
“Cuando acaba el fútbol, se tiene miedo”
Soldevilla no habla de su etapa como futbolista con amargura. Al revés. “Creo que fui muy feliz jugando al fútbol. Como muchos niños, quería estar ahí, en televisión, y jugando en campos de Primera. Competí al máximo nivel, gané títulos, logré un montón de cosas… El fútbol me ha ayudado mucho”, recuerda. Lo difícil llegó cuando todo aquello terminó. “Cuando acaba el fútbol, se tiene miedo. Yo también lo tuve”, admite. Hoy vive en Alicante, trabaja como entrenador personal desde 2014, está vinculado a la AFE desde 2019 y también ejerce de profesor de forma puntual en una escuela de formación de fitness.
De trabajar con su padre recogiendo basura a debutar en Primera con el Espanyol
Su historia con el fútbol profesional empezó desde muy abajo. Soldevilla explica que de joven trabajaba con su padre, que era basurero, recogiendo residuos y cartón por la zona industrial de Viladecans. Lo compaginaba con el fútbol hasta que José Manuel Casanova y Paco Flores le pidieron que se centrara en serio. “Me acuerdo de ir a entrenar lleno de mierda, porque venía de trabajar”, recuerda. A los 17 años firmó con el Espanyol, pasó al filial siendo juvenil y ese mismo curso terminó debutando en Primera. El salto fue enorme y llegó casi sin tiempo para asumirlo.
“La fama no vino rápido, llegó de golpe”
Ese cambio de vida también tuvo impacto. “No es que me viniera rápido, sino que llegó de golpe”, explica. Venía de una familia humilde y de repente empezó a vivir una realidad completamente distinta. Él mismo reconoce que ahora los jóvenes están mejor acompañados en el aspecto emocional y que en su época todo aquello apenas se trabajaba. Pasó de comprar ropa en el mercadillo a permitirse otros caprichos, aunque asegura que nunca perdió del todo el sentido de dónde venía.
Un Espanyol que recuerda como una familia
Cuando habla del vestuario perico, aparecen nombres muy reconocibles. Tamudo, De Lucas o Alfredo Argensó forman parte de esos recuerdos. “Éramos una familia”, dice Soldevilla. Su carrera tuvo muchos altibajos, pero hoy no la vive desde el reproche. “Llegué a Primera División, jugué 133 partidos con el Espanyol, estuve en el extranjero, viajé…”, enumera. Y añade una frase muy perica: “He sido un poco periquito en ese sentido, que tenemos que luchar contra muchas cosas”.
Un debut con roja directa y una semana creyendo que todo se había acabado
El estreno en Primera resume bastante bien su carácter como jugador. Debutó el 19 de febrero de 1997 ante el Athletic en Sarrià y acabó expulsado antes del descanso por una entrada a Alkiza. “Eso fue un trauma. Ya se veía que mi vida iba a ser un poco jodida”, recuerda entre risas. Durante días pensó que había tirado por la borda el sueño de su vida. “Hostia, ya no vuelvo a jugar en Primera. El sueño de mi vida se ha ido a tomar por culo…”, se decía. Cumplió sanción y al siguiente partido ya fue titular contra el Real Madrid.
Soldevilla tampoco esconde el futbolista duro que fue
El propio excentral reconoce que su fútbol tenía bastante de contacto. “Sí que era bastante durillo. Y con los años, más”, admite. Recuerda una entrada a Ronaldinho y otra a Raúl en una semifinal de Copa. Sobre aquella entrada al delantero madridista, cuenta incluso la conversación posterior: “¿Ya, Toni?”, le soltó Raúl. Y él respondió: “Sí, sí. Es lo que hay”. Era otro fútbol y, en su caso, también una manera muy marcada de competir.
A Coruña, el episodio que terminó destapándolo todo
La parte más dura de la entrevista llega cuando habla del viaje a A Coruña durante la etapa de Luis Fernández. Soldevilla estaba lesionado del menisco, pero viajó con el equipo para acompañar al grupo. Salió a cenar con Lopo y De la Peña. Ellos regresaron al hotel. Él no. “No aparecí al día siguiente en el desayuno. No aparecí en la comida. No aparecí en el campo…”, relata. Aquel episodio hizo imposible seguir escondiendo unos problemas que venían de bastante antes.
“Llegué a una situación que ya era insostenible”
Soldevilla explica que en ese momento salieron a la luz sus problemas de adicción. “Todos los problemas que yo venía teniendo desde hacía años se destaparon. Desde el club ya no había forma de taparlo. Llegué a una situación que ya era insostenible. Fui a un centro en Valencia”, cuenta. No intenta justificarse y tampoco se siente orgulloso de cómo actuó, especialmente representando al Espanyol. Pero con el tiempo entendió que aquella caída también terminó obligándole a pedir ayuda.
Pedir ayuda cuando hablar de salud mental todavía era casi un tabú
Uno de los puntos más interesantes de la entrevista está en cómo recuerda el contexto de aquellos años. “Años atrás, todo lo que tenía que ver con problemas de salud mental, con psicólogos y psiquiatras era un tabú”, explica. Soldevilla reconoce que exponerse y aceptar que necesitaba ayuda fue duro, pero también necesario. Hoy lo cuenta desde una perspectiva mucho más normalizada: ir al psicólogo o al psiquiatra forma parte del cuidado personal, aunque en aquel momento no se viviera así.
El diagnóstico de TDAH y depresión cambió la manera de entenderse
Durante su tratamiento llegó otro punto decisivo. “Me diagnosticaron un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, además de la depresión que tenía. Yo no tenía ni puta idea de qué era el TDAH”, explica. Después del centro de Valencia pasó seis meses en Vall d’Hebron con el psiquiatra Miquel Casas y empezó un tratamiento farmacológico. La diferencia fue enorme. “Hostia, yo noté un cambio en mi cabeza, a nivel emocional, a nivel de pensamientos… Parecía otra persona”, recuerda.
“Me empecé a entender. Y, sobre todo, me empecé a aceptar”
Ese diagnóstico no le solucionó la vida de un día para otro, pero sí le permitió empezar a ordenar muchas cosas. “Me empecé a entender. Y, sobre todo, me empecé a aceptar. Tenía una enfermedad. Un trastorno mental tratable”, explica. Esa aceptación aparece varias veces durante la entrevista. Ya no se pregunta tanto por qué le ocurrió todo, sino qué debe hacer para vivir bien con ello.
“Me he sentido fracasado, frustrado, culpable…”
Soldevilla admite que durante mucho tiempo cargó con mucha culpa. “Me he sentido fracasado, frustrado, culpable… Me preguntaba una y otra vez: ‘¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?’”, cuenta. La respuesta que encontró fue otra: “Estaba enfermo”. No lo explica para quitarse responsabilidad, sino para entender desde dónde tenía que empezar a cuidarse.
“Tenía un problema de adicción y lo voy a tener el resto de mi vida”
Es probablemente la frase más dura y más clara de toda la entrevista. “Tenía un problema de adicción y lo voy a tener el resto de mi vida. Y lo que tengo que hacer es responsabilizarme de eso y estar como estoy hoy”, afirma. Para Soldevilla, asumir que la adicción forma parte de su realidad no significa resignarse, sino saber qué tiene que hacer para no volver a aquel lugar.
“Uno no se puede olvidar nunca”
El exjugador insiste en que la recuperación requiere memoria y responsabilidad. “Es una enfermedad. Incurable, pero sí tratable. Con responsabilidad y con ayuda. Uno no se puede olvidar nunca”, explica. Han pasado muchos años, pero sigue pidiendo ayuda cuando la necesita. “Uno tiene que saber de dónde viene para no volver ahí. No quiero volver ahí nunca más”, remata.
Hoy vive de otra manera y mira al futuro con cosas bastante sencillas
La entrevista termina casi en el extremo contrario de todo lo anterior. Soldevilla habla de naturaleza, de montaña y de un sueño bastante sencillo: tener una casa en el campo, con un huerto, y ver crecer feliz a su hijo Marc. Después de tantos años de ruido, fútbol, problemas y reconstrucción, tampoco parece poca cosa. La historia de Soldevilla no termina con una gran frase de vestuario, sino con algo mucho más cotidiano: estar bien consigo mismo y no perder de vista de dónde viene.







