Girona y Espanyol, ¿una relación que debería resetearse tras el descenso blanc-i-vermell?

31 de mayo de 2026

El descenso del Girona a Segunda división, tras haberse creado una rivalidad enorme los últimos años con el Espanyol, ha movido bastante más que una simple clasificación. Durante los últimos años, el club gironí había entrado de lleno en una pugna bastante intensa por ver quién ocupaba ese segundo escalón del fútbol catalán por detrás del Barça. Se habló mucho, a veces demasiado, de sorpassos, de proyectos modernos, de modelos, de crecimiento y de todo ese ruido que rodea siempre al fútbol cuando un equipo se pone de moda. Pero el golpe del descenso ha dejado una cosa bastante clara para quien todavía tuviese dudas: por entidad, historia, campo y afición, el segundo lugar del fútbol catalán sigue siendo del Espanyol.

michel descenso girona

El espanyolismo celebró el golpe del Girona sin disimular demasiado

No hace falta ponerse solemne ni hacer como si aquí no hubiese pasado nada. Muchos pericos se alegraron del descenso del Girona. Se vio en el RCDE Stadium durante la última jornada, mientras el conjunto rojiblanco consumaba el desastre ante el Elche, con esos cánticos de “El año que viene, Girona – Sabadell” que bajaron desde la grada con bastante mala leche. También se ha visto estos días en redes, donde muchos aficionados del Espanyol han recuperado mensajes antiguos de seguidores del Girona burlándose del club perico en momentos difíciles. El fútbol tiene memoria, y la afición perica, después de todo lo vivido, no suele olvidar según qué cosas.

 

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Una rivalidad que se calentó demasiado en los últimos años

La relación entre Espanyol y Girona se fue torciendo con el paso del tiempo. No era una rivalidad histórica como otras, ni tenía una carga antigua imposible de borrar. Pero los últimos años la encendieron bastante. El Girona creció, ganó partidos importantes, empezó a mirar al Espanyol casi de igual a igual y, en algunos momentos, hasta con un punto de superioridad que a muchos pericos les sentó fatal. Y encima, en el campo, las cosas tampoco ayudaron. El Girona se le atravesó al Espanyol de una manera casi desesperante, sobre todo cada vez que visitaba Cornellà-El Prat.

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El Espanyol se libra de un rival incómodo en Primera

Desde el punto de vista deportivo, el descenso del Girona también tiene una lectura práctica. El Espanyol se libra de un equipo que en los últimos años le había puesto las cosas muy difíciles en los enfrentamientos directos. No hablamos solo de resultados. Hablamos de sensaciones. De partidos incómodos. De un rival que sabía cómo hacer daño y que había convertido sus visitas al RCDE Stadium en un dolor de cabeza. Puede gustar más o menos decirlo, pero para el Espanyol perder de vista al Girona en Primera también supone quitarse de encima un rival que se le había atragantado bastante.

El Girona de verdad y el Girona de moda no son exactamente lo mismo

Ahora llega una pregunta interesante. ¿Qué Girona queda después del descenso? Porque una cosa es la afición de verdad del Girona, la que estaba antes del boom, la que seguía al club sin focos ni discursos de grandeza, y otra muy distinta es ese público añadido que apareció con el proyecto creciendo, con el Grupo City detrás y con muchos simpatizantes que, en el fondo, también miraban al Barça sin demasiado disimulo. Y quizá esa parte de la afición gironina debería pensar un poco en lo que ha pasado este año. Porque cuando el Girona necesitaba una mano indirecta sobre el verde, el Barça no se la dio. La dejadez azulgrana en ese tramo final también acabó pesando en la película: sin aquellos tres puntos que el Alavés sacó ante el Barça en la jornada 36, el Girona posiblemente estaría salvado. Igual ahí también hay una lección para quienes durante años han jugado a ser del Girona, pero mirando de reojo al Camp Nou. Si el equipo baja, quizá parte de ese ruido desaparece. Tal vez ahora quede más claro quién es realmente del Girona y quién solo se apuntó cuando todo iba bonito.

aficion Girona descenso

El Grupo City y la sensación de abandono

Una de las grandes dudas que deja este descenso es el papel del Grupo City. Durante años, el Girona fue presentado como un proyecto perfectamente conectado a una red potente, moderna y con recursos. Pero cuando llegan los golpes de verdad, esas estructuras también se ponen a prueba. En el entorno hay quien tiene la sensación de que el Girona ha acabado pagando cierta falta de atención, como si el foco hubiese ido cambiando y el club catalán ya no estuviese tan cuidado como parecía. El descenso abre una grieta en ese relato de club protegido por una maquinaria enorme.

¿Debe cambiar ahora la relación entre Espanyol y Girona?

Antipatías aparte, aquí aparece la gran cuestión. ¿Debe el Espanyol mirar al Girona solo como un rival caído o como un club catalán con el que quizá conviene recuperar una relación más normal? La pregunta no es tan rara como parece. Durante muchos años, el Espanyol ayudó al Girona en diferentes momentos, y eso hay aficionados gerundenses de verdad que no lo han olvidado. No hablamos de hacer favores tontos ni de regalar futbolistas. Hablamos de relaciones de club, de préstamos, de operaciones que puedan beneficiar a todos y de entender que el mapa catalán no siempre tiene que ser una pelea constante por ver quién pisa a quién.

aficion Girona descenso 1

Las informaciones sobre jugadores del Espanyol y el Girona reabren el debate

La conversación ha vuelto a aparecer porque han salido informaciones que apuntan a posibles movimientos de jugadores del Espanyol hacia el Girona. Hay que cogerlo todo con reservas, porque estamos en esa fase del mercado donde una llamada se convierte en rumor y un rumor en supuesto plan. Pero el debate está ahí. ¿Debe el Espanyol facilitar operaciones con el Girona? ¿Debe cerrarse en banda por lo vivido estos años? ¿O debe actuar con cabeza fría, pensando solo en lo que conviene deportivamente y económicamente? Monchi no está para ajustar cuentas emocionales, sino para construir una plantilla mejor y sacar valor de cada movimiento.

El Espanyol no necesita demostrar nada al Girona

Lo que sí parece evidente es que el Espanyol no necesita demostrar nada. Ni al Girona ni a nadie. La discusión sobre el segundo club catalán ha quedado bastante retratada con el paso de los meses. El Espanyol podrá tener mil problemas, malas temporadas, descensos recientes y líos internos, pero sigue teniendo una estructura social, histórica y simbólica que el Girona no tiene. El RCDE Stadium, la masa social perica, la historia europea, los títulos y el peso del club no se borran porque otro equipo viva unos años buenos. Eso conviene decirlo sin complejos.

aficion rcde stadium

Ayudar no significa bajar la cabeza

Otra cosa es confundir orgullo con torpeza. El Espanyol puede tener claro cuál es su lugar y, al mismo tiempo, mantener una relación inteligente con el Girona. Si una operación conviene, se puede estudiar. Si un jugador necesita minutos y el Girona ofrece un buen contexto, se puede valorar. Si hay dinero encima de la mesa y la operación beneficia al Espanyol, se puede escuchar. Ayudar, si conviene, no significa ponerse por debajo; significa actuar como un club serio que sabe manejar el mercado sin calentones de grada.

La afición tiene derecho a su memoria

También hay que entender a la gente. El perico que celebró el descenso del Girona no lo hizo solo por deporte. Lo hizo porque ha visto burlas, mensajes, comparaciones y cierto tono de superioridad durante estos últimos años. Y cuando el fútbol gira, la grada responde. Eso forma parte del juego, aunque a veces quede feo decirlo. La afición tiene derecho a recordar quién se rió cuando el Espanyol estaba mal, igual que el Girona tendrá derecho a levantarse y volver si hace bien las cosas. El fútbol no va de santidad. Va de pasión, memoria y alguna cuenta pendiente.

El club, eso sí, debe pensar más frío que la grada

La diferencia es que el Espanyol como institución no puede actuar como una cuenta de Twitter enfadada. La grada puede cantar, bromear y sacar capturas antiguas. El club debe mirar contratos, valores de mercado, intereses deportivos y relaciones futuras. Si el Girona quiere jugadores del Espanyol, el club blanquiazul debe preguntarse solo una cosa: ¿nos conviene? Si la respuesta es sí, adelante. Si no, puerta. Ni venganza barata ni buenismo absurdo: negocio, fútbol y respeto por uno mismo.

Una nueva etapa para una relación que se había ensuciado

Quizá el descenso del Girona sirva para rebajar el ruido. Para que cada uno vuelva a su sitio. El Girona deberá reconstruirse en Segunda, veremos con qué apoyos, qué afición queda y qué proyecto real sostiene. El Espanyol, por su parte, tiene bastante faena con lo suyo: Monchi, Manolo, fichajes, salidas y un proyecto que debe dar un paso adelante. La relación entre ambos clubes no tiene por qué ser de amistad, pero tampoco necesita vivir siempre en el barro. Si hay operaciones útiles, que se hagan. Si no las hay, que cada uno siga su camino.

El Espanyol debe actuar desde la fuerza, no desde el rencor

El descenso del Girona ha dejado una sensación de revancha en parte del espanyolismo, y es normal. Pero el Espanyol no debería construir su postura desde el rencor. Debería hacerlo desde la fuerza. Desde saber quién es. Desde entender que su lugar en el fútbol catalán no depende de un año bueno o malo de nadie. El Espanyol no necesita mirar al Girona por encima del hombro, pero tampoco tiene que aceptar relatos que lo empequeñezcan. Ahora toca que Monchi y el club actúen con inteligencia. Si se puede sacar provecho del nuevo contexto, que se saque. Y si no, a otra cosa.

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