El Espanyol volvió a sumar sin ganar. El 1-1 ante el Real Oviedo no fue un partido pobre en cuanto a juego, pero sí un resultado que vuelve a alimentar una sensación incómoda que se ha instalado en el entorno del equipo en las últimas semanas. El conjunto de Manolo González ofreció fases de buen fútbol, dominó durante largos tramos y generó ocasiones suficientes para haber resuelto el encuentro, pero la victoria volvió a escaparse. Otra vez. Y ya van demasiadas.

El ambiente al final del partido en el RCDE Stadium reflejó esa mezcla de frustración y preocupación, que se trasladó en silbidos al equipo. No fue una noche marcada por la apatía ni por la falta de compromiso del equipo. Hubo intención, hubo momentos de dominio y también aproximaciones claras al área rival. Lo que faltó fue el resultado que el equipo necesita para romper una dinámica que empieza a prolongarse demasiado. Esos silbidos finales de parte de la grada reflejaron más inquietud que reproche.
Una primera parte que recordó al Espanyol de la primera vuelta
Durante buena parte del primer tiempo el Espanyol mostró una versión reconocible, cercana a la que le permitió firmar una notable primera vuelta. El equipo movió el balón con criterio, ganó metros con continuidad y consiguió instalarse en campo rival.

La circulación fue fluida, las llegadas por banda se sucedieron y el conjunto blanquiazul logró generar situaciones de peligro con cierta regularidad. Fueron, probablemente, los mejores minutos del Espanyol en varias jornadas, con el equipo encontrando espacios y obligando al Oviedo a replegarse cerca de su área.
Pero el fútbol tiene esa capacidad para castigar cualquier error, especialmente cuando los resultados no acompañan. En la primera llegada clara del conjunto asturiano llegó el gol visitante. Una acción que comenzó con Omar superado por su par -sabe mal decirlo, pero la temporada del lateral derecho esta siendo muy decepcionante- y terminó con un despeje blando de Romero que dejó el balón en una posición perfecta para Reina.

El Espanyol reaccionó con rapidez. No perdió el orden ni el control del juego y acabó encontrando el empate gracias a Kike García, que volvió a demostrar su instinto en el área. El delantero sigue siendo una de las referencias ofensivas del equipo. El problema es que, pese al dominio mostrado, el marcador no volvió a moverse.

Dominio sin premio y un segundo tiempo más espeso
El Espanyol acumuló remates, centros y situaciones de peligro, especialmente en la primera parte. Durante ese tramo del partido el conjunto blanquiazul transmitía la sensación de tener el encuentro bajo control. Sin embargo, faltó precisión en el último gesto y apareció también la figura de Escandell, que firmó varias intervenciones de mérito.
Con el paso de los minutos el encuentro fue perdiendo claridad. El Oviedo, cómodo con el empate, reforzó su estructura defensiva y buscó sus opciones en transiciones rápidas.

Tras el descanso el Espanyol mantuvo la iniciativa, pero el juego perdió algo de la finura mostrada anteriormente. Las posesiones se volvieron más directas, con menos continuidad en campo rival. Los cambios introducidos por ambos técnicos también modificaron el ritmo del encuentro, para bien en el caso de los carbayones y para mal por lo que hace a los pericos, que sin un agotado Terrats -fue él el que pidió al caambio por cansancio- dio la sensación de perder el control del encuentro.
El Espanyol siguió insistiendo hasta el final, pero sin la precisión necesaria para transformar su empuje en ocasiones realmente decisivas. El marcador, finalmente, no volvió a moverse.
Un problema recurrente: la falta de contundencia en las áreas
El análisis del partido vuelve a conducir hacia una conclusión que se ha repetido en varias jornadas recientes. El Espanyol es capaz de generar ocasiones, pero le cuesta transformar ese dominio en goles. Al mismo tiempo, cualquier error en defensa suele tener consecuencias.
El gol del Oviedo volvió a evidenciar ese desequilibrio. Una acción aislada, fruto de una cadena de decisiones defensivas mal resueltas, terminó con el balón dentro de la portería.

En ataque, el equipo necesita demasiadas aproximaciones para encontrar el gol. Kike García continúa siendo la referencia más fiable, pero el conjunto blanquiazul requiere mayor participación goleadora de otros jugadores del frente ofensivo. El Espanyol llega al área rival con frecuencia, pero el gol sigue siendo un recurso demasiado costoso.
Diez partidos sin ganar y una racha que inquieta
Más allá del desarrollo del encuentro, el dato que marca el momento del Espanyol es la racha de resultados. Con el empate ante el Oviedo, el equipo acumula diez partidos consecutivos sin conocer la victoria. Diez. Terrible se mire como se mire, injustificable por muecho que duela.
En ese tramo ha sumado únicamente cuatro puntos de los últimos treinta posibles, con un balance de seis derrotas y cuatro empates. Son cifras que inevitablemente recuerdan otras rachas complicadas del club en el pasado: los 6 puntos de 42 de la temporada 2008-09, los 2 de 30 de la campaña 2019-20 con Abelardo y Rufete o los 3 de 30 en la 2007-08 con Ernesto Valverde.
Ahora el Espanyol suma 4 puntos de 30 con Manolo González, una estadística que refleja la dificultad que está teniendo el equipo para transformar su juego en resultados.
Manolo González: satisfacción con el juego, frustración por el resultado
Tras el encuentro, el técnico blanquiazul, a quien muchos en el entorno apuntan ya indisimuladamente tras esta larga racha sin ganar, reconoció esa mezcla de sensaciones que dejó el partido. Por un lado, satisfacción por el comportamiento del equipo sobre el césped; por otro, frustración por no haber logrado la victoria.

“Al final, en el fútbol hay errores. Nos han llegado en la del gol y dos acciones en la segunda parte. El equipo lo hizo todo para ganar. Estoy orgulloso, tuvimos personalidad con balón. En la segunda, si Edu hubiese estado, habría entrado por Terrats. Queríamos juego por dentro. Lo hicimos todo para ganar, pero no pudimos ganar”.
El entrenador también incidió en la falta de acierto en el área rival: “Tratamos de generar juego, llegamos a tres cuartos y centramos. Pero, por desgracia, no fuimos capaces de matar el partido. En Primera, si perdonas tantas ocasiones, el partido se complica siempre”.
En su reflexión final dejó un mensaje de confianza en que la dinámica puede cambiar: “El día que toque, el balón entrará seguro”. Lo que pasa y es también comprensible, es que la paciencoa del aficionado se agota y ya no acepta explicaciones ni excusas. Lo que quiere es que se ponga puntoy final este padecimiento. Es una pena como se ha pasado de vivir con ilusión la primera parte del curso a desear que la temporada se acabe lo antes posible. Una de las mejores primeras partes del curso de la historia y el capital que conllevaba, se ha dilapidado.
Un calendario exigente en el horizonte
El empate también afecta a la planificación deportiva que el Espanyol tenía marcada para este tramo del campeonato. El mes de marzo aparecía en el calendario como una oportunidad para sumar puntos ante rivales teóricamente accesibles.
Los dos primeros compromisos eran ante Elche y Oviedo. El balance, tras ambos encuentros, es de dos puntos de seis posibles.

A partir de ahora el calendario presenta mayores dificultades, con partidos ante Mallorca y Getafe antes de entrar en un tramo todavía más exigente que incluye enfrentamientos ante Betis, Barcelona, Rayo Vallecano, Levante y Real Madrid. Preocupante, para ser sinceros, viendo la dinámica del equipo, que dejó escapar una ocasión importante para reforzar su posición con mayor tranquilidad.
Un equipo que necesita romper la dinámica
El Espanyol no transmite la imagen de un equipo completamente superado por la situación. Compite, genera ocasiones y, en varios partidos recientes, ha ofrecido fases de buen fútbol.
Pero las dinámicas en el fútbol tienen un peso considerable. Cada partido sin ganar aumenta la presión, cada error se magnifica y cada ocasión fallada alimenta la sensación de bloqueo.
El Espanyol se encuentra ahora en ese punto incómodo en el que el juego ofrece señales positivas, pero los resultados siguen sin acompañar. Romper la racha con una victoria se ha convertido en una necesidad inmediata para recuperar confianza y estabilidad en el tramo final de la temporada.






