La tertulia de hoy en ‘La Grada Ràdio’, bajo la dirección de Francesc Via, ha vuelto a mirar de frente una realidad que escuece bastante: el Espanyol afronta tres partidos clave para cerrar una permanencia que hace meses parecía casi hecha y que ahora se ha convertido en una angustia de las buenas. En la mesa han estado Juan José Caseiro, Víctor Maymó, Juan Antonio Casanova, JAC, y Juan Antonio de Haro. Y el tono, claro, no podía ser alegre. El espanyolismo está tocado, enfadado y con esa mezcla rara de miedo y rabia que aparece cuando tu equipo se empeña en complicarse la vida hasta el último suspiro.
Monchi aparece en plena tormenta y Caseiro tira de ironía
El nombre propio del día era Monchi, nuevo director general deportivo del RCD Espanyol. Y Juan José Caseiro ha entrado en la tertulia con ese punto de ironía que a veces sirve para no ponerse a llorar directamente: “Venía sin escuchar nada del programa, pero como la notica es el fichaje de Monchi, ¿de qué juega éste…? Bromas aparte, mejor que las miserias del partido del sábado”. La frase tiene guasa, pero también bastante verdad. Porque sí, el fichaje de Monchi ilusiona, o al menos remueve algo, pero el problema gordo sigue estando en el césped. Y ahí, ahora mismo, la cosa está para pocas bromas.
Víctor Maymó habla de una temporada que quedará marcada por el desastre final
Víctor Maymó no ha buscado rodeos. Su diagnóstico ha sido seco, duro y bastante compartido por muchos pericos que ya no saben ni cómo mirar la clasificación: “La situación del Espanyol es miseria absoluta, a partir de ahora pese a hacer en el futuro una primera vuelta espectacular recordaremos lo de esta temporada”. Y es que esa es una de las claves más dolorosas de todo esto. Lo que antes parecía una campaña para recordar con una sonrisa se está girando de tal manera que puede quedar señalada por el derrumbe. El Espanyol pasó de mirar hacia arriba a vivir pendiente de no caerse por el agujero. Y eso no se olvida fácil.
JAC se agarra al calendario, pero con el susto metido en el cuerpo
Juan Antonio Casanova, JAC, ha mezclado fastidio, cansancio y esa necesidad casi desesperada de buscar alguna rendija de esperanza. Su intervención ha resumido bastante bien el estado emocional de muchos aficionados: “Me gustaría no haberme levantado este fin de semana, fatal de principio a fin. Aparte de la molestia de tener la rúa del Barça al lado de casa, me gustaría que se jugasen algo la semana que viene. Si quieren los 100 puntos han de ganar al Alavés, sueño con eso y con que el Madrid ganará al Sevilla pero el problema es que dependemos de nosotros mismos… El Athletic Bilbao da pena y la Real vendrá de paseo, pero es que después de lo de Sevilla estamos debajo de ellos. Quiero pensar que ganaremos un partido y con eso no bajamos, espero que no sea el último… El miércoles hemos de ganar”. Suena contradictorio, pero es que el momento también lo es. Mirar a los rivales, hacer cuentas, rezar por otros resultados y, a la vez, saber que la pelota la tienes tú. Una tortura bastante perica, vaya.
Juan Antonio de Haro pide vergüenza a una plantilla que tiene tres finales por delante
Juan Antonio de Haro ha sido muy directo con el equipo. Sin disfrazar nada. Porque hay días en que la paciencia se acaba y ya no sirven los discursos bonitos. Lo ha dicho así: “Fastidiado como todos y cada vez más; en este equipo y lo vengo diciendo estas semanas ni creo ni confío, me quiero agarrar a que somos capaces de lo peor pero también de lo mejor. Esto es surrealista, siu fuera miembro de la plantilla se me caería la cara de vergüenza, no es justo que la afición padezca así y nadie ponga remedio. Monchi no va a salir de jugar, quedan 3 partidos y la afición responderá como siempre, pero que ellos tengan un poco de vergüenza e intenten sacar esos cuatro puntos porque ya está bien”. La frase duele, pero conecta con lo que se palpa en la calle perica: la afición estará, como casi siempre, pero ya no quiere más excusas. Quiere puntos. Cuatro, como mínimo. Y los quiere ya.

Via señala un año rarísimo para la permanencia del Espanyol
Francesc Via ha puesto el foco en otro detalle que cabrea todavía más: el Espanyol se ha metido en este lío en un año en que la permanencia puede estar más cara de lo normal. Lo ha expresado con esa mezcla de resignación y mala leche que ahora mismo entiende cualquiera: “Somos tan desgraciados que nos ha ido a pasar un año histórico a nivel de puntos para la permanencia. Y están pasando cosas rarísimas como el partido del Levante”. Y ahí se ha abierto otro melón. Porque cuando la clasificación se aprieta, cada resultado extraño se mira con lupa, cada final de partido parece sospechoso y cada gol en otro campo te cambia el cuerpo.
El debate deriva hacia maletines, apuestas y partidos que huelen raro
En la tertulia también se ha hablado de esas cosas raras que pasan en los tramos finales de temporada. Algunos lo relacionan con apuestas deportivas, otros con primas a terceros, y otros directamente prefieren hablar de los clásicos maletines de toda la vida. Caseiro lo ha resumido así: “Yo creo que es una cuestión más de maletín”. Es un comentario de tertulia, claro, no una acusación con papeles encima de la mesa. Pero refleja algo muy real: cuando tu equipo está al borde del precipicio, empiezas a mirar cada resultado ajeno como si fuera una película de misterio. Y el Espanyol, por desgracia, se ha colocado justo ahí, dependiendo de sí mismo pero mirando de reojo todo lo que se mueve.
Monchi puede servir como mensaje, pero no va a rematar los córners
La llegada de Monchi también ha tenido su espacio en el debate, porque el anuncio llega justo cuando el equipo más necesita alguna señal de vida. JAC lo ha visto como una forma de transmitir algo hacia dentro del vestuario: “Me gusta que hagan publico el nombramiento de Monchi, espero que le sirva para transmitir a los jugadores que ha fichado porque cree que el barco no se va a pique”. Es una lectura interesante. Monchi no va a ponerse las botas, ni va a ganar duelos, ni va a sacar un balón de la línea. Pero su llegada sí puede mandar un mensaje: el club se está moviendo, el proyecto no se quiere hundir y la nueva etapa ya empieza a asomar.
Maymó acepta el efecto Monchi, aunque ya no se fía de la plantilla
Víctor Maymó ha comprado a medias ese posible impacto anímico del nombramiento. Para él, cualquier chispa puede ayudar ahora, aunque el problema de fondo sigue estando en los jugadores: “Cualquier item así hora es positivo, que pueda generar ganas de hacer cosas y quedarse a los jugadores pero es que he dejado de confiar en la plantilla”. Y esta frase resume el drama. Porque la llegada de Monchi ilusiona en el despacho, en el proyecto, en el futuro, pero el presente lo tiene que salvar una plantilla que ha perdido muchísimo crédito. La afición quiere creer, pero el equipo se lo está poniendo muy difícil.
JAC apunta al nivel del equipo y no solo a la actitud
JAC ha querido separar una cosa importante: no todo se puede explicar por falta de ganas. A veces el problema es más crudo, más futbolístico, más de nivel. Lo ha dicho sin adornos: “El problema de la plantilla no son la falta de ganas, es que no saben más”. Es una frase dura, casi cruel, pero tiene su lógica dentro del debate. Porque el Espanyol no solo está perdiendo partidos. Está transmitiendo bloqueo, falta de recursos y una fragilidad enorme cada vez que el contexto se pone feo. Y ahora el contexto no es feo. Es feísimo.
Caseiro compara la presión del Espanyol con el golf
Caseiro ha cerrado el bloque con una comparación curiosa, pero bastante clara, usando el golf para hablar del temple competitivo. “Cuando llega el momento de jugársela se ve a los jugadores capaces de soportar la presión; y ahora es total. No tenemos a números uno, si hacemos un símil con el golf y pensando que no hay mucha diferencia entre en nº1 y el 50º salvo el temple a la hora de golpear la bola, en la primera vuelta se podía pensar que estaban entre los 50 primeros del golf pero ahora se ha visto que no”. Traducido al fútbol de cada día: cuando había viento a favor, el equipo parecía bastante más fuerte. Cuando ha tocado pegar el golpe bueno con la mano temblando, se le ha encogido todo.
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Los teléfonos reflejan una afición perica cansada, pero todavía presente
El programa también ha abierto teléfonos para escuchar al perico de a pie, ese que no está en la mesa de tertulia pero lleva el escudo igual o más clavado. Y ahí se ha notado lo mismo que en la calle: cansancio, enfado, miedo y una fidelidad casi absurda, porque el espanyolista puede estar hundido, pero ahí sigue. La afición no está pidiendo milagros ni discursos de PowerPoint. Está pidiendo que los jugadores compitan, que se dejen la vida y que saquen los puntos necesarios para no destrozar otra vez al club. Parece poco, pero ahora mismo suena a montaña.
Los teléfonos también hablan: Daniel irá al campo “como ir a un examen”
La tertulia ha abierto teléfonos y ahí se ha escuchado algo que ahora mismo explica bastante bien cómo está el perico medio. Daniel ha sido de los que ha puesto palabras a esa sensación rara de ir al RCDE Stadium casi por obligación emocional, más que por ilusión pura. Lo ha dicho así, sin hacer teatro: “El miércoles iré al campo, no tengo ningunas ganas, es como ir a un examen”. Y la frase, la verdad, pega fuerte. Porque muchos aficionados se reconocen ahí. Van a ir, claro que van a ir. Pero no con alegría, ni con ese cosquilleo bonito de los partidos grandes. Van con el estómago cerrado, mirando la clasificación de reojo y con miedo a que el equipo vuelva a fallar cuando ya no hay margen.
La ilusión de la primera vuelta se ha convertido en un golpe de realidad
Daniel también ha explicado que, con el paso de las jornadas, se ha acabado viendo la mala plantilla que tiene el equipo. Su lectura va por ahí: el problema no ha sido solo perder, sino haber generado unas ilusiones en la primera vuelta que, visto lo visto ahora, no tenían tanta base real detrás. Y eso duele el doble. Porque el espanyolismo no empezó la temporada pidiendo imposibles, pero el equipo se colocó tan arriba, compitió tan bien durante un tramo y enseñó tantas cosas buenas que muchos pensaron: “oye, igual este año sí”. Luego ha llegado el batacazo. Y cuando una ilusión se rompe así, no se queda solo en decepción; se convierte en cabreo.
Fernando Moraño carga contra Manolo González y su “juego de pelotazos”
También ha llamado Fernando Moraño, muy crítico con Manolo González y con la manera de jugar del Espanyol. Ha hablado directamente del “juego de pelotazos” del equipo, una expresión que ya se escucha mucho entre la afición cuando intenta explicar por qué el Espanyol transmite tan poco con balón y por qué cada ataque parece más una moneda al aire que una jugada trabajada. Fernando no se ha quedado ahí y ha mostrado su disgusto por la continuidad del técnico en el banquillo, especialmente después de una racha tan larga sin encontrar respuestas.
“Si lleva 18 partidos haciendo el ridículo…”
La crítica de Fernando Moraño ha sido durísima, pero conecta con una parte de la grada que ya no entiende que el entrenador siga sin dar con una tecla distinta. Su frase lo deja claro: “Si lleva 18 partidos haciendo el ridículo y es incapaz de replantear sus planteamientos, mal vamos. Y luego como cada año, apelando a los cojones y el espíritu”. Aquí aparece uno de los debates más repetidos de estas últimas semanas: hasta qué punto vale seguir tirando de orgullo, de carácter, de “hay que competir” y de discursos de vestuario cuando el equipo no gana y no encuentra fútbol. El espíritu ayuda, sí, pero no remata centros ni ordena una salida de balón.
Una voz que defiende que la plantilla es mejor de lo que se dice
Fernando, eso sí, no ha comprado la idea de que esta plantilla sea tan limitada como se está repitiendo ahora. Ha defendido que el grupo actual es mejor de lo que se dice, y ahí se abre otro debate interesante. Porque hay quien cree que el problema principal está en la confección de la plantilla, en un mercado mal trabajado y en una falta evidente de nivel en varios puestos. Y hay quien piensa que, con lo que hay, se debería estar compitiendo mucho mejor y no dando esta imagen tan pobre. Seguramente la respuesta no esté en un solo sitio. Hay plantilla corta, hay futbolistas hundidos y hay un entrenador que parece haberse quedado sin recursos. Mala mezcla.
La afición llega al miércoles entre la obligación y el miedo
Lo que han dejado las llamadas es una foto bastante clara del ambiente: la gente irá al campo, pero va tocada. No hay abandono, porque el espanyolismo rara vez abandona del todo. Pero tampoco hay fe limpia. Hay nervios, enfado y esa sensación de que el partido ya no se vive como una cita deportiva, sino como una prueba de supervivencia. Daniel lo ha clavado con lo del examen, porque es exactamente eso: sentarse en la grada, mirar al césped y esperar que esta vez el equipo no se quede en blanco. El miércoles el Espanyol no juega solo por tres puntos; juega para que su gente pueda respirar un poco.
Sergio el camionero pone sobre la mesa la presión de verdad
También ha entrado en antena Sergio el camionero, y su llamada ha sido de esas que dejan un segundo de silencio por dentro. Porque no ha hablado desde la táctica, ni desde el sistema, ni desde si línea de cinco o línea de cuatro. Ha hablado desde la vida real. Desde el cansancio. Desde el curro. Desde la rabia de quien ve a su equipo hundirse mientras él se parte la espalda cada día. Su mensaje ha sido muy emocional, pero también bastante claro: “Estoy fatal, esto no hay donde cogerlo, los que hemos estado en contra de que Manolo siguiera hemos de olvidarnos y nos hemos de centrar en salvarnos de la manera posible. Presión tengo yo, que tengo seis hijos, esa es la presión verdadera, pero jugar al futbol, ganar mucho dinero y vivir como dioses, ¿qué me están contando? Que se pongan en mi piel, 15 horas trabajando cada día, y en la piel de todos los que sufrieron el sábado”.
La afición aparca sus guerras internas porque ahora solo vale salvarse
Lo más potente de la llamada de Sergio es que, aun siendo crítico, no se queda atrapado en el debate de Manolo sí o Manolo no. Él mismo lo deja claro: los que no querían que el técnico siguiera ahora tienen que pasar página, aunque sea a la fuerza, porque el Espanyol se juega algo demasiado serio. La prioridad ya no es tener razón en la tertulia ni ganar una discusión en redes. La prioridad es salvar al Espanyol. Luego ya vendrán las cuentas, las responsabilidades y las decisiones que tenga que tomar el club. Pero ahora mismo quedan tres partidos y el margen para pelearse entre pericos es mínimo.
“Presión tengo yo”: una frase que baja el fútbol al suelo
La frase de Sergio sobre la presión ha sido un golpe de realidad. Porque muchas veces en el fútbol se habla de presión como si fuera una cosa casi épica, como si jugarte un partido fuese una condena tremenda. Y sí, competir con el descenso en la nuca no debe ser agradable. Pero cuando un aficionado que trabaja 15 horas al día y tiene seis hijos escucha según qué excusas, normal que se le hinche la vena. El mensaje es sencillo: la plantilla tiene una responsabilidad enorme con una gente que sufre de verdad y que no cobra por sufrir.
Ramon entra con el látigo y carga contra una plantilla que ya no convence
La tertulia ha seguido con otra llamada de esas que no vienen precisamente a poner paños calientes. Ramon ha entrado fuerte, avisando ya desde el principio de que no venía a endulzar nada: “Vengo con el látigo: los jugadore so no sienten el escudo o no sé que les pasa, les pesan los huevos, no corren hasta el final… Estoy harto de estos jugadores, no valen para Primera, sólo Puado y lo quería un Sevilla que está en nuestra misma situación. No dan la talla. Las cosas empiezan mal desde arriba, manteniendo a un Mao que no tiene ni idea de gestión deportiva. Con ver que Cornellà sigue con los bares cerrados, es para echar al CEO. Deberías retirarte o que Pace te eche, todos los clubes llevan gente en autocares pagados y nosotros pagándonos todo”. Más claro, imposible. Su enfado ha ido directo a los jugadores, pero también a la estructura del club, porque para muchos pericos el problema ya no se limita a once futbolistas fallando en el campo. Viene de más arriba. De mucho más arriba.
La crítica a los jugadores se mezcla con el hartazgo hacia la gestión del club
Lo de Ramon no ha sido solo una rajada caliente contra la plantilla. Ha sido una queja bastante global, de esas que salen cuando el aficionado siente que el club le pide siempre todo y luego le devuelve muy poco. Ha hablado de actitud, de nivel, de falta de alma y también de cosas del día a día, como los bares cerrados en Cornellà o los viajes de la afición sin apenas respaldo. Cuando el equipo no gana, todo lo que antes molestaba un poco pasa a molestar el triple. Y eso está ocurriendo ahora en el Espanyol. La gente ya no separa lo deportivo de lo institucional, porque la sensación es que la caída se explica por una suma de errores, dejadez y decisiones que nadie acaba de entender.
Puado, casi el único nombre que se salva en medio del incendio
Dentro de esa crítica durísima, Ramon solo ha dejado a salvo a Puado. Y hasta eso tiene un punto triste, porque lo ha mencionado recordando que también lo quería un Sevilla que está metido en una situación parecida. El mensaje de fondo es bastante demoledor: si casi nadie se salva en una plantilla que pelea por no caer, el diagnóstico no puede ser suave. La afición mira al césped y ve un equipo sin piernas, sin colmillo y sin esa rabia mínima que exige un tramo final así. Luego se podrá debatir si hay jugadores mejores de lo que parece o si el contexto los ha hundido, pero ahora mismo la imagen que transmiten es muy pobre.
Mao Ye vuelve a aparecer en el centro de las críticas
Ramon también ha señalado directamente a Mao Ye, y eso no es casualidad. En esta nueva etapa con Alan Pace al frente, una parte de la afición no entiende que determinadas figuras sigan ocupando puestos de tanta responsabilidad después de años tan torcidos. La crítica al CEO no se ha quedado en lo abstracto, porque Ramon ha bajado el enfado a ejemplos muy concretos del día a día del estadio y de los desplazamientos. El perico siente que se deja dinero, tiempo y salud por el club, pero que el club no siempre le cuida como debería. Y cuando la pelota tampoco entra, esa herida se abre todavía más.
Joan Antoni trae el efecto Monchi y pide espíritu de Termópilas
Después de tanta mala leche acumulada, también ha llamado Joan Antoni, viejo compañero de grada de Francesc Via, y su intervención ha tenido otro tono. No porque ignore el problemón, sino porque ha querido agarrarse al impacto que puede tener la llegada de Monchi. Le ha sorprendido positivamente ese golpe de efecto, con el nuevo director general deportivo recién aterrizado en el Espanyol, y ha lanzado una imagen muy potente: ponerles en vena a los jugadores el efecto ‘300’, la lucha de los espartanos en la batalla de las Termópilas. Vamos, menos excusas y más escudo en el pecho. Si no se puede ganar jugando bonito, al menos que el equipo parezca dispuesto a dejarse hasta el último aliento.

El espanyolismo ya no pide fútbol de autor, pide supervivencia
La referencia de Joan Antoni a los espartanos encaja bastante con lo que está pidiendo ahora mismo la grada. Nadie está reclamando una exhibición ni una versión brillante del Espanyol, porque ese tren parece haber pasado hace rato. Lo que se pide es otra cosa: resistencia, orgullo, concentración y un punto de mala leche competitiva. Tres partidos, tres batallas y una permanencia que hay que defender aunque sea con el casco torcido y la camiseta llena de barro. Suena exagerado, sí, pero el momento también lo es. El Espanyol se ha metido en una zona de miedo y ya no vale salir al campo como si esto fuese una jornada cualquiera.
Entre el látigo de Ramon y la épica de Joan Antoni, una misma idea: reaccionar ya
Las dos llamadas han mostrado dos formas distintas de vivir el mismo sufrimiento. Ramon ha soltado el cabreo crudo, el de quien está harto de ver siempre la misma película. Joan Antoni ha intentado convertir la llegada de Monchi en una chispa, en una especie de inyección de orgullo para un vestuario que parece bloqueado. Pero los dos, cada uno a su manera, han acabado en el mismo punto: el Espanyol tiene que reaccionar ya. No mañana, no en verano, no cuando llegue la reconstrucción. Ya. Porque si no lo hace, todo lo que se está hablando en la tertulia dejará de ser miedo y pasará a ser una desgracia deportiva con todas las letras.







