
Resumen: Alberto Capilla firma un duro artículo tras la eliminación del Espanyol ante el Sestao River y la destitución de Manolo González. Bajo el título “Esta camiseta no la merecéis”, nuestro colaborador carga contra la actitud de los jugadores, a los que acusa de haber manchado la camiseta blanquiazul con el barro de la humillación. También critica la gestión del cese del entrenador, especialmente su comparecencia pública poco antes de conocer su destitución. Capilla considera que la etapa de Manolo debía terminar, pero nunca de una manera tan cruel. Todo ello en una fecha especialmente dolorosa: el 126 aniversario del Espanyol.
Cinco claves
-
- Una humillación inadmisible: Capilla denuncia el 4-3 ante el Sestao y la imagen de un Espanyol irreconocible.
- Los jugadores, en el punto de mira: les acusa de traicionar la camiseta y abandonar a su entrenador.
- Manolo merecía otro final: acepta la necesidad del relevo, pero censura las formas de su destitución.
- Una despedida cruel: considera innecesaria la rueda de prensa previa al anuncio del cese.
- 126 años de historia manchados: exige recuperar la dignidad y el respeto por la camiseta del Espanyol.
Esta camiseta no la merecéis
Si hace años Tintín Márquez fue cesado tras su famoso “olemos a muerto”, ayer el entrenador y los jugadores que en teoría son un equipo, y por tanto un club, eran lo más parecido a un cadáver en descomposición si no fuera porque ya se descompuso mortalmente el sábado.
Ilusos de nosotros, pensamos que no habría ridículo mayor que caer contra el colista con remontada incluido pero en este Espanyol siempre hay espacio y tiempo y oportunidad para una indignidad más.
Un equipo de cuarta nos endosó cuatro goles en un lodazal y nos sume en una ciénaga de proporciones mayúsculas. Suponemos que Manolo no fue cesado el domingo por falta de tiempo, los tempos que dicen aquellos que no toman decisiones porque creen que los problemas se disuelven cuando en realidad se resuelven. Pues bien, el martes, con una puntualidad exquisita para la vergüenza y el deshonor, no tardaron los jugadores en consumar la peor de las traiciones que se le puede hacer a nuestra camiseta: mancharla con el barro de la humillación. Y no lo digo por el Sestao, con todo, justo vencedor y merecedor del pase a la siguiente ronda, sino por la vileza execrada ayer por parte de un puñado de supuestos jugadores de una supuesta mejor calidad e integrantes de una supuesta primera división, alineados por un supuesto entrenador para supuestamente pasar de ronda.
Solo hay una cosa no supuesta: la infamia vista ayer y sufrida por todos nosotros y cuya digestión auguro complicada. Un suplicio tan real como el despido de Manolo, comunicado con nocturnidad tras una noche pertrechada por sus ya exjugadores, ahora cómplices de su cese. Un sufrimiento innecesario para él y un martirio para nosotros y para el club.
Es cierto que Manolo se merecía un final pero no es menos cierto que no este final.
Manolo ya es historia pero la ignominia de ayer, no. Deambular por el campo durante 90 minutos sin chutar a portería ante un segunda RFEF y solo empatar de penalti hace innecesaria la lectura de cualquier crónica e inútil el análisis del partido.
En un ejercicio de crueldad sin precedentes, compareció anoche Manolo en rueda de prensa en una minúscula sala, metáfora perfecta de su soledad y de su arrinconamiento. Aquellos jugadores a los que tanto defendió le abandonaron a su suerte y, ya sin fuerzas, Manolo González acabó por consumirse frente a todos. Era innecesario ver su sufrimiento como también lo es el nuestro. Un martirio inútil. La primera señal de respeto en una despedida hubiese sido no mostrarlo en el cadalso minutos antes del despido.
Ahora toca limpiar esta camiseta de barro y sobre todo de vergüenza, aunque muchos no merezcan llevarla y menos hoy, cumpleaños de nuestro club. Por mi parte, de corazón, gracias Manolo, supongo.
Alberto Capilla







