Illa negó cualquier cambio con firmeza: “No, no, no”. Y explicó que su papel institucional es otra cosa distinta a su identidad personal. “Yo como presidente soy de todos los equipos catalanes”. Una respuesta equilibrada, de manual político, pero sin renunciar a su raíz blanquiazul. Lo sorprendente no fue la respuesta, sino la propia pregunta, porque cuesta imaginar que a un president socio del Barça se le planteara algo parecido.
“Si lo dejase de ser, le daría un disgusto a mi padre”
El momento más humano llegó cuando Illa explicó por qué su vínculo con el Espanyol no es negociable. No habló de política ni de imagen pública. Habló de familia.
“Si lo dejase de ser, le daría un disgusto a mi padre y es lo último que quiero hacer”. Después añadió que su padre “es muy perico” y que también lo son sus hermanos. El Espanyol, en su caso, no es postureo ni casualidad: viene de casa. De ir a Sarrià desde pequeño, de crecer con esos colores pegados a la piel.
Presidente de todos… pero perico declarado
Basté insistió en cómo gestiona esa dualidad cuando hay un Espanyol – Barça. Illa lo asumió con naturalidad: va al partido, aunque sabe que su posición institucional le obliga a medir gestos. “Voy, y no me podrás aplaudir…”. No lo puede esconder, pero tampoco puede comportarse como un aficionado más.
Recalcó varias veces que mantiene una relación correcta con todos los clubes catalanes -Barça, Espanyol, Girona y el resto- y que el fútbol tiene un peso emocional en la sociedad. “El Barça es importante para Catalunya”, dijo, ampliándolo luego a los demás equipos.
Pero entre líneas quedó claro algo: puede ser presidente de todos, pero su corazón tiene domicilio conocido.
Una pregunta que revela mucho más de lo que parece
Más allá de la anécdota, el episodio dejó una sensación incómoda entre parte del espanyolismo. No por lo que dijo Illa -que fue claro y coherente- sino por lo que se le preguntó. Como si ser perico exigiera justificarse. Como si no encajara del todo en ciertos escenarios de poder o visibilidad.
Porque, siendo sinceros, cuesta imaginar una escena similar con otro club. El fútbol en Catalunya tiene equilibrios delicados, identidades muy marcadas y una historia larga detrás. Y a veces, sin querer, salen a la superficie. Illa respondió con calma, con respeto institucional y con una frase que probablemente entendió cualquier perico que la escuchó: hay cosas que no se negocian, porque no dependen de uno solo. Dependen de quién te enseñó a amar unos colores.