El análisis del Espanyol – Elche: el desastre que impulsa a Manolo a replantearse su idea; el parón abre un debate sobre si el entrenador retocará profundamente su idea de juego y sobre la confianza que mantiene el proyecto

18 de septiembre de 2026
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Resumen: El 1-3 ante el Elche no fue solamente una mala noche del Espanyol. Fue el segundo partido seguido en el que el equipo perdió el control, volvió a sufrir muchísimo las transiciones y dio la sensación de no saber qué hacer cuando el guion se salió de lo previsto. La roja a Federico Redondo dejó un escenario perfecto que los de Manolo González convirtieron en una pesadilla. Y las palabras posteriores del técnico abren otra cuestión: el intento de construir un Espanyol más ofensivo parece haber llegado a un punto de revisión profunda.

Puntos clave:

    • El Espanyol volvió a fallar desde el inicio tras la pésima primera parte disputada en Butarque.
    • La expulsión de Redondo dejó al equipo con superioridad casi todo el encuentro, pero nunca supo jugar ese escenario.
    • Fer Niño castigó dos errores graves y el Elche generó las ocasiones más peligrosas incluso con diez.
    • Manolo reconoció problemas para defender transiciones y admitió que su apuesta por atacar más está haciendo perder otros mecanismos básicos.
    • El parón abre un debate sobre si el entrenador retocará profundamente su idea de juego y sobre la confianza que mantiene el proyecto.

Cinco cambios para borrar Butarque y una primera parte todavía peor

Manolo González había movido bastante el once después de lo ocurrido ante el Rayo. Entraron José Ángel, Unai Núñez, Edu Expósito, Álex Calatrava y Bryan Zaragoza, y el Espanyol recuperó un 4-2-3-1 mucho más reconocible. Sobre el papel tenía lógica. El experimento de Butarque había salido mal, Edu devolvía criterio al centro del campo y Bryan aportaba desequilibrio desde el inicio. Todo parecía encaminado a recuperar la versión más natural del equipo. El resultado fue justo el contrario: la primera parte ante el Elche acabó siendo incluso peor que la del martes.

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Bryan Zaragoza puso el partido donde quería el Espanyol

El minuto 6 debería haber cambiado la noche a favor del Espanyol. Bryan Zaragoza leyó el error de Federico Redondo antes que nadie, robó el balón y salió disparado hacia Dituro. El agarrón terminó en roja después de la revisión del colegiado. Un rival colista, sin victorias y con diez durante prácticamente todo el partido. Difícil imaginar un escenario mejor. Ahí empezaba otro partido. Y ahí empezó también el desastre perico.

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La superioridad convirtió al Espanyol en un equipo peor

Esto fue quizá lo más extraño. En lugar de serenarse, abrir el campo, mover al Elche y obligarlo a correr durante muchos minutos, el Espanyol empezó a jugar con ansiedad. Los ilicitanos se colocaron atrás, protegieron el carril central y esperaron. No tenían ninguna necesidad de exponerse. Los que tenían que pensar eran los blanquiazules. No supieron hacerlo.

Tener uno más no sirve si nadie encuentra los espacios

El Espanyol acumulaba balón, pero no ventajas. La circulación era lenta, los movimientos entre líneas escasos y las recepciones fáciles de anticipar. El equipo parecía querer llegar al área en dos pases cuando tenía casi todo el encuentro para desgastar al contrario. Faltó paciencia, pero también faltó un plan reconocible para atacar una defensa baja. El propio Javi Hernández lo reconocería después: no supieron encontrar los espacios.

Todo acabó reducido a darle el balón a Bryan

Cuando un equipo no encuentra respuestas colectivas suele acabar buscando al futbolista más desequilibrante y esperando que invente algo. Eso pasó con Bryan Zaragoza. Casi todo el peligro del Espanyol dependía de que Bryan recibiera, encarara y sacara una jugada de donde no parecía haberla. El extremo provocó la expulsión, marcó después un gol correctamente anulado por fuera de juego y fue el jugador que más sensación de peligro dejó. Era demasiado poco para un equipo jugando once contra diez.

El Elche entendió el partido mucho mejor con diez

Aquí aparece otra cuestión difícil de digerir. El Elche no se rompió tras la expulsión. Se ordenó. Juntó líneas. Esperó sus oportunidades y entendió que el Espanyol, cada vez más precipitado, acabaría dejando espacios. El equipo que estaba en inferioridad parecía tener más claro qué partido quería jugar. Y cuando eso ocurre, el hombre de más pierde buena parte de su valor.

El 0-1 mostró otra vez un problema que empieza a repetirse

Fer Niño abrió el marcador después de una salida muy desafortunada de Dmitrović. Unai Núñez tampoco resolvió bien previamente y el delantero aprovechó el desorden. Podría quedarse como un error aislado, pero encaja dentro de un patrón que ya empieza a preocupar: el Espanyol está concediendo demasiado cuando pierde la pelota o cuando el rival encuentra campo para correr.

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Tres minutos después, el Espanyol ya estaba completamente roto

El segundo gol fue todavía más doloroso porque llegó casi inmediatamente. Revivo puso un gran balón al segundo palo y Fer Niño voleó para hacer el 0-2. El RCDE Stadium pasó de imaginar un partido cómodo contra diez a ver cómo el colista le hacía dos goles. El golpe mental fue enorme y el equipo volvió a enseñar una fragilidad que ya había aparecido en Butarque.

El problema ya no puede explicarse solamente desde la táctica

Hay cosas que pertenecen al dibujo y otras que no. Que un jugador llegue tarde a una cobertura puede ser una cuestión posicional. Que prácticamente todo el equipo empiece a tomar malas decisiones después de recibir un golpe entra en otro terreno. El Espanyol se descompuso emocionalmente. No apareció un futbolista capaz de bajar pulsaciones, juntar al equipo y decir: queda muchísimo partido, somos once contra diez, movamos la pelota.

Manolo tampoco encontró la tecla desde la banda

El escenario pedía calma desde dentro y desde fuera. Tampoco apareció. No quedó claro qué debía hacer el equipo para romper el bloque del Elche y el descanso llegó con un 0-2 acompañado por una pitada monumental. Si Butarque había sido un aviso, aquello ya era otra cosa. El equipo sabía lo que se jugaba antes de un parón larguísimo y salió del primer tiempo en una situación casi imposible de explicar.

Marcos volvió a cambiar la energía del equipo

Manolo movió dos piezas al descanso: Marcos Fernández y Hartman por Urko e Hinojo. Y Marcos hizo lo que casi siempre hace cuando entra. Corrió, peleó, atacó espacios y obligó a los defensores a estar pendientes de él. Su simple presencia dio algo más de vida a un ataque demasiado plano. El Espanyol encerró por momentos al Elche cerca de su área, que era exactamente lo que uno esperaba ver desde la expulsión.

Cambió la actitud, pero no desaparecieron los problemas

La segunda parte fue mejor porque empeorar aquello era realmente complicado. El Espanyol empujó más, metió jugadores arriba y empezó a acumular centros. Pero el problema defensivo seguía intacto. Cada salida del Elche transmitía una sensación de peligro enorme. Cepeda estrelló un balón en el poste en el minuto 55 y el tercer gol estuvo mucho más cerca antes del 1-2.

Cala volvió a quedarse lejos del futbolista que puede ser

Álex Calatrava tuvo otra noche complicada. Tiene fútbol, talento y capacidad para aparecer entre líneas, pero lleva varias jornadas sin encontrar continuidad. Ante el Elche pasó demasiado poco por él. En un partido donde hacían falta jugadores capaces de recibir entre líneas y acelerar con criterio, Cala prácticamente desapareció. Pere Milla entró en el 60′ buscando más presencia dentro del área.

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Javi Hernández encontró la única grieta

El 1-2 nació de una de las pocas acciones bien construidas del Espanyol. Javi Hernández levantó la cabeza y puso un buen centro hacia Marcos Fernández. Víctor Chust acabó introduciendo la pelota en su propia portería. Por primera vez en toda la noche el estadio creyó que todavía podía pasar algo. Quedaban veinte minutos, el rival tenía diez y el marcador volvía a estar abierto.

El 1-3 fue el retrato perfecto de todos los problemas

La esperanza duró muy poco. Germán Valera corrió desde prácticamente el centro del campo, dejó atrás a la defensa y picó el balón por encima de Dmitrović. Un equipo con once jugadores recibió una contra casi de manual de un rival con diez. Si había que escoger una sola imagen para explicar la noche, probablemente sería esa.

Manolo puso palabras después a lo que todos habían visto

La rueda de prensa del técnico tuvo interés porque Manolo no intentó protegerse. Fue especialmente contundente: «Ha sido un partido espantoso. Nos han puesto en una situación que teníamos muy buena para ganar y, a partir de este momento, todo lo que podíamos hacer mal, que es defender las contras, precipitarnos en ataque y todo lo que podíamos hacer mal, lo hemos hecho. Un partido, yo creo, el peor desde que estoy en el Espanyol y no hay más que decir. No paramos las transiciones, no ganamos duelos, no competimos, que es una cosa que desde que pienso que llegué al primer equipo era una cosa que teníamos como identidad, que siempre competíamos, siempre estábamos en los partidos. Es verdad que tengo partidos malos, como el de Girona hace dos años, por ejemplo, está claro. Siempre tenemos partidos malos, pero ni el día del Rayo ni hoy no lo hemos hecho».

Hay una frase de Manolo que cambia bastante el debate

Más allá de reconocer el desastre, hubo una reflexión mucho más interesante desde el punto de vista futbolístico. Manolo relacionó algunos problemas con el intento de construir un Espanyol más ofensivo: «Nos pensamos que jugando de una manera, que el hecho de querer ser ofensivos, de querer atacar, nos distrae de hacer las cosas que son importantes y que siempre habíamos hecho bien. Creo que no lo estamos haciendo y, en Primera, penaliza, porque no somos tan buenos para no competir al nivel que toca. Y ahora mismo es lo que está pasando.»

¿Se ha terminado el intento de hacer un Espanyol más protagonista?

Esta es probablemente la pregunta que queda flotando después de escuchar al entrenador. No dijo literalmente que vaya a abandonar la propuesta más ofensiva, pero sí dejó claro que considera que el equipo está perdiendo elementos básicos mientras intenta atacar más. Su siguiente reflexión fue todavía más clara: «Llega un momento que tú puedes querer atacar, puedes querer jugar mejor, que el equipo sea más ofensivo. Pero eso no implica que no tengas que defender y nos estamos equivocando».

El dilema de Manolo es mucho más profundo que cambiar un dibujo

Aquí aparece el gran problema. Durante buena parte de 2025, Manolo había encontrado una forma de jugar que encajaba con su equipo: competitivo, intenso, ordenado y preparado para hacer daño sin necesitar dominar siempre. Este verano llegaron futbolistas que, sobre el papel, permitían dar un paso distinto. Más calidad, más capacidad para juntar pases, extremos desequilibrantes y más opciones para atacar de distintas maneras.

Tener mejores futbolistas no garantiza saber jugar mejor

El Espanyol quiso evolucionar. Tiene sentido. El problema es que esa evolución todavía no está funcionando y empieza incluso a llevarse por delante cosas que antes estaban muy asentadas. El equipo intenta atacar más, pero está peor preparado para defender cuando pierde la pelota. Quiere mandar, pero no siempre sabe cómo hacerlo. Quiere tener más jugadores por delante del balón, pero queda demasiado expuesto cuando pierde. Ese es el verdadero conflicto.

Manolo reconoce que tiene detectado su propio error

El entrenador fue todavía más lejos hablando de su responsabilidad: «Yo tengo bastante claro por dónde me estoy equivocando, lo tengo bastante claro». Y luego llegó una frase todavía más potente: «Es una cosa que yo la estoy cagando en esto. Después, lógicamente somos un grupo y aquí todos nos tenemos que hacer responsables de lo bueno y de lo malo, pero yo soy el primero que tiene que cambiar el chip en esta».

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Cambiar el chip puede significar muchas cosas

Puede significar simplemente corregir las vigilancias y proteger mejor cada pérdida. Puede significar bajar algo la altura de algunos jugadores. Puede significar recuperar un centro del campo más físico. O puede significar algo mucho más profundo: volver hacia un Espanyol menos preocupado por llevar el peso del partido y más centrado en competir, cerrar espacios y castigar errores. Las próximas semanas permitirán comprobar hasta dónde llega esa revisión.

El riesgo de volver atrás también existe

La cuestión es que regresar a una propuesta más conservadora tampoco garantiza nada. La plantilla actual no es exactamente la misma que la de hace un año y se ha confeccionado pensando también en tener más balón y más calidad. Si Manolo considera ahora que debe recuperar un equipo mucho más agresivo, directo y reactivo, tendrá que demostrar que dispone de las piezas adecuadas para hacerlo. Cambiar otra vez de camino sin que los jugadores crean en él podría generar todavía más dudas.

La imagen de inseguridad del entrenador alimentará el debate

Manolo suele transmitir convicción. Por eso llamaron especialmente la atención sus palabras posteriores al partido. No porque asumiera errores -lo ha hecho muchas veces-, sino porque habló abiertamente de que el equipo está jugando algo que quizá no debería jugar. «Pedir disculpas a la afición, que ahora no vale una mierda, la verdad. Pedir disculpas y girar esto, y el primero yo, porque he de darme cuenta de que estamos jugando una cosa que no podemos jugar y he de cambiar el chip yo el primero».

Esa frase va mucho más allá de perder contra el Elche

Cuando un entrenador dice que su equipo está jugando algo que no puede jugar, la cuestión deja de ser únicamente si Cala estuvo mal, si Dmitrović salió tarde o si Cabrera perdió una carrera. Se pone sobre la mesa el propio modelo que se estaba intentando construir. Y eso, después de tanto tiempo de Manolo en el club y con una plantilla que en teoría ofrece más recursos, abre un debate inevitable.

Monchi también tendrá que leer lo que ha ocurrido

La construcción de la plantilla buscaba elevar el techo futbolístico del Espanyol. Bryan Zaragoza, Calatrava, Moscardo, Hartman o Unai Núñez llegaron para ofrecer más variantes. Si después de siete jornadas el diagnóstico es que el equipo debe recuperar una versión bastante más básica para competir, la dirección deportiva también tendrá que valorar por qué la plantilla y la idea del entrenador todavía no están encajando como se esperaba.

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La derrota pudo ser incluso más amplia

El 1-3 fue durísimo, pero el marcador tampoco explica por completo lo sucedido. Cepeda mandó una pelota al poste y el Elche tuvo situaciones para hacer más daño. La derrota fue tan justa como preocupante porque el rival creó peligro con una facilidad enorme pese a jugar casi todo el encuentro con diez. El Espanyol necesitaba atacar y era el Elche quien encontraba metros cada vez que recuperaba.

Un registro histórico que agranda todavía más el golpe

El dato posterior al encuentro coloca la derrota en una dimensión todavía más desagradable. El Elche se convirtió en el primer equipo de toda la historia de LaLiga que ganó fuera de casa por dos goles de diferencia después de sufrir una expulsión en los diez primeros minutos. Hasta ahora habían existido victorias visitantes en circunstancias parecidas, pero todas por un solo gol. El Espanyol terminó formando parte de una estadística que nadie quería protagonizar.

El problema ya no son únicamente las primeras partes

Después de Anoeta y Butarque se había hablado mucho de entrar mejor a los partidos. Ante el Elche la salida inicial no fue mala. Bryan provocó una expulsión y el equipo tuvo todo a favor. Lo preocupante fue lo que vino después. Esta vez no fue cuestión de tardar diez minutos en entrar. Fue no saber interpretar un partido que estaba prácticamente diseñado para jugarlo con paciencia.

Tampoco aparecen demasiados líderes cuando llegan los golpes

El 0-1 volvió a dejar una sensación preocupante. Nadie consiguió parar el partido. Nadie pareció asumir la responsabilidad de ordenar a los demás. Nadie consiguió sacar al equipo de la precipitación. Cuando una plantilla quiere crecer futbolísticamente también necesita jugadores capaces de gobernar momentos malos. Ante el Elche esa figura no apareció.

Roberto tampoco pudo rescatar esta vez al equipo

Durante las primeras seis jornadas, Roberto Fernández había solucionado muchos problemas. Seis goles, acciones decisivas y una capacidad enorme para convertir poco en mucho. Esta vez estuvo desconectado. Y el día en que Roberto no apareció, quedó todavía más expuesta la falta de mecanismos colectivos para generar peligro. No siempre habrá un gol suyo que arregle el partido.

Dos derrotas seguidas cambian completamente el paisaje

Hace pocos días el Espanyol salía de Pamplona con siete puntos, una victoria sólida y cierta sensación de crecimiento. Después llegaron Butarque y el Elche. Dos partidos, dos derrotas y dos actuaciones que han abierto preguntas mucho más profundas que las que existían una semana atrás. El fútbol cambia muy rápido, sí, pero la preocupación no viene únicamente por los resultados.

El parón llega como refugio y también como problema

Casi tres semanas sin competición ofrecen tiempo para trabajar. Manolo podrá revisar conceptos, recuperar jugadores y decidir qué Espanyol quiere construir a partir de ahora. A la vez, tantos días sin partido hacen imposible responder rápidamente sobre el césped. El 1-3 permanecerá demasiado tiempo encima de la mesa.

No parece un escenario de destitución inmediata, pero Manolo queda tocado

A priori, la derrota no parece llevar automáticamente a un cambio en el banquillo. Pero sería hipócrita fingir que no ha pasado nada. La posición de Manolo sale debilitada, especialmente porque él mismo reconoce que debe revisar aspectos importantes de su idea y porque el equipo ha perdido dos partidos seguidos ofreciendo fases muy preocupantes.

La gran pregunta ya no es solo cómo jugar, sino qué quiere ser este Espanyol

Ese es el trabajo que espera durante el parón. ¿Volver al equipo más agresivo y práctico que dio resultados anteriormente? ¿Mantener la apuesta por tener más balón y corregir las vigilancias? ¿Encontrar un punto medio? El Espanyol necesita decidir qué quiere ser antes de volver a competir, porque el peor escenario sería quedar atrapado entre dos modelos: demasiado abierto para defender como antes y demasiado inseguro con balón para mandar como pretende ahora.

Málaga será mucho más que el siguiente partido

El 9 de octubre queda lejos, pero el encuentro de La Rosaleda empieza a adquirir otro peso. No porque sea una final en octubre, sino porque será la primera respuesta después de una derrota que ha tocado prácticamente todos los niveles: jugadores, entrenador, idea y confianza. Manolo dispone de semanas para corregirlo… si no hay una decisión traumática y se opte por un cambio de rumbo. Si todo sigu igual cuando vuelva la competición ya no bastará con explicar qué salió mal. Habrá que enseñar qué ha cambiado.