
Resumen: La Vanguardia firma un magnífico retrato de Dani Osvaldo, exdelantero del Espanyol que se recupera en la UCI tras una operación pulmonar de urgencia. Alberto Martínez se aleja del simple repaso deportivo y reconstruye al personaje a través de quienes convivieron con él: Raúl Baena, Álvaro Vázquez y Javi Márquez. Sale un Osvaldo reconocible para cualquiera que lo viera jugar en Cornellà: talentoso, imprevisible, excesivo a ratos, tremendamente cercano en otros y siempre dividido entre dos pasiones, el fútbol y la música.
Puntos clave
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- Dani Osvaldo se recupera en la UCI tras una operación pulmonar de urgencia y se encuentra consciente y lúcido.
- Alberto Martínez reconstruye en La Vanguardia su etapa en el Espanyol a partir de testimonios de antiguos compañeros.
- Raúl Baena recuerda su personalidad fuerte y su pasión por cantar incluso durante los asados del vestuario.
- Álvaro Vázquez y Javi Márquez coinciden en destacar el lado cercano y protector que había detrás de su imagen de tipo duro.
- La música acabó convirtiéndose en la otra vida de Osvaldo, transformado después de retirarse en Dani Stone.
Alberto Martínez retrata al Osvaldo que existía detrás del futbolista
Hay futbolistas que se explican mirando una hoja de estadísticas. Y luego está Dani Osvaldo. Con él nunca bastaron los goles, los partidos o los equipos por los que pasó. Alberto Martínez firma este domingo en La Vanguardia uno de esos perfiles que ayudan a entender algo más al personaje, aprovechando un momento especialmente delicado: el argentino se recupera en la UCI de un hospital de Buenos Aires tras una operación pulmonar de urgencia y, según explicó su familia, permanece “consciente y lúcido”, aunque todavía bajo vigilancia intensiva.
Osvaldo y Dani Stone, dos personajes que siempre fueron el mismo
El artículo empieza prácticamente definiéndolo con una frase suya: “Plantaré un manzano para poder pecar”. Muy Osvaldo. El delantero y Dani Stone, su alter ego musical, parecen dos personas distintas, pero seguramente nunca lo fueron. Una parte necesitaba competir, marcar y vivir con la adrenalina del fútbol. La otra quería subirse a un escenario, cantar rock y escapar precisamente de todo aquello que rodeaba a un futbolista profesional. Y cuando estaba en uno de esos mundos, terminaba echando de menos el otro.
El Espanyol encontró a Osvaldo en un momento muy delicado
Su llegada al Espanyol tampoco ocurrió en cualquier contexto. Osvaldo aterrizó en enero de 2010, pocos meses después de la muerte de Dani Jarque y en pleno desgaste del conflicto entre el club y Raúl Tamudo. Era un Espanyol que necesitaba agarrarse a algo, y aquel delantero argentino llegado después de varios intentos sin demasiada continuidad en Italia cayó de pie.
Veinte goles y una sensación de delantero hecho para Cornellà
En año y medio firmó 20 goles y dejó una sensación que todavía permanece entre muchos aficionados pericos. Potencia, remate, carácter y una manera de competir que conectó rápidamente con la grada. Osvaldo parecía jugar siempre un poco enfadado con alguien, aunque muchas veces ese alguien fuese simplemente el defensa que tenía delante. Fue uno de esos delanteros capaces de convertir una pelota aparentemente perdida en una ocasión.
Raúl Baena recuerda al Osvaldo fuerte y cariñoso a la vez
Uno de los aciertos del texto de Alberto Martínez está en dejar que sean sus antiguos compañeros quienes terminen de dibujarlo. Raúl Baena explica: “Era un chico con una personalidad fuerte, muy seguro de sí mismo, pero a la vez cariñoso. Conmigo siempre tuvo muy buen trato y guardo un gran recuerdo de él”.
La música ya estaba allí mucho antes de Dani Stone
Baena cuenta también una escena que parece escrita para explicar toda la vida posterior de Osvaldo. Durante uno de aquellos asados tan habituales en el Espanyol de Mauricio Pochettino, el argentino decidió levantarse, coger un micrófono y ponerse a cantar. “Sabíamos que le gustaba cantar, y un día, al final de un asado (eran famosos en la época de Mauricio Pochettino) se levantó, cogió un micrófono (que no sé de dónde salió) y se puso a cantar. Acabamos todos alucinando. ¡A este tío se le da bien todo!”.
El cantante ya estaba escondido dentro del delantero del Espanyol
Visto ahora parece casi una premonición. Muchos años antes de abandonar el fútbol y montar Barrio Viejo, Dani Stone ya aparecía en los asados del vestuario del Espanyol. La música no fue una ocurrencia cuando terminó su carrera, sino una obsesión que llevaba dentro mientras todavía marcaba goles.
El Ferrari negro también forma parte del personaje
Osvaldo tampoco intentaba pasar desapercibido fuera del campo. Su manera de vestir, sus coches o algunos de sus hábitos encajaban perfectamente con aquella imagen de futbolista diferente. Álvaro Vázquez recuerda especialmente su Ferrari negro, un coche que evidentemente llamó la atención del joven delantero de la cantera.
Álvaro Vázquez recuerda a un Osvaldo protector
Lo interesante es que Álvaro no se queda con el personaje exterior. Recuerda otra cosa: “Su trato era excelente y yo me sentía protegido a su lado”. Y completa el retrato: “Era excéntrico, cercano y siempre estaba de buen rollo. Recuerdo que gracias a él pude ver el primer Ferrari negro de mi vida y pude hasta probarlo”.
Detrás de la fachada había alguien bastante más cercano
Aquí aparece una constante en los recuerdos de quienes compartieron vestuario con él. El Osvaldo que veía el público y el que conocían sus compañeros no eran exactamente el mismo. Fuera podía parecer provocador, impulsivo o incluso inaccesible. Dentro del grupo, en cambio, quienes estuvieron cerca de él hablan de protección, cariño y generosidad.
Javi Márquez define como pocos esa contradicción
Quizá el testimonio que mejor resume al personaje sea el de Javi Márquez. El excanterano mantiene todavía relación con él y reconoce todas esas contradicciones sin intentar esconderlas: “Es una persona que aprecio y he mantenido el contacto. Sí, era peculiar, pero con un corazón enorme. Tiene esa coraza de tipo duro, que vive la vida a su manera, que siempre hizo un poco lo que consideró dentro y fuera del campo. Pero es excepcional y tiene sentimientos con los que le aprecian”.
La frase sobre las anécdotas que no pueden contarse también es muy Osvaldo
Javi Márquez remata su recuerdo con otra frase fantástica: “Algunas anécdotas no se pueden contar”. Y probablemente sea mejor así. Porque alrededor de Osvaldo siempre existió esa sensación de que lo que llegaba al público era únicamente una parte de todo lo que sucedía.
Osvaldo fumaba incluso durante su etapa como futbolista profesional
La Vanguardia recuerda uno de esos hábitos que chocaban frontalmente con la vida de un deportista profesional. Osvaldo fumaba y pedía cigarrillos al utillero después de los entrenamientos. Nunca pareció demasiado interesado en representar el papel del futbolista perfecto. Ni dentro ni fuera del campo.
De Cornellà a una carrera que nunca terminó de encontrar estabilidad
El Espanyol acabó traspasándolo en 2011 por 18 millones de euros. Después llegaron Roma, Juventus, Southampton, Inter, Boca Juniors y Oporto. Nombres enormes, equipos importantes y una carrera que siempre pareció estar a punto de asentarse del todo, pero nunca terminó de hacerlo.
Los Rolling Stones, un antidoping y otra historia imposible
El artículo recupera también una anécdota magnífica de su etapa en Roma junto al exguardameta del Espanyol Cristian Álvarez. Ambos habían comprado entradas para ver a los Rolling Stones en Londres. Osvaldo pidió incluso ser sustituido diez minutos antes para poder coger el avión, pero después le tocó pasar el control antidopaje.
El concierto que acabó convertido en una noche de bar
Intentó solucionarlo viajando en avión privado, pero llegó tarde y se perdió el concierto. El plan terminó de una manera bastante acorde con el personaje: Osvaldo y Cristian Álvarez acabaron borrachos en un bar escuchando canciones de los Rolling Stones. Con Osvaldo casi todo parece una historia inventada hasta que recuerdas que estamos hablando de Osvaldo.
Dani Osvaldo dejó paso a Dani Stone
Se retiró del fútbol y regresó a Barcelona para montar junto a sus amigos el grupo Barrio Viejo. Fue entonces cuando el futbolista empezó a desaparecer públicamente y apareció con más fuerza Dani Stone. Una amiga explicaba después de uno de sus conciertos: “Vos no sabéis la presión que tiene que soportar el nueve de Boca. Él ahora es más feliz”. Y añadía: “Esta vida es la suya”.
Su primer disco tuvo un título que tampoco necesitaba demasiadas explicaciones
Lo llamó Liberación. Difícil encontrar una palabra más adecuada para alguien que había vivido durante años entre las exigencias del fútbol profesional y sus ganas de escaparse de ellas. Una de las letras recogidas por La Vanguardia dice: “Orden, tu fiel amigo; maldito orden, no va conmigo. No me quieras ordenar, mi cabeza va a estallar, no me pidas que me quede… Desorden, sí, me gusta más”.
El fútbol terminó llamándolo otra vez
Y aquí aparece otra contradicción maravillosa. Había dejado el fútbol para dedicarse a la música, pero terminó echándolo de menos. En 2019 volvió para jugar con Banfield. Cuando tenía fútbol quería música. Cuando tuvo música volvió a necesitar fútbol. Esa especie de insatisfacción permanente atraviesa toda su historia.
En 2024 llegó la confesión más dura de Osvaldo
La parte más delicada de su vida se conoció públicamente en 2024, cuando el argentino explicó que atravesaba una depresión y habló también de sus problemas con las drogas y el alcohol. Era otro Osvaldo, mucho más vulnerable que aquel delantero que durante años había construido una imagen de tipo indestructible.
Ahora el fútbol mira hacia Buenos Aires pendiente de su recuperación
El problema pulmonar y la operación de urgencia han vuelto a colocar su nombre en la actualidad por un motivo que nadie habría querido. Su familia ha transmitido que permanece consciente y lúcido, aunque todavía necesita vigilancia intensiva.
En el Espanyol quedó algo más que un recuerdo futbolístico
Por eso el texto de Alberto Martínez funciona especialmente bien desde una perspectiva perica. No habla únicamente del delantero que marcó 20 goles, sino del compañero que recuerdan quienes estuvieron allí. Baena habla del cantante inesperado. Álvaro Vázquez, del futbolista que protegía al joven. Javi Márquez, de la persona escondida detrás de la coraza.
Osvaldo nunca fue sencillo y probablemente ahí estaba parte de su encanto
Intentar convertirlo únicamente en un personaje pintoresco sería quedarse bastante corto. También sería injusto presentar una versión romántica de todos sus excesos, especialmente después de conocer los problemas personales que él mismo explicó años más tarde. Su historia tiene talento, humor, excesos, cariño, dolor y bastantes contradicciones.
El mejor retrato quizá sea precisamente no intentar ordenarlo
Futbolista y cantante. Osvaldo y Stone. Ferrari y cigarrillos. Goles y guitarras. Vestuarios y escenarios. El nueve duro al que sus compañeros recuerdan como alguien cariñoso.
Probablemente por eso el perfil de La Vanguardia acierta: no intenta convertirlo en algo sencillo de explicar. Deja que todas esas versiones convivan.
Y mientras se recupera en Buenos Aires, desde el Espanyol queda sobre todo el recuerdo de un futbolista que estuvo apenas año y medio, pero consiguió algo que no todos logran ni después de diez temporadas: que todavía hoy, cuando aparece su nombre, todo el mundo tenga alguna historia que contar.







