Hay partidos que se pueden vender como importantes y otros que directamente se presentan solos. Este Espanyol – Levante pertenece al segundo grupo. No hace falta adornarlo demasiado. El equipo perico llega al lunes con el cuerpo encogido, con el ánimo por los suelos y con una sensación cada vez más inquietante de que la temporada se le está escapando de las manos. La derrota en Vallecas fue otra de esas noches que te dejan mal cuerpo de verdad: el Espanyol empezó con cierta intención, tuvo momentos para meterle mano al partido, dispuso hasta de un penalti para ponerse por delante y acabó otra vez desplomado, castigado al final y con los jugadores casi al borde del llanto. Cuatro puntos por encima del descenso parece un colchón, pero ahora mismo en clave perica se siente más como una cornisa.
Vallecas dejó otra vez al Espanyol frente al espejo
Lo del Rayo hizo daño por el resultado, claro, pero sobre todo por lo que confirmó. Manolo González apostó por una doble punta con Kike García y Roberto para intentar cambiar algo, buscando más presencia arriba y una marcha más ofensiva, pero el plan volvió a quedarse a medias. El Espanyol arrancó con energía, con ese voleón tremendo de Edu Expósito y con alguna llegada que hizo pensar que igual sí, que esta vez podía ser. Pero después el partido se fue torciendo otra vez hacia el mismo sitio de siempre. El equipo perdió control, se partió, se hizo nervioso y empezó a correr detrás del encuentro. Luego llegó el penalti del 74’, esa ocasión de oro que Cárdenas le paró a Kike García, y ahí se terminó de dibujar la tragedia. Porque cuando no matas un partido así, ya sabes lo que suele pasar. Y pasó: Camello encontró el hueco en el 87’, dejó retratado a Omar y firmó un 1-0 que agravó todavía más una tormenta que parece no acabarse nunca.
Manolo González se agarra al trabajo y al orgullo
Después del golpe, Manolo intentó sostener el mensaje y dejó frases que retratan muy bien el momento del vestuario. “Son muchos partidos sin ganar. La dinámica es la que es. Pero pienso que dentro del partido el desenlace no es ni justo”, soltó el técnico, visiblemente fastidiado por otro final cruel. También explicó dónde vio romperse el encuentro: “La primera media hora hemos estado más o menos bien. No ha pasado mucho más allá de chutes fuera del área. No estuvimos bien finalizando en los últimos metros. El último cuarto de hora de la primera fue malo, no presionamos bien. En la segunda dimos un paso adelante, tuvieron más espacios, pero el partido lo teníamos de cara. Cuando no lo matas, dejas el partido abierto y eso es lo que ha pasado”. Y ahí está seguramente una de las claves del Espanyol actual: hace muchas cosas con cara de urgencia, pero muy pocas con la calma necesaria para rematar de verdad lo que tiene entre manos.
La gran duda no es solo táctica, es mental
Lo más preocupante del momento perico seguramente ya no está en una pieza que entra o sale del once, ni siquiera en un dibujo u otro. Está en la cabeza. Lo dijo también el propio Manolo cuando habló de una plantilla tocada: “Estoy preocupado porque no ganamos, porque con poca cosa te hacen daño y nosotros necesitamos llegar mucho para hacerles daño a ellos. Toca levantarse”. Y luego fue todavía más claro: “Está fastidiado después de perder, de tener ocasiones muy claras para decantar el partido. Ellos también las tuvieron. Pero las nuestras fueron muy claras para ganar. En ese aspecto estamos tocados”. Ese es el gran miedo ahora mismo. No tanto que el equipo juegue mal un rato, sino que se nota superado por el peso de la situación. Cuando llega el golpe, el Espanyol no reacciona: se encoge. Y en este tramo del campeonato eso es veneno puro.
Manolo González no quiere hablar de final, pero el Espanyol – Levante pesa como tal
Manolo González afronta el Espanyol – Levante con un mensaje de calma dentro de una situación que, siendo sinceros, de tranquila tiene poco. En la previa, el técnico no quiso vender el partido como el “día D”, pero sí admitió que es “un partido muy importante” porque una victoria daría “mucha tranquilidad, estabilidad y, sobre todo a nivel clasificatorio, un salto adelante importante”. Tras el golpe cruel de Vallecas, con el penalti fallado, la ocasión sin portero de Pere Milla y el gol recibido en el tramo final, Manolo entiende que el vestuario acabara tocado, aunque quiso cambiar rápido el foco: “Lo bueno es que volvemos a jugar rápido. El equipo tiene muchas ganas de jugar y ganar, para tener esa calma que nos falta”. La frase clave, quizá, está en la grada: el entrenador tiene claro que el RCDE Stadium debe empujar como nunca, porque “es necesaria, es importantísima y es vital para conseguir el objetivo”.
Manolo se aparta del foco: “Lo que menos me preocupa soy yo”
La rueda de prensa también dejó una respuesta muy directa sobre su situación personal, justo cuando ya se habla abiertamente de su continuidad en el banquillo. Manolo fue tajante: “Desde el primer día que llegué, lo que menos me preocupa soy yo. Lo que me preocupa es que el equipo gane. Siempre he puesto al club por encima de mí y de todos los demás. No me preocupa mi situación personal, ni soy una persona narcisista ni egoísta. Quiero que la gente por fin disfrute de una victoria”. El técnico defendió que el equipo no tiene miedo, sino “frustración, enfado, rabia”, y se agarró a la experiencia del grupo en situaciones límite, recordando el ascenso y la permanencia de la pasada temporada. También dejó una lectura bastante clara de la segunda vuelta: “Es una situación anómala, inaudita y rara”, porque, según él, el Espanyol ha seguido compitiendo y ha merecido “al menos diez puntos más”. Ahora, eso sí, ya no valen demasiadas explicaciones: toca ganar y cortar la caída.
El Levante llega encendido y creyendo de verdad
Enfrente estará un Levante que aterriza en Cornellà con todo lo contrario. Los granotas vienen de ganarle 2-0 al Sevilla, de meter de lleno a otro rival en el barro y de reengancharse a la pelea con una energía muy distinta. No es casualidad que Luís Castro frenara rápido la euforia pese al triunfo: “Todos los partidos que ganamos nos dejan contentos. El primero que ganamos en Sevilla también lo celebramos. Hoy tenemos que celebrar y mañana trabajar. La victoria de hoy no nos da nada para el próximo partido y es muy importante para nosotros”. O sea, que el Levante llega feliz, sí, pero sobre todo muy metido en lo que se juega. Y eso se nota. Ha encontrado una vía competitiva clara y ha vuelto a creer. Justo lo que al Espanyol le falta ahora mismo.
Luis Castro no se fía del Espanyol
Luís Castro llega a este Espanyol – Levante como decimos con el equipo reforzado por los últimos resultados, pero con el mensaje muy controlado. Nada de euforia loca ni de pensar que la mala racha perica facilita el trabajo. El técnico granota fue claro al analizar al equipo de Manolo González: “La dinámica del Espanyol, los resultados no son siempre el espejo de cómo juegas. Creo que están jugando mejor que los puntos que están sacando”. Y ahí está una de las claves de su previa: Castro no mira solo la clasificación ni las 15 jornadas sin ganar del Espanyol, sino el peligro de un rival herido que juega en casa y necesita ganar como sea. Por eso remarcó que “va a ser un partido difícil” y que en LaLiga “no hay partidos fáciles”, una frase típica, sí, pero en este caso bastante real, porque el lunes en el RCDE Stadium se cruzan dos equipos con urgencias de verdad.
“La racha del Espanyol o la nuestra no te da ninguna ventaja”
El entrenador del Levante también quiso bajar el ruido alrededor de las dinámicas. “La racha del Espanyol o la que nosotros tenemos no te da ventaja”, soltó, dejando claro que ni el mal momento blanquiazul ni la mejora granota deciden nada antes de jugar. Su receta pasa por llegar con la moral en su sitio, no “en las nubes”, porque, como dijo él mismo, si estás demasiado arriba “si caes te haces daño”. Castro habló de Carlos Álvarez, de Arriaga, de las bajas en banda y del estado físico tras una semana apretada, pero el fondo del mensaje fue siempre el mismo: concentración, cero confianza y a por tres puntos que pueden acercar mucho al Levante al objetivo. Y cuando le preguntaron por las palabras del presidente del Nantes, cortó rápido: “Yo tengo mucho trabajo aquí, estoy al 100% con el Levante. No tengo tiempo para tonterías. Voy a pelear a muerte por el objetivo que tenemos”.
Una final para todos, no solo para el entrenador
Manolo ya no escondió tras el fiasco en Vallecas el peso del partido y lo asumió con bastante claridad: “Se puede llamar final, pero es un partido muy importante. Todos lo son, sobre todo en casa”. Tiene razón, aunque seguramente incluso se queda corto. Porque este encuentro ya no es solo importante. Es de esos que marcan el tono del final de temporada. Si el Espanyol gana, corta la hemorragia, recupera algo de aire y obliga a mirar el calendario de otra manera. Si no gana, el miedo se dispara y el ruido alrededor del equipo puede hacerse enorme. No es solo una final para Manolo González. Es una final para el vestuario, para el club y para toda la grada. Y eso explica muy bien el ambiente que se espera en el RCDE Stadium.
El RCDE Stadium tendrá que ser mucho más que un estadio
A estas alturas, el Espanyol necesita fútbol, sí. Pero también necesita alma, impulso y una noche de esas en las que el estadio aprieta como si la temporada dependiera de cada balón. Porque un poco depende de eso. La afición perica ha demostrado de sobra que está, incluso cuando el equipo no le devuelve demasiado. Y el lunes vuelve a tocar empujar. El rival llega crecido, el momento blanquiazul es malísimo y ya no hay margen para esperar a que la reacción aparezca sola. El Espanyol necesita ganar ya. No mañana, no “algún día”. Ya. Y por eso este partido se siente tanto como se siente: porque no va solo de tres puntos. Va de cortar el miedo antes de que el miedo se lo coma todo.







