PREVIA | Osasuna – Espanyol: prohibido perder en Pamplona

17 de mayo de 2026

El Espanyol visita este domingo El Sadar en una de esas citas que no necesitan demasiados adornos para entenderse. Jornada 37, penúltima del campeonato, Osasuna y Espanyol igualados a 42 puntos y apenas tres de margen sobre el descenso. Vamos, una de esas tardes en las que miras el partido, la clasificación, los otros marcadores y hasta el cielo, por si acaso. El equipo de Manolo González llega después de quitarse por fin la losa de no ganar en todo 2026, pero la permanencia todavía no está cerrada. La victoria contra el Athletic fue una liberación enorme, sí, pero no fue el final del sufrimiento. Fue solo una puerta abierta.

El Espanyol respira tras ganar al Athletic, pero aún no puede soltar la cuerda

El 2-0 ante el Athletic cambió el ambiente alrededor del Espanyol. Después de tantos meses torcidos, de tantos partidos con cara de pesadilla y de una segunda vuelta que parecía no tener fondo, el equipo por fin pudo celebrar. Pere Milla abrió el camino y Kike García cerró una noche que el espanyolismo necesitaba casi como el comer. Se notó en los jugadores, en la grada, en Manolo González y hasta en ese abrazo entre Alan Pace y Monchi que dejó una imagen potente. Pero ahora toca lo difícil: que ese subidón no se quede solo en una noche bonita. El Espanyol ha vuelto a ganar, pero necesita volver a competir con la misma tensión en Pamplona.

La cifra de los 44 puntos sigue marcando la previa perica

Con 42 puntos, el Espanyol está en una zona extraña. No está hundido, pero tampoco salvado. No depende de milagros, pero tampoco puede ir de sobrado. La sensación en el club es que alcanzar los 44 puntos debería dejar la permanencia prácticamente encarrilada, incluso cerrada según cómo se mueva la jornada. Por eso El Sadar pesa tanto. Un empate podría tener mucho valor, aunque obligaría a seguir mirando de reojo la última fecha. Una victoria, en cambio, sería casi una sentencia a favor de los pericos. El problema es que el Espanyol lleva demasiado tiempo viviendo con la calculadora en la mano, y ya va tocando firmar la salvación en el césped, no en una combinación rara de resultados.

Manolo no quiere calculadora: ganar en El Sadar y cerrar la permanencia

Manolo González dejó un mensaje muy claro antes del Osasuna – Espanyol: el equipo no viaja a Pamplona para especular ni para jugar pensando en el empate. El técnico sabe que una victoria en El Sadar dejaría la permanencia cerrada matemáticamente, y por eso no quiso alimentar el ruido sobre posibles pactos o cuentas raras. “Sabemos que si ganamos mañana, la faena está hecha. Así que nosotros es lo único que contemplamos”, explicó, marcando el tono de una previa con aroma total de final. También avisó del peligro de Osasuna en los centros laterales, una de las armas del conjunto rojillo, y dejó claro que el Espanyol tendrá que defender con intensidad tanto al jugador que centra como dentro del área. La idea de Manolo es sencilla: nada de radios, nada de mirar al resto y nada de llegar al último partido contra la Real Sociedad con el sufrimiento aún abierto.

El triunfo ante el Athletic da aire, pero no permiso para relajarse

El entrenador perico reconoció que el 2-0 ante el Athletic Club quitó una losa enorme al vestuario, aunque insistió en que la competición no deja tiempo para celebrar demasiado. El equipo llega mejor de ánimo, pero no puede confundirse: alegría no significa relajación. Manolo confirmó que Cyril Ngonge es la única baja y agradeció de nuevo el apoyo de una afición que agotó la grada visitante en El Sadar incluso antes de la victoria del miércoles. También quiso quitarse protagonismo tras sus lágrimas al final del partido, recordando que el triunfo fue “de equipo” y que los jugadores lo habían pasado muy mal durante esta racha. Ahora, con Osasuna delante, el técnico espera un partido duro, de ritmo, duelos y cabeza fría: “No hay otra que ir mañana a dejarse la vida allí”. El resumen es ese: el Espanyol tiene una oportunidad enorme para acabar con el sufrimiento, pero tendrá que ganársela en un campo que no regala nada.

Osasuna también llega tocado y con el miedo muy presente

Osasuna tampoco aterriza en esta penúltima jornada con el cuerpo tranquilo. La derrota ante el Atlético de Madrid dejó al equipo rojillo muy enfadado, sobre todo por algunas decisiones arbitrales, pero también preocupado porque la permanencia sigue sin estar hecha. El conjunto navarro ha pasado de mirar otras zonas de la tabla a tener que vigilar el retrovisor, y eso siempre cambia el ánimo. El Sadar apretará, como aprieta siempre, pero también puede transmitir nervios si el partido se atasca. Osasuna juega en casa, sí, pero también juega con la misma presión que el Espanyol: la de no pegarse un tiro en el pie a una jornada del final.

Lisci descarta el empate y pide un Osasuna lanzado a por la victoria

Alessio Lisci fue bastante contundente también antes del Osasuna – Espanyol: nada de calculadoras, nada de radios y nada de salir pensando que el empate puede arreglar la tarde. El técnico rojillo sabe que su equipo llega a El Sadar con 42 puntos, los mismos que el Espanyol, y con la permanencia todavía sin cerrar, así que quiso mandar un mensaje fuerte hacia dentro y hacia fuera: “No existe nada más que ganar. No hay radios, no hay nada. Solo pienso en nosotros y en ganar. No podemos hacer cuentas con nueve equipos que pueden bajar o ir a Europa. Estamos muy bien en casa. Se descarta el empate. Si acabas empatando ya haremos cuentas, pero no vamos a salir a eso”. Osasuna viene de semanas raras, con la sensación de haberse complicado solo una salvación que parecía más cercana, y Lisci intenta convertir ese miedo en energía. El Sadar tendrá que empujar, pero el equipo también tendrá que responder desde el primer minuto.

El Sadar, los duelos y una convocatoria con Víctor Muñoz como nombre propio

El entrenador de Osasuna también pidió a su equipo vivir el momento sin esconderse, aunque la situación tenga pinta de tarde larga y con muchos nervios. “La Liga está de manicomio, pues tenemos que vivirlo, disfrutarlo y abrazarlo”, dijo Lisci, que espera un Sadar fuerte y unido incluso si el partido tiene fases feas. En lo deportivo, avisó de que el duelo contra el Espanyol exigirá mucha agresividad en los choques y en las segundas jugadas: “Tenemos que estar muy vivos, ser muy agresivos tanto en los duelos como en las segundas acciones. Tenemos que estar preparados para todos los escenarios, el gol puede venir en cualquier momento”. La gran novedad en la convocatoria es Víctor Muñoz, aunque el técnico fue prudente sobre sus opciones reales de jugar: “No sabemos si está para jugar. Irá al banquillo en cualquier caso. Ya veremos si a jugar o a animar”. Osasuna cita a 22 futbolistas y llega obligado por contexto, no solo por puntos: para los rojillos, ganar al Espanyol sería quitarse un peso enorme antes de visitar Getafe en la última jornada.

Un partido de centros, duelos y mucha cabeza fría

El Espanyol sabe perfectamente el tipo de partido que le espera. Osasuna suele cargar mucho el área, vive bien los duelos, mete ritmo y convierte cada balón lateral en una pequeña guerra. Para los de Manolo González será clave defender con concentración, no conceder faltas tontas cerca del área y, sobre todo, no hundirse si el rival empuja de inicio. En este tipo de encuentros no hace falta jugar bonito durante noventa minutos, pero sí estar vivo en cada detalle. Un mal despeje, una segunda jugada perdida o una desconexión de diez segundos pueden mandar al traste media permanencia. El Espanyol tendrá que ponerse el mono de trabajo y no quitárselo ni para beber agua.

El subidón del Athletic debe convertirse en personalidad

La victoria contra el Athletic no solo dio tres puntos. Dio aire. Dio una prueba de que el equipo todavía tenía pulso. Dmitrovic volvió a sostener en momentos clave, la defensa resistió como pudo y arriba aparecieron dos futbolistas con colmillo en el área. Pero en Pamplona hará falta algo más que resistencia. El Espanyol necesita tener personalidad para salir, para atacar cuando pueda y para no vivir todo el partido encerrado esperando que pase el temporal. Porque ese plan, cuando sale bien, parece heroico; cuando sale mal, se convierte en un sufrimiento insoportable. El equipo tiene que ser valiente, pero sin volverse loco. Esa es la línea fina.

La afición perica vuelve a estar entre la esperanza y el susto

El espanyolismo llega a esta previa con una sensación rara. Por un lado, la victoria ante el Athletic devolvió una alegría que parecía olvidada. Por otro, nadie se fía demasiado, porque esta temporada ya ha dado demasiados golpes como para ir por la vida con una sonrisa tranquila. El equipo está a un paso de salvarse, pero todavía no lo ha dado. Y cuando el Espanyol está en medio de una película así, ya sabemos todos que el guion nunca es sencillo. La afición quiere creer, pero también tiene miedo. Y es normal. Después de esta segunda vuelta, cualquiera firma sufrir un poco menos.

El Sadar, una prueba de carácter antes de la última jornada

Lo que se juega el Espanyol en Pamplona es muy claro: llegar a la última jornada contra la Real Sociedad con la permanencia casi hecha o, por el contrario, volver a meterse en una última semana de uñas mordidas, cuentas y angustia. El margen existe, pero es corto. Tres puntos sobre el descenso parecen algo cuando lo miras en frío, pero en la penúltima jornada se pueden evaporar en una mala tarde. Por eso este Osasuna – Espanyol tiene pinta de partido áspero, incómodo y largo. No será una noche para florituras, sino para saber competir, aguantar y golpear cuando toque.

Una final sin necesidad de llamarla final

A veces se abusa de la palabra final, pero esta vez cuesta encontrar una mejor. Osasuna y Espanyol llegan con 42 puntos, empatados, con el descenso demasiado cerca para hacerse los valientes. El equipo perico viene de ganar cuando más lo necesitaba, pero ahora tiene que confirmar que aquello no fue solo una reacción de orgullo en casa. En El Sadar toca dar otro paso. Puede que no haga falta ganar para sobrevivir, pero ganar cambiaría por completo el paisaje. El Espanyol tiene la oportunidad de cerrar casi toda la herida en Pamplona. Y después de tantos meses sufriendo, eso ya suena a planazo.