
Resumen: Manolo González atraviesa otro momento delicado en el Espanyol. Los siete puntos de 21 posibles y, sobre todo, la mala imagen contra Rayo y Elche han vuelto a colocar al entrenador en el centro del debate. Monchi ha decidido mantenerlo y darle estas tres semanas para rehacer el equipo. Para entender esa decisión hay que mirar hacia atrás: desde que aterrizó en el primer equipo, Manolo ha vivido varias situaciones en las que parecía estar a un paso del precipicio y, de una manera u otra, siempre ha encontrado la salida.
Puntos clave
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- Manolo asumió el Espanyol en marzo de 2024 con la obligación inmediata de regresar a Primera.
- Perdió solo uno de sus 16 primeros partidos y remontó al Oviedo para conseguir el ascenso.
- En noviembre de 2024 salvó su primer gran ‘match ball’ ganando 3-1 al Celta tras siete derrotas en ocho jornadas.
- Después logró la permanencia en 2025 y volvió a salvar al equipo en 2026 tras una racha de 18 partidos sin ganar.
- Monchi mantiene ahora su confianza, apoyado también en el vestuario y en la continuidad de un proyecto construido junto al entrenador.
Manolo vuelve a estar contra las cuerdas
Hay una escena que Manolo González empieza a conocer demasiado bien. El Espanyol pierde, el ambiente se calienta, su nombre vuelve a aparecer en todas las conversaciones y comienzan las preguntas sobre cuánto tiempo le queda. Ha sucedido más de una vez desde que subió del filial. Y aquí sigue.
Esta vez el golpe ha sido fuerte. El Espanyol suma siete puntos después de siete jornadas y encadena las derrotas ante Rayo y Elche. La segunda dolió especialmente: 1-3 en el RCDE Stadium frente a un rival que jugó con diez desde los primeros minutos. El propio Manolo admitió después que “Ha sido el peor partido desde que estoy en el Espanyol”.
Podía parecer un momento perfecto para aprovechar el parón de tres semanas y mover el banquillo. Monchi ha optado por otra cosa. La dirección deportiva ha decidido mantener a Manolo, el respaldo del vestuario ha tenido peso y también se ha valorado que el entrenador ha participado muy directamente en la construcción de esta plantilla. Alan Pace dejó la decisión en manos del director general deportivo.
Pero hay otro elemento que ayuda a entender por qué el entrenador todavía tiene crédito. Manolo ya ha estado aquí. Varias veces. Y hasta ahora ha sobrevivido a todas.
Marzo de 2024: llegó al primer equipo con una final de doce jornadas por delante
Cuando Manolo cogió el Espanyol no recibió precisamente un equipo instalado en la tranquilidad. Luis Miguel Ramis fue destituido el 12 de marzo de 2024 después de dos empates contra Huesca y Alcorcón y una etapa que nunca terminó de convencer. El Espanyol era tercero, estaba a un punto del ascenso directo y a cuatro del liderato, pero la clasificación era engañosa: entre el segundo y la zona exterior del playoff había muy poca distancia.
Manolo tenía doce jornadas para devolver a Primera a un club que no podía permitirse quedarse otro año en Segunda. Era su primera experiencia como entrenador en el fútbol profesional. Hasta ese momento dirigía al Espanyol B. No había red.
Debutó ganando 0-1 en Zaragoza con un gol de Puado y consiguió estabilizar al equipo. El ascenso directo terminó escapándose por demasiados empates, pero el Espanyol llegó al playoff siendo un conjunto difícil de derrotar.
El primer gran superviviente apareció contra el Oviedo
La primera derrota de Manolo con el Espanyol llegó en el peor día posible. Fue en la ida de la final del playoff contra el Oviedo, un 1-0 en el Carlos Tartiere que dejaba toda la temporada pendiente de noventa minutos en Cornellà.
Hasta entonces, el equipo llevaba 18 encuentros consecutivos sin perder, 14 de ellos ya con Manolo en el banquillo. Había eliminado al Sporting y debía levantar el resultado ante el Oviedo para evitar que una temporada diseñada únicamente para ascender terminara en desastre.
Y lo levantó.
Dos goles de Puado hicieron el 2-0 en el RCDE Stadium y devolvieron al Espanyol a Primera. Manolo terminó aquel tramo con una sola derrota en sus primeros 16 encuentros al mando del primer equipo.
Aquello seguramente explica muchas cosas de lo que vino después. El entrenador que había llegado como solución provisional había resuelto una de las situaciones de mayor presión que había vivido el club en años.
Girona, siete derrotas en ocho partidos y un Espanyol – Celta que olía a sentencia
La siguiente crisis tardó pocos meses en aparecer.
El Espanyol empezó la temporada 2024-25 con una plantilla limitada y acabó entrando en barrena. La derrota por 4-1 en Montilivi el 23 de noviembre fue especialmente dura: era la cuarta consecutiva y la séptima en ocho jornadas de Liga. Al descanso el Girona ya ganaba 4-0. El ambiente alrededor del equipo era irrespirable.
El siguiente partido era contra el Celta en Cornellà y prácticamente todo el mundo entendía lo que estaba en juego.
Manolo también.
En la previa dejó una frase que vista con perspectiva casi parece escrita para toda su etapa en el Espanyol: “Nunca me han echado”.
Y volvió a salir.
Espanyol 3-1 Celta. Cardona abrió el marcador, Cabrera hizo el segundo y Cheddira cerró el partido cuando el Celta amenazaba con meterse de nuevo. El público, que una semana antes estaba desesperado, terminó coreando el nombre del entrenador. Primer ‘match ball’ salvado por Manolo.
De acabar 2024 en descenso a una primera mitad de 2025 que cambió el equipo
Aquella victoria no resolvió todos los problemas. El Espanyol terminó 2024 metido en posiciones de descenso después de caer contra Las Palmas. La situación seguía siendo muy delicada.
Pero al regresar de Navidad apareció probablemente una de las mejores versiones del Espanyol de Manolo. El equipo solo perdió dos de sus primeros 14 partidos de Liga de 2025, una reacción que le permitió salir del pozo y abrir distancia respecto a la zona roja. En ese tramo llegó incluso el recordado triunfo ante el Real Madrid.
Parecía solucionado.
No lo estaba.
Cinco derrotas seguidas y otra final contra Las Palmas
El final de aquella temporada volvió a complicarse de una manera casi absurda. El Espanyol llegó a tener la permanencia bastante encarrilada, pero una racha de cinco derrotas consecutivas lo devolvió al borde del descenso.
Todo terminó desembocando en la última jornada contra Las Palmas. Otro partido en el que no había prácticamente margen para equivocarse.
El RCDE Stadium pasó muchos minutos haciendo cuentas con Butarque, porque el Leganés estaba ganando su partido. Hasta que Puado marcó de penalti en el 65 y Pere Milla puso el 2-0 en el 82. El Espanyol acabó aquella Liga con 42 puntos y en la 14ª posición, logrando la permanencia en el último día.
Ascenso en una final. Permanencia en otra.
Dos temporadas. Dos salvadas sobre la bocina.
Y cuando parecía que ya lo había visto todo llegaron 18 partidos sin ganar
Lo del curso pasado fue todavía más bestia.
El Espanyol había firmado una primera vuelta magnífica, con 33 puntos, y Manolo llegó a ser elegido mejor entrenador de LaLiga en diciembre. Luego se apagó la luz. El equipo entró en una caída interminable hasta acumular 18 jornadas consecutivas sin ganar: doce derrotas y seis empates.
No hablamos de cuatro o cinco jornadas malas. Hablamos de 142 días sin ganar en Liga. Y aun así no lo echaron.
Con tres jornadas por delante, el Espanyol estaba únicamente dos puntos por encima del descenso. En prácticamente cualquier otro contexto, un entrenador que suma 18 partidos sin ganar estaría fuera. El club, en concreto un Monchi acabado de aterrizar, decidió llegar hasta el final con él.
La respuesta volvió a llegar cuando ya casi no quedaba espacio.
Athletic y Osasuna: del abismo a la permanencia en cuatro días
El 13 de mayo de 2026, el Espanyol recibió al Athletic en Cornellà. Habían pasado más de cuatro meses desde la última victoria liguera.
Ganó 2-0.
Pere Milla abrió el marcador y Kike García sentenció en el descuento. Se acababan 18 jornadas y 142 días sin ganar. Manolo terminó el encuentro visiblemente emocionado.
Cuatro días después llegó otra final, esta vez en El Sadar.
Osasuna 1-2 Espanyol. Carlos Romero marcó primero, Víctor Muñoz empató y Kike García volvió a aparecer para hacer el segundo. La permanencia quedó asegurada con una jornada todavía por disputar.
Otra vez parecía acabado. Otra vez salió.
Monchi llegó justo cuando Manolo estaba atravesando su peor tormenta
Este detalle importa para entender lo que sucede ahora.
Monchi llegó al Espanyol precisamente cuando el equipo estaba metido en aquella racha espantosa. No conoció a Manolo únicamente en los días buenos. Lo conoció cuando llevaba meses sin ganar, cuando el descenso estaba otra vez encima de la mesa y cuando buena parte del entorno pedía cambios.
Una vez conseguida la salvación, tuvo que tomar una de sus primeras grandes decisiones deportivas: mantenerlo o empezar con otro entrenador. Eligió a Manolo.
Y no con un apoyo a medias. En su presentación dijo: “Es la persona idónea para seguir construyendo ese Espanyol que creo que todos deseamos”. El club confirmó entonces su continuidad hasta 2027.
Por eso tampoco resulta extraño que, cuatro meses después, Monchi no haya cambiado de opinión a la primera crisis.
Más de 100 partidos en un banquillo que llevaba años triturando entrenadores
Hay otro dato que explica bien lo raro que es todo esto en el Espanyol moderno.
Manolo alcanzó recientemente los 100 partidos oficiales con el club. Antes de él, los 14 entrenadores que pasaron por el banquillo desde la salida de Mauricio Pochettino en 2012 aguantaron una media de apenas 35 encuentros. Sus 100 partidos prácticamente triplicaban ese promedio.
Por ese banquillo pasaron Aguirre, Sergio González, Galca, Quique Sánchez Flores, Rubi, David Gallego, Machín, Abelardo, Rufete, Vicente Moreno, Diego Martínez, Luis García o Ramis.
Manolo ha durado más que todos ellos desde Pochettino.
Y no porque haya vivido una etapa cómoda. Más bien justo al revés.
Monchi tiene motivos para esperar, pero esta vez el contexto es diferente
Todo este recorrido explica el crédito. No significa que lo garantice eternamente. El Manolo que sobrevivió al playoff tenía una misión muy concreta: ascender. El que salvó al equipo en 2025 trabajaba con recursos muy limitados. El que soportó 18 encuentros sin ganar venía de hacer una primera vuelta de 33 puntos y acabó cumpliendo otra vez el objetivo.
Ahora hay algo distinto.
Este verano el Espanyol ha cambiado bastante la plantilla, Monchi ha incorporado jugadores para dar un salto y el nivel de exigencia ha aumentado. Ya no basta únicamente con sobrevivir. El reto es conseguir que todas esas piezas funcionen y que el equipo vuelva a parecerse a eso que durante mucho tiempo hizo reconocible al Espanyol de Manolo: intensidad, orden, duelos, presión y capacidad para competir incluso cuando el fútbol no salía.
El 1-3 contra el Elche enseñó prácticamente lo contrario.
El parón le concede otra vida
Manolo tiene ahora algo que muchas veces no existe en el fútbol: tiempo.
Unas semanas sin Liga. Un amistoso ante el Ipswich Town. Entrenamientos para ajustar cosas. Días para pensar qué jugadores encajan juntos y cuáles no. Tiempo también para preguntarse si en el intento de hacer un Espanyol más completo se ha perdido parte del Espanyol que ya funcionaba.
Monchi ha decidido concedérselo. El siguiente gran examen es el partido contra el Málaga del 9 de octubre, después de que el club descartara aprovechar el parón para hacer un cambio inmediato.
Su pasado no asegura que vuelva a conseguirlo. Pero ayuda a entender por qué todavía le dejan intentarlo.
Porque si algo ha demostrado Manolo González desde que bajó del filial y se sentó en el banquillo del primer equipo es que se mueve especialmente bien cuando todo parece estar a punto de romperse.
Ascendió cuando no podía fallar. Ganó al Celta cuando parecía sentenciado. Se salvó contra Las Palmas cuando el descenso volvía a asomar. Aguantó 18 jornadas sin ganar y terminó celebrando la permanencia en Pamplona.
Ahora tiene delante otro incendio. Y otra oportunidad para justificar el apodo que se ha ganado a pulso: Manolo González, el superviviente.















