
El gol de Marcos Fernández ante el Sevilla duró apenas unos segundos, pero detrás llevaba años de trabajo. Primero cabeceó al larguero. Después recogió el rechace y volvió a intentarlo. A la segunda, dentro. Aquel remate en el minuto 98 no solo salvó un punto para el Espanyol: fue el primer gol en Primera de un delantero criado en los campos de Tarragona. El Diari de Tarragona ha hablado con algunas de las personas que conocieron sus primeros pasos y que todavía lo recuerdan como Marquitos.
La Floresta, el lugar donde empezó todo
Marcos terminó su etapa de fútbol 7 en el CD La Floresta. Allí ya llamaba la atención por su velocidad, la facilidad para aparecer cerca del área y una relación bastante natural con el gol. No era solo un niño con buenas condiciones. Quienes lo entrenaron recuerdan sobre todo sus ganas de competir y mejorar. Pablo Pedro Fernández, presidente del club tarraconense, lo define con pocas palabras: “Marcos era un jugador con mentalidad ganadora, de esos que quieren competir, mejorar y ayudar al equipo en cada partido”.
Un niño que entrenaba con la misma intensidad con la que jugaba
En La Floresta también quedó marcada su manera de afrontar el día a día. “No era un jugador que solamente se esforzaba cuando llegaba el partido, también lo hacía en cada entrenamiento”, explica Fernández. Marcos no reservaba sus esfuerzos para el fin de semana ni esperaba al partido para enseñar lo que llevaba dentro. Entrenaba con intensidad, quería ganar cada ejercicio y empujaba a sus compañeros a subir el nivel. Esa actitud, menos visible que un gol o una carrera, ayuda a explicar por qué fue superando etapas cuando el camino empezó a ponerse serio.
El salto al Nàstic y el comienzo del fútbol 11
Al terminar su ciclo de fútbol 7 llegó la llamada del Nàstic. Jordi Guillén, responsable de fútbol del club grana, explica: “Lo fichamos de La Floresta. Termina su etapa de fútbol 7 allí y viene al Nàstic para el fútbol 11“. El cambio obligaba a adaptarse a un campo mayor, nuevas posiciones y rivales más hechos, pero Marcos respondió. Pasó por el Infantil de primer año, el Infantil A, el Cadete B y el Cadete A de División de Honor. Su crecimiento fue rápido porque podía actuar en casi cualquier zona del ataque y mantenía algo que no se enseña con facilidad: el instinto para llegar al gol.
Un atacante capaz de jugar en todas las posiciones
Guillén, una de las personas que siguió su evolución, recuerda esa versatilidad. Marcos podía partir desde una banda, aparecer por dentro, jugar como delantero centro o moverse como falso nueve. El dibujo importaba menos que su facilidad para atacar los espacios y aparecer donde terminaba la jugada. Guillén lo resume así: “Podía jugar en cualquier posición de las de arriba. Tenía mucho gol. Podía jugar de fuera para dentro, de nueve, de falso nueve, lo que quisieras”.
Descaro, liderazgo y partidos con futbolistas mayores
El delantero tampoco pasaba desapercibido fuera de las áreas. En Tarragona lo recuerdan como un chico con descaro y capacidad para ejercer un liderazgo positivo dentro del vestuario: “Era un chaval muy descarado, líder positivo tanto dentro del campo como fuera del vestuario”, explica Guillén. Durante su último año como cadete comenzó a trabajar con el equipo de División de Honor dirigido por Dani Vidal y llegó a marcar pese a competir con futbolistas mayores. Aquello confirmó que su rendimiento no dependía únicamente de ser físicamente superior a los chicos de su edad.
Betis y Ceuta, dos estaciones necesarias antes del Espanyol
Después del Nàstic apareció el Betis, donde continuó su formación lejos de casa. Más tarde llegó el Ceuta y el salto definitivo al fútbol sénior. Allí encontró continuidad, asumió responsabilidades y demostró que podía trasladar sus virtudes a un nivel mucho más exigente. No fue un recorrido directo ni sencillo, pero cada etapa fue acercándolo a la oportunidad que llevaba años buscando.
El Espanyol le abrió la puerta de Primera División
Su llegada al Espanyol lo colocó ante el reto más grande de su carrera. Marcos tuvo que pelear por un sitio en una plantilla con competencia y convencer a Manolo González de que podía ayudar al primer equipo. Su debut ya representaba un premio enorme, aunque todavía faltaba esa imagen con la que sueña cualquier delantero desde pequeño: ver entrar su primer balón en una portería de Primera.
Un gol ante el Sevilla que explica su manera de competir
El Espanyol perdía cuando el partido entró en el último minuto del descuento. Marcos atacó un centro, ganó el salto y estrelló el cabezazo en el travesaño. Muchos habrían dado la jugada por terminada. Él no. Reaccionó antes que nadie, localizó el rebote y marcó el empate con un segundo remate. Fue una acción de insistencia pura, casi un resumen de todo lo que cuentan sobre él quienes lo vieron crecer.
En Tarragona nadie se extraña por su llegada
El estreno goleador provocó una alegría enorme en La Floresta y el Nàstic, aunque no pilló desprevenidos a quienes siguieron su formación. Jordi Guillén reconoce que “Personalmente no sorprende a nadie de aquí”. Durante años lo vieron competir con mayores, asumir retos y responder cuando el nivel subía. Que haya llegado a Primera es una noticia grande. Que lo haya hecho insistiendo hasta cazar un rechace resulta muy suyo.
De Marquitos a delantero del Espanyol
La historia de Marcos Fernández no empieza bajo los focos del RCDE Stadium. Nace en un campo de fútbol 7, continúa en las categorías inferiores del Nàstic y atraviesa Betis y Ceuta antes de llegar al Espanyol. Antes de convertirse en el futbolista que rescató un punto ante el Sevilla, fue un niño humilde con hambre de balón y pocas ganas de rendirse. En Tarragona lo conocían desde hacía tiempo. Ahora también empieza a conocerlo toda Primera División.







