El Espanyol perdió 1-2 ante el Real Madrid en el minuto 90 después de un partido bastante más competido de lo que podía imaginarse durante el primer cuarto de hora. Los blancos empezaron imponiendo una marcha más, encontraron pronto el 0-1 y durante varios minutos encerraron al equipo de Manolo González. Pero el Espanyol reaccionó, empató con una gran jugada colectiva y llegó vivo hasta el final. Ahí está la rabia: no fue una derrota inevitable, sino un punto que se escapó cuando ya parecía bastante cerca.
Manolo fue valiente repitiendo el once del Levante
Manolo decidió mantener exactamente el equipo que había ganado 3-0 al Levante. Había argumentos para reforzar el centro del campo o meter un perfil más defensivo, pero el técnico entendió que hacerlo habría enviado un mensaje extraño después del gran estreno. La apuesta tenía riesgo, pero también personalidad. Y, aunque el inicio fue duro, el equipo acabó demostrando que podía competir con Javi Hernández, Calatrava y Dolan juntos.
El Madrid pasó por encima durante el arranque
Los primeros minutos fueron incómodos. Urko, Edu y Unai sufrieron mucho ante la presión blanca, al Espanyol le costaba salir y el Madrid parecía jugar a otra velocidad. El 0-1 llegó a balón parado, con una falta lateral que Bellingham convirtió de cabeza después de una defensa demasiado blanda. Era precisamente uno de esos detalles que se habían trabajado y por eso fastidia más.
Riedel fue de los que mejor aguantó el golpe inicial
En medio de esos problemas, el tan cuestionado y criticado Riedel fue uno de los jugadores más seguros del Espanyol. Estuvo rápido al corte, agresivo en los duelos y ayudó a sostener al equipo cuando peor lo estaba pasando. Su partido confirma la mejora que ya había enseñado frente al Levante y deja una competencia interesante en una posición que durante el verano había generado muchas dudas.
Después del minuto Jarque apareció otro Espanyol
A partir de ahí el equipo empezó a soltarse. Dolan apareció más, Javi encontró espacios y Calatrava comenzó a recibir donde puede hacer daño. El Espanyol dejó de limitarse a sobrevivir y empezó a jugar. Primero avisó y luego llegó el 1-1, una jugada magnífica entre Dolan, Javi Hernández y Calatrava que terminó con Cala batiendo a Courtois.
Calatrava y Javi vuelven a confirmar que el talento tiene sitio
El gol explica bastante bien lo que Manolo está intentando construir. Javi Hernández y Calatrava tienen buen pie, juegan rápido y entienden los espacios, algo que permite al Espanyol salir de situaciones donde poner más músculo no siempre garantiza nada. Cala, aparte, se estrenó como goleador en Primera ante el Madrid. Dos jornadas y ya empieza a dejar claro por qué el entrenador insistió tanto en ese perfil.
El Espanyol pudo incluso marcharse ganando al descanso
El empate cambió el partido. El Madrid perdió comodidad y el Espanyol empezó a creer de verdad. Omar puso un gran balón para Roberto justo antes del descanso y el delantero estuvo cerca del 2-1. Habría sido mucho premio, pero el 1-1 tampoco era ningún accidente. El equipo había sabido levantarse después de un inicio muy malo.
En la segunda parte tocó resistir demasiado
El Madrid salió desatado tras el descanso y ahí el partido cambió. Dmitrović, aunque no estuvo brillante en los dos goles encajados, sostuvo al Espanyol con varias paradas importantes, especialmente ante Bellingham y Mbappé, mientras el equipo iba quedándose cada vez más cerca de su propia área. Durante muchos minutos ya no había salida ofensiva: recuperar la pelota significaba perderla poco después.
Bauza y Drkušić dejaron buenas sensaciones
Manolo movió el equipo pasada la hora. Bauza entró bien para cerrar espacios y Drkušić dejó una primera impresión potente en su debut, rápido, fuerte y decidido en el duelo. Son dos noticias positivas pensando más allá de este partido. Vanja, especialmente, parece un central preparado para subir desde ya el nivel de competencia.
El cambio de Jofre deja debate
El movimiento que más preguntas genera llegó después, cuando salió Edu y entró Jofre. La idea era tener piernas para correr al espacio, pero el Espanyol estaba sufriendo muchísimo en el centro del campo y quizá pedía otro tipo de cambio, con un futbolista capaz de cerrar esa zona y ayudar a conservar la pelota. Culpar solo a esa decisión del 1-2 sería demasiado sencillo, pero sí deja debate porque el equipo quedó algo partido.
El arbitraje molestó, pero no explica la derrota
Manolo fue claro después. “El arbitraje no condiciona el resultado, pero lo que me molesta es el criterio. No somos un equipo que pierde tiempo, pero cada saque de banda nos lo contaban, cada falta la pitaban al mínimo contacto… Al Madrid no le contaban. El criterio no ha sido el mismo”. Las tarjetas condicionaron también algunos cambios, aunque sería un error convertir al árbitro en la explicación del resultado.
Espí castigó una gestión final mejorable
Cuando el empate parecía casi asegurado llegó la acción definitiva. Mbappé se coló en el área, hubo dudas defensivas y Carlos Espí apareció para hacer el 1-2 en el minuto 90. El Espanyol llevaba demasiado rato viviendo al límite y acabó pagándolo. No hizo un mal partido; simplemente no supo cerrar esos últimos minutos.
Omar dejó una buena actuación pese a la falta del 0-1
Tras muchos partidos a un nivel muy alejado del que dejó´ hace dos cursos, Omar volvió a competir bien ante un rival de máxima exigencia. Se incorporó arriba cuando pudo y trabajó mucho para contener su banda. Su punto a corregir sigue siendo evitar faltas innecesarias en zonas delicadas, porque una de ellas terminó originando el primer gol blanco. Es un detalle pequeño, pero ante estos rivales cualquier concesión se paga.
Dolan sigue dejando la misma sensación
Dolan trabajó, participó en el gol y volvió a ofrecer energía, pero todavía le falta acertar más en la última decisión. A veces conduce una jugada hacia donde menos daño hace y eso explica bastante bien por qué el club insiste en fichar un extremo específico. No falta gente que pueda jugar en banda; falta alguien capaz de convertir una recuperación en peligro de forma más natural.
El equipo vuelve a demostrar que puede competir
Hay algo que sí parece confirmado después de dos jornadas: lo del Levante no fue solamente una buena noche. Contra un rival completamente distinto, el Espanyol volvió a enseñar personalidad, capacidad para asociarse y respuesta después de un golpe. Todavía faltan automatismos y especialmente saber respirar cuando el rival aprieta, pero la base parece bastante más sólida que durante la pretemporada.
No hay que pasar del entusiasmo al drama
Hace una semana, después del 3-0, parecía fácil venirse arriba. Ahora tampoco tiene sentido incendiarlo todo por perder ante el Madrid en el minuto 90. El Espanyol tiene tres puntos de seis y ha competido bien en los dos partidos. Hay defectos claros, sí: balón parado, salida ante presiones fuertes y gestión de los finales. Pero también hay jóvenes creciendo, futbolistas con buen pie y una idea cada vez más reconocible.
El siguiente paso es convertir buenas sensaciones en puntos
Manolo lo resumió bien: “Estoy orgulloso del equipo, pero nos vamos cabreados por perder el partido. Nos debe servir para salir a ganar la semana que viene. No hay que conformarse por perder contra uno de los mejores equipos del mundo”. Esa es probablemente la lectura correcta. Competir contra el Madrid está bien. Llegar al minuto 90 empatando y aprender a no regalar ese punto será todavía mejor.
Sobre esa vieja simpatía de algunos pericos por el Madrid
Para acabar, una reflexión que va más allá de lo estrictamente deportivo. Hay todavía una parte del espanyolismo que conserva cierta simpatía por el Real Madrid, muchas veces nacida más del rechazo compartido al Barça que de una afinidad real. Cada uno vive el fútbol como quiere, faltaría más. Pero noches como ésta invitan al menos a revisar algunas cosas.
Después del partido, Mourinho habló de Vinicius y llegó a comparar el trato que recibe con el bullying. “Estamos en una era social de anti-bullying, pero con Vini estamos en la era del bullying aún”, afirmó el técnico blanco.
El término es lo bastante serio como para no gastarlo alegremente en cualquier discusión futbolística. Y leer después determinadas reacciones de aficionados madridistas en redes, tratando al Espanyol poco menos que como un enemigo por competir con dureza, tampoco casa demasiado con esa idea romántica de una supuesta hermandad.
No hace falta convertir esto en una guerra ni decirle a nadie de quién puede sentirse cercano. Pero quizá algunos pericos deberían preguntarse si esa simpatía es realmente correspondida o si existe principalmente porque durante años se ha construido alrededor de un enemigo común. El Espanyol tiene historia, identidad y afición suficientes para no necesitar equipos prestados…














