
Resumen: El Espanyol cayó ante el Atlético de Madrid (0-1) después de apostar por una defensa de cinco que no consiguió dar la seguridad esperada. Los rojiblancos dominaron el inicio, encontraron espacios a la espalda de los centrales y obligaron a Fortuño a intervenir en varias ocasiones. El equipo de Manolo González mejoró con algunos ajustes, pero apenas generó peligro y acabó castigado por un gol de Baena en el minuto 89. La derrota prolonga una dinámica preocupante: ocho puntos en nueve jornadas y cuatro encuentros seguidos sin ganar. El análisis deja una cuestión que va más allá de los errores finales: si Manolo todavía tiene respuestas para sacar más rendimiento de esta plantilla.
Cinco puntos clave
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- La defensa de cinco no funcionó de inicio. El Atlético encontró espacios a la espalda de los centrales y dominó un centro del campo demasiado desprotegido.
- Fortuño volvió a responder. El joven portero sostuvo al Espanyol con varias intervenciones importantes y poco pudo hacer ante el disparo de Baena.
- La mejoría no se tradujo en ocasiones. Los ajustes dieron algo más de orden al equipo, pero Roberto siguió aislado y faltó presencia ofensiva.
- Otro error decisivo en el tramo final. Como en Málaga, el Espanyol dejó escapar puntos por no resolver correctamente una acción cuando el partido agonizaba.
- Manolo llega muy cuestionado a Santander. Los resultados y la falta de una identidad clara aumentan la presión sobre el técnico y sobre Monchi.
El Espanyol volvió a perder, volvió a encajar en los últimos minutos y volvió a dejar una sensación bastante incómoda. La derrota ante el Atlético de Madrid (0-1) tiene una explicación inmediata, el golazo de Álex Baena en el minuto 89, pero quedarse únicamente con esa acción sería contar solo una parte de la historia. Manolo González sorprendió con una defensa de cinco que debía proteger al equipo y que, durante muchos minutos, terminó provocando justo lo contrario: desorden, un centro del campo demasiado vacío y una delantera desconectada. Los blanquiazules mejoraron con el paso del encuentro, llegaron vivos al final y tuvieron opciones para adelantarse, pero volvieron a quedarse sin premio. Ocho puntos en nueve jornadas, cuatro partidos consecutivos sin ganar y un debate sobre el entrenador que ya resulta imposible separar de lo que sucede sobre el césped. La próxima parada es Santander. Y cada vez parece más importante.
El Espanyol – Atlético comenzó con un ambiente distinto alrededor de Manolo González
Antes incluso de que empezara a rodar el balón, el RCDE Stadium ya había dejado una señal de que algo está cambiando. Manolo González recibió menos aplausos de los habituales y se escucharon algunos silbidos, una reacción que hasta hace poco resultaba difícil de imaginar hacia el entrenador que consiguió el ascenso y ha mantenido al Espanyol en Primera. El técnico sigue teniendo defensores, y motivos no les faltan si se mira todo lo que ha hecho por el club, pero el apoyo ya no es tan unánime. La preocupación por los resultados empieza a pesar más que los recuerdos de sus éxitos. Y el partido ante el Atlético, lejos de calmar los ánimos, terminó alimentando las dudas.
Manolo sorprende con tres centrales y una defensa de cinco ante el Atlético
La alineación ya anunciaba que Manolo había preparado algo distinto. Vanja Drkušić entró por Tyrhys Dolan y Roger Hinojo ocupó el lugar de Quilindschy Hartman, dos cambios que permitían pasar a una estructura con tres centrales y dos carrileros. La idea era proteger mejor el área, cerrar las llegadas desde segunda línea y evitar que el Atlético encontrara espacios entre los defensores. Sobre el papel podía tener cierta lógica ante un rival de tanta calidad. El problema apareció cuando empezó el encuentro. El Espanyol se quedó con demasiados futbolistas atrás, muy pocos en el centro del campo y Roberto Fernández completamente solo arriba. Se había reforzado la defensa, pero el equipo no parecía más seguro. Y esa es una contradicción difícil de explicar.
El Atlético encontró demasiadas facilidades ante una defensa perica desordenada
Los primeros 25 minutos fueron especialmente preocupantes. El Atlético movía el balón con comodidad, Pablo Barrios encontraba espacios para dirigir el juego y los atacantes rojiblancos amenazaban constantemente la espalda de la defensa. Los centrales del Espanyol salían de su posición para perseguir a los delanteros, dejando huecos que obligaban a sus compañeros a corregir una y otra vez. Giuliano Simeone, Kang-in Lee y Jonathan David encontraron situaciones de peligro, mientras los blanquiazules parecían tener dudas sobre cuándo presionar, cuándo esperar y a quién debían seguir. No era únicamente una cuestión de calidad individual. Había un problema de organización. El Espanyol había salido a protegerse, pero durante buena parte del inicio transmitió una inseguridad enorme.
El centro del campo quedó demasiado vacío y Edu Expósito volvió a sufrir
La defensa de cinco tuvo otra consecuencia evidente: el Atlético podía preparar sus ataques sin encontrar demasiada oposición en la zona central. Pol Lozano y Edu Expósito tenían muchísimo terreno que cubrir, mientras los futbolistas de Simeone encontraban líneas de pase con relativa facilidad. Pol intentó mantener el orden y fue creciendo con el paso del partido, pero Expósito volvió a ofrecer una versión muy alejada de la que necesita el Espanyol. Su participación ofensiva fue escasa, le costó dar continuidad a las posesiones y tampoco consiguió compensar los problemas del sistema. Aquí hay dos responsabilidades que conviene separar: la del entrenador, que coloca a sus jugadores en una estructura determinada, y la de unos futbolistas que también deben rendir bastante más. El mal momento de Edu empieza a convertir su continuidad en el once en una decisión difícil de justificar.
Fortuño sostiene al Espanyol y Cabrera está a punto de cambiar el partido
En medio de tantas dificultades, Àngel Fortuño volvió a ser una de las mejores noticias del Espanyol. El portero estuvo atento a los balones a la espalda de la defensa, respondió ante Jonathan David y mantuvo al equipo dentro del encuentro cuando el Atlético parecía más cerca de marcar. También hubo intervenciones defensivas importantes de Hinojo y Riedel para evitar que algunas llegadas terminaran en gol. Lo curioso es que, pese al dominio visitante, el Espanyol también tuvo opciones para adelantarse. Roberto Fernández dispuso de una ocasión de cabeza y Leandro Cabrera estrelló un potente disparo con la derecha en el larguero. Aquella jugada pudo cambiar por completo el partido. El descanso llegó con 0-0, aunque el marcador escondía una primera mitad en la que los rojiblancos habían sido superiores durante muchos minutos.
El Espanyol mejora cuando Javi Hernández aparece por dentro
No todo el encuentro fue igual de malo. El Espanyol empezó a encontrarse algo mejor durante el tramo final de la primera parte y consiguió mantener esa mejoría después del descanso. Javi Hernández pasó a ocupar posiciones interiores como mediapunta, ofreciendo una línea de pase que había faltado al principio. Los centrocampistas comenzaron a escalonarse mejor, la presión tuvo algo más de sentido y el equipo ganó intensidad. El Atlético ya no encontraba tantas facilidades para atacar y los blanquiazules empezaron a parecerse un poco más a un conjunto organizado. Pero seguía existiendo un problema enorme: el Espanyol apenas conseguía chutar a portería. Estar mejor colocado es importante, aunque no basta cuando el objetivo también debería ser ganar el partido.
Simeone movió el banquillo y Manolo mantuvo los tres centrales
El descanso dejó otra diferencia interesante entre los entrenadores. Diego Simeone dio entrada a Julián Álvarez y Grimaldo, buscando más talento para resolver un encuentro que su equipo había dominado sin conseguir marcar. Manolo, en cambio, mantuvo la defensa de tres centrales pese a que el partido parecía pedir un centrocampista más. Es cierto que el Espanyol había mejorado y que cambiar otra vez la estructura podía romper el equilibrio recién encontrado. Esa es la parte razonable de la decisión. Pero también resulta legítimo preguntarse si el equipo no necesitaba dar un paso adelante, especialmente jugando en casa y después de una primera mitad en la que había sufrido tanto para conectar con sus atacantes. Manolo prefirió mantener la protección defensiva antes que buscar una superioridad mayor en el centro del campo. Y el partido siguió avanzando con muy pocas oportunidades claras para los pericos.
Los cambios de Manolo no consiguieron dar más amenaza al Espanyol
En el minuto 72 llegaron Gabriel Moscardo y Álex Calatrava, Cala, para sustituir a Edu Expósito y Javi Hernández. Poco después entraron Javi Puado y Marcos Fernández por Bryan Zaragoza y Roberto Fernández. La reaparición de Puado, 279 días después de su lesión, fue una de las pocas alegrías de la tarde, acompañada por una ovación que recordó lo importante que es el capitán para el espanyolismo. Pero los cambios no consiguieron transformar el juego ofensivo. Bryan había dejado algunos intentos individuales sin demasiado resultado y Roberto había pasado buena parte del partido peleando prácticamente solo contra los centrales visitantes. La entrada de piernas frescas tampoco corrigió esa falta de conexión. El Espanyol seguía vivo en el marcador, pero apenas transmitía la sensación de poder ganar.
Baena castiga al Espanyol en el minuto 89 y vuelve a escaparse otro resultado
Y cuando el empate parecía asegurado, llegó otra vez el golpe. El Atlético salió al contraataque después de una acción cerca del córner de su propio campo, Grimaldo combinó con Julián Álvarez y el argentino encontró a Álex Baena en la frontal. El centrocampista rojiblanco tuvo tiempo para acomodarse el balón y colocar un disparo extraordinario al palo largo, imposible para Fortuño. Era el minuto 89 y el Espanyol volvía a quedarse sin nada. El gol tuvo una ejecución magnífica, pero la jugada también dejó un error que los propios protagonistas reconocieron después: el ataque del Atlético debía haberse cortado antes de que llegara a Baena. Omar El Hilali tuvo una oportunidad para hacer una falta táctica en el inicio de la transición. Nadie la hizo. Y el equipo pagó el despiste de la peor manera.
Dos partidos consecutivos perdiendo puntos en el último momento
Lo sucedido ante el Atlético resulta todavía más doloroso porque llega inmediatamente después del empate en Málaga. Allí, el Espanyol tenía la victoria en la mano y acabó encajando en el descuento. Esta vez, cuando parecía que podía salvar un punto ante uno de los equipos más potentes del campeonato, volvió a cometer un error decisivo. De los cuatro puntos que tenía prácticamente al alcance entre ambos encuentros, solamente ha sumado uno. Manolo González insistió después en que las jugadas fueron diferentes y que cada una exigía una solución concreta. Tiene razón en ese matiz. En Málaga había que gestionar mejor la posesión cerca del córner rival; ante el Atlético, cortar una transición. Pero el problema de fondo se repite: al Espanyol le está faltando oficio para cerrar los partidos cuando más importa.
Manolo González cree que el Espanyol sale reforzado, pero la imagen admite otra lectura bastante diferente
La rueda de prensa posterior dejó una de las cuestiones más difíciles de encajar con lo que se había visto sobre el césped. Manolo González defendió el trabajo del equipo y aseguró: “El equipo sí sale reforzado porque se ha competido muy bien”. Es comprensible que el entrenador quiera proteger a sus jugadores y poner en valor el esfuerzo realizado ante un rival superior. También es verdad que el Espanyol mejoró después del mal comienzo y que estuvo cerca de sumar. Pero una cosa es reconocer que el equipo compitió durante determinados tramos y otra sostener que una nueva derrota refuerza el proyecto. El Atlético dominó con demasiada comodidad al principio, el Espanyol generó muy poco y acabó perdiendo por una acción que podía haberse evitado. Los jugadores necesitan confianza, pero el diagnóstico también debe ser exigente. Porque si todo se considera positivo pese a que los resultados empeoran, resulta difícil saber qué debe corregirse.
El debate sobre Manolo ya no puede limitarse a defender su pasado
Manolo González se ha ganado el respeto del espanyolismo. El ascenso, las permanencias y su identificación con el club son méritos que nadie debería olvidar. Cuestionar su continuidad no significa negar todo lo que ha conseguido. Pero tampoco parece razonable que esos méritos impidan analizar lo que está sucediendo ahora. El Espanyol lleva semanas buscando una identidad que no termina de aparecer. Ha cambiado futbolistas, ha probado diferentes estructuras y ha tenido tiempo para trabajar durante el parón, pero sigue sin encontrar una fórmula estable. En Málaga se vio un equipo capaz de atacar bien durante una parte y completamente superado en la siguiente. Ante el Atlético apareció una propuesta muy defensiva, rácana hasta el extremo, que tampoco consiguió controlar el partido desde el inicio. El entrenador sigue intentando encontrar soluciones, aunque cada vez cuesta más reconocer una idea que realmente funcione durante noventa minutos.
La plantilla del Espanyol tiene más recursos de los que está mostrando
Sería demasiado sencillo cargar toda la responsabilidad sobre el banquillo. Hay futbolistas que están rindiendo por debajo de lo esperado, decisiones individuales que cuestan puntos y momentos de desconexión que no pueden explicarse únicamente por el sistema. Edu Expósito atraviesa un momento complicado, Bryan Zaragoza todavía no ofrece continuidad y Roberto Fernández queda demasiadas veces aislado. La defensa alterna intervenciones de mérito con errores de colocación y el equipo sigue teniendo dificultades para manejar los momentos de presión. Pero precisamente por eso aumenta la exigencia sobre el entrenador. Su trabajo consiste en encontrar una estructura que proteja las debilidades y saque partido a las virtudes de sus jugadores. La sensación es que esta plantilla tiene recursos para ofrecer bastante más de lo que está mostrando, aunque tampoco se trata de venderla como un equipo preparado para competir de tú a tú con cualquiera.
Monchi debe decidir si Manolo González todavía puede cambiar la dinámica
Aquí entra una figura que cada vez tendrá más protagonismo: Monchi. El director general deportivo ha respaldado públicamente a Manolo González y ha insistido en la necesidad de mantener la calma. Pero su responsabilidad no consiste únicamente en defender al entrenador cuando llegan las críticas. También debe valorar si el proyecto está avanzando, si los jugadores responden y si el cuerpo técnico conserva capacidad para revertir la situación. Ocho puntos en nueve jornadas y cuatro encuentros seguidos sin ganar son motivos suficientes para revisar seriamente el rumbo. La continuidad de Manolo sigue siendo una decisión del club, no de la grada ni de los medios, aunque las opiniones formen parte del debate. Y si Monchi considera que todavía existe margen para recuperar al equipo, tendrá que demostrarlo con hechos. Si cree que se necesita un cambio de entrenador, también deberá asumir esa responsabilidad. Lo que empieza a resultar difícil es mantener todo igual mientras los problemas se repiten.
El Espanyol corre el riesgo de convertir la permanencia en su único horizonte
Hay otra cuestión que preocupa tanto como los resultados: el discurso que empieza a instalarse alrededor del Espanyol. El club afrontaba la temporada con la intención de crecer y dar pasos adelante, pero la realidad de las primeras nueve jornadas ha llevado a hablar cada vez más de asegurar la permanencia. Es lógico que, cuando los puntos no llegan, la prioridad inmediata sea alejarse del descenso. Lo inquietante sería que esa necesidad acabara convirtiéndose en una renuncia a cualquier otra ambición. Sobre el césped, el equipo parece jugar muchas veces condicionado por el miedo a perder, incluso cuando necesita ganar. Y si los futbolistas terminan asumiendo que su única misión es sobrevivir, recuperar la confianza y la iniciativa será todavía más complicado. El Espanyol necesita puntos, pero también volver a creer que puede aspirar a algo más que resistir cada jornada.
Racing – Espanyol: Santander se convierte en un examen decisivo para Manolo y Monchi
El siguiente partido será en El Sardinero, ante el Racing de Santander, y llega cargado de significado. El Espanyol necesita ganar para romper una racha que empieza a comprometer su situación deportiva y para recuperar algo de tranquilidad alrededor del equipo. No hay ninguna confirmación de que el club haya convertido ese encuentro en un ultimátum para Manolo González, pero para una parte del entorno ya se presenta como una cita decisiva. Otra derrota o un nuevo partido sin respuestas aumentaría inevitablemente la presión sobre el entrenador y, a partir de ahí, sobre Monchi. La pregunta es si la dirección deportiva comparte esa sensación de urgencia o si mantiene un margen de confianza más largo. Manolo merece respeto por todo lo que ha dado al Espanyol y sería triste que su etapa acabara deteriorándose hasta el punto de borrar sus grandes logros. Pero el reconocimiento al pasado no puede sustituir las respuestas que necesita el equipo en el presente. Santander no decidirá por sí solo toda una temporada, aunque puede marcar el camino de las próximas semanas.












