
El empate ante el Sevilla dejó al Espanyol en ese punto tan incómodo donde celebrar un gol en el minuto 98 no consigue borrar la sensación de haber desaprovechado una ocasión enorme. Con el rival jugando con diez, un gol anulado a El Hilali y otro encajado cuando menos tocaba, los de Manolo González volvieron a caminar con el freno puesto justo cuando el partido pedía arrojo. La contracrónica de Juan José Caseiro coloca al equipo frente al espejo, repasa nombres propios y se pregunta cuánto queda todavía para dejar atrás esos miedos que aparecen cuando más cerca parece estar el siguiente paso.
El Espanyol frente al espejo
La versión argentina de un refrán que me chifla es el inicio de este ojo y bien podría ser el cierre: cocodrilo que se duerme, cartera. Y es que el Espanyol jugaba ante el espejo de lo que quiere llegar a ser con Monchi, pero desde la banda se enfrentaban dos ideas tan similares que al final acabamos siendo lo mismo de siempre.
La ocasión más clara de todo el partido la salvó un impecable Dmitrovic; la llegada de competencia avivó una buena versión de Omar, al contrario que Unai, nervioso y previsible en todo lo que hacía. Injustos silbidos a Cabrera cuando nadie le ofrecía una salida de balón que él parecía decidido a realizar por dentro, e Hinojo completó una titularidad más como tercer central cuando podrían darle alas para volar.
Si el centro del campo debe ser el buque insignia, Moscardo hizo lo justo y Edu debió aparecer más de lo que lo hizo. Que el césped es una trampa propia lo vimos todos, aunque Cala y Javi quisieron que el balón les quedara de dulce para probar un disparo que tuvieron en varias ocasiones para realizarlo.
Dolan jugó los 90’ y solo le recuerdo una acción de Cirque du Soleil, mientras Roberto se pasó la noche haciendo el Sergio Dalma porque Kike Salas, sin amarilla, le obligó a bailar pegados.
A cien se puso hoy Manolo cuando la grada ya lo estaba ante la tardanza de los cambios: excelente Marcos, tipo con gol y personalidad para reivindicar un lema, llamativo Hartmann, que con fuego real pareció otro y Urko enmendó en parte el peor partido de su carrera la semana pasada. Riedel se dedicó a proveer balones desde atrás y Bryan, que también fallará, en la primera que tocó, ya enseñó de que material está hecha la pieza.
Decía arriba que el Espanyol buscaba parecerse al pasado del rival que tenía enfrente, pero seguimos teniendo miedo y pecamos de prudentes. Otra cosa es la liga Tebas, que recuperó el fuera de juego posicional para anular un gol justo y el ridículo de los árbitros en el conteo de segundos: duran más que los anuncios de Telecinco. El empate nos libra de la cara de tontos cuando se quedaron con diez. Quizá faltó arrojo para ir a muerte. Ya lo dice el refrán: el hábito no hace al monje… pero lo distingue.
Juan José Caseiro







