
El Espanyol salió de Pamplona reforzado, con una victoria convincente y la sensación de haber entendido muy bien el partido. Tres días después, en Butarque, pasó casi todo lo contrario. El equipo perdió 2-1 ante el Rayo después de una primera parte muy mala, desordenada y con demasiados futbolistas lejos de su sitio natural. La reacción tras el descanso existió, fue clara y llegó a meter a los de Manolo González de nuevo en el partido, pero el agujero abierto en los primeros 45 minutos fue demasiado grande.
Tres cambios que parecían pocos, pero cambiaban bastante el dibujo
Manolo tocó solo tres nombres respecto a El Sadar: entraron Gabriel Moscardo, Rafa Bauzà y ‘Q’ Hartman por Edu Expósito, Marcos Fernández y Dolan. Sobre el papel no parecía una revolución, pero sí lo era en la práctica. La ubicación de Bauzà y Hartman llamaba la atención y el equipo acabó dibujando algo parecido a un 3-5-2 que nunca terminó de asentarse. Hartman jugaba mucho más arriba de lo habitual, Hinojo quedaba dentro como tercer central y el centro del campo mezclaba perfiles que no acabaron de encontrarse.
El primer error rompió el partido antes de empezar
El 1-0 llegó en el minuto 2 y condicionó absolutamente todo. Moscardo falló un pase en salida, el Rayo recuperó, aceleró y Álvaro García apareció solo para marcar tras una acción en la que la defensa quedó completamente abierta. El Espanyol recibió un golpe enorme cuando todavía estaba intentando entender cómo quería jugar. Y eso, con una estructura nueva y contra un rival que vive de apretar, correr y atacar segundas jugadas, fue casi lo peor que podía pasar.
La salida desde atrás volvió a ser un problema
Los minutos siguientes fueron todavía más preocupantes. El Espanyol quería iniciar desde atrás, pero cada presión del Rayo parecía provocar una pérdida o una entrega comprometida. El balón quemaba, los apoyos llegaban tarde y varios futbolistas parecían incómodos en posiciones poco habituales. El equipo no podía avanzar y tampoco encontraba un recurso sencillo para saltarse la presión. Algo parecido ya había ocurrido en Anoeta y volvió a aparecer en Butarque.
El Rayo ganó también la batalla de la intensidad
No fue solo una cuestión de dibujo. El propio Manolo lo explicó después: «La intensidad del Rayo ha sido muy superior a la nuestra en la primera parte. Han ido a diez velocidades más, cosa que sabemos que el Rayo es así.» Esa frase probablemente explica tanto como cualquier pizarra. El Rayo llegaba antes a las pelotas divididas, recogía rechaces y tenía siempre un jugador preparado para atacar la segunda acción. El Espanyol, en cambio, corría detrás de la pelota.
Bauza dejó el único aviso serio antes del descanso
Pasado el primer cuarto de hora hubo un pequeño intento de reacción. Roberto terminó una jugada con un disparo desviado y Bauza probó desde lejos con un golpeo potente. Fue prácticamente todo el peligro real del Espanyol en la primera mitad. El equipo había avanzado unos metros y parecía querer sacudirse el dominio rayista, pero aquella mejora duró muy poco.
El 2-0 retrató demasiadas cosas de golpe
En el 26’ llegó la jugada que terminó de romper la primera parte. El Rayo volvió a progresar con facilidad, movió el balón de un lado al otro y Adri Pedrosa apareció por la izquierda para marcar desde poco ángulo. En la acción quedaron señalados varios jugadores: Omar, Riedel y también un Dmitrović poco contundente. El experico no celebró el tanto, pero para el Espanyol fue un golpe durísimo. Cuando parecía empezar a respirar, volvía a estar contra las cuerdas.
Perder 2-0 y seguir sin tener el balón
Lo peor no era solamente el resultado. Con dos goles de desventaja, el Espanyol seguía sin mandar. En el tramo final de la primera parte era el Rayo quien juntaba pases, quien hacía correr a los pericos y quien controlaba completamente el ritmo. La imagen era todavía peor porque el equipo que necesitaba reaccionar parecía el más resignado de los dos. La circulación era lenta, no había líneas de pase claras y Roberto vivía demasiado aislado.
Manolo también asumió que el plan no había funcionado
Después del partido, el técnico fue bastante claro con el fracaso de la primera mitad. «Hemos tocado tres jugadores solo, de once el otro día. Tres jugadores porque Edu tenía molestias, lógicamente teníamos un partido el viernes, a partir de ahí porque creíamos que Rafa y Gabi cogerían el ritmo del rival, no ha sido así, y la situación de “Q” porque es un jugador que tiene muy buen pie, que a nivel ofensivo tiene una claridad con balón que creo que habéis visto durante el partido y que nos ayudaría a defender la situación de Rayo también. No ha salido bien, obviamente, y a partir de ahí hemos ido a remolque, pero vuelvo a decir que, aparte de, bueno, ya sabemos cómo va todo, que ahora se culpa a esto, porque aparte la segunda parte del equipo ha sido muy buena, lógicamente, pero claro, al final da igual quién juegue si cuando tú pierdes cada pelota que tocas regalas el primer gol. Y vuelvo a decir, yo soy consciente de que no ha salido bien y ya está claro, pero claro, no hemos hecho nada bien en la primera parte y eso son once jugadores, aparte del entrenador, está claro, pero son once jugadores y no tres solo.»
El entrenador tiene razón en una cosa: el desastre fue colectivo
Sería demasiado fácil quedarse únicamente con Moscardo, Bauza e Hinojo porque fueron los tres sustituidos al descanso. La primera parte estuvo mal planteada desde el banquillo, pero también muy mal ejecutada por prácticamente todos. No hubo presión, no hubo pausa con balón, no se ganaron segundas jugadas y tampoco apareció una respuesta emocional después del 1-0. En eso Manolo tiene razón: no hubo tres culpables, hubo un problema colectivo.
Los tres cambios cambiaron la energía del partido
El descanso sirvió para desmontar el experimento. Entraron Edu Expósito, Marcos Fernández y Bryan Zaragoza, y el Espanyol volvió a una estructura mucho más reconocible. El efecto fue inmediato. Edu dio sentido a la salida, Marcos aportó piernas y profundidad, mientras Bryan empezó a recibir abierto y a generar algo que en la primera parte no había existido: miedo en el rival.
De no presionar a ir a buscar al Rayo arriba
La diferencia también estuvo sin balón. Manolo explicó que el plan preparado era igualar los tres centrocampistas del Rayo, algo que no se ejecutó antes del descanso: «Es que en el descanso lo que hemos hecho es tocar. Bueno, tocar no, que es una cosa que ya habíamos preparado, que era igualar la zona de tres medios de ellos en la primera parte, cosa que no hemos hecho porque han jugado solos y no hemos presionado en la primera parte.» En la segunda sí apareció esa presión y, de repente, el partido empezó a jugarse mucho más cerca de Audero.
Roberto vuelve a salvar la cara del Espanyol
El 2-1 llegó en el 53’ y volvió a llevar la firma de Roberto Fernández. Javi Hernández detectó su carrera, filtró el pase y el delantero hizo el resto: recorte sobre Mujaid y golpeo al segundo palo. Sexto gol de Roberto en seis jornadas. A estas alturas ya cuesta hablar de racha. Roberto está convirtiendo casi cada ocasión clara en gol y, mientras el equipo busca estabilidad, él se ha convertido en su mayor certeza.
Javi Hernández también sigue creciendo
La asistencia fue la cuarta de Javi Hernández esta temporada. El canterano fue de los pocos que intentaron mantener algo de sentido durante la primera parte y volvió a aparecer cuando el partido pedía calidad. Su conexión con Roberto empieza a dar puntos, goles y argumentos para seguir manteniéndolo cerca del once. Cuando salió en el 74’ para dejar sitio a Calatrava, el Espanyol perdió algo de claridad y volvió a caer en una fase más apagada. Un cambio que no funcionó.
Bryan Zaragoza empieza a enseñar cosas
Bryan todavía está lejos de su mejor versión, como él mismo reconoció tras el partido, pero su entrada dio otra amenaza al equipo. Recibió abierto, encaró, buscó pases interiores y atacó espacios. El Espanyol necesita ese tipo de futbolista para romper partidos cerrados y, sobre todo, para no depender siempre de Roberto. Todavía le falta ritmo, pero sus minutos en Butarque fueron otra pequeña señal de que puede acabar siendo importante.
Edu Expósito vuelve a demostrar que el equipo le necesita
El cambio de Edu también tuvo mucho peso. En Pamplona había sido importante y su ausencia de inicio se explicó por molestias. Cuando entró, el Espanyol volvió a encontrar pases verticales y mejores apoyos por dentro. No significa que tenga que jugar siempre, pero sí que ahora mismo es uno de los pocos centrocampistas capaces de ordenar el juego cuando el partido se atasca. Y eso se notó demasiado cuando no estuvo. Aquí hay que volver a darle vueltas al por qué no se le fichó un recambio en verano, porque por enésima vez quedó demostrado que hace falta.
La reacción fue buena, pero tampoco conviene exagerarla
El Espanyol fue claramente mejor en la segunda parte y tuvo fases en las que empujó de verdad al Rayo. Manolo lo resumió así: «Hemos hecho un partido, bueno, un partido no, una primera parte muy, muy mala, una segunda parte pienso que muy buena, que hemos sido superiores al Rayo.» La lectura es correcta, pero también hay que ponerla en contexto: el Rayo ya ganaba 2-0 y podía asumir un bloque algo más bajo. La mejoría fue real, sí. Convertirla en una absolución completa de la primera parte sería otra cosa.
El problema ahora es la regularidad
El propio técnico puso la palabra encima de la mesa: «Lo que tenemos que intentar es coger una regularidad, que creo que es importante, porque hemos hecho cosas muy buenas y contrastan con cosas malas. Entonces tenemos que intentar coger un punto de regularidad en el juego que nos haga tener un poco de estabilidad.» Ese es probablemente el gran asunto. Este Espanyol puede ganar bien en Pamplona y tres días después ofrecer una primera parte impropia del mismo equipo. Lamentable, para ser sinceros.
Dos salidas y dos primeras partes que dejan dudas
Manolo también reconoció algo que ya empieza a repetirse: «Tenemos que tomar nota porque es verdad que llevamos dos partidos fuera que hemos hecho dos primeras partes que no son nada buenas.» Anoeta y Butarque tienen cosas distintas, pero comparten un problema: el Espanyol tardó demasiado en entrar al partido. Y cuando eso sucede en Primera, la reacción muchas veces llega cuando el marcador ya pesa demasiado.
Omar El Hilali añade otro problema para el viernes
La expulsión de Omar en el añadido complica el siguiente partido. Gorosabel todavía no parece preparado para asumir protagonismo por temas físicos y el Espanyol pierde a uno de sus futbolistas más regulares en el lateral derecho, donde puede tener su momento José Ángel si el vasco sigue fuera. El viernes ante el Elche habrá que volver a retocar piezas, justo cuando el equipo necesita lo contrario: estabilidad.
De Pamplona a Butarque, dos caras de un mismo equipo
La comparación con El Sadar es casi cruel. Allí el Espanyol sin hacer tampoco un gran partido salió con una idea clara, atacó espacios, encontró rápido a Roberto y supo defender cuando el partido pedía otra cosa. En Butarque pasó justo lo contrario durante 45 minutos. La estructura generó dudas, el equipo no entendió cómo presionar y tampoco encontró soluciones con balón. Una semana deja la sensación de bloque maduro; tres días después, otra de equipo en construcción.
El problema no es probar cosas, sino que el equipo no las entienda
Manolo tiene una plantilla con más variantes que la temporada pasada y tiene sentido que quiera probar nuevos registros. La cuestión es otra. Si cambiar el dibujo provoca que demasiados futbolistas duden de dónde deben estar, el precio puede ser muy alto. El Rayo lo detectó enseguida. Presionó, aceleró y convirtió cada pérdida perica en una situación peligrosa. La prueba no salió nada bien y el propio Manolo lo admitió tácitamente al autoenmiendarse en el descanso.
El viernes ante el Elche ya no parece un partido cualquiera: Manolo vuelve a estar bajo la lupa
El Espanyol empezó esta semana con una victoria que calmaba muchas cosas y ahora llegará al viernes con otro clima. Ganar al Elche permitiría irse al parón con una sensación bastante distinta; no hacerlo abriría otra vez el ruido alrededor de Manolo y del equipo. No porque la jornada 7 sea una final, sino porque tres semanas de parón hacen eterno cualquier mal resultado.
El aprendizaje de Butarque debería ser sencillo
No hace falta sacar conclusiones grandilocuentes de una derrota, pero sí hay una bastante clara. Este Espanyol todavía necesita sentirse cómodo dentro de una estructura reconocible para competir bien. Cuando entiende dónde presionar, dónde recibir y quién ocupa cada altura, puede hacer partidos como el de Pamplona. Cuando no lo entiende, aparecen tardes como la de Butarque. Y entre una versión y otra hay demasiada distancia.
Roberto sigue siendo la gran noticia positiva
Dentro de todo el ruido, Roberto vuelve a ser el nombre que mantiene al equipo de pie. Seis goles en seis jornadas, otro tanto de mucha calidad y una capacidad para aparecer incluso cuando casi no recibe balones. El Espanyol tiene un delantero en estado de gracia y ahora necesita que el resto del equipo no le obligue siempre a jugar contra el marcador.













