La llegada de Velocity abrió una etapa que debía devolver ilusión y estabilidad al Espanyol. El fichaje de Monchi reforzó ese mensaje, pero el primer gran mercado de la nueva propiedad avanza con más prudencia de la esperada. A menos de una semana del estreno ante el Levante, todavía faltan varias piezas y las miradas empiezan a dirigirse hacia Alan Pace.
El cambio de propiedad provocó una reacción bastante lógica entre los aficionados del Espanyol. Después de varios años de desgaste con Rastar, la llegada de Alan Pace y Velocity fue recibida como la oportunidad de comenzar algo diferente. No necesariamente un proyecto de fichajes millonarios, porque el nuevo presidente nunca prometió gastar sin control, pero sí una etapa con más ambición, planificación y capacidad para hacer crecer al club.
Pace explicó durante su presentación que no venía a cambiar la identidad del Espanyol. “No venimos a cambiar lo que es el Espanyol. Venimos a honrarlo, fortalecerlo y ayudarlo a crecer”, aseguró entonces. También habló de trabajar “con honestidad, humildad y total dedicación”. Un discurso bien recibido y muy distinto al silencio que había marcado la última etapa de Chen Yansheng.
El problema es que, pasado el efecto inicial, el fútbol siempre termina llevando el debate al mismo sitio: la plantilla.
La llegada de Monchi elevó las expectativas
La contratación de Monchi como director general deportivo fue el movimiento más potente de la nueva propiedad. No era una incorporación cualquiera. El Espanyol colocaba al frente de su área deportiva a uno de los directores deportivos más reconocidos del fútbol europeo, protagonista durante muchos años del crecimiento y los títulos del Sevilla.
Su llegada transmitía ambición. También parecía indicar que Alan Pace quería construir una estructura deportiva fuerte y colocar el proyecto perico en otra dimensión. Monchi aterrizó con experiencia, contactos y una forma muy clara de trabajar, pero ni siquiera el mejor director deportivo puede hacer milagros si no dispone de suficiente margen económico.
El propio Monchi explicó durante su presentación que el Espanyol “es lo suficientemente grande para no compararse con nadie” y que su principal rival debía ser el propio club. El mensaje era ilusionante, pero ahora llega la parte más difícil: convertir esa ambición en una plantilla que permita dar un paso adelante.
Una plantilla todavía incompleta
El Espanyol ha incorporado durante este verano a Álex Calatrava, Quilindschy Hartman, Gabriel Moscardó y Unai Núñez. Son movimientos interesantes y algunos responden claramente a necesidades del equipo. Sin embargo, el mercado todavía no puede considerarse terminado.
Manolo González sigue esperando más soluciones ofensivas. Falta desequilibrio en las bandas y la baja de Kike García ha abierto una nueva necesidad en la delantera. También continúa apareciendo el nombre de algún central zurdo, como Felix Uduokhai, mientras el club estudia diferentes opciones para el extremo.
Issiaka Kamate, Ilias Akhomach o Jéremy Arévalo forman parte de una lista de posibilidades que refleja que la dirección deportiva está trabajando. Otra cosa es que el Espanyol pueda cerrar esas operaciones. Ahí es donde empieza la responsabilidad de la propiedad.
Monchi puede detectar jugadores, convencerlos y negociar con sus clubes. Lo que no puede hacer es fabricar dinero ni aumentar por sí solo el límite salarial. Si las operaciones se atascan por cuestiones económicas, la pregunta deja de ser qué futbolista quiere el director general deportivo y pasa a ser cuánto margen está dispuesto o puede generar Alan Pace.
Pace no prometió una lluvia de millones
También conviene ser justos. Alan Pace nunca anunció un verano de gastos descontrolados ni prometió colocar al Espanyol en Europa de manera inmediata. El nuevo propietario insistió desde el comienzo en construir un proyecto a largo plazo, cuidar la identidad del club y trabajar sobre unas bases estables.
Por tanto, reclamar fichajes simplemente por gastar tampoco tendría demasiado sentido. El Espanyol conoce de sobra las consecuencias de realizar inversiones poco meditadas. La etapa anterior dejó suficientes ejemplos de dinero mal empleado, contratos difíciles de asumir y plantillas caras que acabaron descendiendo.
La cuestión no es exigir nombres llamativos. La cuestión es ofrecer a Manolo una plantilla equilibrada y con suficientes alternativas para competir. Si el equipo empieza la Liga con carencias visibles, la prudencia dejará de parecer planificación y comenzará a verse como falta de ambición.
El silencio empieza a pesar
Alan Pace ha mantenido un perfil bajo durante buena parte de los últimos meses. Esa discreción puede entenderse mientras el proyecto avanza, pero cada semana que pasa sin completar la plantilla aumenta las dudas. La afición quiere saber cuál es el verdadero objetivo, qué capacidad económica tiene el club y hasta dónde está dispuesta a llegar la nueva propiedad.
No se trata de explicar cada negociación ni de descubrir las cartas del Espanyol en pleno mercado. Sí se trata de transmitir una dirección clara. La llegada de Monchi fue una declaración de intenciones, pero ahora necesita ir acompañada de recursos y decisiones.
Pace ya demostró con la contratación de Monchi, realizada cuando el Espanyol atravesaba un momento deportivo muy delicado, que es capaz de sorprender con movimientos de enorme impacto. Fue un golpe de efecto difícil de imaginar unas semanas antes y confirmó que la nueva propiedad puede tomar decisiones ambiciosas. El presidente explicó hace unos meses que prefería demostrar las cosas con hechos y no con palabras. Ahora el espanyolismo espera que vuelva a hacerlo y que estos días aparezca alguna noticia importante, ya sea en forma de un nuevo patrocinador o de fichajes capaces de elevar realmente el nivel de la plantilla. Sería un primer paso para avanzar hacia ese objetivo de colocar al Espanyol entre los seis primeros de LaLiga, una meta que hoy todavía parece muy lejana.
La temporada comienza ante el Levante y, justo después, el Real Madrid visitará el RCDE Stadium. El calendario no concede demasiado tiempo para esperar. Manolo necesita respuestas, Monchi necesita margen y la afición necesita comprobar que el cambio de propiedad supone algo más que un relevo de nombres en el palco.
Todavía queda mercado y hay tiempo para completar varias operaciones. Sería precipitado dictar sentencia ahora. Pero el primer examen serio de Alan Pace ya está en marcha. No se medirá únicamente por cuánto dinero gaste, sino por si consigue que el Espanyol empiece la temporada con una plantilla mejor, equilibrada y preparada para crecer. Ahí se verá la ambición real del nuevo proyecto y si el club puede comenzar, de verdad, a recorrer el largo camino que pretende devolverlo a la zona alta de LaLiga.













