El Espanyol llega al Camp Nou con un reto que va bastante más allá de sumar tres puntos. No se trata solo de ganar al Barça, algo que ya de por sí suena a misión complicadísima viendo lo que dicen los números, sino de romper una dinámica que se ha ido alargando demasiado en el tiempo. Porque la realidad es dura: el Espanyol no gana en campo azulgrana desde 2009 y, desde entonces, apenas ha rascado un empate en catorce visitas.
Y claro, eso pesa. Pesa en el entorno, pesa en el vestuario y pesa en la forma en que se afronta un partido así. No es solo un derbi, es un duelo contra la historia reciente.
Volver a ganar un derbi catalán, una cuenta pendiente
Pero el problema no se queda en el Barça. Hay algo más de fondo que preocupa. El Espanyol no gana a un rival catalán desde hace demasiado tiempo, y eso ya no es una simple estadística, es una señal de lo que le está costando competir en estos escenarios.
Los números hablan claro: quince partidos seguidos sin ganar en duelos catalanes (seis empates, nueve derrotas). Y no solo eso. En los últimos cuatro, ni siquiera ha marcado, una sequía que duele porque habla de algo más que resultados.

Porque al final estos partidos no son uno más. Son los que se quedan en la memoria del aficionado. Y ahora mismo, lo que hay es una sensación de deuda.
El punto de Sevilla, una base… pero no suficiente
El empate ante el Betis dejó una lectura clara. El equipo no ganó, pero volvió a parecer un equipo. Ordenado, serio, con la portería a cero después de 14 partidos encajando. Dmitrovic sostuvo cuando tocó y el grupo no se rompió.

Manolo González lo resumió sin rodeos: «Es un buen punto y con portería a cero, que nos hacía mucha falta. Hemos dado la cara en todo momento. Ahora vamos a competir al máximo contra el Barça».
Esa es la base. Pero el Camp Nou exige más. Mucho más.
El Barça, una montaña que lleva años sin bajarse
El contexto tampoco ayuda. El Barça llega lanzado, líder y con una dinámica que impone respeto. Y encima con un dato que asusta: 29 partidos seguidos sin perder contra el Espanyol en Liga.
Es decir, no es solo que te cueste ganar allí. Es que llevas años sin encontrar la forma de hacerlo ni siquiera en casa.
Y aun así, el fútbol tiene estas cosas. A veces no responde a lo lógico. Pero para eso, primero hay que competir de verdad.
Girona: la otra herida que sigue abierta
Mientras tanto, hay otro frente que ha ido creciendo casi sin hacer ruido… pero que ahora ya está ahí. El Girona.
Hace no tanto, el Espanyol miraba la tabla desde arriba, metido en la pelea europea, con una ventaja amplia sobre los de Míchel, que parecían destinados a sufrir hasta el final. El debate sobre quién era el segundo equipo catalán parecía resuelto.
Pero el fútbol cambia rápido. Muy rápido.

El Girona reaccionó, se sostuvo en su entrenador cuando más cuestionado estaba y fue sumando. El Espanyol, en cambio, entró en esa racha sin victorias que lo ha frenado en seco. Resultado: solo un punto de diferencia entre ambos.
Y eso cambia todo.
Una rivalidad reciente que ya se siente de verdad
Lo del Girona ya no es algo anecdótico. Se ha convertido en una rivalidad real, incómoda y cada vez más directa. No solo por lo que pasa en el campo, sino por lo que representa.
Porque para el espanyolismo, quedar por detrás del Girona no es un detalle sin importancia. Es un golpe. Otro más.

Y en este tramo final de temporada, ese objetivo -quedar por encima- va a estar muy presente. Aunque no se diga en voz alta todo el tiempo.
Ocho partidos para cambiar la sensación
El calendario no da tregua. Barça, Rayo, Levante… y luego un tramo final cargado de partidos exigentes. No hay respiro.
Pero el foco ahora mismo está claro. El Camp Nou es el punto de partida.
No porque se espere una victoria obligatoria. No va de eso. Va de otra cosa. Va de competir, de sostener lo que se vio en Sevilla y de empezar a cambiar una dinámica que se ha hecho demasiado larga.
Más que un partido: una cuestión de identidad
Al final, lo que se juega el Espanyol este sábado no es solo un resultado. Es algo más difícil de medir. Es recuperar la sensación de equipo competitivo en los partidos que realmente marcan.
Porque ganar al Barça sería un golpe encima de la mesa. Pero incluso sin llegar a eso, hay otra batalla que también cuenta: volver a ser reconocible, volver a creer que estos partidos no están perdidos antes de empezar. Y eso, ahora mismo, ya sería un paso enorme.
El Espanyol visita al FC Barcelona con el reto de romper una larga racha sin victorias en derbis catalanes y mantener su posición frente a un Girona que se ha acercado en la clasificación.







