El Espanyol quería mirar hacia arriba y vuelve a buscar cómo salir del atasco

21 de octubre de 2026
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Resumen: El Espanyol vuelve a encontrarse ante una situación que quería dejar atrás con la llegada de Alan Pace y Monchi: mirar hacia el descenso y buscar soluciones urgentes. Los ocho puntos en nueve jornadas y los cuatro partidos consecutivos sin ganar han disparado las dudas sobre Manolo González, pero el problema va más allá del banquillo. La dirección deportiva debe demostrar que la plantilla está bien construida y que existe un plan para recuperar el rumbo, mientras que los jugadores necesitan ofrecer un rendimiento más cercano a lo esperado. Los próximos compromisos de Liga y la eliminatoria de Copa ante el Sestao River pondrán a prueba la capacidad de reacción del proyecto. La afición no exige milagros, pero sí reconocer avances que permitan confiar en que el Espanyol está construyendo algo mejor.

Cinco puntos clave

    • El proyecto, ante su primer gran examen. Ocho puntos en nueve jornadas y cuatro partidos sin ganar alejan al Espanyol de las expectativas iniciales.
    • Manolo necesita respuestas inmediatas. Los cambios tácticos no están dando resultado y el equipo sigue mostrando problemas para competir y sumar.
    • Monchi también está bajo examen. Su respaldo al entrenador y la planificación de la plantilla forman parte de las decisiones que ahora deben justificarse.
    • La responsabilidad alcanza a los jugadores. El Espanyol necesita más rendimiento individual, liderazgo y capacidad para resolver partidos complicados.
    • La Copa será otra prueba de ambición. La visita al Sestao River exigirá demostrar que el equipo puede asumir el favoritismo y reaccionar.

El proyecto de Alan Pace y Monchi afronta una prueba que va más allá del futuro de Manolo González: demostrar que tiene respuestas cuando el equipo se aleja de lo que esperaba ser

El Espanyol no necesitaba que nadie le prometiera ganar cada domingo. Tampoco que la llegada de Monchi convirtiera de golpe al equipo en candidato a Europa. Lo que necesitaba era empezar a vivir de otra manera. Encadenar unos cuantos pasos hacia delante, encontrar cierta tranquilidad y dejar de afrontar cada tropiezo como el principio de otro problema serio. Por eso, los ocho puntos en nueve jornadas y los cuatro partidos seguidos sin ganar pesan más que una mala salida. Vuelven a colocar al espanyolismo en una conversación que conoce demasiado bien: qué hay que cambiar para que esto no acabe complicándose todavía más. La derrota ante el Atlético, con el gol de Baena en el tramo final, ha añadido otra semana de dudas.

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La promesa era construir un equipo más fiable

Conviene recordar qué se planteó al arrancar esta etapa. En su presentación, Monchi habló de construir “un proyecto sólido” y de que el Espanyol empezara a “mirar hacia arriba y no hacia abajo”. Esas dos ideas explicaban bastante bien lo que la afición esperaba: ambición, sí, pero acompañada de una base que permitiera sostenerla. No hacía falta poner fecha a un objetivo europeo para entender que la intención era dejar atrás la supervivencia permanente.

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Y ahí aparece la primera pregunta incómoda. ¿Está consiguiendo el Espanyol esa solidez? Porque un proyecto puede tardar en alcanzar sus objetivos, pero durante el camino debería ofrecer alguna seguridad. Saber cómo competir cuando no sale el fútbol, proteger un resultado o superar un mal partido sin que se tambalee todo. La paciencia resulta mucho más fácil de defender cuando se entiende qué está creciendo. Cuando cuesta reconocerlo, cada semana sin ganar se come una parte del crédito.

Perder contra el Atlético no explica por sí solo el malestar

Una derrota ante el equipo de Simeone entra dentro de lo que puede pasar. El problema es el lugar que ocupa dentro de la secuencia. El Espanyol venía de dejar escapar la victoria en Málaga y volvió a quedarse sin premio en los últimos minutos frente al Atlético. Dos partidos distintos, con exigencias diferentes, que han terminado alimentando una preocupación parecida: al equipo le cuesta convertir su esfuerzo en puntos y proteger lo que tiene cerca.

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Se puede discutir si mereció más, si tuvo opciones o si el rival decidió por calidad individual. Todo eso forma parte del análisis. Pero también hay que preguntarse por qué vuelve a quedar esa sensación de haber tenido algo al alcance y haberlo perdido. Si cada encuentro encuentra su explicación particular, pero la clasificación apenas mejora, toca buscar qué conecta unos problemas con otros. Ahí es donde el diagnóstico debe ir más allá de la última jugada.

Manolo tiene que ofrecer una respuesta que se vea en el campo

El entrenador ocupa el centro del debate porque es quien decide cómo juega el equipo, quién participa y qué cambia cuando las cosas se atascan. A Manolo le corresponde conseguir que las soluciones duren más que un rato. Una buena fase de partido puede señalar un camino; repetirla y sostenerla es lo que permite empezar a confiar.

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Eso exige encontrar un equilibrio que el futbolista pueda reconocer. Cómo salir cuando aprieta el rival, dónde juntar pases, quién acompaña al delantero o cómo queda colocado el equipo cuando pierde el balón. Cambiar nombres o dibujos puede ayudar, pero necesita una consecuencia visible. Si el Espanyol modifica cosas y acaba sufriendo de maneras parecidas, la pregunta sobre la eficacia de esas decisiones es inevitable.

Tampoco basta con pedir que se compita. Competir debe servir para acercarse a ganar. El esfuerzo, el orden y la resistencia tienen valor, especialmente frente a un rival superior, pero el equipo necesita construir también sus propias posibilidades de victoria. Esa es una parte central del trabajo que se le debe exigir al técnico.

La continuidad también compromete a Monchi

El respaldo de Monchi a Manolo formó parte de su apuesta desde la presentación. Por tanto, el entrenador pertenece al proyecto que la dirección deportiva decidió construir. Esa elección obliga a mirar también hacia arriba cuando el rendimiento no llega. Monchi debe valorar tanto el trabajo del banquillo como las herramientas que puso a su disposición.

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Su examen tiene varias preguntas. Si la plantilla está equilibrada. Si los refuerzos responden a las necesidades del equipo. Si lo que se pide jugar encaja con las características de los futbolistas. Y si existe una explicación convincente para que el rendimiento colectivo esté por debajo de lo esperado.

La responsabilidad de un director deportivo tampoco termina al cerrar el mercado. Durante la temporada debe detectar qué falla y decidir cómo intervenir. Puede hacerlo sosteniendo al entrenador, ayudándole a corregir el rumbo o tomando otra decisión. Lo que debe dar sentido a esa elección es el diagnóstico. El nombre y la trayectoria de Monchi hicieron crecer la ilusión; ahora su gestión de las dificultades será una parte importante de su credibilidad en el Espanyol.

Mantener a Manolo exige saber qué debe mejorar

Dar continuidad puede ser una decisión razonable si el club encuentra argumentos para pensar que el equipo va a reaccionar. Pero esa confianza necesita contenido. Debe haber aspectos concretos que corregir y señales que permitan comprobar si se está avanzando.

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Desde fuera no se conocen todas las conversaciones internas ni el trabajo diario. Sería inventar asegurar qué condiciones se han puesto o cuánto margen tiene el técnico. Lo que sí puede juzgarse es el resultado de ese trabajo los días de partido. La continuidad necesita que el Espanyol gane fiabilidad, genere más recursos y deje de repetir errores que le cuestan puntos.

También conviene medir una eventual sustitución con ese mismo rigor. Cambiar de entrenador tendría que responder a una idea sobre qué necesita el equipo y quién puede proporcionárselo. La urgencia puede obligar a actuar, pero acertar exige algo más que encontrar a alguien disponible.

La plantilla tiene una parte del problema que debe resolver

El debate sobre Manolo corre el riesgo de dejar en segundo plano a quienes juegan. Y hay una responsabilidad individual que ningún planteamiento puede asumir por completo. Ganar un duelo, ofrecer una línea de pase, interpretar un momento del encuentro o decidir bien bajo presión forma parte del oficio del futbolista.

El Espanyol necesita que la calidad que se supone a su plantilla aparezca con mayor continuidad. Los recién llegados deben aportar, los jugadores con experiencia deben sostener al equipo y quienes reclaman oportunidades deben aprovecharlas. El entrenador tiene que crear las condiciones; los futbolistas deben responder dentro de ellas.

Además, cuando los resultados se tuercen, resulta especialmente importante que haya jugadores capaces de ordenar al resto. Alguien que pida el balón, frene una precipitación o detecte que toca protegerse. Ese liderazgo también construye la solidez de la que se hablaba al comenzar el proyecto.

La Copa también medirá la ambición del nuevo Espanyol

En medio de esta necesidad de reacción aparece la visita al Sestao River en Las Llanas. Una eliminatoria a partido único que obliga a preparar otro tipo de encuentro y que añade una responsabilidad al calendario. La Copa será otra oportunidad para comprobar hasta qué punto el Espanyol convierte su ambición en hechos. El cruce y el escenario están confirmados por ambos clubes.

Superar la ronda es lo exigible al equipo de Primera, aunque deba ganárselo sobre el césped. Y una eliminación tendría un peso que iría más allá del torneo: aumentaría las dudas sobre la capacidad del grupo para responder cuando se le exige llevar la iniciativa y asumir el favoritismo.

No hay información que permita presentar ese partido como un ultimátum para Manolo. Sí hay motivos deportivos para considerarlo un examen importante. La Liga obliga a sumar y la Copa obliga a estar a la altura. El Espanyol necesita atender ambas cosas.

La afición necesita reconocer un avance

A la propiedad le corresponde sostener los medios y la dirección del proyecto. A Monchi, acertar con la planificación y las decisiones. A Manolo, hacer funcionar al equipo. Y a los jugadores, elevar su rendimiento. Las responsabilidades son distintas, pero se encuentran cada fin de semana en el mismo resultado.

El espanyolismo puede entender que construir lleva tiempo. Lo que necesita es reconocer algún avance durante esa espera. Un equipo más fiable, mejores respuestas a las dificultades y victorias que permitan trabajar con tranquilidad. Esa era la esperanza que acompañaba al nuevo proyecto. Ahora toca empezar a darle forma sobre el césped.