Manolo González ante la semana del “reset” en el Espanyol; Pol Lozano, un termómetro del vestuario antes de la «final» ante el Celta

11 de febrero de 2026

Hace apenas un mes todo eran elogios. El Espanyol, que el sábado juega una finalísima ante el Celta, era el equipo incómodo, competitivo, ese bloque que sabía sufrir y que sacaba petróleo de cada partido. Ahora el clima ha cambiado. Preocupación, críticas, ruido. Y en medio de todo eso, Manolo González tiene por delante uno de los retos más delicados de la temporada: reconstruir al vestuario desde dentro.

Porque lo que pasó en La Cerámica no fue solo un 4-1. Fue un golpe emocional. Se vio en las caras, en los gestos, en cómo algunos jugadores se quedaron mirando al vacío cuando terminó el partido. No es tanto un problema clasificatorio -el equipo sigue sexto tras 23 jornadas- como mental. Y eso, en fútbol, pesa más de lo que parece.

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Del técnico revelación al foco de las dudas

El fútbol tiene memoria corta. Manolo ha pasado en semanas de ser el técnico revelación del campeonato a ser cuestionado desde distintos sectores. La misma plantilla que recibía aplausos unánimes ahora es señalada casi como insuficiente hasta para sostener la categoría. El contraste es brutal.

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Los datos del 2026 son duros, eso nadie lo discute. Las sensaciones también. Pero el contexto no ha cambiado tanto como parece. El Espanyol sigue en zona europea cuando el objetivo inicial era una permanencia tranquila. La cuestión ahora no es matemática. Es anímica.

Y ahí es donde entra la palabra que el propio Manolo dejó caer: “reset”.

Pol Lozano, un termómetro del vestuario

Si hubo una imagen que preocupó tras el partido en Vila-real fue la de Pol Lozano. Cabizbajo, dolido, con esa mezcla de rabia y frustración que cuesta disimular. Hace nada se hablaba de él como candidato a entrar en la órbita de Luis de la Fuente. Hoy lee en redes que ya no vale para el fútbol de élite. El salto emocional es enorme.

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Sus palabras tras el 4-1 fueron claras y sin maquillaje. “Nos afecta mucho cuando recibimos un gol. Debemos recuperarlo, porque no nos pasaba, y seguir en la línea en la que estábamos. Por ejemplo, en el campo del Athletic. Tenemos que volver a ser un equipo fuerte defensivamente”.

Ahí está la clave. Volver a ser lo que fueron.

Y no se escondió en lo emocional. “Es un momento durísimo. Pido perdón por la vergüenza que hemos pasado hoy. Contra el Celta lo único que queremos son los tres puntos, esperemos que estén con nosotros pase lo que pase”. No suena a frase hecha. Suena a jugador tocado.

También dejó su lectura sobre el arbitraje. “Lo de este año con los árbitros es lamentable, sinceramente. Te pones 0-1 en este campo y te anulan el gol sin saber todavía por qué. Ves 20 veces la acción y las 20 veces no es falta. El criterio este año nos está cayendo del otro lado de la moneda. Pero esto no determina nada. Nos metieron el primero y no supimos en ningún momento estar en el partido”.

Esas declaraciones mezclan frustración, autocrítica y orgullo. Y hoy, cuando comparezca en rueda de prensa, sus palabras pueden servir como termómetro real del estado del grupo. Si se le nota liberado, fuerte, convencido, será buena señal. Si sigue arrastrando el golpe, habrá que estar atentos.

Reset futbolístico… y mental

Manolo no solo necesita ajustar piezas sobre el césped. Necesita recomponer cabezas. Recuperar la confianza colectiva, volver a creer en lo que funcionó durante meses. Porque el Espanyol no ha dejado de saber jugar de un día para otro. Ha perdido seguridad.

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El partido del martes ante el Celta no es una final por la clasificación. Es una final por el ánimo. Ganar significaría frenar el ruido, cortar la sangría y recordar al vestuario que esto no es un derrumbe, sino un bache.

Perder, en cambio, abriría una grieta más profunda.

La semana empieza con un reto claro para el entrenador: limpiar la mente, cerrar filas y volver a conectar al equipo con su identidad. Y quizá hoy, delante de los micrófonos, empezaremos a intuir si ese proceso ya ha comenzado.