3Cat encuentra más espacio para el Barça mientras el Espanyol sigue esperando: una desigualdad que también obliga a mirar hacia Alan Pace

21 de octubre de 2026
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Resumen: El anuncio de ‘Que no caigui’, el nuevo programa de 3Cat dedicado al Barça, ha provocado malestar entre numerosos seguidores del Espanyol, que vuelven a cuestionar la desigualdad de atención entre los clubes catalanes en los medios públicos. La crítica no pretende negar al Barcelona el espacio que merece por su dimensión, sino reclamar una presencia más equilibrada para el resto del fútbol catalán en unos medios sostenidos con recursos de todos. Pero el debate también señala al propio Espanyol y a la gestión de Alan Pace, que el pasado verano puso fin a los acuerdos de colaboración con medios especializados pericos, incluidos los que permitían ofrecer entradas y camisetas a los aficionados. Una decisión que contrasta con etapas anteriores, incluida la de Chen Yansheng, y que plantea dudas sobre el valor que la actual propiedad concede a la relación con quienes mantienen viva la información blanquiazul.

Cinco puntos clave

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    • Un nuevo programa dedicado al Barça. El estreno de ‘Que no caigui’ en 3Cat reabre el debate sobre la visibilidad del Espanyol en los medios públicos.
    • Un desequilibrio que viene de lejos. El espanyolismo reclama una atención más justa al conjunto de clubes catalanes, sin negar el peso mediático del Barcelona.
    • Pace rompe con anteriores colaboraciones. El Espanyol dejó de mantener acuerdos con medios especializados que ofrecían ventajas a sus seguidores.
    • Un cambio respecto a la etapa de Chen. Incluso durante la anterior propiedad se conservaron fórmulas de colaboración con la prensa perica.
    • La afición, principal perjudicada. La falta de apoyo a los medios especializados reduce iniciativas, visibilidad y oportunidades para conectar con el espanyolismo.

3Cat estrena otro espacio dedicado al Barça y el espanyolismo vuelve a preguntarse por qué

Hay noticias que, vistas de manera aislada, pueden parecer completamente normales, pero que adquieren otro significado cuando se conoce el contexto. El anuncio de ‘Que no caigui’, un nuevo programa de 3Cat dedicado a la actualidad del FC Barcelona, el análisis táctico y el debate futbolístico, ha provocado durante las últimas horas una reacción de malestar entre numerosos seguidores del Espanyol. No porque el Barça no tenga derecho a contar con espacios específicos. Con su dimensión social, deportiva y mediática, sería absurdo plantearlo. El problema es otro, bastante más antiguo y difícil de justificar: la enorme diferencia de atención que reciben los clubes catalanes dentro de unos medios públicos que pertenecen, al menos en teoría, a todos los ciudadanos de Catalunya.

El nuevo programa, anunciado para estrenarse hoy 21 de octubre en YouTube, vuelve a poner sobre la mesa una reivindicación que el espanyolismo lleva años repitiendo. ¿Por qué siempre parece haber sitio para un nuevo producto dedicado al Barça mientras que resulta muchísimo más difícil encontrar proyectos equivalentes para el Espanyol? Y la pregunta no afecta únicamente a los blanquiazules. También debería incluir al Girona, al Nàstic, al Sabadell, al Terrassa, al Europa y al resto de entidades que forman parte de la realidad futbolística catalana.

Nadie está reclamando que se deje de hablar del Barcelona. Lo que se reclama es que también se hable de los demás. Parece una diferencia bastante sencilla de entender, pero cuesta encontrarla reflejada en la oferta deportiva. El Barça concentra audiencias, publicidad e interés, una realidad que nadie discute. Ahora bien, cuando hablamos de medios públicos, esa lógica comercial no debería ser el único criterio para decidir dónde se destinan los recursos y qué aficionados merecen tener contenidos pensados específicamente para ellos.

El Espanyol también forma parte de Catalunya, aunque a veces cueste recordarlo

El problema de fondo es que buena parte del espanyolismo lleva demasiado tiempo sintiéndose como un invitado, o peor aún, un extraño en el panorama mediático de su propia tierra. El Espanyol es un club histórico del fútbol catalán, con una masa social importante, una trayectoria centenaria y una identidad que forma parte de la historia deportiva de Barcelona. Tiene miles de abonados, generaciones de familias que han transmitido sus colores y una afición que ha demostrado su compromiso incluso en los momentos más difíciles.

Y pese a todo, la sensación recurrente es que el club debe conformarse con una atención secundaria mientras el Barça continúa ocupando el centro de prácticamente cualquier conversación futbolística. Es razonable que el Barcelona tenga más minutos y más programas por la dimensión de su audiencia. Lo que resulta mucho más difícil de defender es que esa diferencia acabe condicionando hasta tal punto la diversidad de contenidos disponibles.

Conviene introducir aquí un matiz importante. 3Cat sí ofrece información del Espanyol, transmisiones de sus partidos y contenidos específicos, como ‘Espanyol reservat’. Negarlo sería injusto con los profesionales que trabajan en esa cobertura, muchos de ellos de sentimiento perico y que han de luchar en esa casa para obtener unos espacios que por justicia merecen. Pero reconocer su existencia no significa que la distribución de recursos, visibilidad y formatos sea necesariamente equilibrada.

Una televisión o una radio pública no puede funcionar exactamente con los mismos criterios que una empresa privada que busca rentabilizar cada producto. Tiene una obligación de servicio público, de pluralidad y de representación de la sociedad a la que se dirige. Y dentro de esa sociedad también hay pericos. Muchos. Aunque a veces parezca que se les recuerda solamente cuando toca un derbi o cuando el Espanyol atraviesa una crisis deportiva.

Los medios públicos se financian con recursos de todos, también de los pericos

Aquí aparece una cuestión que conviene recordar cada vez que se plantea este debate: Tv3 y sus satélites no son una televisión privada del FC Barcelona. Es un servicio público financiado con recursos que proceden del conjunto de la ciudadanía catalana. También de los aficionados del Espanyol, del Girona y de quienes no siguen a ninguno de los grandes equipos.

Eso no significa que cada contribuyente tenga derecho a exigir un programa dedicado a sus preferencias particulares. Pero sí que resulta legítimo reclamar criterios transparentes y una distribución de la oferta que refleje la pluralidad deportiva de Catalunya. El servicio público debe atender también a colectivos que, por sí solos, quizá no puedan competir en cifras de audiencia con los contenidos mayoritarios.

La desigualdad mediática tampoco se corrige únicamente con más noticias sobre el Espanyol cuando pierde o cuando el entrenador está cuestionado. También pasa por explicar su cantera, su fútbol femenino, su historia, su masa social y las iniciativas que surgen alrededor del club. Por tratar al Espanyol como una entidad con vida propia y no únicamente como un protagonista ocasional de la actualidad deportiva.

Pero el Espanyol también tiene que mirarse al espejo: ¿qué está haciendo Alan Pace por los medios pericos?

Hasta aquí, la crítica a los medios públicos y al desequilibrio que existe en el panorama mediático catalán. Pero sería demasiado cómodo quedarse solamente con esa parte de la historia. Porque si reclamamos que los medios públicos cuiden más al Espanyol, también deberíamos preguntarnos qué está haciendo el propio club para cuidar a quienes dedican prácticamente toda su actividad a informar sobre él. Y en este punto, la gestión de la nueva propiedad deja motivos para una reflexión bastante incómoda.

Desde la llegada de Alan Pace, no se han producido los esfuerzos que cabría esperar para construir una relación más estrecha con los pocos medios especializados que siguen diariamente la actualidad blanquiazul. Más bien ha sucedido lo contrario. El pasado verano, el Espanyol puso fin a los acuerdos de colaboración que mantenía con estos medios, iniciativas que llevaban tiempo funcionando y que permitían ofrecer pequeñas ventajas a los seguidores.

Hablamos de acuerdos que, por ejemplo, permitían sortear camisetas oficiales o entradas para partidos del Espanyol entre los aficionados. Puede parecer poca cosa si se compara con las cifras millonarias que maneja un club de Primera División, pero para quienes participan en estas iniciativas y para los medios que las impulsan tienen un valor importante. Una camiseta puede hacer ilusión a un niño, unas entradas pueden permitir que una familia acuda al RCDE Stadium y un sorteo puede servir para acercar todavía más el club a sus seguidores.

Lo más llamativo es que esas colaboraciones no eran grandes operaciones comerciales ni suponían, en apariencia, compromisos económicos difíciles de asumir para la entidad. Eran maneras bastante sencillas de reforzar una relación que beneficiaba a todas las partes. El medio podía ofrecer algo atractivo a su audiencia, el aficionado obtenía una oportunidad y el Espanyol ganaba presencia entre un público que ya tenía una vinculación emocional con sus colores. Y precisamente por eso cuesta entender que se haya decidido prescindir de ellas.

Alan Pace y una visión del Espanyol demasiado condicionada por la rentabilidad económica

La desaparición de estos acuerdos encaja con una impresión que va creciendo alrededor de la manera de gestionar el club de Alan Pace: parece que todo necesita tener un retorno económico identificable para merecer atención. La nueva propiedad ha colocado el crecimiento de los ingresos y la mejora del negocio entre sus prioridades, algo perfectamente comprensible en una entidad que necesita fortalecer su estructura financiera. El problema aparece cuando esa mentalidad se traslada también a relaciones cuyo valor no puede medirse únicamente en dinero. El resultado sí es evidente: se ha perdido una herramienta para mantener una relación cercana con los medios especializados y, a través de ellos, con los aficionados.

Hay cosas que no necesitan generar ingresos inmediatos para ser beneficiosas para un club de fútbol. Cuidar a quienes informan de su actualidad, ayudar a que existan espacios de debate y facilitar que los seguidores participen en iniciativas vinculadas al equipo también contribuye a fortalecer la marca, la comunidad y el sentimiento de pertenencia.

Quizá ahí esté una de las diferencias entre entender el Espanyol como un negocio deportivo y comprenderlo también como una institución social. Las dos dimensiones deben convivir, porque un club profesional necesita ingresos para competir. Pero cuando todo se observa desde una perspectiva estrictamente comercial, se corre el riesgo de perder de vista relaciones que llevan años construyéndose y que forman parte de la identidad de la entidad. Y el Espanyol, precisamente por su complicadísima situación dentro del ecosistema deportivo y mediático catalán, de la que Pace se supone se estará dando cuanta, debería ser especialmente cuidadoso con ellas.

Lo que resulta difícil de defender es que el Espanyol necesite más visibilidad y, al mismo tiempo, se debiliten relaciones con quienes llevan años trabajando para ofrecérsela. Porque es una evidencia imposible de rebatir que en un entorno tan desigual, cada espacio dedicado al club, por pequeño y modesto que sea, cuenta.