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El dato tiene peso. No es sencillo alcanzar los cien encuentros en un club que durante los últimos años ha cambiado de entrenador con demasiada frecuencia. Mucho menos hacerlo después de asumir al equipo en una situación delicada, lograr el ascenso y enlazar dos permanencias en Primera. Manolo ha tenido etapas mejores y peores, pero siempre ha terminado cumpliendo el objetivo que tenía delante.
Manolo superará los 99 partidos de Ernesto Valverde
Manolo cerró la pasada temporada con 96 partidos oficiales y ha dirigido las tres primeras jornadas del nuevo campeonato. El encuentro contra el Sevilla le permitirá llegar al centenar y superar los 99 compromisos de Ernesto Valverde. Con ello, pasará a ocupar la novena posición entre los entrenadores con más partidos oficiales en la historia del Espanyol, según el recuento publicado antes del inicio del curso.
El técnico ya había entrado en el top 10 histórico durante la pasada campaña, superando a nombres como Miguel Ángel Lotina, Ricardo Zamora o Alejandro Scopelli. Ahora deja atrás también a Valverde, entrenador de aquel Espanyol que alcanzó la final de la Copa de la UEFA en Glasgow. La comparación no pretende igualar etapas ni contextos, pero sí sirve para medir la importancia del camino recorrido. La Grada ya avanzó durante el verano que la cuarta jornada podía llevarle hasta esta nueva posición histórica.
De entrenar al filial a hacerse cargo de un Espanyol obligado a ascender
Manolo González llegó al Espanyol en el verano de 2023 para dirigir al filial. Apenas unos meses después, el 12 de marzo de 2024, el club decidió destituir a Luis Miguel Ramis y entregarle el primer equipo. No había tiempo para un periodo de adaptación. El Espanyol estaba en Segunda, el ascenso era una obligación y cualquier tropiezo podía tener consecuencias enormes para el futuro de la entidad.
Su debut llegó en La Romareda frente al Real Zaragoza y terminó con victoria por 0-1. A partir de ahí, Manolo consiguió estabilizar al equipo, recuperar cierta seguridad defensiva y llegar al playoff sin perder ningún partido de la fase regular. No fue un Espanyol espectacular, pero sí un conjunto mucho más difícil de superar.
Un ascenso conseguido desde la solidez y el sufrimiento
En aquella recta final de la temporada 2023-24, Manolo dirigió 16 encuentros entre Liga y playoff. El balance fue de seis victorias, nueve empates y una sola derrota, con 15 goles a favor y únicamente siete en contra.
El equipo eliminó al Sporting de Gijón en semifinales y tuvo que remontar ante el Real Oviedo en la final. El 2-0 del RCDE Stadium, con el doblete de Javi Puado, devolvió al Espanyol a Primera un año después del descenso. Ese ascenso siempre será el primer gran punto de la etapa de Manolo. Llegó con poco margen, asumió toda la presión y terminó resolviendo una situación que podía haberse convertido en un drama deportivo e institucional.
La primera permanencia confirmó que podía competir en Primera
El ascenso no eliminó las dudas. Durante el verano siguiente hubo quien pidió un entrenador con más experiencia en la máxima categoría. Manolo no tenía nombre de estrella ni un recorrido largo en Primera. Su carrera había transcurrido entre campos modestos, fútbol catalán y categorías alejadas de los grandes focos.
El club decidió mantenerlo y la primera temporada en la élite terminó con la permanencia. El camino fue duro. El Espanyol llegó a estar en descenso, sufrió durante muchos meses y tuvo que apoyarse en el RCDE Stadium para salir adelante. Manolo consiguió que un equipo limitado creyera, compitiera y sobreviviera, cerrando el curso 2024-25 con 11 victorias, nueve empates y 18 derrotas en Liga.
El equipo creció, aunque volvió a sufrir más de lo esperado
La temporada 2025-26 enseñó una evolución clara durante la primera vuelta. El Espanyol llegó a mirar hacia arriba, sumó 34 puntos en 19 jornadas y se convirtió en una de las sorpresas del campeonato. El equipo tenía orden, energía y una idea bastante reconocible. Durante varios meses, hablar únicamente de permanencia parecía quedarse corto.
Luego llegó el desplome. El Espanyol encadenó 18 partidos sin ganar en 2026 y pasó de mirar a Europa a sentir otra vez el miedo del descenso. Esa racha explica buena parte de las reservas que aún existen alrededor de Manolo. El equipo tardó mucho en reaccionar y algunas decisiones del técnico quedaron bajo discusión. La victoria ante el Athletic y el triunfo posterior en Pamplona evitaron el desastre y permitieron cerrar el curso en undécima posición.
Tres objetivos marcados y tres objetivos conseguidos
El balance completo presenta una realidad difícil de ignorar. Manolo recibió al Espanyol en Segunda con la obligación de subir y consiguió el ascenso. En su primer año en Primera debía mantener al equipo y alcanzó la salvación. En el segundo tenía que consolidarlo en la categoría y terminó undécimo, aunque atravesando una segunda vuelta mucho más angustiosa de lo previsto.
Tres temporadas, tres objetivos cumplidos. El fútbol no concede puntos por las intenciones ni por caer simpático. Manolo ha seguido en el cargo porque sus resultados le han dado esa continuidad. Al final del curso pasado acumulaba 31 victorias, 28 empates y 37 derrotas en 96 partidos oficiales. Tras el triunfo contra el Levante y las derrotas frente al Real Madrid y la Real Sociedad, llegará al domingo con un balance de 32 victorias, 28 empates y 39 derrotas en 99 encuentros.
Los números no han terminado con el debate sobre Manolo
Los datos están ahí, pero no han convencido a todo el mundo. Una parte de la afición y del entorno continúa dudando de Manolo González, ya sea por su propuesta con balón, por algunas decisiones durante los partidos o por aquella racha de 18 jornadas sin ganar que estuvo cerca de complicarlo todo.
Esa discusión forma parte del fútbol y no tiene por qué desaparecer porque el entrenador alcance una cifra redonda. Cumplir los objetivos tampoco concede un crédito eterno. Manolo sabe que será juzgado cada semana, como cualquier técnico. Lo curioso es que, incluso después de ascender, salvar dos veces al equipo y entrar en el top 10 histórico, todavía existe la sensación de que debe aprobar un examen nuevo en cada jornada.
Manolo nunca ha encajado en el perfil del entrenador de escaparate
Parte de ese debate puede explicarse por su recorrido. Manolo no llegó al Espanyol después de entrenar a clubes grandes ni con una carrera fabricada bajo los focos. Pasó por el fútbol modesto, trabajó lejos del ruido de Primera y tuvo que recorrer un camino mucho más largo para alcanzar la élite.
Su perfil tampoco busca agradar a todo el mundo. Habla de forma directa, defiende sus ideas y suele responder cuando considera que las críticas son injustas. Ese carácter le ha permitido soportar momentos muy complicados, pero también ha alimentado algunos enfrentamientos con una parte del entorno. Con Manolo casi nunca hay una zona gris: genera defensores muy convencidos y críticos igual de firmes.
Monchi ha cerrado filas alrededor del entrenador
La nueva dirección deportiva ha dejado clara su posición. Monchi confirmó la continuidad de Manolo hasta 2027 después de la permanencia y le ha respaldado otra vez tras el cierre del mercado. El director general deportivo considera que el técnico es la persona adecuada para dirigir la siguiente etapa del proyecto y ha rebajado algunos debates a una cuestión más propia del ruido de las redes sociales que de una preocupación real dentro del club.
El respaldo tiene una consecuencia clara: Manolo ya no dirige una plantilla creada para resistir únicamente con lo justo. El Espanyol ha doblado posiciones, ha aumentado la competencia y cuenta con más perfiles para cambiar los partidos. Eso también eleva la exigencia. A partir de ahora deberá demostrar que puede hacer crecer a un grupo con mayores recursos.
Del equipo que resistía al Espanyol que quiere dar un paso adelante
La evolución de Manolo ha ido acompañada por la del propio club. En Segunda debía recuperar seguridad y ascender. Durante su primer año en Primera tuvo que construir un equipo preparado para sobrevivir. La pasada campaña buscó crecer, firmó una gran primera vuelta y acabó pagando muy caro el bajón posterior.
El nuevo reto consiste en unir ambas versiones: mantener el espíritu competitivo del equipo que luchaba por salvarse y añadir más fútbol, regularidad y ambición. Monchi ha entregado al entrenador una plantilla más larga, con futbolistas como Bryan Zaragoza, Drkusic, Unai Núñez, Moscardo, Hartman, Calatrava y Gorosabel. Ya no será suficiente con sobrevivir. El Espanyol quiere avanzar en la clasificación.
El partido 100 llega después del mal encuentro de Anoeta
La celebración estadística aparece en un momento que obliga a reaccionar. El Espanyol viene de perder 2-1 ante la Real Sociedad y dejó en Anoeta su peor actuación de las tres primeras jornadas. El equipo salió mal, concedió muchas ocasiones y estuvo demasiado expuesto cada vez que perdió la pelota.
El Sevilla medirá la respuesta del grupo. El centenario de Manolo quedará en segundo plano en cuanto empiece el partido, porque el Espanyol necesita recuperar sensaciones y volver a hacerse fuerte en el RCDE Stadium. Ganar permitiría alcanzar los seis puntos de doce posibles y equilibrar un inicio que comenzó con la goleada al Levante y continuó con dos derrotas.
Un centenario que explica una etapa con mucho más fondo del que parecía
Cuando Manolo González subió desde el filial, pocos habrían apostado que alcanzaría los 100 partidos con el primer equipo. Parecía una solución para apagar un incendio, completar el ascenso y poco más. El fútbol fue colocando una prueba detrás de otra y el técnico las fue superando, a veces con margen y otras llegando casi sin aire.
Su etapa ya no puede explicarse como una simple interinidad que se alargó. Manolo ha ascendido al Espanyol, lo ha mantenido dos veces en Primera y entra entre los diez entrenadores con más partidos de la historia blanquiazul. Se le pueden discutir decisiones, planteamientos y momentos concretos. Lo que resulta más difícil es negar el peso de los objetivos que ha conseguido.
Este domingo llegará al centenar ante el Sevilla. Otra cifra para la historia y, como casi siempre desde que se sentó en el banquillo perico, otro partido que deberá ganar para que nadie le pida volver a empezar desde cero.













