Hay entrevistas que sirven para entender mejor al futbolista. Y luego están las que te enseñan a la persona. La charla de Javi Puado con Gonzalo de Martorell en La Vanguardia, dentro de “Vip sobre ruedas”, va claramente por el segundo camino. Aquí no hay táctica, ni sistemas, ni análisis de partidos. Aquí hay coche, tráfico, familia… y alguna que otra historia que explica bastante bien quién es Puado fuera del campo.
Porque más allá del delantero, aparece alguien bastante reconocible: alguien que se mueve por Barcelona como cualquiera y que vive el coche sin artificios.
Barcelona, el tráfico y una relación poco romántica con conducir
Puado no se esconde. Lo dice tal cual en La Vanguardia: “Me gusta la sensación de estar al volante de un buen coche, pero conducir por Barcelona me saca de quicio”. Y no hace falta mucho más para entenderlo.
El día a día del jugador está marcado por desplazamientos constantes. De casa a la ciudad deportiva, de la ciudad a quedar con amigos, de un punto a otro sin pausa. Y en medio, lo de siempre: rondas colapsadas, semáforos, horas punta que parecen eternas.
Su relación con el coche en ciudad no tiene nada de idealizada: es una herramienta, no un placer.
Eso sí, cuando se sale de ese entorno, el discurso cambia.
Carretera, copiloto y ese pequeño refugio lejos del ruido
En la entrevista de La Vanguardia hay un giro interesante cuando habla de los viajes largos. Ahí sí aparece una versión más relajada del jugador. Aunque con un matiz que lo define bastante: prefiere no conducir. “Me gusta ir de “copi”, poner música, estar con el móvil y que algún amigo o mi pareja conduzca”.
No es una cuestión de capacidad, sino de elección. El coche como espacio de desconexión, no como responsabilidad. Música, conversación, ese punto de pausa que no tiene durante la semana.
Y ahí entra una de las historias más humanas de toda la charla. El viaje con su padre hacia Castellón. Una hora y media de música que no le gustaba nada, silencio total… hasta que cambian de estilo y todo encaja. Rock, complicidad, risas.
Son esos momentos los que convierten el coche en algo más que un medio de transporte.
La anécdota de la multa: contexto, cercanía y ese “el agente era perico”
Dentro de la conversación en La Vanguardia, hay una pregunta directa sobre si alguna vez se ha librado de una multa por ser futbolista. Y Puado responde sin rodeos: “De alguna sí, no lo voy a negar. ¡Es que el agente era perico!”.
La frase, por sí sola, ya llama la atención. Pero el contexto ayuda a entenderla mejor.
No se trata de una actitud habitual ni de un abuso de posición. El propio Puado deja claro que no es alguien que acumule sanciones y que, cuando llegan, las asume. De hecho, explica que las últimas multas que ha recibido han sido por pequeños excesos de velocidad -“15 o 20 km/h de más”- y que son “merecidas”.
Lo que describe es una situación puntual, casi anecdótica. Un control, un agente que le reconoce, un momento de cercanía. Ese vínculo que existe entre jugador y afición, trasladado a un contexto inesperado como la carretera.
Más que un privilegio, lo que aparece es una escena muy concreta: el reconocimiento mutuo entre un aficionado y un jugador del Espanyol.
Y eso, en el fondo, dice bastante del tipo de relación que mantiene Puado con su entorno.
Coches del día a día y coches que se sueñan
La entrevista también deja claro que Puado no vive el mundo del motor desde la ostentación constante. Hay equilibrio.
Por un lado, el uso habitual del Skoda Kodiaq RS, un coche amplio, práctico, pensado para el día a día, para viajar con comodidad o moverse con cierta facilidad pese a su tamaño.
Por otro, el componente aspiracional. Ahí no duda: “El coche de mis sueños realmente es un Porsche 911 Turbo S”.
Entre una cosa y otra aparece una trayectoria bastante lógica. Desde aquel Audi A3 de segunda mano que le recomendó su padre, hasta modelos más exclusivos que ha tenido después, como el Audi R8.
La influencia del entorno: aprender antes de gastar
Uno de los aspectos más interesantes de la conversación en La Vanguardia tiene que ver con cómo ha tomado decisiones a lo largo del tiempo.
Puado cuenta cómo su padre frenó más de una compra impulsiva, especialmente en sus primeros años. Nada de gastar grandes cantidades sin tener claro el contexto profesional. Nada de precipitarse.
Ese consejo se repite en varias etapas: cuando iba a comprarse un coche nuevo siendo muy joven, o cuando estuvo a punto de adquirir un modelo de alta gama durante su etapa en Zaragoza.
Ese aprendizaje aparece ahora como una base sólida en su forma de entender el dinero y el coche.
Popularidad, normalidad y vida cotidiana
Otro punto que atraviesa toda la entrevista en La Vanguardia es la manera en que Puado vive la fama. Sin dramatismo.
Cuenta que en los semáforos le saludan, que algún conductor baja la ventanilla para decirle algo… y que no le incomoda. Al contrario, lo asume con naturalidad.
Ser jugador del Espanyol le permite mantener una vida relativamente normal. Y él parece valorar eso.
Sin grandes barreras, sin distancia excesiva. Una relación bastante directa con la gente.
Entre limitaciones actuales y planes de futuro
Ahora mismo, hay un condicionante claro: la lesión. Puado no puede conducir y depende de su pareja para desplazarse. Lo comenta en La Vanguardia con cierta naturalidad, incluso con un punto de humor cuando habla de esas “alegrías con el pedal del gas”.
Pero mirando hacia adelante, hay una idea que aparece con fuerza. Las motos.
“Cuando me retire del deporte profesional, lo primero que haré será comprarme una moto”.
No es una frase al azar. Resume bastante bien una sensación contenida durante años. Algo que no puede hacer ahora, pero que forma parte de lo que quiere recuperar en el futuro.
Una especie de libertad aplazada.







