Carlos Romero es uno de esos casos que explican muy bien la frase de siempre: nunca te enamores de un cedido. Pero claro, luego llega un futbolista, se deja la piel durante dos años, entiende el club, conecta con la grada, marca goles, asiste en partidos clave y acaba siendo casi imposible no cogerle cariño. El lateral izquierdo, cedido por el Villarreal, ha completado una temporada enorme en el Espanyol, hasta el punto de aparecer en el Team of the Season de LaLiga de EA Sports FC, el famoso TOTS, junto a nombres como Joan García, Eric García, Mourino, Marcos Llorente, Tchouaméni, Pedri, Valverde, Mbappé, Muriqi y Lamine Yamal. Casi nada.

Y antes de jugar su último partido como blanquiazul, Romero ha hablado con Mundo Deportivo, en una entrevista en la que deja una frase que resume bastante bien su paso por Cornellà: “Lo he dado todo por esta camiseta, por este escudo”.
Una entrevista muy distinta a la de hace diez días
La entrevista llega en un momento totalmente diferente al que se vivía hace nada. El Espanyol estaba al borde del ataque de nervios, metido en una racha larguísima sin ganar y con la permanencia todavía sin cerrar. Ahora, tras las victorias ante Athletic Club y Osasuna, el equipo respira. Romero lo explicó así: “Felices por haber conseguido el objetivo, que nos ha costado un poco más de lo que quisiéramos. No hemos acabado el año como parecía al principio, pero por suerte nos hemos quitado un peso de encima, que era lo que queríamos.” Es una frase sencilla, pero muy real. La salvación llegó tarde para lo que prometía la primera vuelta, pero llegó.

El vestuario, clave para no hundirse
Romero también puso el foco en algo que han repetido varios jugadores estos días: el vestuario no se rompió. Y eso, cuando llevas 18 jornadas sin ganar, no es precisamente poca cosa. “La verdad es que sí, somos amigos, aparte de compañeros. Y eso habla muy bien del vestuario que tenemos ahí dentro, hemos pasado muchos partidos sin ganar y si no tuviéramos el ambiente que tenemos, a lo mejor otro vestuario no lo hubiera sacado.” Ahí está una de las claves de la permanencia. El equipo sufrió, se bloqueó, perdió confianza, pero no se partió por dentro. Y Romero, aunque estaba cedido y sabía que su futuro no pasaba por el Espanyol, siguió actuando como uno más.
“Llegamos a tener 18 jornadas sin ganar y eso es un peso muy difícil de gestionar”
Preguntado por si llegó a temer el descenso, Carlos Romero no quiso dramatizar de más, pero sí reconoció que la cabeza empieza a hacer ruido cuando las victorias no llegan nunca. “Temer te diría que no, pero sí que es verdad que al final lo piensas. Pasaban 10 jornadas y pensaba: ‘A la 11 ganamos’. Llegamos a tener 18 jornadas sin ganar y eso es un peso muy difícil de gestionar. Sales al campo y es diferente, no estás con la misma confianza, ves que las victorias no llegan y al final se te pasa todo por la cabeza. Ahí dentro sabíamos que era imposible, que lo íbamos a sacar sí o sí, y así ha sido.” Ese “peso” se vio en el campo durante meses. El Espanyol no jugaba liberado, cada error parecía una condena y cada partido se convertía en otra vuelta a la misma pesadilla. Hasta que llegó el clic.
El día del Oviedo, uno de los peores recuerdos
Romero señaló el empate ante el Oviedo como uno de esos días en que el equipo se preguntó qué más tenía que hacer para ganar. “El día del Oviedo en casa, no sé si chutamos 20 veces a puerta. Tuvimos un montón de ocasiones, al final acabamos empatando, yo tuve tres o cuatro también. Dijimos: ‘¿Cuándo vamos a ganar, contra quién?’. Porque no se nos daba, pero le dimos la vuelta.” Es la típica frase que explica una dinámica negativa mejor que cualquier estadística. Cuando un equipo remata, insiste, empuja y aun así no gana, empieza a creer que tiene una nube encima. Y el Espanyol llevaba una tormenta entera.

El Athletic, la victoria que volvió a encender al grupo
La victoria ante el Athletic Club fue algo más que tres puntos. Fue casi una descarga eléctrica. Romero lo vivió como una liberación total: “De los que más, por lo que significó para el equipo. Quitarse todo el peso de encima, todo el ruido alrededor nuestro, parecía que en la plantilla no valía nadie, que no íbamos a sacar esto, que nos íbamos a Segunda… Para el equipo fue un alivio increíble, volvimos a coger confianza, la sonrisa que necesitábamos. Porque pasan las semanas y no estás igual en casa, con el mismo humor, y eso también es difícil.” Esa última parte importa. El fútbol no se queda en el campo. Te lo llevas a casa. Y una racha así acaba pesando en la vida diaria.

Romero jugó tocado cuando más se le necesitaba
Uno de los puntos más importantes de la entrevista tiene que ver con su compromiso real. Se había hablado mucho de si Romero, al ser cedido por el Villarreal y tener ya medio pie fuera, estaba igual de implicado en la recta final. Pues bien, él explicó que jugó infiltrado y forzando para estar cuando el equipo más le necesitaba. “El día antes del Sevilla noté un pinchazo en el isquio y a Sevilla llegué muy justo. Forcé la máquina para poder jugar, porque creo que el equipo lo necesitaba. Era lo que yo sentía, necesitaba estar y contra Sevilla y Athletic lo pasé muy justo, pero por suerte salió bien. Pude estar con el equipo, sentía que debía hacerlo y salió bien, siempre me voy a quedar con eso. Lo he dado todo por esta camiseta, por este escudo y espero que hable bien de mí, también.” Si alguien dudaba, ahí tiene la respuesta. No hace falta gritar mucho para demostrar compromiso. A veces basta con jugar cuando el cuerpo te pide parar.
“Mi cabeza estaba aquí”
Romero también respondió a quienes pensaban que ya estaba más pendiente del Villarreal que del Espanyol. Y lo hizo sin enfadarse, pero dejando clara su postura: “Es normal que se hable, lo entiendo. Mi cabeza estaba aquí, soy el primero al que le duele la situación de no ganar, me considero un chico ganador, muy competitivo. Quien piense eso es totalmente lícito, lo respeto pero no lo comparto. Por suerte pude demostrar que todo lo contrario, que yo estaba a muerte con este equipo.” Es difícil pedir mucho más. En los dos partidos decisivos, asistió ante el Athletic y marcó en El Sadar. Cuando había que aparecer, apareció.

Asistencia, gol y permanencia: el cierre casi perfecto
Su recta final ha sido de jugador importante. Ante el Athletic, su centro acabó siendo clave en el gol de Pere Milla. En Pamplona, marcó un golazo que abrió el camino de la permanencia. Romero lo vivió con satisfacción, pero también con naturalidad: “Venía con esa idea en mente, por suerte me han salido las cosas como yo quería este año. Súper feliz de haber ayudado al equipo, creo que he sido una parte muy importante, así me lo han hecho sentir y saber siempre. Muy feliz por eso.” Y sí, lo ha sido. Una parte muy importante. En defensa, en ataque, en goles y en carácter.
El defensa más goleador del campeonato
Romero ha acabado como el defensa más goleador de LaLiga, algo que explica por qué ha entrado en el TOTS junto a futbolistas de muchísimo nombre. En Mundo Deportivo le preguntaron por esas cifras y él confesó una apuesta curiosa: “Hice una apuesta antes de empezar la temporada y me jugué que este año hacía seis goles. Me deben una comida (risas), me sentía que este año era capaz, que por la forma de jugar y la libertad que a mí también me daban podía hacer más cifras. Por suerte, he cumplido y disfrutaré esa comida.” Seis goles desde el lateral izquierdo no son ninguna tontería. Y menos en un equipo que durante media temporada vivió peleado con la victoria.
La prelista de la selección y la tranquilidad de haber hecho su parte
Con esos números, Romero también fue preguntado por la selección. No entró en la prelista, algo que podía doler viendo su rendimiento. Su respuesta fue madura: “Solo puedes controlar lo que depende de ti, lo que dependía de mí creo que he cumplido, que he hecho números de sobras. El resultado está ahí, hay un seleccionador y un ‘staff’ que decide, es totalmente respetable. Tú tienes que dedicarte a jugar y estar preparado por si algún día llega, bienvenido sea.” Es la típica contestación de alguien que sabe que ha hecho méritos, pero no quiere montar una película pública. Si sigue a este nivel, ya le llegará alguna oportunidad.
La Conference, una última ilusión antes de despedirse
Romero todavía tiene una última misión con el Espanyol: ganar a la Real Sociedad y esperar una carambola europea. Es difícil, sí. Muy difícil. Pero después de la temporada que ha vivido este equipo, tampoco vamos a decirle al fútbol que deje de hacer cosas raras justo ahora. “Vamos a intentar lo que sea, queremos ganar el último partido y despedirnos bien en casa. Después de haberlo pasado mal se merecen que los despidamos con una victoria, no dependemos de nosotros mismos pero lo que dependa, cumplir siempre.” El mensaje es correcto: primero ganar, luego mirar. Y si no sale, despedirse como toca.
“Sería lo máximo”
Para Romero, dejar al Espanyol en Europa sería un cierre brutal. Lo dijo así: “Sería lo máximo, algo increíble. Si no nos metemos me iré con esa espina, porque después de la primera vuelta que hicimos nos veíamos capaces de poder entrar en Europa. Con dos partidos más que hubieran salido de cara, hubiéramos estado metidos. Si no nos metemos será una espina que también me llevaré.” Esa espina la comparte media afición. La primera vuelta hizo soñar, la segunda casi lo destroza todo, y ahora queda una opción mínima que parece escrita por un guionista con ganas de lío.
El cariño de la afición, lo que más se lleva
Cuando mira atrás, Romero no habla primero de estadísticas. Habla del cariño. “El cariño, es lo que más he notado. Llegué siendo nadie, por así decir, y a medida que he dado pasos adelante la gente se ha volcado conmigo. Noto muchísimo el cariño de todos los pericos, siempre me dan las gracias y eso como persona te llena mucho.” Ese es el motivo por el que la grada quiere despedirle bien. Porque no ha sido un cedido cualquiera. Ha sido un futbolista que llegó casi sin foco y se marcha convertido en uno de los nombres propios del curso.

La propuesta de despedida en el minuto 22
En redes ya se ha movido una propuesta muy bonita: despedir a Carlos Romero en el minuto 22 del Espanyol – Real Sociedad, en referencia a su dorsal. Sería una forma sencilla, directa y muy de estadio de decirle gracias. Porque el perico puede ser exigente, crítico y cabezón, pero cuando alguien se deja la piel, lo reconoce. Romero se irá al Villarreal, salvo giro inesperado, pero el recuerdo que deja en Cornellà-El Prat merece un aplauso grande. Y si ese aplauso llega en el minuto 22, con el estadio de pie, la imagen puede ser de las que se quedan.
Manolo González, el entrenador que apostó por él
Romero también habló con mucho cariño de Manolo González, una figura clave en su crecimiento. “Me ha hecho futbolista, es el que apostó todo por mí. Toda la vida le voy a estar agradecido, cuando metimos el gol de Pere Milla me fui a abrazarlo, le dije que se merecía ganar de una vez. Siempre se señala al entrenador porque es la figura que está ahí, pero 18 partidos sin ganar no son cosa del entrenador, son de los que estamos ahí dentro.” La defensa de Manolo es clara. Romero no se esconde detrás del técnico. Asume que la mala racha fue de todos. Y eso también habla bien de él.

“Yo creo que sí”: Romero quiere que Manolo siga
Preguntado por la continuidad del entrenador, Romero se mojó. “Yo creo que sí, si con 18 partidos sin ganar ha sido capaz de darle la vuelta y de conseguir ahora dos victorias seguidas, eso no lo hace cualquiera. En el vestuario cada uno mira lo suyo, es normal, y si ha sido capaz de tener al vestuario de su lado significa mucho. Habla muy bien de qué es capaz.” Otro apoyo fuerte desde dentro. Edu Expósito ya lo hizo, Antoniu Roca también apuntó en esa línea, y ahora Romero se suma. El vestuario parece tenerlo bastante claro. Luego Monchi decidirá, que para eso llega con las llaves del nuevo proyecto.
Un mensaje final para la afición
Romero cerró su entrevista en Mundo Deportivo con un mensaje que suena a despedida, aunque todavía quede un partido. “Espero que disfruten del último partido, que les pueda dar una última alegría y, sobre todo, darles las gracias de corazón. Los voy a echar muchísimo de menos seguro, voy a seguir al Espanyol toda mi vida. Me ha marcado mucho, me llevo un recuerdo precioso, me va a dar mucha pena, pero que disfruten y se queden con un recuerdo bonito”. Difícil no emocionarse un poco con eso, la verdad. Porque el Espanyol ha tenido muchos cedidos que pasaron sin dejar nada. Romero no. Romero deja goles, entrega, una permanencia y una sensación de haber entendido el club.
Un adiós que debería ser un gracias
Carlos Romero se irá como llegó muy poca gente cedida se va: querido. Muy querido. Ha tenido momentos mejores y peores, bajó algo su rendimiento en la recta de la segunda vuelta, sí, pero cuando el equipo se jugaba la vida estuvo ahí. Forzó, asistió, marcó y defendió el escudo con hechos. El sábado, ante la Real Sociedad, el RCDE Stadium tiene la oportunidad de despedirle como merece. Porque a veces el fútbol va de propiedad, contratos y cláusulas. Pero otras va de algo más sencillo: de un jugador que vino prestado y se marchó dejando una huella real.







