Dos años del ascenso ante el Oviedo: el Espanyol recuerda una jornada de alegría y alivio eterna mientras mira al futuro con otra propiedad y más ambición

23 de junio de 2026

lagrada fuente google 1El 23 de junio de 2024 ya forma parte de esas fechas que el espanyolismo no va a borrar nunca. Era verbena de Sant Joan, sí, pero para mucha gente lo de la coca y los petardos quedó en segundo plano. Aquella noche, el Espanyol derrotó al Real Oviedo por 2-0 en Cornellà-El Prat y selló su regreso a Primera División tras una temporada durísima en Segunda. Fue una de esas jornmadas que se recuerdan con el cuerpo entero: nervios, miedo, gritos, lágrimas y una explosión final que todavía hoy pone la piel de gallina.

Puado se puso el traje de héroe

El gran nombre de aquella final fue Javi Puado. El capitán apareció cuando más quemaba la pelota y firmó los dos goles que cambiaron la historia de la eliminatoria. El primero llegó en el minuto 44, cuando el Espanyol todavía no había encontrado la manera de romper al Oviedo. El segundo, en el 45+2’, acabó de levantar el estadio antes del descanso. Dos golpes seguidos. Dos goles de capitán. Puado devolvió al Espanyol a Primera en una noche que lo colocó, todavía más, en el corazón de la afición perica.

Una final con 33.107 almas empujando

El RCDE Stadium presentó una entrada de las grandes: 33.107 espectadores. El ambiente ya venía caliente desde el recibimiento, con la afición convencida de que aquella tarde-noche no podía escaparse. El equipo de Manolo González necesitaba remontar el 1-0 de la ida en el Carlos Tartiere y lo hizo a su manera: sufriendo, resistiendo y agarrándose a todo. Porque el Espanyol empezó dominando, pero en la segunda parte le tocó apretar los dientes. Ahí también apareció Joan García, con una parada clave en el añadido que ayudó a proteger el ascenso.

Manolo González, el técnico que sigue en pie

Dos años después, muchas cosas han cambiado, pero Manolo González sigue ahí. Y eso no es poca cosa. El técnico que cogió al equipo en un momento delicado, lo llevó al ascenso y luego logró mantenerlo en Primera sigue siendo una de las pocas piezas que sobreviven de aquella final. En un club tan acostumbrado a los cambios bruscos, su continuidad tiene valor. Manolo fue el entrenador del ascenso y ahora es también el técnico sobre el que se intenta construir una etapa menos angustiosa.

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Solo nueve jugadores siguen de aquella final

El vestuario actual ya no se parece tanto al de aquella noche. De la plantilla que celebró el ascenso ante el Oviedo siguen Puado, Omar El Hilali, Leandro Cabrera, Pere Milla, Jofre Carreras, Rubén Sánchez, Pol Lozano, José Gragera y Bauza, junto al propio Manolo. Nueve futbolistas. No son tantos si pensamos que solo han pasado dos años. En cambio, ya no están nombres muy importantes de aquel día como Joan García, Fernando Calero, Keidi Bare, Nico Melamed, Martin Braithwaite, Álvaro Aguado, Salvi Sánchez, Víctor Ruiz, Brian Oliván o Sergi Gómez, entre otros. El fútbol va rápido. El Espanyol, a veces, todavía más.

De aquella invasión de campo a una nueva propiedad

Aquella noche acabó con invasión de campo, abrazos entre desconocidos y una sensación de liberación brutal. No era solo subir. Era quitarse de encima un año entero de tensión, dudas y heridas. Dos años después, el club vive otra realidad. La propiedad ha cambiado, Alan Pace ha tomado el relevo y Rastar ya forma parte del pasado institucional del Espanyol. Eso abre una etapa distinta, con otra manera de mirar el club y con una exigencia que la afición quiere ver reflejada en hechos, no solo en discursos bonitos.

El espanyolismo quiere dejar de sufrir por la categoría

El recuerdo del ascenso emociona, pero también deja una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo tiene que vivir el Espanyol entre el miedo al descenso y el alivio de salvarse? La afición celebró aquella noche como tocaba, faltaría más, pero dos años después espera que el club ya no esté siempre en la misma rueda. El espanyolismo quiere un paso adelante en ambición, en plantilla, en objetivos y en estabilidad. Nadie pide locuras. Se pide que el Espanyol no tenga que mirar cada temporada la clasificación con la calculadora en la mano y el corazón encogido.

El ascenso fue una alegría, no un destino final

La noche ante el Oviedo fue histórica, pero no puede ser el punto final del relato. Fue una puerta. Una salida del pozo. Ahora toca que el Espanyol aproveche esa permanencia en Primera y la nueva etapa institucional para crecer de verdad. Con Monchi en la dirección deportiva, Alan Pace en la propiedad y Manolo en el banquillo, el club tiene la obligación de intentar algo más que sobrevivir. El ascenso devolvió al Espanyol a su sitio; ahora toca demostrar que el club quiere vivir allí con dignidad y no como invitado de paso.

Dos años después, la emoción sigue intacta

Cada 23 de junio habrá quien recuerde dónde estaba cuando Puado hizo el 1-0, cómo celebró el segundo o cómo acabó abrazado a alguien en la grada. Aquella noche fue preciosa porque venía después de mucho sufrimiento. Por eso duele y emociona a la vez. Pero el mejor homenaje a ese ascenso no es mirar el vídeo una vez al año y ya está. El mejor homenaje sería construir un Espanyol más fuerte, más serio y más ambicioso, uno que no vuelva a hacer sufrir tanto a su gente por seguir en Primera.