
Resumen: Monchi ha decidido no tocar el banquillo del Espanyol después del golpe contra el Elche y las dos derrotas consecutivas que han vuelto a colocar a Manolo González en el centro del debate. Mirar hacia Sevilla, Roma y Aston Villa permite entender mejor la decisión. El historial del director general deportivo no dibuja a alguien que aguante siempre ni a alguien que cambie de entrenador a la primera. Hay algo que aparece muchas veces: protege al técnico mientras cree que vestuario, entrenador y club siguen caminando juntos; cuando llega a la conclusión de que la situación ya no puede recuperarse, actúa.
Puntos clave
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- Monchi ha defendido públicamente que una de las principales tareas del director deportivo consiste en proteger al entrenador.
- Su historial demuestra que no existe un número concreto de derrotas que active automáticamente un cambio.
- Con Emery y Di Francesco soportó momentos bastante complicados porque seguía confiando en el proyecto.
- Lopetegui y Sampaoli salieron cuando el Sevilla interpretó que la situación ya no podía recuperarse con ellos.
- La continuidad actual de Manolo encaja con ese método: respaldo del vestuario, participación en la construcción de la plantilla y confianza personal de Monchi.
Para entender qué está haciendo Monchi con Manolo hay que mirar hacia atrás
La pregunta alrededor del Espanyol ha sido casi inevitable desde que terminó el partido contra el Elche. ¿Por qué continúa Manolo González? Siete puntos después de siete jornadas, dos derrotas seguidas y un 1-3 en casa jugando casi todo el encuentro en superioridad dejaron al entrenador en una posición mucho más delicada. Había incluso un parón de tres semanas que ofrecía el escenario perfecto para hacer un cambio sin tener que afrontar un partido cuatro días después. Monchi ha elegido otra cosa: mantenerlo, darle tiempo y esperar una reacción. En la decisión pesan el respaldo del vestuario y el hecho de que Manolo haya participado directamente en la construcción de la plantilla del nuevo proyecto.
No existe un ‘manual Monchi’ de cinco derrotas y entrenador fuera
Una mirada a sus más de dos décadas en despachos permite desmontar una idea bastante extendida. Monchi no parece trabajar con un contador automático de derrotas. Ha despedido entrenadores después de siete partidos sin ganar y ha sostenido a otros durante crisis mucho más largas. Tampoco todas las decisiones tomadas en Sevilla o Roma dependieron exclusivamente de él: había presidentes y consejos de administración por encima. Lo interesante no es atribuirle personalmente cada destitución, sino comprobar qué argumentos ha defendido cuando tocaba decidir si seguir o cambiar.
Monchi dejó por escrito cuál es su idea: proteger al entrenador
Hay una declaración que sirve como punto de partida. En octubre de 2024, cuando trabajaba en el Aston Villa, Monchi explicó ante alumnos de la RFEF que el director deportivo debe “proteger al entrenador” y actuar como soporte para permitirle concentrarse en el trabajo diario. También habló de la necesidad de conocer lo que ocurre dentro del grupo, detectar problemas y conseguir que todo el club avance en una misma dirección. Su frase para explicarlo era muy suya: “El enemigo lleva la camiseta de otro color”.
La presión exterior es precisamente algo de lo que intenta escapar
Hay otra reflexión todavía más útil para interpretar la situación actual del Espanyol. En febrero de 2026, pocos meses antes de aterrizar en Cornellà, Monchi explicó en Coaches’ Voice uno de los errores que reconoce en su propia carrera: “En mi carrera siempre me he equivocado cuando he intentado tomar decisiones en base a la presión, porque eso te lleva a trabajar sin coherencia.” Su idea es tener una hoja de ruta, corregirla cuando haga falta y evitar que el ruido exterior sea quien tome las decisiones.
Manolo Jiménez: una destitución que muchos años después Monchi considera injusta
Aquí aparece un precedente especialmente interesante. Manolo Jiménez fue destituido por el Sevilla en marzo de 2010 después de encadenar siete encuentros sin ganar. El equipo era quinto, estaba a dos puntos de la Champions, había caído contra el CSKA de Moscú en Europa y tenía pendiente una final de Copa del Rey. En aquel momento se decidió que la caída de resultados justificaba el cambio.
El propio Monchi revisó años después aquella decisión
Con el paso del tiempo su lectura cambió. En diciembre de 2025, recordando su trayectoria en Canal Sur Radio, Monchi admitió: “Fuimos injustos. Terminamos quintos y lo cesamos, pero es que el Sevilla que hereda se ha acostumbrado a ganar y todo parece poco”. Es una frase que dice bastante del Monchi actual. La experiencia también sirve para aprender cuándo una destitución quizá llega empujada más por la temperatura del entorno que por la realidad deportiva.
Marcelino: siete jornadas sin ganar y una caída hasta la undécima plaza
Dos años después llegó otro caso. Marcelino García Toral había empezado bien el curso 2011-12, con nueve jornadas ligueras sin perder, pero el equipo fue deshaciéndose hasta encadenar siete partidos sin victoria, cinco de ellos terminados en derrota. El 1-2 ante el Villarreal acabó provocando su salida con el Sevilla en la undécima posición. El propio comunicado del club justificó aquella decisión por los últimos resultados.
Míchel recibió tiempo, pero dos victorias en once partidos acabaron con su etapa
Míchel sustituyó a Marcelino y consiguió terminar aquella temporada. Continuó al curso siguiente pese a no haber alcanzado Europa, señal de que hubo voluntad de darle recorrido. Su segunda temporada terminó en enero. El Sevilla había ganado solamente dos de sus últimos once encuentros de Liga, estaba duodécimo y se encontraba más cerca del descenso que de las posiciones europeas. Ahí llegó Unai Emery.
Emery demuestra justo lo contrario: estar abajo no obliga a cambiar
Y entonces aparece uno de los ejemplos que mejor ayudan a entender a Monchi. El Sevilla de Emery comenzó la Liga 2015-16 con dos puntos de doce y llegó a ser colista después de cuatro jornadas. Venía de ganar dos Europa League consecutivas, sí, pero el arranque generó dudas fuertes alrededor de un equipo construido para competir arriba. El entrenador siguió.
La confianza en un proyecto puede pesar más que cuatro semanas malas
Aquel Sevilla terminó levantando otra Europa League y jugando la final de la Copa del Rey. Mirado ahora resulta fácil decir que esperar fue lo correcto, pero ese no es realmente el aprendizaje. Lo interesante es que Monchi no confundió una clasificación horrible en septiembre con la ruptura de un proyecto. Había un entrenador que conocía la plantilla, crédito construido durante temporadas anteriores y una dirección deportiva que seguía creyendo en el trabajo. Esa mezcla tuvo más peso que estar momentáneamente en el último puesto.
Lopetegui es quizá el precedente que mejor explica la mentalidad de Monchi
El caso de Julen Lopetegui tiene bastante más parecido con situaciones como la que atraviesa ahora el Espanyol. El técnico había ganado una Europa League y había metido al Sevilla tres años seguidos en Champions. Su segunda vuelta del curso 2021-22 ya había dejado desgaste y durante el verano existieron dudas sobre su continuidad. Monchi terminó apostando porque siguiera.
El Sevilla aguantó hasta que Monchi dejó de creer en la remontada
El inicio siguiente fue muy malo y terminó provocando la salida de Lopetegui en octubre de 2022. Lo revelador llegó cuando Monchi explicó qué había hecho cambiar la decisión. “Cuando vimos que la situación era difícil de revertir con Julen, comenzamos a pensar en el cambio de entrenador y decidimos que Sampaoli era la persona.” No habló de una derrota concreta como frontera. Habló de algo bastante menos matemático: dejar de creer que el entrenador podía darle la vuelta.
Monchi asumió también su propia responsabilidad en la caída de Lopetegui
Y aquella comparecencia dejó otra frase imprescindible para entender por qué una destitución nunca es una decisión menor para él. “Cuando un club cesa a un entrenador, es un fracaso del director general deportivo, por no conseguir que ese entrenador no tuviera las herramientas para conseguir los objetivos, sobre todo en un entrenador exitoso.” Monchi reconoció entonces que la planificación del Sevilla no estaba funcionando.
Ahí aparece una conexión directa con el Espanyol actual
Porque despedir a Manolo ahora tampoco sería simplemente cambiar una persona por otra. Monchi ratificó al entrenador, planificó el verano junto a él y confeccionó una plantilla pensando también en aquello que Manolo necesitaba. Si cuatro meses después concluyera que ese proyecto ya no sirve, una parte de la revisión también tendría que pasar inevitablemente por su despacho. Y esa es exactamente la responsabilidad que Monchi ha asumido históricamente cuando ha tenido que despedir a un entrenador.
Sampaoli enseña cuál puede ser una señal todavía más peligrosa que perder
Jorge Sampaoli sustituyó a Lopetegui en octubre de 2022 y fue despedido en marzo de 2023 con el Sevilla metido en la pelea por no bajar. Los resultados pesaban muchísimo, pero alrededor de su salida apareció algo todavía más delicado: la pérdida de conexión entre el entrenador y el vestuario.
Cuando el mensaje deja de llegar, el problema cambia de dimensión
La reconstrucción de El País explicaba que había futbolistas que reconocían públicamente no entender qué les estaba pidiendo Sampaoli. El nerviosismo del técnico se transmitía al equipo y determinadas ideas futbolísticas no terminaban de ser asumidas por los jugadores. Ahí ya no hablamos únicamente de una mala tarde o de cinco partidos malos: hablamos de un vestuario que deja de entender al entrenador. El Sevilla decidió cambiar y entregó el equipo a Mendilibar.
Roma demuestra hasta dónde puede llegar Monchi defendiendo a un entrenador
Con Eusebio Di Francesco sucedió casi lo contrario. La Roma venía de alcanzar las semifinales de la Champions, pero la temporada 2018-19 comenzó mal. En diciembre era séptima y acumulaba cuatro partidos sin victoria entre Serie A y Europa. Monchi mantuvo públicamente su confianza en el entrenador.
Monchi llegó incluso a frenar una destitución de Di Francesco
Y aquí la historia tiene bastante sustancia. Según publicó Sky Italia cuando se produjo finalmente el despido, el propietario James Pallotta quería destituir a Di Francesco después del doloroso 7-1 frente a la Fiorentina en Copa. Monchi intervino para convencer al presidente de que le concediera otra oportunidad. El técnico continuó, aunque unas semanas más tarde la derrota en el derbi contra la Lazio y la eliminación europea ante el Porto acabaron agotando el recorrido. La decisión final fue de Pallotta, y Monchi dejó también la Roma inmediatamente después.
Roma deja otra enseñanza: el crédito previo importa
Aquello enseña otra parte de su manera de pensar. Di Francesco no era simplemente el entrenador de un equipo que estaba jugando mal. Era el técnico que pocos meses antes había llevado a la Roma a unas semifinales de Champions. Monchi tuvo en cuenta lo construido antes de la crisis para decidir cuánto tiempo merecía el entrenador para intentar salir de ella.
Aston Villa fue el modelo llevado al extremo con Unai Emery
En Birmingham todo estuvo diseñado alrededor del entrenador. Monchi llegó en 2023 para reencontrarse con Unai Emery y la estructura del Aston Villa situó al técnico como eje deportivo. Él mismo explicó que la planificación debía empezar entendiendo exactamente qué necesitaba Emery y que el resto del departamento tenía que trabajar para darle soporte.
Ni un arranque horrible puso internamente en duda a Emery
El inicio de la 2025-26 fue durísimo: Villa arrancó la Premier con cuatro partidos sin ganar y sin marcar y cayó también en la Copa de la Liga. The Guardian explicaba entonces que Emery no sufría presión interna, pese a unas expectativas altísimas después del crecimiento de los años anteriores. Monchi acabaría dejando Birmingham pocos días más tarde buscando regresar a España, no por una ruptura con el entrenador con el que había construido el proyecto.
Y llegamos a Manolo González
Cuando Monchi aterrizó en el Espanyol, en mayo pasado, Manolo acababa de atravesar una situación bastante más grave que la actual. El equipo había llegado a acumular 18 jornadas sin ganar antes de reaccionar y asegurar la permanencia. El nuevo director general deportivo tuvo entonces la posibilidad perfecta para empezar su proyecto con un entrenador elegido por él. Hizo justo lo contrario.
La confianza de mayo fue mucho más que una ratificación rutinaria
El Espanyol anunció la continuidad de Manolo hasta 2027 y Monchi fue contundente: “Es la persona en la que vamos a depositar toda la confianza. Desde la primera vez que hablé con él, él sabe que la confianza era absoluta. Es verdad, y tengo que ser sincero, que esa confianza ha ido creciendo a medida que he ido conociéndolo. Es la persona idónea para seguir construyendo ese Espanyol que creo que todos deseamos”.
Cuatro meses después, Monchi no quiere desandar todo el camino a la primera crisis
Eso ayuda bastante a entender por qué el 1-3 contra el Elche no ha provocado automáticamente una destitución. Monchi no heredó simplemente a Manolo: decidió hacerlo suyo. Le ratificó, trabajó con él durante todo el mercado y ha construido una plantilla con perfiles consensuados con el entrenador. Y el respaldo que mantiene el técnico dentro del vestuario también ha pesado en la decisión de darle continuidad.
Los precedentes enseñan que el vestuario es uno de los termómetros que Monchi más vigila
Aquí probablemente está una de las claves más interesantes para las próximas semanas, sin necesidad de jugar a adivinar qué ocurrirá. Emery sobrevivió a malos resultados porque el proyecto seguía unido. Di Francesco recibió más margen del que quería darle su presidente porque Monchi todavía creía en él. Lopetegui fue sostenido hasta que el Sevilla entendió que la situación ya no podía recuperarse. Sampaoli cayó cuando también empezó a romperse la comunicación con sus futbolistas. Son contextos distintos, pero la cohesión interna aparece una y otra vez.
No son solo los puntos: Monchi intenta saber si queda algo por recuperar
Esa parece ser la pregunta que atraviesa casi todos estos precedentes. No tanto cuánto ha perdido el equipo como si entrenador y jugadores continúan creyendo en la misma idea. Cuando Monchi detecta que el técnico conserva autoridad, que el grupo está detrás y que el fútbol ofrece elementos sobre los que reconstruir, suele dar margen. Cuando llega a la conclusión de que aquello se ha roto, el cambio aparece.
Mantener a Manolo también es una decisión, y el riesgo ahora pertenece a Monchi
Por eso lo sucedido esta semana no puede interpretarse como no hacer nada. Monchi ha tomado una decisión al decidir no cambiar. El parón entrega a Manolo tres semanas para recuperar identidad, ajustar una plantilla con muchas caras nuevas y demostrar que el mensaje continúa llegando. Al mismo tiempo, coloca al director general deportivo dentro de la fotografía si la respuesta no aparece.
La historia de Monchi tampoco convierte la confianza en infinita
Lopetegui había ganado una Europa League y acabó fuera. Di Francesco había alcanzado unas semifinales de Champions y terminó despedido. Marcelino era una apuesta importante y duró ocho meses. El crédito cuenta, pero nunca ha sido eterno. El punto que parece cambiarlo todo es ese instante en el que Monchi deja de ver una salida deportiva con el mismo entrenador.
El precedente más interesante quizá sea precisamente el error que reconoce
Vuelve entonces aquella reflexión sobre Manolo Jiménez. Monchi cree hoy que el Sevilla se precipitó despidiendo a un entrenador que era quinto porque el nivel de exigencia había convertido cualquier tropiezo en algo enorme. Y tampoco es difícil encontrar cierto paralelismo emocional con el Espanyol actual: una entidad que ha elevado expectativas, una grada mucho más exigente y dos derrotas capaces de transformar el ambiente en menos de una semana.
Manolo tiene ahora que demostrar que la crisis es una mala racha y no una ruptura
El historial no permite saber qué hará Monchi dentro de dos, tres o cinco partidos. Tampoco sería serio intentar convertir Sevilla, Roma o Birmingham en una bola de cristal. Sí permite entender por qué no ha aprovechado el parón para ejecutar un cambio inmediato. Mientras siga viendo un vestuario alineado con Manolo, una plantilla capaz de responder y un entrenador que todavía puede recuperar aquello que hizo competitivo al Espanyol, la continuidad tiene lógica dentro de su propia manera de trabajar.
Y ahí está la verdadera frontera de Monchi
Los puntos importan. Las derrotas también. El ruido del estadio llega inevitablemente al despacho. Pero después de revisar veinte años de decisiones queda una idea bastante clara: Monchi no parece preguntarse únicamente cuánto está perdiendo un entrenador; se pregunta si todavía puede recuperar al equipo. Cuando piensa que sí, protege. Cuando concluye que no, cambia.
Y, a día de hoy, con Manolo González todavía sentado en el banquillo, la respuesta de Monchi a esa pregunta sigue siendo que sí.














