Hay voces que en el entorno del Espanyol siguen teniendo un peso especial aunque ahora defiendan otro escudo. Una de ellas es la de Sergi Darder. El hoy jugador del Mallorca, ex capitán perico y una figura muy reconocible para la afición blanquiazul, mucha de la cual aún no le ha perdonado su marcha coincidiendo con el descenso pero que tal vez matice su visión del tema al or sus palabras, ha hablado con franqueza sobre tres asuntos que tocan de lleno al espanyolismo: los incidentes del España – Egipto en el RCDE Stadium, la imagen que a veces se proyecta de la grada perica y la situación de Joan García tras su marcha al Barça. Y lo ha hecho con un discurso que mezcla respeto, comprensión del contexto y una mirada bastante cruda sobre cómo se vive el fútbol en Barcelona cuando llevas el escudo del Espanyol por dentro.
“No es Cornella”: Darder lleva el debate más allá del estadio
Lo primero que hace Sergi Darder es evitar que toda la conversación quede reducida al RCDE Stadium o a la afición del Espanyol. En lugar de señalar directamente a Cornellà o cargar de forma indiscriminada contra el entorno perico, el balear amplía el foco y coloca la cuestión en un plano mucho más básico, casi elemental. “Bueno, es que al final no es Cornellà o es… al final es ni fútbol, es ser humano. Creo que hay que ser respetuoso con muchas cosas y más cuando en tu propia selección tienes a jugadores que aunque no lo quieras, les estás tratando de respeto”. La frase tiene recorrido, porque no habla de rivalidades ni de colores, sino de convivencia y de límites. Y en esa misma línea añade otra puntualización que también conviene subrayar: “Entonces, ya no hablo de la afición del Espanyol, ni de Cornellà, ni mucho menos. Hablo de qué pasa en muchos campos. Creo que hay que ser respetuosos con todo el mundo”. Darder no compra el relato fácil de convertir al Espanyol en el centro del problema, ni tampoco niega la gravedad de lo ocurrido. Lo que hace es poner el acento en que estas conductas no pertenecen a un solo estadio ni a una sola grada, y que reducirlo todo al nombre del Espanyol sería, como mínimo, demasiado simple.
Autocrítica también para los futbolistas: “Tenemos un margen de mejora”
En su reflexión hay un detalle que no pasa desapercibido y que da un matiz más amplio a sus palabras. Darder no se limita a pedir respeto desde la grada. También introduce una parte de autocrítica hacia los propios jugadores cuando dice: “Y bueno, creo que también los jugadores tenemos un margen de mejora en no caer en tanta provocación, en no provocar tanto. Pero es verdad que tanto insulto o tanta cosa no ayuda a muchos jugadores de sangre más caliente a esas cosas”. Aquí no está justificando nada, pero sí reconociendo que el clima del fútbol moderno muchas veces se envenena por todos lados. Aun así, remata con una frase muy clara, sin escapatoria posible: “No se deben de permitir en ningún lado”. Ahí está la línea roja. Da igual si es en Cornellà, en Sevilla, en Madrid o en cualquier otro campo. Para Darder, hay conductas que no entran dentro del fútbol ni de la pasión ni del ambiente de grada.
Sergi Darder intenta explicar a la afición del Espanyol sin blanquear nada
Cuando la conversación aterriza de verdad en el espanyolismo, Darder entra en un terreno delicado. Y lo hace desde el conocimiento profundo. No habla alguien de fuera, ni un futbolista que pasó de puntillas por el club. Habla alguien que fue capitán, referencia del vestuario y rostro de varias etapas importantes del primer equipo. Por eso tiene valor lo que dice a continuación: “Es una afición que no es defender o no defender, pero es una afición que en Barcelona, evidentemente yo que he estado ahí, puedo llegar a entender muchas cosas. No cosas como esta, ni mucho menos”. La precisión es importante. Comprender no es justificar. Y él mismo lo deja claro. A partir de ahí intenta explicar el porqué de ese carácter más áspero, más reactivo, más incómodo para algunos. “Puedo llegar a entender que sean un poco más, no sé si decir vinagres…”. Cuando le apuntan “exigentes”, corrige con otro enfoque: “Ya no sé si exigentes, pero un poco más quejicas porque es verdad que se les menosprecia en muchas ocasiones por tener el Barça ahí en la ciudad. Entonces se les deja como en un segundo plano cuando realmente hay muchas cosas, que es un equipo más de Catalunya. Y bueno, no es fácil, como he dicho antes, yo muchas veces, no es fácil ser del Espanyol en Barcelona”.
“No es fácil ser del Espanyol en Barcelona”: una frase que retrata mucho
De todo lo que dice Sergi Darder, seguramente una de las frases que más puede tocar a la afición perica es esa: “No es fácil ser del Espanyol en Barcelona”. Porque ahí hay una experiencia que el espanyolismo conoce de sobra. La sensación de vivir a la contra, de quedar muchas veces en segundo plano, de tener que explicar siempre lo mismo. Darder entiende que ese contexto va moldeando el carácter de la grada, esa mezcla de orgullo, hartazgo y mala leche que a veces aparece en determinados partidos o determinados momentos. Lo verbaliza así: “Y eso hace que muchas veces saquen ese genio, ese carácter, ese tal, que les lleva malas pasadas, que a veces parece que son conflictivos”. No es una defensa cerrada ni un ataque. Es más bien una radiografía emocional. Una manera de decir que muchas reacciones del espanyolismo nacen de una historia de agravio, de comparación permanente con el vecino y de una necesidad casi constante de reivindicación. Eso sí, tampoco esconde lo otro: “Y muchas veces, evidentemente, se han pasado en muchas cosas”. Ahí no hay maquillaje.
El matiz de Darder sobre los cánticos y el contexto del España – Egipto
En medio de todo, Sergi Darder también introduce un elemento que invita a no sacar conclusiones demasiado rápidas sobre lo que se escuchó en el España – Egipto. “El otro día, es que claro, a lo mejor había mucha gente del Barça, mucha gente externa, entonces no puedo explicar lo de los cánticos, pero sí que no quiero ni defenderlos ni no”. Es una frase prudente, casi incómoda, pero tiene sentido. El partido de la selección no es un Espanyol – Mallorca ni un derbi catalán ni una cita puramente perica. El público es distinto, el contexto cambia y el perfil de los asistentes también. Darder no exonera a nadie, pero tampoco acepta que se cargue todo el peso sobre el espanyolismo sin más. Y eso, para una afición que siente muchas veces que se la señala con rapidez, tiene un valor evidente.
Joan García, entre la comprensión profesional y el coste emocional
El otro gran asunto de sus declaraciones es Joan García. Y aquí Darder entra de lleno en un tema que sigue removiendo al espanyolismo. Primero lo hace desde la cercanía personal: “Joan está más que curtido, lo he hablado en privado muchas veces con él, por un tema de que nos pasa una cosa pues prácticamente parecida”. Es decir, no opina desde lejos. Ha hablado con él, conoce su situación y la observa con el filtro de alguien que también tuvo que decidir en un contexto parecido. Luego llega la frase clave: “Entender a Joan, claro que lo entiendo”. Para Sergi, el movimiento puede comprenderse desde la lógica de carrera, de crecimiento profesional y de oportunidades. Pero ahí no acaba la cosa. Porque enseguida introduce el reverso de la decisión: “Pero también entonces nunca te quejes de que después te piten o que no pasen cosas mayores, ni mucho menos. Pero después, evidentemente, tampoco pidas tu respeto o que te respeten”.
La visión perica de Darder: entender la decisión no borra las consecuencias
Este punto seguramente será el que más debate genere entre la afición del Espanyol. Darder entiende a Joan García, sí. Pero al mismo tiempo viene a decir que cuando un futbolista da el paso de irse del Espanyol al Barça, sabe perfectamente a qué se expone. “Él asumió… Es decir, él sabía que cuando se iba del Espanyol al Barça, tienes que asumir las consecuencias. ¿Él está dispuesto a asumirlas? Pues todo el mundo contento”. El razonamiento de Sergi es duro, pero bastante transparente. Joan gana en carrera deportiva, en escaparate, en títulos, en selección y en proyección. Y a cambio asume que parte del espanyolismo no lo va a perdonar. No le desea nada grave, no entra en amenazas ni en conductas fuera de lugar, pero sí deja claro que el enfado perico entra dentro de lo esperable. Lo remata con una imagen muy concreta: “Tiene que entender que cuando vaya al campo del Espanyol o cuando se cruce por la calle a un cuatro pericos, pues le digan cuatro cosas que evidentemente no le gustarán ni a él ni a su madre”. Darder está hablando de coste emocional, de factura sentimental, de una herida que sabía que iba a abrirse.
Sergi Darder recuerda que él dijo no al Barça
Aquí la pieza gana todavía más fuerza, porque ya no se trata solo de lo que piensa sobre Joan García, sino de lo que él mismo hizo cuando le tocó vivir una situación parecida. Darder confirma que estuvo cerca del Barça, aunque no llegó a tener una oferta formal. “No tuve la oferta encima de la mesa porque fueron llamadas, entonces ya cuando yo no di el paso, pues no te voy a decir, me pagaban X porque no llegué a tener el contrato ni mucho menos, pero sí que bueno, fue la posibilidad, se habló conmigo, se habló con mi representante y en el momento en el que dije que yo no podía irme al Barça, pues tuve un problema gordo”. La explicación retrata bien el conflicto interior. No fue una operación cualquiera. Y él mismo deja claro por qué cerró esa puerta: por “un respeto o por una manera de entender cosas”. Esa frase encaja de lleno con la sensibilidad del espanyolismo. Darder no está diciendo que todo el mundo tenga que actuar como él, pero sí está dejando claro que su forma de entender el club le impidió cruzar esa línea.
Mallorca, la salida que sí le convenció
Su relato personal no acaba ahí. Al rechazar la vía del Barça, reconoce que el resto de opciones le costaron mucho más. “Después tuve otras ofertas de equipos de Europa que ya me parecían malas todas, por eso tuve que elegir o irme de España a otra liga o evidentemente después cuando parecía el Mallorca, pues dije hostia, eso sí que me convenció porque en un tema mental, psicológico de estar en casa, sí que me motiva mucho más que irme a otro equipo a jugar Europa”. Aquí aparece un Darder muy humano, muy reconocible para quien lo siguió en el Espanyol. No habla solo de dinero o de nivel competitivo. Habla de cabeza, de equilibrio, de volver a casa, de sentirse bien. Y eso también ayuda a entender por qué se expresa como lo hace sobre Joan García: desde alguien que eligió un camino distinto, condicionado por otra forma de vivir el fútbol y de gestionar lo emocional.
Entre el ruido y el respeto, la intervención de Darder deja varias lecturas
La gran virtud de las palabras de Sergi Darder es que no son cómodas para nadie del todo. No sirven para cargar toda la culpa contra el Espanyol, ni para absolver cualquier comportamiento de la grada, ni para convertir a Joan García en un villano absoluto, ni para pintar el fútbol como un espacio aséptico donde nada duele. Lo que hace el ex capitán perico es moverse en una zona mucho más real. Condena los episodios que cruzan la línea, recuerda que “no se deben de permitir en ningún lado”, intenta explicar por qué la afición del Espanyol reacciona como reacciona en ciertos contextos, subraya que “no es fácil ser del Espanyol en Barcelona” y sostiene que una decisión como la de Joan García puede entenderse… pero también trae consigo una respuesta que era perfectamente previsible. Y seguramente ahí está la parte más incómoda y más verdadera de todo esto: en el fútbol hay decisiones que se pagan, aunque te salgan bien.







