
Resumen: El Espanyol regresó del parón con seis cambios en el once, algunas caras nuevas en puestos importantes y la intención de empezar de cero. Pero el 1-1 ante el Málaga dejó una sensación bastante conocida: el equipo mejoró en algunas cosas, aunque volvió a quedarse sin premio por no saber cerrar el partido. Bryan Zaragoza y Ángel Fortuño fueron las notas más positivas de una noche que acabó torcida con el empate de Adrián Niño en el minuto 93. Manolo González ha empezado a tomar decisiones. Ahora necesita que esas decisiones se traduzcan en resultados.
Los 5 puntos clave
-
- Manolo mueve el árbol: seis cambios en el once para buscar una reacción después de tres semanas de parón.
- Bryan Zaragoza pide paso: marcó el gol del Espanyol y empezó a enseñar el futbolista desequilibrante que necesita el equipo.
- Fortuño abre el debate: el canterano respondió con seguridad y pone sobre la mesa la discusión sobre quién debe ocupar la portería.
- El problema de siempre: el Espanyol volvió a perder el control del partido y encajó el empate en el minuto 93.
- El Atlético, siguiente examen: el equipo necesita demostrar que los cambios no han sido un simple retoque de nombres.
El Espanyol vuelve de Málaga con un punto y demasiadas preguntas
Tres semanas esperando una reacción y, cuando parecía que el Espanyol iba a volver de Málaga con los tres puntos, llegó el gol de Adrián Niño en el minuto 93 para dejarlo todo a medias. Otra vez. Y seguramente eso fue lo que más dolió, porque el equipo de Manolo González había hecho algunas cosas distintas, había encontrado motivos para ser algo más optimista en la primera mitad y tenía una victoria al alcance de la mano. Pero acabó empatando 1-1 en La Rosaleda, ante un rival que llegaba sin conocer todavía el triunfo, y con esa sensación tan incómoda de haber dejado escapar una buena oportunidad. No fue un absoluto desastre, pero el parón debía servir para corregir problemas que siguen apareciendo. El Espanyol cambió bastante por fuera, aunque por dentro todavía se parece demasiado al equipo que se marchó al descanso de la competición lleno de dudas.
Manolo González cambia seis piezas: algo había que hacer
Lo primero que llamó la atención fue la alineación. Seis cambios de golpe, que no es precisamente poca cosa para un entrenador que suele dar mucha importancia a los automatismos y al trabajo colectivo. Manolo había tenido tiempo para pensar, para probar alternativas y para sacar conclusiones después de las últimas derrotas, y en Málaga quedó claro que no quería seguir exactamente por el mismo camino. Había futbolistas que necesitaban una oportunidad y otros que, por lo visto hasta ahora, tampoco tenían demasiados argumentos para considerarse intocables. El técnico decidió mover el árbol, algo que una parte importante del espanyolismo venía reclamando. Y no se puede decir que los cambios no sirvieran para nada, porque hubo momentos en los que el equipo transmitió mejores sensaciones.
Cambiar los nombres es una cosa; cambiar al equipo, otra
El problema llegó cuando tocó comprobar si esos retoques eran suficientes para transformar el funcionamiento colectivo. Y ahí volvieron las dudas. El Espanyol tuvo fases interesantes, se adelantó y encontró situaciones favorables, pero le volvió a costar muchísimo tener el partido donde quería. Cuando el Málaga empezó a apretar, los blanquiazules fueron perdiendo presencia, retrocediendo metros y dejando que el rival creyera cada vez más en el empate. Y estamos hablando del colista. No es que cambiar seis futbolistas sea inútil, ni mucho menos. Lo que sucede es que hay problemas que no desaparecen simplemente poniendo a otros jugadores. La falta de control, las dificultades para conservar la pelota cuando toca y esa tendencia a acabar sufriendo demasiado siguen ahí. Manolo ha empezado a buscar soluciones, pero todavía no ha encontrado todas las respuestas.
Bryan Zaragoza empieza a enseñar por qué llegó al Espanyol
Entre las buenas noticias, seguramente la más evidente fue Bryan Zaragoza. El extremo marcó el 0-1 y dejó detalles del futbolista que el Espanyol necesita tener en el campo. Un jugador capaz de encarar, de romper una defensa con una acción individual y de generar peligro sin que todo tenga que pasar por una jugada colectiva perfecta. Bryan tiene algo que no sobra precisamente en esta plantilla: desborde. Y cuando se atreve, cuando encara sin pensárselo demasiado y encuentra espacios para correr, es capaz de cambiar el ritmo de un partido. En Málaga se vio una versión más atrevida y con mayor confianza. Todavía le queda recorrido, claro, pero fue uno de esos futbolistas que permitieron marcharse de La Rosaleda pensando que, al menos en algunos aspectos, hay margen para mejorar.
Bryan puede marcar diferencias, pero necesita que el equipo le acompañe
También conviene no caer en el error de pensar que Bryan Zaragoza va a solucionar él solo todos los problemas ofensivos del Espanyol. Sería injusto pedirle tanto. El extremo puede generar ocasiones, atraer defensores y dar una salida cuando el equipo está atascado, pero necesita que el resto acompañe sus movimientos y que el Espanyol consiga jugar más tiempo cerca del área contraria. De poco sirve tener a un futbolista desequilibrante si pasa buena parte de los encuentros demasiado lejos de la portería rival, como pasó en la segunda mitad, con el equipo incomprensiblemente aculado, teniendo en cuenta que enfrente estaba un rival que sólo había sido capaz de anotar tres goles en lo que llevaba de curso. Su actuación en Málaga invita al optimismo, especialmente después de un periodo de adaptación en el que no siempre había podido mostrar sus mejores cualidades. Ahora toca darle continuidad, encontrarle un sitio donde pueda hacer daño y evitar que se convierta en una solución aislada dentro de un equipo que sigue teniendo dificultades para atacar con regularidad.
Ángel Fortuño responde y complica la decisión de Manolo en la portería
La otra gran noticia de La Rosaleda estuvo bajo palos. Ángel Fortuño tuvo su oportunidad y respondió con un partido serio, transmitiendo seguridad y sin responsabilidad directa en el gol del empate. El canterano demostró que puede competir por la titularidad, y eso ya es bastante importante teniendo en cuenta las dudas que habían acompañado a Marko Dmitrović durante las últimas jornadas. Manolo González valoró su actuación como «excelente», un calificativo que, de mantenerse esa valoración del técnico, refuerza la candidatura del joven guardameta. Fortuño no necesitó hacer una colección de paradas imposibles para dejar una buena impresión. Estuvo atento, se mostró tranquilo y no dio la sensación de que el escenario le viniera grande. En un equipo al que últimamente le cuesta transmitir seguridad, encontrar un portero que la ofrezca no es precisamente un detalle menor.
¿Fortuño o Dmitrović contra el Atlético? Una decisión con consecuencias
Y ahora viene lo interesante. ¿Qué hará Manolo González contra el Atlético? Porque después de la actuación de Fortuño, devolver directamente la titularidad a Dmitrović tendría una lectura, pero mantener al canterano también. El técnico tiene que decidir si lo de Málaga fue una oportunidad puntual o el comienzo de un cambio real en la portería. La experiencia del serbio sigue siendo un argumento a tener en cuenta, pero el fútbol también va de momentos y de aprovechar las oportunidades. Fortuño hizo lo que se le pedía y difícilmente podía ofrecer muchos más motivos para reclamar continuidad. No significa que deba convertirse automáticamente en titular indiscutible, pero sí que ha conseguido abrir un debate que hace unas semanas parecía bastante menos claro.
El minuto 93 vuelve a dejar al descubierto el gran problema del Espanyol
Todo lo positivo que dejó el encuentro acabó pasando a un segundo plano cuando Adrián Niño marcó el empate en el minuto 93. Y no solamente por el golpe que supone encajar tan tarde. Lo verdaderamente preocupante fue cómo llegó el Espanyol a ese final. El equipo había ido perdiendo el control del partido y daba la impresión de estar más pendiente de aguantar que de intentar sentenciarlo. Esa es una situación que se ha repetido demasiado y que empieza a convertirse en un problema de fondo. No basta con adelantarse en el marcador. Hay que saber qué hacer después, cuándo tener la pelota, cuándo apretar y cuándo bajar las revoluciones. En Málaga faltó todo eso durante demasiados minutos. El empate fue doloroso, pero tampoco apareció de la nada. El rival había ido creciendo mientras el Espanyol se hacía cada vez más pequeño.
El Espanyol necesita aprender a defender sus ventajas sin vivir encerrado
Hay una diferencia importante entre saber sufrir y pasarse medio partido sufriendo. El Espanyol de Manolo González ha construido buena parte de sus mejores actuaciones desde el orden defensivo, la intensidad y la capacidad para competir incluso cuando el rival tiene más calidad. Eso forma parte de su identidad y no tiene por qué desaparecer. Pero una cosa es defender bien y otra permitir que el contrario te lleve continuamente hacia tu propia portería. En La Rosaleda volvió a verse esa dificultad para gestionar una ventaja sin renunciar a atacar. Y ahí no todo depende de los defensas. Los centrocampistas deben ayudar a conservar la pelota, los delanteros tienen que ofrecer salidas y el equipo necesita mantener las distancias entre líneas. Si cada vez que se adelanta acaba defendiendo demasiado cerca de su área, será muy complicado que los resultados lleguen con la regularidad necesaria.
El Atlético llega a Cornellà para comprobar si los cambios van en serio
Y después de Málaga, el Atlético de Madrid. Casi nada. Un rival con futbolistas de mucha calidad, experiencia y capacidad para castigar errores que ante otros equipos pueden pasar desapercibidos. El partido en Cornellà-El Prat será una prueba importante para medir hasta dónde llega la reacción del Espanyol, aunque tampoco sería justo reducir todo el futuro del equipo a lo que suceda frente a un adversario de ese nivel. Manolo tendrá que decidir si mantiene su apuesta por Fortuño, cómo encaja a Bryan Zaragoza en el plan ofensivo y qué piezas de las que entraron en Málaga merecen continuidad. Pero, por encima de los nombres, deberá conseguir que el equipo sea más fiable. Porque contra el Atlético será complicado sobrevivir si vuelve a perder el control durante tantos minutos.
Hay algunos pequeños motivos para creer, pero el espanyolismo necesita algo más que promesas
Sería demasiado fácil quedarse únicamente con el gol encajado en el descuento y decir que todo sigue igual. No sería justo. Bryan Zaragoza dio un paso adelante, Fortuño respondió y Manolo González demostró que está dispuesto a cambiar cosas cuando considera que el equipo lo necesita. Son señales positivas y hay que reconocerlas. Pero tampoco se puede vender el empate de Málaga como una gran reacción, porque el Espanyol tenía una oportunidad muy buena para ganar y la dejó escapar. El equipo sigue necesitando más continuidad en su juego, más personalidad cuando tiene ventaja y una capacidad de respuesta que últimamente aparece demasiado poco. La afición puede entender que haya dificultades, especialmente en una temporada en la que se han producido tantos movimientos en la plantilla. Lo que cuesta más aceptar es ver cómo se repiten los mismos errores en cada partido.
Manolo ha movido el árbol; ahora falta que el Espanyol empiece a dar frutos
Al final, la sensación que deja Málaga es bastante sencilla: hay algunas razones para mirar hacia adelante con un pelín más de esperanza, pero todavía no las suficientes para estar tranquilos. El parón ha servido para que Manolo pruebe alternativas y para que algunos jugadores reclamen protagonismo. Eso es un primer paso. El siguiente, y el verdaderamente importante, es conseguir que todo encaje durante noventa minutos, no solamente a ratos. El Atlético será un examen complicado, quizá no el escenario más cómodo para empezar a levantar el vuelo, pero también una oportunidad para que el equipo demuestre que está aprendiendo de sus errores. Porque el espanyolismo no necesita que le expliquen una y otra vez lo que falla. Lo ve cada fin de semana. Lo que necesita es empezar a ver soluciones sobre el césped.







