
Rai Amado abrió La Opinión del Día con esa mezcla rara que dejó el 1-1 ante el Sevilla. Cuando un equipo alcanza el minuto 90 perdiendo y consigue empatar, lo normal es celebrar el rescate. Otra cosa es mirar todo lo ocurrido antes. El Espanyol jugó durante más de media hora con un futbolista más, no supo aprovecharlo y acabó encajando el 0-1 en una acción aislada. Rai puso las dos sensaciones sobre la mesa: “cuando llegas al minuto 90 perdiendo y logras empatar, yo soy de la teoría de que lo tienes que valorar como un buen punto”. El problema es que, atendiendo al contexto, reconoció que un perico difícilmente podía marcharse contento del RCDE Stadium.
El Sevilla llevó el partido exactamente donde quería
La lectura más crítica de Rai apuntó al control real del encuentro. El Espanyol tuvo un inicio aceptable, con alguna arrancada de Calatrava y varias acciones de Javi Hernández, pero fue perdiendo presencia a medida que avanzaban los minutos. El Sevilla frenó el ritmo, cerró caminos y consiguió que el juego se desarrollara siempre dentro de un escenario cómodo para sus intereses. “En el partido siempre se ha jugado a lo que ha querido el Sevilla, con 11 contra 11 y con 11 contra 10”, afirmó. Ni siquiera la expulsión de Sanganté cambió esa sensación. Los andaluces defendieron abajo, administraron cada interrupción y encontraron la forma de pasar el tiempo sin que el Espanyol los metiera contra su portería.
Al Espanyol le faltó velocidad para desmontar el bloque bajo
Para Rai, el gran problema estuvo en la circulación. “Nos ha faltado ritmo de pElota, mucho ritmo de PElota”, señaló al explicar por qué el Espanyol fue tan previsible. Los centrales y los centrocampistas acumulaban pases durante la iniciación, pero la pelota tardaba demasiado en llegar a las bandas. Ese ritmo daba tiempo al Sevilla para replegar, juntar jugadores dentro del área y cerrar cualquier espacio. Cuando Dolan, Bryan Zaragoza o los laterales recibían, casi siempre encontraban a la defensa bien colocada. Faltaron cambios de orientación más rápidos, situaciones de dos contra uno y decisión para atacar antes de que el rival montara la muralla.
La superioridad numérica nunca pareció una ventaja real
El Sevilla se quedó con diez en el minuto 56, pero el Espanyol no consiguió transmitir una sensación continuada de peligro. Tuvo la pelota, acumuló atacantes y acabó jugando con varios delanteros, aunque casi todo ocurrió lejos de la zona donde podía hacer daño. La posesión fue más aparente que profunda y el equipo no encontró la manera de mover al bloque sevillista. Rai lamentó que durante más de media hora no se viera a un Espanyol capaz de acorralar al rival: llegaban centros, segundas jugadas y algún balón suelto, pero muy pocas ocasiones realmente claras.
El gol anulado a Omar pudo cambiarlo todo
Hay una acción que rompe cualquier análisis lineal del partido: el gol anulado a Omar El Hilali. El lateral cazó un rechace y marcó con un disparo potente, pero el VAR llamó al colegiado para señalar fuera de juego posicional de Marcos Fernández. Rai admitió su desconcierto: “yo con el tema arbitral ya no sé muy bien qué decir”. La revisión se alargó durante varios minutos y terminó anulando un tanto que habría cambiado por completo el escenario. Con el 1-0, el Sevilla habría tenido que abandonar su refugio, adelantar metros y conceder espacios. El Espanyol no jugó bien esa superioridad, pero tampoco se puede borrar que le quitaron un gol que podía abrir el partido.
Manolo movió piezas, aunque las soluciones llegaron tarde
Rai valoró que el entrenador buscara caminos distintos: “Manolo hoy ha probado cosas”. Marcos Fernández acompañó a Roberto, Cabrera acabó ejerciendo casi como un tercer delantero y el equipo trató de abrir el campo con Bryan y Dolan. Hartman dejó buenos centros, mientras Riedel aportó algo más de velocidad y precisión desde atrás. La duda está en si algunas de esas piezas debían haber aparecido antes. Cuando Bryan, Marcos, Hartman y Riedel entraron, el Espanyol ganó calidad, profundidad y energía, justo lo que había faltado durante demasiados minutos.
Moscardo no terminó de aprovechar su primera titularidad
Gabriel Moscardo fue una de las novedades del once tras su buena segunda parte en Anoeta. Su actuación no fue mala, pero tampoco tuvo el peso que se esperaba en un partido que necesitaba personalidad en el centro del campo. Le costó participar en la construcción y fue sustituido por Urko después de la expulsión. Rai lo vio en una zona intermedia: no cometió errores graves, aunque tampoco logró acelerar al equipo. El problema afectó a todo el centro del campo, porque la pelota circuló muchas veces por detrás y muy pocas con intención hacia delante.
Javi Hernández volvió a poner la poca chispa ofensiva
Entre tanta posesión lenta, Javi Hernández fue quien dejó los detalles más diferentes. Buscó el disparo, intentó recibir fuera de la vigilancia de los centrocampistas sevillistas y generó alguna acción con calidad cerca del área. Rai lo definió como “Javi, el único que ha dejado alguna chispa”. El canterano no pudo mantener esa influencia durante todo el encuentro, pero volvió a demostrar que es uno de los pocos jugadores capaces de inventarse una acción cuando el plan colectivo se atasca.
El gol de Stassin no se puede conceder con once contra diez
La acción que más enfadó a Rai fue el 0-1. Un saque de banda, un único atacante dentro del área y una defensa incapaz de despejar una pelota que parecía controlada. Hinojo la peinó hacia atrás y Stassin aprovechó el regalo para superar a Dmitrović. “No te pueden marcar un gol con un jugador menos, como te han marcado”, insistió. No fue una combinación brillante ni una jugada imposible de defender. Fue un error de concentración que estuvo muy cerca de tirar por la borda todo el encuentro. Con superioridad y cuando el empate ya parecía un mal resultado, el Espanyol se encontró perdiendo.
Marcos Fernández evita que la noche termine torcida
El gol de Marcos en el añadido cambió al menos el estado de ánimo. El delantero remató primero al larguero y convirtió el rechace para estrenarse en Primera con la camiseta del Espanyol. Su fe evitó una derrota que habría abierto una semana muy complicada alrededor del equipo y de Manolo González. Rai valoró ese punto salvado, igual que la parada de Dmitrović con 0-0 y el regreso de Cabrera, una garantía en defensa pese a sus dificultades para sacar el balón dentro de una línea de tres.
Cuatro puntos de doce y bastante trabajo pendiente
La conclusión de La Opinión del Día fue bastante clara. El Espanyol dejó una imagen muy distinta a la ofrecida contra el Levante y el Real Madrid, dos partidos en los que parecía un equipo reconocible, valiente y en crecimiento. Ante el Sevilla hubo pruebas, cambios de sistema y voluntad, pero faltó claridad. “Salvamos un punto al final, pero el equipo necesita mejorar”, resumió Rai antes de recordar el balance: “4 puntos de 12, y a seguir, no queda otra”. El empate evita un golpe mayor, aunque no esconde que el Espanyol necesita recuperar ritmo, agresividad y una idea mucho más clara cuando le toca atacar.







