Dmitrović, el refugio del Espanyol en plena tormenta: el portero que se niega a dejar caer al equipo suma la novena portería a cero, algo que nadie lograba desde Diego López

30 de abril de 2026

En un Espanyol lleno de dudas, nervios y caras largas, Marko Dmitrović se ha convertido en una de las pocas figuras que todavía transmiten calma. Y no es poca cosa, viendo cómo está el patio. El equipo lleva semanas atrapado en una racha durísima, el vestuario parece jugar con una mochila encima y la afición ya ha empezado a señalar a casi todos. Casi. Porque el serbio, ahora mismo, está en otro grupo. En el de los que se salvan de la quema.

Un portero con experiencia para un momento que exige cabeza fría

Dmitrović no es un chaval que acaba de llegar al fútbol profesional y se asusta con el primer incendio. Tiene 33 años, ha vivido vestuarios grandes, momentos malos, partidos de esos que te dejan tocado y noches en las que toca levantarse rápido. Y eso, en este Espanyol presa de la inquietud, tiene un valor especial. En una plantilla que a veces parece demasiado tierna para el momento, el serbio aporta oficio, serenidad y una presencia que se nota.

Del golpe del derbi a dos actuaciones de muchísimo nivel

Lo de Dmitrović tiene mérito también por cómo se ha rehecho. Venía de un derbi ante el Barça en el que no estuvo fino, con errores señalados en varios goles encajados. Otro jugador se habría quedado enganchado ahí, dándole vueltas a la cabeza. Él no. En Vallecas ya respondió con varias paradas de mucho nivel, aunque al final no sirvieron para puntuar. Y contra el Levante, directamente, sostuvo al Espanyol cuando el equipo estaba a punto de romperse del todo.

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Ante el Levante evitó un golpe que podía ser brutal

El partido contra el Levante era más que un partido. Era una final camuflada. En casa, ante un rival directo, con la necesidad de ganar y con el estadio esperando una reacción. El Espanyol no la encontró. No en ataque, al menos. Y cuando el equipo se quedó con diez por la expulsión de Pol Lozano, el tramo final fue de esos que se ven con el corazón encogido. Ahí apareció Dmitrović. Primero para sacar un disparo de Víctor García en la primera parte. Luego, ya en el descuento, para hacer dos paradas de esas que pueden valer una permanencia.

El pie a Etta Eyong y la mano al larguero de Carlos Álvarez

La primera parada del añadido fue casi de balonmano. Etta Eyong remató a bocajarro, de esas acciones que normalmente acaban dentro y te dejan el estadio helado. Pero Dmitrović sacó el pie y mantuvo vivo al Espanyol. Después llegó el disparo de Carlos Álvarez, que tocó lo justo para mandarlo al larguero. Fue un suspiro colectivo. De esos en los que media grada se lleva las manos a la cabeza y la otra media no sabe ni cómo respirar. El Levante estuvo a centímetros de dejar al Espanyol a tres puntos del descenso. Dmitrović lo evitó.

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El RCDE Stadium pitó a casi todos, menos a él

El final del partido dejó una imagen muy clara del estado de ánimo de la afición. Pitidos al equipo, enfado general y una sensación de hartazgo que ya no se podía esconder. Pero hubo una excepción. Dmitrović fue aplaudido. Y eso, en una noche tan fea, dice mucho. El RCDE Stadium señaló a la plantilla, pero reconoció al portero que había evitado un desastre mayor.

Novena portería a cero y un dato con peso

El dato nos lo da Sergio Escario en Mundo Deportivo: el empate ante el Levante dejó la novena portería a cero de Dmitrović esta temporada, un registro que ningún portero del Espanyol alcanzaba desde Diego López. También superó los ocho cerrojos que logró Joan García el curso pasado, y eso tiene su punto simbólico. Porque cuando llegó a Barcelona, Dmitrović aterrizó con dudas alrededor. Venía con la misión complicada de hacer olvidar a un portero que había dejado huella. Y mira ahora. A base de paradas, ha cambiado murmullos por aplausos.

No se conforma con el empate: “No estoy para nada contento”

Lo mejor de Dmitrović no es solo que pare. Es que no se compra el conformismo. Después del 0-0 ante el Levante, en una noche en la que perfectamente podía sacar pecho por haber salvado al equipo, dejó una frase muy clara: “No estoy para nada contento, porque el único objetivo era sumar tres puntos, aunque hubiese sido 4-3 o 5-4”. Esa mentalidad es justo lo que necesita el Espanyol ahora. Gente que entienda que el punto puede servir, sí, pero que el objetivo era ganar. Y que un club como el Espanyol no puede vivir celebrando empates en casa ante rivales directos.

Una figura de vestuario en una semana muy delicada

El Espanyol necesita voces fuertes. No solo en ruedas de prensa, también en el día a día, en el vestuario, en los entrenamientos, en esos momentos en los que los futbolistas se miran y saben que la cosa se ha puesto seria. Dmitrović tiene ese perfil. No es un capitán de brazalete sentimental, pero sí un jugador con recorrido, carácter y una calma que ahora mismo vale su peso en oro. Cuando el equipo tiembla, tener detrás a un portero que no se arruga ayuda mucho.

No puede salvarlo todo él solo

Ahora bien, el Espanyol no puede depender cada semana de que Dmitrović haga milagros. Eso sería una ruleta peligrosa. En Vallecas evitó varias, ante el Levante salvó un punto y en otros partidos también ha sostenido al equipo más de lo que debería. Pero un portero, por muy bien que esté, no puede ganar todos los duelos del área, marcar goles ni arreglar un centro del campo partido. Dmitrović está haciendo su parte. El resto debe empezar a hacer la suya.

El Real Madrid, otra prueba de fuego

La visita del Real Madrid al RCDE Stadium llega en un contexto durísimo. El Espanyol necesita puntos, la grada necesita ver reacción y el equipo necesita dejar de jugar con cara de miedo. En un partido así, Dmitrović volverá a ser clave. Porque el Madrid, incluso sin su mejor día, te exige muchísimo. Te obliga a estar atento en cada centro, cada transición, cada disparo desde la frontal. Y ahí el serbio tendrá que volver a ejercer de muro. Pero esta vez el Espanyol necesita algo más: que sus paradas no sean solo para evitar el desastre, sino para construir un resultado.

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Dmitrović, el espejo en el que debería mirarse el Espanyol

El serbio no ha tenido una temporada perfecta. Nadie la ha tenido en este Espanyol. Pero su reacción tras los golpes sí deja una lección clara. Falló, se levantó, volvió a competir y respondió cuando más quemaba la pelota. Ese es el camino que debe copiar el equipo entero: menos miedo, más oficio y más capacidad para rehacerse. Porque la permanencia no se va a cerrar con discursos, ni con recuerdos de la primera vuelta, ni con mirar de reojo al Sevilla. Se cerrará compitiendo.

Un salvavidas, pero también una advertencia

Dmitrović es ahora mismo un salvavidas para el Espanyol. Pero que el portero sea el mejor del equipo también tiene una lectura incómoda. Significa que el bloque concede demasiado, que vive demasiado cerca del área propia y que no logra mandar en los partidos. Cuando el héroe siempre es el guardameta, algo falla antes. Aun así, en plena tormenta, el Espanyol tiene al menos una certeza bajo palos. Y en este momento, con el miedo pegado al cuerpo y la Liga entrando en su tramo final, esa certeza puede valer muchísimo.
El guardameta serbio sostuvo al Espanyol ante el Levante con varias paradas decisivas y se ha convertido en una de las pocas certezas de una plantilla necesitada de experiencia, calma y carácter.