José Gragera vuelve al Espanyol: una carpeta incómoda para un verano que ya viene cargado

7 de junio de 2026

El Espanyol tiene muchos papeles encima de la mesa este verano, y uno de ellos lleva un nombre bastante claro: José Gragera. El centrocampista asturiano volverá a la disciplina blanquiazul después de su cesión al Deportivo de La Coruña, que no ejecutará la opción de compra prevista en el acuerdo. Y aquí está el lío, porque no hablamos de un futbolista cualquiera dentro de la planificación. Gragera llegó al Espanyol como una apuesta de futuro, de esas que debían dar rendimiento en el campo y, con el tiempo, dejar dinero en una posible venta. A día de hoy, no ha pasado ni una cosa ni la otra.

El Dépor ya lo ha incluido entre sus despedidas

El Deportivo ya lo incluyó en su mensaje de despedida a varios futbolistas tras cerrar una temporada histórica con ascenso a Primera.

En el caso de Gragera, la situación venía bastante mascada desde hacía días, porque Antonio Hidalgo ya había dejado claro que no seguiría. El técnico deportivista, eso sí, no quiso cargar contra el jugador. Más bien al contrario. Cuando le preguntaron por su salida y por esa desaparición progresiva del plan, fue bastante elegante: “Hablamos de un profesional como la copa de un pino. De los que vienen de los primeros y se marchan de los últimos, y no es hablar por hablar. Durante una fase de la temporada tuvo mucha importancia y luego hemos ido modificando posiciones y perfiles. Podemos hablar de Diego Villares, de ese 6 que nos diese un poco más de poso. Luego, con la llegada de Riki hemos encontrado un exceso de jugadores en esa posición y hemos buscado distintos perfiles. José no ha puesto ningún problema y ha contado con todo mi respeto.”

Una opción de compra que se ha quedado en nada

La operación tenía una opción de compra que podía dejar alrededor de 1,5 millones de euros en el Espanyol, una cantidad que tampoco arreglaba el verano, pero sí ayudaba a limpiar una carpeta complicada. El problema está en la letra pequeña. Aunque el Deportivo subió a Primera, Gragera no alcanzó los mínimos de partidos y minutos que activaban esa obligación de compra. El dato es bastante frío: 11 partidos de Liga y algo menos de 600 minutos. Muy poca cosa para un jugador que llegó a Riazor con cartel de pieza importante y que acabó casi desapareciendo en la segunda vuelta.

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Un fichaje que nació con otra película en la cabeza

Para entender cómo se ha llegado a este punto hay que echar la vista atrás. Gragera llegó al Espanyol en enero de 2023, procedente del Sporting de Gijón, en una operación que tuvo bastante peso económico en aquel momento: 2,8 millones de euros más un 30% de futura venta para el club asturiano. No era un fichaje menor, vaya. El Espanyol necesitaba entonces un sustituto para Keidi Bare, lesionado, y empezaba a asumir que no podría retener a Vinicius Souza, que estaba cedido por el Manchester City Group. Así que el plan parecía bastante claro: incorporar a un mediocentro joven, con físico, buen pie y margen de crecimiento, que pudiese cubrir ese hueco a medio plazo y, si todo salía bien, dejar también un beneficio en el futuro. Sobre el papel tenía sentido. El problema es que la película, tres años después, ha acabado saliendo torcida.

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En el Espanyol también vivió desapariciones parecidas

Porque lo del Dépor, siendo llamativo, tampoco puede explicarse como un caso aislado. Gragera ya tuvo en el Espanyol varios momentos en los que pasó de tener sitio a quedarse prácticamente fuera del mapa, y eso ayuda a entender por qué su caso genera tantas dudas dentro del club. En febrero de 2024, La Grada ya publicó un “Expediente Gragera” centrado precisamente en su desaparición de los onces de Luis Miguel Ramis. El asturiano había empezado aquella temporada de Segunda sin ser titular en ninguna de las primeras 11 jornadas con Luis García, algo bastante sorprendente porque el curso anterior, en Primera, sí había tenido presencia cuando estuvo disponible. Hasta la lesión de Pol Lozano, su papel fue muy menor: apenas 98 minutos repartidos en siete partidos, con apariciones de 11, 1, 2, 21, 23, 23 y 17 minutos. Luego, de repente, entró en el once, fue titular ante Valladolid, Leganés, Sporting y Eibar, y con la llegada de Ramis incluso encadenó seis titularidades más, ganándose ese rol de mediocentro por delante de la defensa junto a Aguado y Edu Expósito.

Del sitio fijo al banquillo sin casi explicación

El problema llegó después del Andorra – Espanyol. Por las bajas, Gragera tuvo que jugar de central, Pol Lozano volvió a coger sitio en la sala de máquinas y el asturiano, además, se marchó sancionado del Principado. A partir de ahí, su peso cayó en picado. Ramis apostó por otras fórmulas, Pol se asentó en el puesto y Gragera quedó relegado al banquillo. No jugó en A Malata ante el Racing de Ferrol, apenas tuvo cuatro minutos frente al Villarreal B y después desapareció directamente ante Eldense, Levante y Racing de Santander. Es decir, no hablamos solo de un futbolista que ahora haya perdido protagonismo en A Coruña, sino de un patrón que ya se había visto antes en Cornellà: cuando parecía que se asentaba, algo se rompía y volvía a empezar desde atrás.

La lesión que terminó de romper su continuidad

Después llegó otra fase todavía más complicada. Aunque Gragera arrancó con protagonismo en la etapa de Manolo González, todo cambió con una lesión tan molesta como difícil de gestionar: Hallux rigidus, una dolencia en el primer dedo del pie izquierdo. Intentó forzar, pero acabó pasando por el quirófano en noviembre y se estimó una baja de unos tres meses. El problema es que, en la práctica, ya no volvió a jugar. Cuando recibió el alta médica, el Espanyol estaba metido de lleno en la pelea por no bajar a Segunda y él, sin ritmo competitivo, se quedó sin sitio. Fue convocado alguna vez, sí, pero no sumó ni un minuto más en todo el curso. De hecho, su último partido con el Espanyol fue el 19 de octubre de 2024, en San Mamés ante el Athletic Club. Una fecha que, vista ahora, pesa bastante.

Manolo lo valoraba, pero el centro del campo cambió

Y eso que Manolo González siempre tuvo buena opinión de él. No es que Gragera fuese un descarte desde el primer día, ni mucho menos. En las primeras diez jornadas de aquel curso jugó todos los partidos: siete como titular y tres saliendo desde el banquillo. Había confianza, había minutos y había una sensación de que podía tener recorrido en el equipo. Pero su sitio lo acabó ocupando Urko González de Zárate, fichado en enero, que se consolidó como mediocentro por delante de la defensa. Y el pasado verano, con Urko de vuelta, Terrats ya fichado, Pol Lozano en dinámica ascendente y Edu Expósito con galones, el encaje de Gragera se volvió todavía más difícil.

Manolo González ya fue claro con su situación

La carpeta como decimos tampoco nace ahora. Hace un año, Manolo González ya había sido muy directo con su caso durante la pretemporada. El técnico no lo escondió y explicó que el jugador estaba fuera de los planes: “La situación es la que es, ya se habló con él, directo, como hice con Salvi hace un año, y se le comunicó la situación que hay. Lo lógico es que jueguen los jugadores que pensamos que van a estar seguro. Yo no voy a mentir, si veis que no juega no está lesionado, es que se ha hablado con él para su salida”. Aquello ya marcó el camino. La cesión al Dépor parecía una buena salida para todos. El jugador podía recuperar minutos, el Espanyol podía liberar espacio y el club gallego podía quedarse con él si se daban las condiciones. Pero el plan se ha quedado a medias.

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Calidad tiene, pero el Espanyol necesita algo más

El problema con Gragera no es negar sus condiciones. Sería injusto. Tiene buen pie, interpreta bien muchas acciones y cuando está con confianza puede darle pausa al equipo. Pero en el Espanyol nunca ha terminado de romper. Entre lesiones, cambios de entrenador, momentos raros del equipo y competencia en la medular, su paso por Cornellà se ha ido enfriando hasta quedar en una zona bastante incómoda. Ni se consolidó como pieza importante, ni dejó esa venta que el club podía imaginar cuando pagó por él. Y claro, ahora vuelve.

El Sporting también miraba de reojo

La situación tenía otro invitado mirando desde lejos: el Sporting de Gijón. El club asturiano se reservó un 30% de una futura venta cuando traspasó al futbolista al Espanyol por 2,8 millones de euros. Si el Deportivo hubiera pagado esos 1,5 millones, en Gijón también habrían rascado una parte. Pero al no ejecutarse la compra, todos vuelven al punto de salida. El Espanyol recupera al jugador, el Dépor se libera de una operación que ya no veía clara y el Sporting se queda sin ese ingreso extra que podía caerle casi de rebote.

Un problema de planificación, no solo de plantilla

Y aquí está el tema de fondo. Gragera vuelve a un Espanyol que tiene que ordenar su centro del campo y que no puede permitirse acumular piezas sin sitio. Monchi tiene por delante un verano de mucha cirugía, de mirar contratos, salarios, perfiles y encajes. Y Gragera, ahora mismo, es uno de esos casos que obligan a decidir. ¿Se le busca otra salida? ¿Se intenta recuperar al jugador? ¿Hay mercado real para una venta? ¿Puede entrar en una operación? Son preguntas bastante normales, pero ninguna tiene pinta de respuesta sencilla.

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Un verano para resolver el expediente Gragera

La sensación es que Gragera vuelve al Espanyol sin tener una puerta abierta de par en par. No por falta de calidad, sino por contexto. El equipo seguirá en Primera, Manolo González continúa en el banquillo y la dirección deportiva quiere construir una plantilla más ajustada a lo que viene. Y ahí, cada ficha cuenta. El caso Gragera no es el más ruidoso del verano, pero sí uno de los más incómodos: porque recuerda una apuesta que no ha salido, un dinero que no ha vuelto y un futbolista que todavía pertenece al club.

El Espanyol necesita cerrar carpetas para poder avanzar

En verano siempre se habla de fichajes, nombres nuevos y posibles bombazos. Normal. Es lo que más engancha. Pero muchas veces la clave está en resolver bien lo que ya tienes dentro. Y Gragera es justo eso: una carpeta que no luce, que no vende camisetas y que no genera titulares enormes, pero que pesa en la planificación. El Espanyol fichó a un jugador pensando en presente y futuro. Tres años después, toca decidir qué hacer con él. Y esta vez, mejor no dejarlo para el último día.

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