Hoy en La Grada Ràdio tocaba hablar con otro cuerpo. Y ya era hora. Hace solo una semana, después de la derrota en Sevilla, el entorno del Espanyol estaba hundido, con el equipo metido hasta el cuello en una pelea por la permanencia que parecía no tener final y con una segunda vuelta que había dejado a todo el mundo bastante tocado. Pero el fútbol, a veces, también te gira la cara cuando menos lo esperas. El equipo ganó al Athletic Club, ganó a Osasuna en El Sadar y ya puede decir, sin calculadoras ni sustos raros, que seguirá en Primera división. Dos victorias en cuatro días han servido para cerrar una herida que llevaba meses abierta, después de una racha de 18 partidos sin ganar que había convertido cada jornada en una especie de castigo. Francesc Via ha querido empezar desde ahí, desde el alivio, porque la salvación hay que celebrarla. No como si todo hubiese sido perfecto, claro, pero sí como lo que es: una liberación enorme para una afición que ha sufrido muchísimo.
Via pide aparcar el mal rollo: alegría, calma y algo más de respeto entre pericos
Una de las primeras reflexiones del programa ha ido más allá del césped. Via ha pedido dejar aparcado el mal rollo que se ha vivido entre parte del espanyolismo durante las últimas semanas.
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— LA GRADA (@lagradaonline) May 18, 2026
Es normal que la gente estuviera quemada. Normalísimo. El equipo no ganaba, el descenso se acercaba y muchos aficionados querían cortar cabezas, con Manolo González como principal señalado. Pero ahora, con la permanencia ya hecha, toca bajar un poco las pulsaciones. No hace falta que todos pensemos igual, pero sí conviene respetar un poco más al que piensa diferente. La segunda vuelta ha sido muy mala, y eso no se borra por ganar dos partidos. Pero tampoco se puede negar que técnico y plantilla se han sobrepuesto justo cuando más quemaba todo. El Espanyol estaba en el punto más delicado de la temporada y respondió. Y eso, aunque haya llegado tarde, merece un reconocimiento.

Manolo González vuelve a cumplir, pero su futuro debe decidirse con cabeza
Manolo González ha salido de El Sadar con el objetivo cumplido y con una carga emocional brutal encima. Ascendió al equipo, lo salvó el curso pasado y ahora lo mantiene otro año en Primera. Se le puede discutir el fútbol, los cambios, algunas decisiones y la gestión de una segunda vuelta muy difícil de explicar, pero lo básico está ahí: cuando el Espanyol estaba contra la pared, Manolo volvió a cumplir. Via no ha escondido su alegría personal por el técnico, porque ha estado al día de su sufrimiento y de su trabajo durante todos estos meses. No merecía un final cruel, ni una salida por la puerta de atrás después de todo lo vivido. Otra cosa es el futuro. Manolo tiene renovación automática tras lograr la permanencia y desde muchos sitios se traslada que seguirá, pero la decisión de verdad la debe tomar Monchi. Y ahí Via ha sido claro: si el club confía en Manolo, que lo haga de verdad. Con respaldo, con herramientas y con una plantilla mejor. Porque si no, si a la primera mala racha vuelve a quedar expuesto como si fuera el culpable único de todos los males, quizá sería más honesto abrir otro camino.
Monchi y Alan Pace, ante el verano que debe cambiar la piel del Espanyol
La llegada de Monchi ha cambiado la energía del Espanyol. Eso se notó ya en el ambiente, incluso antes de que la pelota volviera a entrar. Via ha querido reconocer el acierto de Alan Pace al traerlo en un momento delicadísimo, cuando el club necesitaba autoridad futbolística, una figura fuerte y alguien capaz de mirar más allá del incendio semanal. Pace acertó con Monchi, pero ahora viene lo más importante: que ese movimiento sirva para algo real. Porque el Espanyol no puede vivir cada temporada pendiente de apagar fuegos en mayo. Si Monchi está aquí, debe ser para subir el nivel, para tomar decisiones fuertes y para construir una plantilla más fiable. Via lo ha resumido en una idea muy clara: o haces un proyecto claramente ganador, o corres un riesgo evidente de irte a Segunda. La frase que define la magnitud del reto la dejó nuestro directo ayer en la transmisión del partido: los mejores 11 jugadores del Espanyol 25-26 deberían ser los suplentes del Espanyol 26-27.

Osasuna, Girona, Mallorca y el aviso para navegantes
El programa también ha mirado a lo que ha pasado alrededor. Osasuna, un club que Via ha definido como un proyecto modélico en muchas cosas, se jugará la permanencia en la última jornada. El Girona, al que se puede respetar por su afición de verdad, por la gente que tiene el ‘cor gironí’, también está en problemas. Otra cosa, como se ha comentado, es esa gente de doble camiseta que se ha reído del Espanyol estas semanas desde una superioridad bastante cómoda. Y el Mallorca, con Sergi Darder, que dejó el Espanyol para no sufrir de esa manera, también está al borde del drama. Pero Via ha querido marcar una línea: el espanyolismo sabe demasiado bien lo que se sufre en estas situaciones como para ponerse ahora a reírse de los demás. Se puede mirar con ironía, claro, porque el fútbol también tiene memoria, pero sin olvidar que hace dos días el que estaba con el agua al cuello era el Espanyol. Y eso debería servir para aprender.
Fran Garagarza también merece una parte de reconocimiento
Via también ha querido introducir una reflexión sobre Fran Garagarza, una figura que ha quedado en una situación compleja y que, aun así, merece una parte de reconocimiento por esta permanencia. La temporada ha sido dura, su papel ha sido discutido y su momento personal tampoco ha sido sencillo. Pero si se analiza todo el curso, también hay decisiones, nombres y estructuras en las que su trabajo ha tenido peso. La salvación no pertenece a una sola persona, ni a Manolo, ni a los jugadores, ni a la dirección deportiva: es una suma de mucha gente, también de quienes han estado en zonas menos visibles. En ese sentido, Via ha pedido algo bastante sensato: desearle a Garagarza una recuperación completa y que, cuando se termine su relación con el Espanyol, se haga de una manera educada y correcta para todas las partes. Sin ruido gratuito. Sin golpes bajos. Como debe hacer un club serio.

La afición también debe aprender de esta montaña rusa
La permanencia se celebra, sí, pero también deja deberes para todos. Para el club, para la plantilla, para el entrenador y también para la afición. Via ha insistido en que el espanyolismo debe aprender a tener un poco más de paciencia antes de perder los nervios por completo. No se trata de aguantarlo todo ni de aplaudir cualquier cosa. Ni mucho menos. La crítica era lógica con la racha que llevaba el equipo. Pero otra cosa es convertir cada debate en una guerra entre pericos, cada opinión distinta en una traición y cada derrota en una excusa para romperlo todo. El Espanyol ya tiene suficientes enemigos fuera como para ir haciéndose daño por dentro. Esta salvación debería servir también para recomponer un poco el ambiente, recuperar cierta calma y entender que exigir no está reñido con respetar.
El último partido ante la Real Sociedad ya no será una final de miedo
La victoria en Pamplona cambia por completo el cierre de temporada. El Espanyol recibirá a la Real Sociedad en el RCDE Stadium ya salvado, sin esa sensación horrible de jugar con el descenso respirando en la nuca. Y eso, después de los últimos meses, es casi un regalo. Queda incluso una opción remota de Conference League, una carambola de esas que parecen escritas por alguien con ganas de complicarse la vida, pero existe. Aun así, el foco principal debe ser otro: cerrar bien, llegar a los 48 puntos, dar una alegría a la gente y despedir el curso con una imagen digna. La afición se lo merece. Ha estado en los días buenos de la primera vuelta, pero sobre todo ha estado cuando todo se torció. Y eso tiene mucho más valor.
La conclusión de La Grada: sobrevivir no puede ser el plan
La lectura final del programa ha sido bastante clara. El Espanyol ha sobrevivido, y eso hay que celebrarlo. Pero sobrevivir no puede convertirse en la idea de club. La primera vuelta demostró que este equipo podía competir muy bien; la segunda, que el margen era demasiado fino y que cuando se rompió la confianza no había demasiados recursos para frenar la caída. Ahora empieza el partido más importante: el del verano. Monchi debe decidir qué hacer con Manolo, qué tocar en la plantilla, qué perfiles hacen falta y hasta dónde quiere llegar este nuevo proyecto de Alan Pace. El Espanyol seguirá en Primera. Esa es la buena noticia. La siguiente, la que toca construir desde ya, debería ser que dentro de un año no estemos otra vez celebrando simplemente haber salido vivos.






