Monchi debe tomar su primera gran decisión en el Espanyol: Manolo González o cambio de ciclo

19 de mayo de 2026

A Monchi apenas le ha dado tiempo a sentarse del todo en su nuevo despacho del Espanyol y ya tiene delante la primera gran decisión de verdad. Ayer lunes se cumplió solo una semana desde su llegada oficial al club blanquiazul, pero aquí no hay período de adaptación ni café tranquilo mirando el escudo. El fútbol va a otra velocidad. Y el Espanyol, más todavía. Antes de tocar la plantilla, antes de fichar, antes de vender y antes de empezar a mover esa agenda que todos esperan que sea medio milagrosa, hay que decidir quién manda en el banquillo. Manolo González u otro técnico. Esa es la primera gran pregunta del proyecto.

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El verano será fuerte, pero el banquillo va primero

Monchi tendrá este verano un reto de los gordos: darle la vuelta como un calcetín a una plantilla que pide a gritos un cambio serio. No un retoque por aquí y otro por allá. No. Algo bastante más profundo. El Espanyol necesita subir el listón, cambiar piezas, reforzar zonas que han quedado muy justitas y empezar a parecerse un poco más a ese club ambicioso del que habló Alan Pace en su presentación. El presidente marcó una idea clara: situar al club “entre los seis grandes de España”, con un modelo de gestión “honesto, sostenible y con mentalidad ganadora”. Suena bien, claro. Pero para acercarse a eso hay que empezar por lo básico: saber quién va a capitanear el barco en el primer proyecto construido desde cero por la nueva propiedad.

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Manolo González quiere seguir y tiene contrato

Manolo González no se ha escondido. Tras sellar la permanencia en El Sadar, el técnico dejó clara su postura: “Tengo contrato y quiero seguir. Me iré si veo que la gente no quiere que esté”. En otra versión de esa misma idea, también fue directo: “Yo no quiero marcharme de aquí, tengo un año más de contrato y quiero seguir en el Espanyol. He sufrido mucho, lógicamente, pero estoy fuerte”. Más claro, agua. Manolo quiere continuar, la salvación ha activado su contrato hasta 2027 y una parte importante del vestuario está con él. No es un detalle menor. En un club que ha vivido meses de ansiedad pura, tener al grupo de tu lado cuenta.

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La afición también le dio cariño en El Sadar

El final en Pamplona dejó una imagen muy potente. Los 600 pericos desplazados a El Sadar cantaron “Manolo quédate!” después de una victoria que valía permanencia y algo más: alivio, orgullo y una especie de abrazo colectivo tras una temporada que se había puesto feísima. El Espanyol ganó al Osasuna, ató la salvación y se quitó de encima la calculadora antes de la última jornada. Ese cántico no decide una planificación deportiva, pero sí explica muy bien una parte del sentimiento de la grada. Manolo no es un entrenador frío para el espanyolismo. Es alguien de casa, alguien que ha vivido el club desde abajo, alguien que siente cada golpe como propio. Y eso, en este club, pesa.

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El vestuario defiende a su entrenador

También el vestuario ha dejado mensajes claros. Edu Expósito lo resumió con una frase muy gráfica: “Es nuestro capitán, es el capitán del barco. Nosotros confiamos en él, él confía en nosotros, lo hemos demostrado todos. Y lo he dicho siempre, al final necesitamos un proyecto fuerte de mucho tiempo, y lo estamos logrando”. Esa defensa interna es uno de los grandes argumentos a favor de la continuidad. Porque si los jugadores creen en el entrenador, si el grupo lo respeta y si la reacción final ha llegado con él en el banquillo, Monchi no puede mirar eso como si no existiera. El fútbol también va de autoridad diaria, de vestuario y de saber si un técnico sigue teniendo llegada.

La racha de 18 partidos sin ganar pesa mucho

Pero tampoco se puede hacer como si no hubiera pasado nada. Sería hacerse trampas al solitario. El Espanyol ha salvado la temporada, sí, pero antes vivió una racha de 18 jornadas sin ganar que dejó al equipo muy tocado, a la afición al borde del ataque de nervios y al entrenador en el centro de todas las dudas. Hubo semanas en las que el equipo parecía sin pulso, sin fútbol y sin respuesta. La victoria ante el Athletic y el triunfo en Pamplona arreglaron la clasificación, pero no borran todo lo anterior. La gran duda con Manolo no es si ha cumplido el objetivo, porque lo ha cumplido; la duda es si es el técnico ideal para subir el siguiente escalón.

El argumento de la continuidad: conoce el club y ha cumplido

A favor de Manolo hay bastante más de lo que algunos quieren admitir. Cogió al Espanyol en Segunda, lo subió a Primera y ha logrado la permanencia en sus dos temporadas en la máxima categoría. Eso no se consigue por casualidad. También ha demostrado resistencia en momentos muy duros, cuando el ruido era enorme y el equipo parecía metido en una espiral peligrosa. Es el entrenador que más tiempo se ha mantenido en el banquillo blanquiazul desde la salida de Mauricio Pochettino en 2012, y eso en el Espanyol ya es casi una rareza. Manolo tiene conocimiento del club, conexión emocional y un vestuario que no le ha soltado la mano.

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El argumento del cambio: el nuevo proyecto quizá pida otra energía

La otra parte del debate también tiene fuerza. Si Alan Pace y Monchi quieren abrir una etapa nueva, quizá piensen que el banquillo necesita otro perfil. Otro mensaje. Otra forma de competir. La plantilla debe cambiar mucho, pero el entrenador también define el tipo de mercado que haces. No es lo mismo fichar para un técnico de continuidad que para alguien con una idea más marcada, más exigente o con otro peso en Primera. Ahí aparece el nombre de José Bordalás, que acaba contrato con el Getafe y al que Monchi ya quiso fichar en su etapa en el Sevilla. El alicantino y el gaditano nunca han escondido que les gustaría trabajar juntos, y eso alimenta el debate.

Bordalás, un nombre que divide pero que tiene colmillo

Bordalás no deja indiferente a nadie. Tiene un fútbol muy reconocible, competitivo hasta el último centímetro y con un punto incómodo para el rival. Puede gustar más o menos, pero sus equipos suelen saber a qué juegan. En el Valencia llegó a una final de Copa del Rey y en el Getafe ha construido varias veces bloques muy difíciles de meter mano. También es un técnico con carácter, de los que piden y aprietan. Y claro, eso en el Espanyol puede verse de dos maneras: como una oportunidad para endurecer el proyecto o como un riesgo si se busca un camino más calmado. Bordalás tendría defensores y detractores desde el minuto uno. Igual que Manolo. Aquí nadie va a generar unanimidad.

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José Juan Romero también ha sonado como alternativa

En las últimas semanas también ha aparecido el nombre de José Juan Romero, técnico del Ceuta. Un perfil distinto, con un camino menos mediático, pero con mucho crédito por su trabajo y por una personalidad que no pasa desapercibida. No tiene la experiencia de Bordalás en Primera, pero sí una trayectoria de crecimiento y una propuesta reconocible. Que su nombre haya entrado en el radar demuestra una cosa: Monchi no está obligado a mirar solo al carril fácil. Puede valorar continuidad, puede mirar experiencia contrastada o puede buscar un técnico con hambre y menos escaparate. La cuestión es si el Espanyol está para experimentos o para una apuesta más segura.

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Monchi ya ha dejado claro que no viene a mirar desde lejos

La primera semana de Monchi en el Espanyol ya ha mostrado un rasgo bastante suyo: presencia. Bajó al vestuario antes del partido ante el Athletic, estuvo cerca del equipo y viajó a Pamplona con la expedición. No ha aterrizado como alguien que mira el club desde una oficina con cristales. Monchi es más de barro, de vestuario, de estar, de que se note. Fuentes que lo conocen de su etapa en el Sevilla lo describen así: “Es muy visceral y quiere que el aficionado sienta que está implicado. Nunca se esconde y le gusta estar en el foco y que se hable de él. Además, es muy cercano y le encanta estar en contacto con los jugadores y el entrenador. La relación que tiene con el vestuario es uno de sus puntos fuertes”. Pues bien, esa cercanía ahora debe transformarse en decisión.

Pace quiere ambición, pero la ambición empieza acertando

Alan Pace fue muy claro al hablar del futuro del Espanyol: “Que este club forme parte del ‘Top 6’ en España sería un éxito. Que todos piensen que el Espanyol es uno de los seis mejores clubes del país. Lograr más que eso sería otro sueño, también. Pero el éxito real es que se nos trate como a los grandes”. La frase es bonita y potente, de esas que ilusionan a una afición cansada de vivir más pendiente del retrovisor que del horizonte. Pero para que no se quede solo en frase de presentación, hay que acertar mucho. Muchísimo. Y la primera piedra no es un fichaje: es el entrenador.

Una decisión que no tendrá aplauso total

Aquí está la gracia y el peligro del asunto. Si Monchi mantiene a Manolo, habrá quien lo vea como un acto de justicia, estabilidad y respeto por un técnico que ha cumplido. También habrá quien piense que es quedarse corto para una nueva etapa. Si apuesta por Bordalás u otro entrenador, habrá quien lo lea como ambición y cambio de ciclo. Y también quien lo vea como una falta de memoria con un técnico que ha subido al equipo y lo ha mantenido en Primera. Monchi no va a encontrar una decisión cómoda. Tiene que encontrar la correcta.

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El Espanyol necesita decidir rápido para no perder el paso

La decisión tampoco puede eternizarse. El mercado se mueve antes de abrirse oficialmente, los entrenadores quieren saber dónde estarán, los agentes ya empiezan a llamar y la plantilla del Espanyol necesita una cirugía importante. Para fichar bien, primero hay que saber qué pide el banquillo. Y para vender bien, también. No puedes diseñar un centro del campo, unos laterales o una delantera sin tener claro el plan del entrenador. Así que Monchi y Pace tienen una reunión clave por delante. Calma, sí. Pero tampoco siesta. El verano del Espanyol empieza por una pregunta muy sencilla y muy pesada: Manolo, ¿sí o no?

Monchi tiene la pelota en su tejado

Monchi llegó al Espanyol con las llaves deportivas del club y con una expectativa enorme alrededor. Ahora le toca enseñar criterio. No en una rueda de prensa, no en una foto, no en una frase bonita. En una decisión que marcará todo lo que venga después. Manolo González ha cumplido, quiere seguir, tiene contrato y cuenta con el cariño de una parte importante del vestuario y la grada. Bordalás aparece como un nombre fuerte para abrir un ciclo más duro y competitivo. Otros perfiles, como José Juan Romero, también pueden estar sobre la mesa. La permanencia ya está. Ahora empieza lo más difícil: construir algo que no viva siempre al borde del susto.