Alan Pace y el Espanyol: de la euforia inicial a una incertidumbre cada vez más preocupante; la nueva propiedad ya no vive en estado de gracia

1 de mayo de 2026

Hace menos de un año, la llegada de Alan Pace al RCD Espanyol se recibió con una mezcla de alivio, curiosidad y bastante ilusión. Después de tantos años de desgaste con Chen Yansheng y Rastar, era normal que el espanyolismo quisiera creer. Casi lo necesitaba. Pace apareció con una imagen cercana, se mezcló con la afición, habló de proyecto, de identidad, de futuro, y durante un tiempo pareció que algo podía cambiar de verdad. Pero el fútbol, ya se sabe, tiene muy poca paciencia. Y cuando el primer equipo se ha caído en la clasificación y en sensaciones, también se ha caído buena parte de esa confianza inicial. La euforia ha dejado paso a una decepción cada vez más ruidosa.

De bajar a la grada a desaparecer cuando más se le esperaba

Una de las cosas que más ha molestado al entorno perico es ese cambio de presencia. Al principio, Pace era casi omnipresente: saludos, fotos, gestos hacia la gente, una imagen muy de propietario cercano, de esos que quieren tocar la calle y ganar simpatía rápido. Eso, en su momento, gustó. Pero ahora, cuando el Espanyol vive uno de los momentos más delicados de la temporada, su figura se ha ido difuminando. Y en un club como el Espanyol, desaparecer cuando hay miedo se paga caro.

pace espanyol 3

La ausencia ante el Levante sentó fatal

El detalle que terminó de encender a mucha gente fue su ausencia en el palco en el partido ante el Levante, un encuentro que era mucho más que una jornada cualquiera. El Espanyol se jugaba calma, margen y autoestima ante un rival directo, y la propiedad no estaba en el estadio. La explicación fue que Pace estaba de viaje, pero en el espanyolismo no acabó de entrar bien. No por el viaje en sí, sino por el mensaje que deja. Cuando el equipo se está jugando la permanencia, la afición espera ver al presidente. Aunque no arregle nada, aunque no marque goles. Pero estar también comunica.

El domingo ante el Madrid sí estará en el palco

Pace sí estará este domingo en el RCDE Stadium para el partido ante el Real Madrid, una cita de máximo foco y con muchísima tensión alrededor. Y eso también tendrá lectura. Porque el espanyolismo no solo mirará al campo. También mirará al palco. Si el equipo compite, si el estadio aprieta, si la cosa se tuerce, si hay pitos, si aparece una reacción clara de la grada… el propietario lo vivirá en directo. Y quizá eso sea importante, porque hay cosas que desde lejos no se entienden igual.

La confianza se ha ido cayendo al mismo ritmo que el equipo

La pérdida de confianza en Pace no viene solo por una ausencia puntual. Viene porque el Espanyol ha pasado de una primera vuelta muy ilusionante a una segunda parte de temporada lamentable, con el equipo sin ganar, la permanencia sin cerrar y la afición otra vez haciendo cuentas por abajo. Cuando los resultados acompañaban, muchas dudas quedaban tapadas. Ahora no. Ahora todo pesa más: las decisiones, los silencios, las estructuras heredadas, los fichajes que no llegaron y la sensación de que el club no tiene una voz clara en los momentos calientes.

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Mantener a Mao Ye fue una de las primeras decisiones discutidas

Entre las decisiones que generan dudas está la continuidad de Mao Ye en la estructura del club. Una parte de la afición esperaba un cambio más profundo con la llegada de la nueva propiedad. No solo de nombres arriba, sino de cultura de club. De forma de comunicar. De manera de decidir. De estructura. Y, al ver que muchas piezas seguían exactamente donde estaban, apareció la primera decepción. Pace vendía etapa nueva, pero para muchos pericos el club seguía oliendo demasiado a etapa anterior.

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La dirección deportiva, un problema mal resuelto

El otro gran asunto es la dirección deportiva. La enfermedad de Fran Garagarza dejó un vacío evidente, y el club no lo solucionó con la contundencia que pedía la situación. Se creó un comité, se habló de decisiones compartidas, de coordinación, de estructura… pero cuando llegó el mercado de invierno, el equipo no fue reforzado como reclamaba Manolo González. Y ahora, con la segunda vuelta hecha un desastre, ese enero vuelve como un boomerang. No reforzar bien una plantilla que estaba dando señales de desgaste puede acabar saliendo carísimo.

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Manolo pidió refuerzos y el equipo se quedó corto

El entrenador había pedido ayuda. Eso ya no es ningún secreto. El equipo venía de una primera vuelta brillante, pero también muy exprimida. Había posiciones justas, lesiones importantes y una sensación clara de que hacía falta añadir piernas, calidad y alternativas. Pero la respuesta fue pobre. Y ahí Pace queda señalado, porque en ausencia de una dirección deportiva fuerte, su intervención directa acabó teniendo más peso. El mercado de invierno debía proteger al equipo; acabó dejando una plantilla demasiado expuesta.

El Burnley ya ha caído: el otro proyecto de Pace también genera dudas

La situación del Burnley añade más ruido a todo. El otro club de Alan Pace en Inglaterra ha descendido de la Premier League tras una temporada muy mala en resultados, consolidando esa condición de club ascensor que preocupa a muchos. Y claro, cuando el Espanyol todavía no ha cerrado la permanencia, el espejo inglés no ayuda nada. Si el Burnley ya ha caído y el Espanyol se metiera también en un drama final, el golpe a la imagen de la propiedad sería enorme. El espanyolismo mira a Turf Moor y se pregunta si el modelo de Pace sabe sostener proyectos en la élite o solo sobrevivir a base de subidas y bajadas.

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Si el Espanyol baja, el club será un polvorín

Hay una cosa clara: si el Espanyol cae a Segunda, el ambiente puede volverse insoportable. No sería un descenso cualquiera. Sería otro golpe en un club que viene de demasiadas heridas recientes y que esperaba que la nueva propiedad trajera estabilidad, ambición y un rumbo más limpio. Un descenso con Pace recién llegado sería una bomba deportiva, institucional y emocional. Y no bastaría con discursos de futuro. La afición pediría responsabilidades inmediatas.

Si hay permanencia, el verano será el examen real

Ahora bien, si el Espanyol consigue salvarse, el juicio no desaparecerá. Solo cambiará de fecha. El mercado de verano será el gran examen de Alan Pace. Ahí ya no valdrán excusas de transición, ni herencias, ni tiempo limitado, ni estructuras a medio montar. Tocará demostrar qué proyecto quiere construir. Qué dirección deportiva tendrá poder real. Qué inversión habrá. Qué entrenador liderará el nuevo ciclo. Qué plantilla se quiere armar. La permanencia daría aire, pero no borraría las dudas. Solo daría una oportunidad para corregirlas.

Algunos piden tiempo, pero el silencio lo complica todo

Es justo decir que hay quien pide paciencia con Pace. No lleva tantos meses en el club y una propiedad no cambia una entidad de arriba abajo en dos días. Eso es verdad. Pero también lo es que el Espanyol no puede permitirse tanto oscurantismo. Si hay un plan, debe explicarse. Si se está ordenando la estructura, debe contarse. Si se confía en Manolo, debe transmitirse. Si se prepara un cambio deportivo de cara al verano, debe haber alguna señal clara. El silencio no protege al club; lo deja a merced del rumor.

El imposible: que algunos echen de menos a Chen

Quizá lo más llamativo de todo es que, a base de dudas, poca comunicación y decisiones difíciles de entender, Pace está logrando algo que parecía imposible hace unos meses: que algunos espanyolistas empiecen a echar de menos a Chen Yansheng. No tanto por cariño real a la etapa anterior, que fue muy desgastante, sino por puro hartazgo. Por esa sensación de que el nuevo proyecto prometía luz y, de momento, ha traído demasiadas sombras. Cuando una afición empieza a comparar con Chen para mal de la nueva propiedad, algo se está haciendo muy mal.

chen yansheng espanyol

La cercanía inicial ya no basta

Lo de mezclarse con la afición está bien. Las fotos están bien. Los gestos gustan. Pero todo eso tiene fecha de caducidad si luego no hay decisiones sólidas. El espanyolismo no necesita un presidente simpático solo en los días buenos. Necesita liderazgo cuando vienen mal dadas. Necesita presencia, claridad y una estructura que no parezca improvisada. La cercanía sin gestión acaba pareciendo puro decorado.

El Espanyol necesita saber quién manda y hacia dónde va

Ahora mismo, una de las grandes preguntas es esa: quién manda realmente en el Espanyol y cuál es el plan. La continuidad de Mao, el papel de Garagarza, la entrada de asesores, el comité deportivo, el peso de Pace, la ausencia de una voz institucional fuerte… todo forma una bola difícil de seguir. Y cuando el primer equipo no gana, esa bola se vuelve todavía más grande. Un club no puede vivir en estado de niebla permanente. Menos aún cuando se juega la permanencia.

El partido ante el Real Madrid también es una prueba para el palco

El domingo, el foco estará en el césped, claro. El Espanyol necesita competir ante el Real Madrid y sumar si puede. Pero también será una prueba para el palco. Pace estará allí y verá el ambiente real. Verá el miedo, el cansancio y también la capacidad de la afición para empujar cuando toca. Si el equipo responde, quizá el ambiente se calme un poco. Si la imagen vuelve a ser mala, la presión sobre todos crecerá. Y esta vez el propietario no lo podrá vivir desde la distancia.

La propiedad debe recuperar confianza con hechos

Pace todavía está a tiempo de reconducir la relación con el espanyolismo. Pero no lo hará con frases bonitas ni con apariciones puntuales. Lo hará cerrando la permanencia, tomando decisiones claras, profesionalizando la estructura, explicando el proyecto y armando una plantilla que no vuelva a vivir pendiente del alambre. La confianza se perdió con hechos; solo se recuperará con hechos.

pace manolo gonzalez

Un club cansado de promesas necesita liderazgo real

El Espanyol está en un momento muy delicado. Deportivamente, porque la permanencia aún no está sellada. Institucionalmente, porque la nueva propiedad ya no tiene el crédito automático de los primeros meses. Emocionalmente, porque la afición está agotada de vivir siempre al límite. Alan Pace llegó con ilusión y buena imagen. Ahora debe demostrar que hay algo más detrás. El espanyolismo no pide milagros. Pide rumbo. Pide presencia. Pide que el club deje de parecer un barco que espera que pase la tormenta sin tocar el timón.