algunos parecen creer. No renunció a su personalidad ni a sus ideas, pero tampoco dio la impresión de llegar dispuesto a pasar por encima de todo lo que se había construido anteriormente.

¿Estaba todo calculado para ganarse a la afición? Es imposible saberlo. Lo que sí podemos analizar es el efecto de sus palabras. Su discurso respondió a varias de las preocupaciones que habían aparecido desde el anuncio de su fichaje. Y eso, para alguien que empezaba con una parte del entorno en contra, ya era bastante importante.

Hay que evitar también el entusiasmo excesivo. Una buena rueda de prensa no convierte automáticamente a nadie en un buen entrenador para el Espanyol. Sarabia todavía tendrá que demostrar que sus ideas funcionan, que sabe adaptarse a los jugadores y que es capaz de gestionar los momentos de máxima presión. La afición tiene razones para mantener la prudencia después de un 2026 especialmente duro.

Pero tampoco sería justo ignorar lo que dejó su presentación. El Sarabia que escuchamos pareció más flexible, más consciente de sus propios errores y bastante más respetuoso con la realidad del Espanyol de lo que algunos podían esperar. Puede que no haya convencido a todos. Seguramente ni él mismo lo pretendía. Pero sí parece haber conseguido que algunos de quienes más desconfiaban de su llegada tengan ahora más argumentos para concederle una oportunidad.

Y quizá esa sea la principal victoria de su primer día ante los medios. Sarabia no ha cambiado todavía el fútbol del Espanyol, pero puede haber empezado a cambiar la percepción que una parte del espanyolismo tenía de él. Ahora le corresponde hacer lo más difícil: demostrar en el campo que detrás de todas aquellas explicaciones hay un entrenador capaz de devolver al equipo la confianza, los resultados y la ilusión.