Los parones como refugio de Manolo: cuando parar le ha servido para volver a empezar

4 de octubre de 2026
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Resumen: El Espanyol vuelve a encontrarse en uno de esos momentos en los que Manolo González necesita reconstruir cosas deprisa. La historia reciente dice que las pausas le han sentado bien más de una vez, sobre todo en la temporada 2025-26, cuando el equipo ganó a Mallorca, Oviedo y Sevilla en sus tres regresos de los parones internacionales de otoño. El precedente de 2024 también sirve, aunque con un matiz: aquella pausa no evitó el desastre de Girona, pero la crisis posterior llevó al técnico a simplificarlo todo y derrotar al Celta. Ahora, después del golpe ante el Elche, vuelve a buscar algo parecido: menos lío, más intensidad y recuperar aquello que convirtió al Espanyol en un equipo incómodo.

Puntos clave

    • Manolo ya ha sabido reconstruir al Espanyol cuando su continuidad empezaba a ponerse en cuestión.
    • Tras el 1-4 de Girona de noviembre de 2024, simplificó el plan y el equipo ganó 3-1 al Celta.
    • En la 2025-26, el Espanyol ganó el primer partido posterior a cada uno de los tres parones internacionales de otoño: Mallorca, Oviedo y Sevilla.
    • En aquellas reacciones aparecieron varias constantes: presión, verticalidad, dos delanteros, duelos y menos riesgos con pelota.
    • Ahora ha dispuesto de 21 días entre Elche y Málaga, con un amistoso ante el Ipswich incluido para probar cambios antes de volver a competir.

Manolo González vuelve a encontrarse ante uno de esos parones que pueden cambiarlo todo

Hay entrenadores a los que un parón les rompe el ritmo. A Manolo González, muchas veces, le ha pasado justo lo contrario. Cuando el ruido sube, los resultados empiezan a apretar y el Espanyol parece necesitar que alguien pulse el botón de reinicio, disponer de días sin partido suele darle al técnico algo que durante la competición cuesta muchísimo encontrar: tiempo. Tiempo para entrenar, pensar, corregir y, sobre todo, quitar cosas. Porque varias de las mejores reacciones del Espanyol de Manolo han llegado precisamente cuando el entrenador ha dejado de buscar demasiadas respuestas y ha vuelto a lo básico.

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Girona 2024, la noche en que todo pareció romperse

El recuerdo más bestia sigue siendo Montilivi. El 23 de noviembre de 2024, el Girona destrozó al Espanyol por 4-1 y al descanso ya ganaba 4-0. Era la séptima derrota perica en ocho jornadas de Liga y la cuarta seguida. Manolo terminó aquella noche tocadísimo y con su futuro en discusión. Hay aquí un detalle que conviene no retorcer para que encaje en la historia: el Espanyol venía precisamente de un largo periodo sin competir y aquello no había servido para mejorar al equipo. O sea, el parón por sí solo no hizo magia. Más bien al revés.

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Contra el Celta, Manolo dejó de complicarse la vida

La reacción llegó siete días después. Y lo más interesante está en cómo. El propio Espanyol explicó entonces que Manolo introdujo muchos cambios y decidió simplificar el plan de partido para encontrar un nuevo punto de partida. El equipo salió con un 4-1-4-1, Pol Lozano por delante de la defensa, Justin y Král dando piernas por dentro y Cardona arriba. No fue una exhibición de posesión ni falta que hacía. Fue un Espanyol reconocible: firme, intenso, preparado para correr cuando recuperaba y mucho más seguro en las áreas. Cardona, Cabrera y Cheddira hicieron el 3-1 y Cornellà acabó coreando el nombre del entrenador.

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La lección de 2024 fue bastante sencilla: cuando llegan los problemas, restar puede ayudar

Aquella tarde dejó una pista que ha acompañado a Manolo durante toda su etapa: cuando el Espanyol se pierde, suele encontrar la salida haciendo menos cosas, pero haciéndolas mejor. Reducir riesgos, defender juntos, ganar segundas jugadas y correr hacia delante en cuanto aparece espacio. No es una fórmula secreta ni especialmente bonita sobre el papel. Es fútbol bastante reconocible. Y para aquel Espanyol que llegaba golpeado por todas partes, fue suficiente para volver a respirar.

En 2025-26 apareció una coincidencia mucho más clara: tres parones y tres victorias

La temporada siguiente dejó un dato difícil de ignorar. En los tres parones internacionales del otoño de 2025, el Espanyol ganó su primer partido al regresar a la Liga. En septiembre tumbó al Mallorca por 3-2; en octubre ganó 0-2 al Oviedo en el Tartiere; y en noviembre derrotó 2-1 al Sevilla en Cornellà. Tres pausas, tres vueltas y nueve puntos. No significa que el calendario internacional tenga poderes curativos, claro. Pero sí habla de una capacidad del cuerpo técnico para aprovechar semanas largas de trabajo.

Mallorca: Urko, Roberto y un Espanyol que salió disparado

Después del primer parón de septiembre de 2025, Manolo tocó el once ante el Mallorca. Metió a Urko en el centro del campo y recuperó a Roberto Fernández como titular. El Espanyol arrancó con muchísima fuerza y a los 34 minutos ganaba 2-0 gracias a Pere Milla y Roberto. Luego el encuentro se volvió una auténtica locura, con la expulsión de Pere Milla y el empate del Mallorca, pero el equipo resistió con diez y acabó llevándose el partido con un penalti transformado por Kike García. Más allá del 3-2, volvió a aparecer una idea muy Manolo: intensidad desde el primer minuto y capacidad para sobrevivir cuando el partido se ensucia.

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Oviedo: dos delanteros y un equipo mucho más reconocible

Un mes después, la historia se repitió en el Tartiere. El Espanyol venía de perder ante el Betis antes del parón y Manolo apostó por un 4-4-2, con Kike García y Roberto juntos arriba. Rubén Sánchez también entró en el once. La salida fue agresiva, presionando al Oviedo desde arriba, y después el equipo supo esperar su momento. Kike hizo el 0-1 y Pere Milla cerró el partido. No fue sólo ganar: el Espanyol produjo muchísimo peligro y volvió a parecer un equipo que sabía perfectamente a qué quería jugar.

Sevilla: otra pausa, otro cambio de cara

El tercer parón llegó después de dos derrotas consecutivas, ante Alavés y Villarreal. Otra pequeña alarma. Y otra vez, victoria al volver. Manolo mantuvo el 4-4-2 frente al Sevilla, esta vez con Kike García y Pere Milla en punta, y el Espanyol salió como un tiro. Pasó después por momentos bastante peores, con Dmitrović sosteniendo al equipo, pero resistió hasta encontrar sus goles. Pere Milla hizo el primero y Roberto, entrando desde el banquillo, marcó el 2-0 antes del definitivo 2-1. El siguiente partido acabaría también en victoria, 0-1 ante el Celta, y así fue hasta enlazar la famosa recha de 5 triunfos consecutivos hasta acabar el año.

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Hay un patrón: Manolo suele volver de los parones recuperando la parte más física y directa del equipo

Los nombres cambian y tampoco todos los partidos fueron iguales, pero hay cosas que se repiten. Más presión, menos pases que no llevan a ningún sitio, más gente cerca del área, dos futbolistas capaces de atacar la profundidad y mucha atención a duelos y segundas jugadas. Cuando Manolo ha tenido tiempo para preparar un regreso, el Espanyol ha tendido a parecerse bastante más al equipo que él quiere que al que se pierde intentando controlar los encuentros desde una posesión lenta.

El problema actual se parece bastante a otros, pero tiene una dificultad nueva

Ahí entra el Espanyol de 2026-27. Las derrotas ante Rayo Vallecano y Elche han dejado al equipo con siete puntos después de siete jornadas y, sobre todo, con una sensación bastante peor que la clasificación. Contra el Elche llegó el punto más bajo: derrota por 1-3 en Cornellà pese a jugar casi todo el partido con superioridad numérica. Manolo no maquilló nada después. “Hemos hecho un partido horrible. Se había puesto de cara por la expulsión y no hemos hecho nada bien. Pedimos disculpas a la afición”, reconoció.

El propio Manolo ha señalado exactamente qué quiere recuperar

Su diagnóstico después del Elche sonó mucho a aquel Espanyol que encontró la salida ante el Celta dos años atrás. “Tenemos que recuperar la esencia competitiva. Tenemos que volver a ser un equipo que corra y que apriete”, afirmó. Y fue todavía más concreto al hablar de transiciones, duelos y segundas jugadas. No habló de inventar nada nuevo. Habló de recuperar cosas que el equipo ya hacía. Ahí está seguramente la pista principal de lo que prepara para Málaga.

Esta vez la ventana es enorme. Entre el partido contra el Elche y la visita a La Rosaleda pasan 21 días. El propio entrenador lo dejó claro: “Tienen que ser días para que el equipo vuelva a estar al nivel que toca. Tenemos que revertir la situación, trabajar y darle la vuelta ya”.

¿Qué puede repetir Manolo de aquellas reacciones?

Probablemente, el mayor cambio no pase por una revolución. El Espanyol necesita volver a juntar líneas, proteger mejor las pérdidas, correr más hacia delante que hacia los lados y dar estabilidad al centro del campo. El doble pivote, un bloque algo más bajo o el regreso a un fútbol más vertical están encima de la mesa. También la recuperación de Puado puede cambiar muchas cosas. El objetivo final es bastante menos sofisticado: volver a ser un equipo desagradable para el rival. Ese Espanyol que aprieta, disputa cada balón y no concede una autopista cada vez que pierde la pelota.

Málaga dirá si el parón vuelve a funcionar como refugio

La historia no garantiza nada. El parón de 2024 previo a Girona ya enseñó que tener días libres en el calendario no soluciona un problema por sí mismo. Pero también hay datos para creer que Manolo sabe trabajar bien cuando dispone de tiempo: en la temporada 2025-26 ganó los tres primeros partidos posteriores a los tres parones internacionales de otoño. Ahora necesita hacerlo otra vez. La Rosaleda será la primera respuesta. Y probablemente también la más importante, porque esta vez parar no sólo debe servir para descansar. Tiene que servir para volver a empezar.