Monchi se moja con Manolo González: mantener al técnico también es decidir y ahora el riesgo es compartido

22 de septiembre de 2026
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Resumen: Monchi ha decidido mantener a Manolo González después de analizar la situación abierta por las derrotas ante Rayo y Elche. La continuidad del técnico no significa que en el Espanyol no haya pasado nada: supone una apuesta consciente del director deportivo, que ahora queda más vinculado que nunca al entrenador que decidió ratificar cuando llegó al club. El parón ofrece tiempo para reaccionar, pero también aumenta la exigencia cuando vuelva la competición.

Puntos clave:

    • Monchi ha decidido mantener a Manolo pese al preocupante cierre antes del parón.
    • El director deportivo ya había ratificado personalmente al entrenador en mayo y volvió a respaldarlo en septiembre.
    • La decisión convierte la continuidad de Manolo en una apuesta directa de Monchi.
    • El entorno perico está cada vez más dividido alrededor de la figura del entrenador.
    • Las próximas semanas deben servir para introducir cambios y recuperar un Espanyol reconocible.

No cambiar también es decidir

Hay decisiones que se explican con un comunicado y otras que se explican precisamente porque el comunicado no llega. Monchi ha decidido que Manolo González continúe al frente del Espanyol después de un fin de semana en el que la situación del entrenador estuvo realmente encima de la mesa. La derrota ante el Elche, además de la forma en que se produjo, obligó al club a analizar qué hacer con un equipo que se marcha al parón con siete puntos de 21 y dejando dos actuaciones consecutivas muy preocupantes ante Rayo Vallecano y Elche. Finalmente, la dirección deportiva ha optado por seguir.

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Y esto conviene explicarlo bien porque puede existir la tentación de interpretar la continuidad como un simple aplazamiento del problema. No tiene por qué ser así. Mantener a un entrenador cuando tienes argumentos, tiempo y calendario para cambiarlo es también tomar una decisión. Probablemente una bastante más comprometida que destituirlo después de un 1-3 contra el colista, jugando prácticamente todo el encuentro contra diez y llegando además de perder en Butarque.

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Monchi podía haber utilizado el parón para empezar de cero con otro técnico. Tres semanas por delante, tiempo para trabajar y un resultado suficientemente duro como para que casi nadie hubiese considerado sorprendente el relevo. Ha preferido hacer lo contrario. Manolo continúa y dispondrá de ese tiempo para intentar arreglar lo que ahora mismo no funciona.

Manolo ya es también el entrenador de Monchi

Este detalle cambia bastante el escenario. Cuando Monchi aterrizó en el Espanyol podía haberse encontrado cómodo en una posición intermedia: Manolo González era un entrenador que venía de la etapa anterior. Pero el director general deportivo se encargó rápidamente de desmontar ese argumento.

El 26 de mayo lo ratificó públicamente y fue contundente: “Es la persona en la que vamos a depositar toda la confianza. Desde la primera vez que hablé con él, él sabe que la confianza era absoluta”. Incluso explicó que esa confianza había aumentado conforme lo conocía y lo definió como “la persona idónea para seguir construyendo ese Espanyol que creo que todos deseamos”.

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No quedó ahí. Después de construir la plantilla durante el verano, Monchi volvió a defender al entrenador a comienzos de septiembre y aseguró que existía una confianza completa en él. Es decir, Manolo hace tiempo que dejó de ser simplemente el entrenador que Monchi se encontró cuando llegó. Pero lo sucedido ahora va todavía un poco más allá.

Porque una cosa es ratificar a un entrenador en mayo, después de una temporada terminada en undécima posición, y otra mantenerlo cuando aparece la primera crisis seria. Monchi ha tenido ahora una puerta abierta para cambiar de técnico y ha decidido cerrarla. Desde ese momento la continuidad de Manolo también pasa a ser una decisión suya.

Una apuesta que inevitablemente aumenta la responsabilidad de Monchi

Eso no significa que el futuro de Monchi dependa de un partido ni que ambos queden unidos para siempre. Sería exagerado plantearlo así. Pero sí existe una consecuencia evidente: si el Espanyol no reacciona, la siguiente pregunta ya no se dirigirá únicamente hacia el banquillo.

Si dentro de unas jornadas el equipo sigue mostrando los problemas vistos ante Rayo y Elche, el debate será doble. Se preguntará qué ocurre con Manolo, pero también por qué Monchi decidió mantenerlo cuando disponía de un parón de tres semanas para realizar un cambio. Es el riesgo que acompaña cualquier decisión deportiva.

Y seguramente por eso resulta interesante lo comentado este lunes por Francesc Via en La Grada Ràdio: después del partido contra el Elche, despedir al entrenador podía convertirse incluso en la salida más sencilla. El resultado, el ambiente y la imagen ofrecida proporcionaban argumentos suficientes. Aguantarlo exige creer realmente que Manolo todavía puede recuperar al equipo.

El entorno perico: entre la memoria y lo que está viendo ahora

Aquí aparece otro problema bastante más complicado de gestionar. El espanyolismo está entrando en una fase de polarización alrededor de Manolo González. Y reducirlo todo a manolistas y antimanolistas seguramente sea demasiado fácil.

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Hay aficionados que consideran que siete jornadas son muy pocas para cuestionar a un entrenador que ha cumplido cada objetivo desde que tomó el primer equipo. Manolo llegó al banquillo en marzo de 2024, consiguió el ascenso y posteriormente consolidó al Espanyol en Primera. La pasada temporada terminó undécimo. Ese historial existe y Monchi lo conoce perfectamente; de hecho, formó parte de los argumentos utilizados cuando decidió ratificarlo.

Pero también existe el presente.

Y el presente dice que lo visto ante Rayo y, especialmente, contra el Elche resulta muy difícil de defender. No fue únicamente perder. Fue cómo perdió el Espanyol. Un equipo espeso, frágil cuando recibe un golpe, con problemas después de pérdida, poca movilidad y muy poca agresividad en los metros finales. Son cuestiones que el análisis táctico realizado este lunes en La Grada puso claramente encima de la mesa.

Por eso pueden convivir perfectamente dos ideas. Se puede valorar todo lo que Manolo ha hecho por el Espanyol y estar muy preocupado por lo que está haciendo ahora el equipo. Y también se puede considerar que debería haber un cambio sin necesidad de borrar el ascenso, la permanencia o el undécimo puesto.

El problema empieza cuando cualquier crítica al entrenador se interpreta como una persecución y cualquier defensa de Manolo como conformismo. Ahí el debate deja de ser futbolístico.

Mantener a Manolo tampoco puede significar mantenerlo todo igual

Esta quizá sea la parte más importante de la decisión de Monchi. Si la dirección deportiva considera que Manolo continúa siendo el hombre adecuado, estas tres semanas deben servir para demostrar por qué. Porque continuidad no puede confundirse con inmovilismo.

El Espanyol necesita recuperar muchas cosas. Necesita volver a ser sólido, corregir los problemas defensivos, mejorar el comportamiento después de pérdida, encontrar más movilidad cuando tiene la pelota y, sobre todo, recuperar una identidad que se ha ido difuminando durante este inicio de temporada.

Antes del Elche, el propio Manolo ya advertía de la necesidad de recuperar el equilibrio y reconocía que su equipo no podía permitirse estar mal para ganar partidos. Lo ocurrido apenas un día después fue precisamente lo contrario.

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El parón, en ese sentido, llega en un momento casi perfecto para trabajar. No habrá excusa de acumulación de partidos ni necesidad de corregir sobre la marcha entre una jornada y otra. Manolo tendrá tiempo. Y precisamente porque tendrá tiempo, cuando vuelva LaLiga se esperarán cambios.

No necesariamente una revolución de nombres. Puede ser táctica, emocional, física o incluso de jerarquías dentro del once. Pero alguna cosa tendrá que percibirse.

La plantilla también se queda sin coartadas

Hay además una derivada que no debería perderse entre todo el ruido alrededor del entrenador. Monchi ha mantenido a Manolo y, al hacerlo, devuelve una parte importante de la responsabilidad a los futbolistas.

No habrá entrenador nuevo que cambie automáticamente las jerarquías. No habrá ese estímulo tan habitual del fútbol cuando llega otro técnico. No habrá borrón y cuenta nueva.

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Son los mismos jugadores, con el mismo entrenador, quienes deben cambiar la dinámica.

Y esto también importa porque Monchi ha defendido públicamente la plantilla que construyó durante el verano. A comienzos de septiembre aseguraba estar completamente satisfecho con el mercado y explicaba que se había realizado todo aquello que se había planificado.

Por tanto, el mensaje acaba llegando a todos.

Monchi confía en el entrenador y confía en la plantilla. Ahora entrenador y plantilla tienen que responder.

El primer gran examen de gestión deportiva del nuevo Espanyol

Hasta ahora, buena parte del nuevo proyecto había vivido alrededor de la ilusión. Nueva propiedad, llegada de Monchi, fichajes, crecimiento de expectativas y la sensación de que el Espanyol quería empezar a mirar hacia arriba.

Las crisis, sin embargo, son las que terminan enseñando cómo funciona realmente un proyecto.

Y ésta es probablemente la primera decisión incómoda de verdad que debe gestionar Monchi desde su llegada al club. No consiste en elegir un lateral, negociar una cesión o decidir qué futbolista sale. Consiste en determinar si el entrenador todavía tiene capacidad para conducir una plantilla que atraviesa su primer momento serio de dudas. Ha decidido que sí.

Eso no convierte a Manolo en intocable. Tampoco significa necesariamente que tenga un crédito ilimitado. Significa algo bastante más sencillo: Monchi considera que cambiar ahora sería peor solución que continuar y ha decidido darle al entrenador el parón para intentar reconstruir el equipo. Ahora empieza la segunda parte de esa decisión.

El Málaga ya no será simplemente otro partido

Cuando vuelva la competición habrá pasado bastante tiempo desde el desastre ante el Elche. El ruido habrá bajado, los futbolistas habrán trabajado y Manolo habrá tenido margen para tocar aquello que considere necesario.

Por eso el siguiente partido tendrá una lectura diferente.

No porque necesariamente exista un ultimátum de 90 minutos, algo que ahora mismo no consta, sino porque será la primera oportunidad para comprobar qué ha hecho el Espanyol con estas tres semanas. Ahí estará Manolo, evidentemente. Pero también estará Monchi.

Porque después de este fin de semana ya no estamos únicamente ante la continuidad de un entrenador. Estamos ante una apuesta deportiva consciente del hombre al que Alan Pace ha entregado las llaves del proyecto futbolístico. Monchi ha podido cambiar y ha decidido esperar.

Y desde ese momento, el siguiente paso ya no depende de explicar la confianza. Depende de que el campo empiece a justificarla.