El Espanyol ha sumado tres puntos de los seis primeros. Visto así, sin contexto, el arranque entra dentro de la normalidad más absoluta: una victoria, una derrota, cuatro goles a favor y dos en contra. Nada que permita lanzar las campanas al vuelo, pero tampoco nada que justifique empezar a poner caras largas. Lo interesante está en cómo ha llegado ese balance. El equipo de Manolo González ha sido reconocible en los dos partidos y ha ofrecido más argumentos de los que quizá se esperaban al acabar la pretemporada.
Frente al Levante no solo ganó. Mandó, controló y supo rematar el encuentro. Contra el Real Madrid perdió, pero estuvo a unos minutos de sumar un punto después de superar un inicio muy complicado. Son dos rivales completamente distintos y dos pruebas que obligaron al Espanyol a enseñar registros diferentes. En ambas dejó detalles bastante esperanzadores.
El 3-0 al Levante fue algo más que aprovechar un buen día
El estreno resultó casi redondo. Roberto Fernández marcó dos goles, Tyrhys Dolan hizo el tercero y el Espanyol mantuvo su portería a cero. Además, el 3-0 fue el mejor debut liguero del club en Primera durante los últimos 40 años, desde aquel 5-0 al Cádiz de la temporada 1985-86. Es un dato bonito, aunque lo verdaderamente importante estuvo en el césped.
El equipo tuvo paciencia con la pelota, trató de atraer al Levante antes de acelerar y no renunció a atacar después del descanso. Con el 2-0 pudo meterse atrás y esperar, uno de esos comportamientos que tanto se le han criticado en otros momentos, pero hizo justo lo contrario. Buscó el tercero y lo encontró mediante una jugada rápida entre Rafa Bauza y Dolan.
También aparecieron los jóvenes. Javi Hernández jugó sin complejos, Roger Hinojo respondió en el lateral y Bauza volvió a aprovechar sus minutos. El Espanyol no ganó únicamente gracias a los futbolistas que ya estaban consolidados. La gente que llegaba desde abajo también sostuvo el nivel del equipo, y eso amplía bastante las posibilidades de Manolo.
Evidentemente, el Levante no presentó una gran oposición. Apenas incomodó a Dmitrović y se quedó fuera del partido demasiado pronto. La duda era saber si aquella imagen respondía al crecimiento del Espanyol o a la debilidad del rival. El Real Madrid ofreció una respuesta bastante más fiable.
El Madrid castigó los errores, pero no pasó por encima
Manolo repitió exactamente el once de la primera jornada. Podía reforzar el centro del campo, protegerse algo más o introducir un tercer central, pero mantuvo a Javi Hernández, Calatrava y Dolan. Fue una decisión valiente porque el mensaje era claro: si este equipo había funcionado, no había motivo para desmontarlo por mucho que enfrente estuviera el Madrid.
El comienzo fue malo. El Espanyol sufrió con la presión, perdió varias pelotas comprometidas y defendió de manera demasiado blanda la falta lateral que terminó en el 0-1 de Bellingham. Durante esos primeros minutos parecía que el partido podía hacerse muy largo.
No ocurrió. El equipo aguantó el golpe y empezó a soltarse después del minuto 21. Dolan entró más en juego, Javi encontró metros y Calatrava comenzó a aparecer entre líneas. El empate nació de una acción colectiva magnífica: Dolan inició, Javi aceleró y Cala apareció dentro del área para marcar su primer gol en Primera.
El 1-1 no llegó de casualidad. Antes del descanso, Omar El Hilali puso un gran balón para Roberto Fernández y el delantero estuvo cerca de completar la remontada. El Espanyol había conseguido cambiar un encuentro que comenzó con el Madrid jugando a otra velocidad.
Después tocó sufrir. Dmitrović evitó el segundo en varias ocasiones y el equipo fue perdiendo capacidad para salir. La entrada de Jofre por Edu Expósito no tuvo el efecto buscado. Manolo pretendía ganar piernas para correr, pero perdió presencia en el centro del campo. El Espanyol quedó partido y terminó pagando una acción confusa dentro del área en el minuto 90. Carlos Espí recogió la pelota suelta y dejó el 1-2 definitivo.
Los jóvenes están aumentando la competencia
Una de las diferencias respecto a otros momentos aparece en la cantidad de jugadores que están pidiendo sitio. Javi Hernández ha trasladado a Primera las buenas sensaciones del verano. Calatrava ya ha marcado al Real Madrid. Bauza entra y deja cosas. Hinojo ha enseñado que puede competir. Drkušić debutó con fuerza y velocidad en los duelos.
A eso hay que añadir a futbolistas como Dolan, que todavía toma algunas decisiones mejorables, pero ya ha marcado y participó en el gol contra el Madrid. El Espanyol no depende ahora mismo de una única aparición ni de un solo jugador inspirado. Hay más gente capaz de aportar y de cambiar un partido.
Eso no significa que la plantilla esté terminada. Sigue faltando desequilibrio puro en banda y también queda la duda de si el equipo necesita otro perfil para controlar los minutos en los que toca defender un resultado. Gabriel Moscardo puede ayudar en ese sentido cuando esté plenamente disponible, mientras que la llegada de Bryan Zaragoza elevaría claramente el nivel ofensivo.
Los defectos también se han visto
Las buenas sensaciones no deberían esconder los problemas. El Espanyol ha encajado dos goles a balón parado o después de acciones nacidas cerca de esa situación. Contra presiones altas todavía le cuesta salir sin asumir riesgos y, cuando el rival aprieta de verdad, el equipo puede acabar demasiado hundido.
También falta aprender a cerrar los partidos. Competir contra el Madrid durante 89 minutos tiene mérito, pero los puntos se reparten después del pitido final. El conjunto blanco encontró el gol cuando el Espanyol ya estaba pensando más en conservar el empate que en defender con claridad.
Es precisamente ahí donde debe crecer un equipo que quiera superar la décima posición de la pasada temporada. Para dar ese salto no basta con jugar bien durante muchas fases. Hay que reducir los errores, administrar mejor el cansancio y rascar puntos en encuentros que parecen destinados a escaparse.
Anoeta dirá bastante más
Las dos primeras jornadas se han disputado en el RCDE Stadium. La afición ha vuelto a empujar, el equipo se ha sentido cómodo y la puesta en escena ha sido convincente. El siguiente examen llegará el sábado 29 de agosto ante la Real Sociedad, primer desplazamiento del curso.
Anoeta servirá para medir si esta mejora también aparece lejos de Cornellà. El pasado curso, una parte importante de los problemas llegó fuera de casa. Si el Espanyol quiere dejar de mirar únicamente hacia la permanencia, necesitará competir con la misma personalidad cuando no tenga el estadio a favor.
Tres puntos de seis no dicen demasiado. La manera de conseguirlos, sí. El Espanyol ha goleado a un rival de su Liga y ha llevado al Madrid hasta el minuto 90. No es suficiente para afirmar que está preparado para pelear por Europa ni para colocarle un techo demasiado alto. Pero sí permite pensar que hay equipo, que los jóvenes están empujando y que Manolo empieza a encontrar una estructura reconocible.
La derrota duele, sobre todo por cómo llegó. Aun así, este Espanyol deja mejores sensaciones que resultados. Ahora debe hacer lo más difícil: convertirlas en puntos.











