
La imagen compartida por el seguidor perico Marc Aymerich sobre cómo quedó el escudo floral que el Espanyol había depositado ante el monumento a Rafael Casanova ha vuelto a despertar un debate que, por desgracia, no es nuevo alrededor del club. Un día antes, la entidad había acudido como cada 11 de septiembre a la tradicional ofrenda de la Diada, esta vez con Alan Pace al frente de una amplia representación institucional y deportiva. El propio Espanyol definió el acto como una muestra de arraigo, identidad y compromiso con la sociedad catalana. Horas después, el estado en el que apareció su ofrenda ha generado indignación entre muchos aficionados.
Fa molta pena i ràbia haver de veure el que pateix el meu club a la seva terra, a casa seva.
Així ha quedat l’ofrena del club en l’11S. #rcde pic.twitter.com/GuVK4ZIsLC— Mark Aymerich (@markayto2) September 11, 2026
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La reacción del espanyolismo explica que el episodio toca una fibra conocida: la sensación de que en determinados ambientes todavía existe hostilidad hacia el Espanyol cuando reivindica con normalidad su condición de club catalán.
El Espanyol lleva décadas participando en la ofrenda de Rafael Casanova
No estamos hablando de una incorporación reciente a los actos de la Diada. La presencia institucional del Espanyol ante Rafael Casanova viene de lejos y se ha mantenido durante gobiernos, presidentes y etapas deportivas muy diferentes y por desgracia los abucheos fueron una contante hasta que se decidió alejar al público de las delegaciones que hacían las ofrendas, aunque el escudo floral perico siempre acaba teniendo el mismo destino.
Los abucheos y ataques a la ofrenda del Espanyol en la Diada
Los precedentes más claros aparecen a comienzos de siglo. En 2001, la delegación blanquiazul encabezada por Daniel Sánchez Llibre fue abucheada por grupos radicales durante la ofrenda. Joan Collet respondió entonces con enorme dureza y hasta el presidente del Barça de aquella época, Joan Gaspart, salió en defensa del Espanyol frente a esos ataques.
En 2003 volvió a repetirse una escena muy parecida
Dos años después ocurrió prácticamente lo mismo. La representación del Espanyol recibió silbidos e insultos de algunos jóvenes independentistas durante su paso por el monumento a Rafael Casanova. En aquella comitiva estaban, entre otros, Sánchez Llibre, Javier Clemente, Toni Jiménez, Marc Bertrán y futbolistas de la cantera. Las crónicas de aquel día explicaban incluso la sorpresa de los jugadores más jóvenes ante los gritos que recibía su club en un acto al que acudía precisamente para participar en la Diada.
En 2007 el Espanyol estuvo entre las delegaciones más abucheadas
La escena volvió a aparecer años después. Una crónica de El País de la Diada de 2007 situaba al PP, al Espanyol y al Govern de José Montilla, por este orden, entre las delegaciones que recibieron más abucheos durante la ofrenda.
Ni siquiera llevar estelades evitó los silbidos al Espanyol en 2004
En la Diada de 2004, El País recogió que dentro de la representación del Espanyol había numerosas banderas independentistas y, aun así, fue una de las delegaciones más pitadas. Es decir, la reacción contra el club no podía explicarse simplemente por la ideología política de quienes formaban aquella comitiva, porque dentro del propio espanyolismo ya convivían sensibilidades muy distintas.
El problema aparece cuando alguien pretende repartir carnés de catalanidad
Ahí está quizá el fondo del asunto. El Espanyol nació en Barcelona, lleva más de 125 años formando parte del deporte catalán y acude institucionalmente a la Diada desde hace décadas. Puede gustar más o menos su historia, su nombre, su simbología o la manera en que parte de su afición entiende Catalunya, pero resulta difícil sostener que todo eso convierta al club en algo ajeno al país. La entidad volvió a presentarse este 2026 ante Rafael Casanova con representantes del primer equipo, femenino, cantera, RCDE Special, Fundació y peñas. No parece precisamente la fotografía de una institución que quiera vivir de espaldas a la sociedad catalana.
El espanyolismo tampoco es un bloque político
Otro error habitual es tratar a una afición entera como si pensara exactamente igual. Entre los seguidores del Espanyol hay representantes de todo el espectro parlamentario e incluso extraparlamentario y gente a la que la política le interesa bastante poco. Algo tan normal en una masa social grande debería bastar para entender que identificar a un club con una sola posición política termina siendo una caricatura.
Curiosamente, la Diada de este año reunió a instituciones y entidades muy distintas y estuvo acompañada, precisamente, por mensajes públicos en favor de la convivencia y contra los discursos de odio.
Una herida que reaparece porque existe memoria
Para muchos pericos, la imagen difundida por Marc Aymerich no se interpreta como un hecho aislado porque existe esa memoria colectiva. Los silbidos de 2001, 2003 o 2007 y el estado en que recurrentemente acaba la ofrenda floral blanquiazul siguen formando parte del recuerdo de una generación de aficionados. Cuando sucede algo alrededor de los símbolos del club, reaparece enseguida aquella pregunta incómoda: por qué el Espanyol sigue teniendo que demostrar en determinados espacios una catalanidad que a otras entidades se les presupone.
El mejor camino quizá sea seguir estando
La respuesta institucional del Espanyol durante todos estos años ha sido bastante constante: acudir. Estar presente. Depositar su escudo. Participar en los actos de la Diada aunque alguna vez haya habido silbidos o rechazo y no falte quien desde el espanyolismo reclame al club dejar de participar en estos actos. Porque precisamente renunciar a esos espacios sería aceptar que alguien puede decidir dónde pertenece o deja de pertenecer el Espanyol. Y eso, después de más de un siglo de historia en Catalunya, tendría bastante poco sentido.








