El Real Madrid se llevó los tres puntos del RCDE Stadium con un gol de Carlos Espí en el minuto 90. Un desenlace cruel para un Espanyol que había competido bien, había logrado levantarse del 0-1 y estuvo muy cerca de conservar el empate. Para José Mourinho, el 1-2 significaba empezar su segunda etapa en el banquillo blanco con victoria. Había motivos de sobra para hablar de Bellingham, del debut goleador de Espí o de un partido que al Madrid le costó bastante más de lo previsto. Real Madrid TV prefirió colocar el foco en otro sitio: la supuesta “dureza” del conjunto blanquiazul. Sorprende porque el Madrid ganó, no hubo expulsiones y el propio Mourinho terminó satisfecho con el arbitraje.
El Espanyol hizo faltas, pero no salió a cazar a nadie
El Espanyol cometió 19 faltas y recibió cinco tarjetas amarillas. El Real Madrid terminó con siete infracciones y una sola amonestación. Vinicius fue el jugador que recibió más golpes, algo que tampoco se puede esconder. Los de Manolo González jugaron fuerte, llegaron tarde en alguna acción y recurrieron a varias faltas para cortar a futbolistas que, si arrancan, pueden destrozarte. Hasta aquí, nada demasiado raro en un partido entre dos equipos con una diferencia enorme de talento y posesión. Una cosa es decir que el Espanyol fue intenso y otra muy distinta presentar esa intensidad como un plan para hacer daño. No hubo lesionados por una entrada, ninguna jugada terminó en roja y muchos de los contactos llegaron cuando el equipo perico llevaba varios minutos defendiendo cerca de su portería.
Con cinco imágenes se puede contar casi cualquier historia
Ahí está el problema de estos montajes. Si juntas únicamente las faltas del Espanyol, repites algunas desde distintos ángulos y añades una narración indignada, al final parece que sobre el césped hubo poco menos que una persecución. Si enseñas también los agarrones del Madrid, las protestas, los choques normales y todo lo que ocurre antes y después de cada jugada, la película cambia bastante. Lo que queda es un partido físico, con tensión y varios roces, pero no una batalla fuera de control. Que un canal oficial defienda a su equipo entra dentro de lo esperado. Lo preocupante empieza cuando pasa de proteger a los suyos a decidir qué intención tenían los rivales en cada entrada.
Manolo González se quejó de otra cosa: el criterio
Manolo González no culpó al árbitro de la derrota. El técnico dejó claro que el Espanyol perdió por sus propios errores, especialmente en las acciones de los dos goles. Su enfado iba por otro lado. Entendió que cualquier contacto perico terminaba señalado, mientras que las faltas del Madrid disponían de algo más de margen. También recordó que Pol Lozano vio una amarilla por protestar, un castigo que no siempre parece aplicarse igual a todos los jugadores. Cinco tarjetas para el Espanyol y una para el Madrid tampoco dibujan precisamente a un conjunto blanco desprotegido. Los pericos aceptaron las decisiones y no las convirtieron en la gran explicación del 1-2.
Lo de club amigo queda muy bien hasta que empieza el partido
Durante años se ha repetido que el Espanyol y el Real Madrid son clubes amigos. La rivalidad compartida con el Barcelona, algunas operaciones entre ambas entidades y una relación generalmente tranquila entre sectores de sus aficiones han alimentado esa idea. Pero tampoco existe ningún pacto escrito ni una alianza que obligue al Espanyol a poner la otra mejilla. La supuesta amistad se pone a prueba cuando los intereses de los dos equipos chocan de verdad. Mientras el Espanyol no molesta, todo son gestos de simpatía. Cuando compite, protesta o consigue ganar, el tono cambia bastante rápido.
Carlos Romero ya comprobó hasta dónde puede llegar el ruido
El precedente de Carlos Romero debería estar muy presente. El 1 de febrero de 2025, el Espanyol derrotó por 1-0 al Real Madrid gracias a un gol del lateral en el minuto 85. Poco antes, Romero había hecho una entrada muy dura sobre Mbappé que el árbitro castigó con amarilla. La jugada podía ser roja. Se podía discutir y analizar desde todos los ángulos, porque formaba parte del partido y tuvo importancia. El propio jugador reconoció al terminar que no le había gustado la acción y pidió disculpas al francés. El problema no fue debatir la entrada, sino todo lo que se construyó después alrededor del futbolista.
Real Madrid TV convirtió una roja discutida en un escándalo general
El canal blanco repitió la acción una y otra vez y definió la entrada como “salvaje, brutal, terrible”. También la situó dentro de un “escándalo mundial”. Ya no se trataba únicamente de discutir si Muñiz Ruiz debía haber expulsado a Romero. Real Madrid TV acusó al colegiado de no decir la verdad en el acta y presentó la jugada como otra prueba contra todo el sistema arbitral. El vídeo señaló duramente tanto a Carlos Romero como a los responsables del arbitraje. La entrada podía merecer una roja, pero eso no convertía automáticamente a Romero en alguien que quisiera lesionar a Mbappé.
El Madrid llevó la protesta mucho más lejos
La reacción tampoco terminó en la televisión. El Real Madrid presentó una queja ante la Federación y el Consejo Superior de Deportes, reclamó los audios del VAR y aprovechó el partido de Cornellà para atacar el funcionamiento del arbitraje español. Lo que había empezado con una entrada discutida terminó formando parte de una denuncia mucho mayor contra la competición. LaLiga respondió criticando la posición del club blanco y consideró que ese discurso dañaba la credibilidad del campeonato.
Carlos Romero y su pareja tuvieron que desconectar
Mientras clubes, televisiones y organismos se cruzaban acusaciones, había una persona recibiendo el golpe de todo aquello. Carlos Romero explicó semanas después que tuvo que cerrar los comentarios de sus redes por la cantidad de mensajes que estaban llegando. Su pareja también quedó atrapada en esa corriente de insultos y ambos decidieron aislarse durante un tiempo. El futbolista lo explicó de manera muy clara: “Quité los comentarios en las redes sociales”. También lamentó que se le acusara de querer lesionar a Mbappé o acabar con la carrera de un compañero. Romero contó posteriormente cómo vivió aquellos días.
El Espanyol tuvo que proteger a su jugador
La situación llegó a tal punto que el Espanyol decidió intervenir. Mao Ye mostró públicamente su preocupación por las amenazas y explicó que el club daría apoyo a Carlos Romero desde los departamentos de seguridad y comunicación. La diferencia de fuerzas era enorme: por un lado estaban la televisión, los comunicados y el alcance mundial del Real Madrid; por el otro, un futbolista joven tratando de protegerse junto a su pareja. El entonces responsable ejecutivo del Espanyol confirmó la ayuda ofrecida al lateral.
Real Madrid TV no es una tertulia cualquiera
Real Madrid TV pertenece al club y nadie espera que analice los partidos con neutralidad. Su trabajo consiste en defender al Real Madrid, explicar su actualidad y ofrecer contenidos destinados a su afición. Pero precisamente por ser un canal oficial debería medir el alcance de determinadas acusaciones. Lo que emite no se queda en una pantalla: termina repetido en programas, radios, periódicos y cuentas con millones de seguidores. Criticar una decisión arbitral es normal. Presentar a un futbolista como alguien dispuesto a hacer daño tiene unas consecuencias bastante más delicadas.
El recuerdo de Romero obliga a tener cuidado
El vídeo publicado después del último Espanyol–Real Madrid no alcanza el tono de aquella campaña, pero el mecanismo se parece: escoger unas acciones concretas, repetirlas y convertir la intensidad del rival en el asunto principal del partido. El precedente de Carlos Romero demuestra que estas historias pueden crecer muy rápido. Un señalamiento impulsado desde una estructura mediática tan grande puede terminar convertido en insultos y amenazas contra un jugador que no tiene ninguna posibilidad de defenderse con la misma fuerza. Por eso conviene separar una falta dura de una acusación sobre la intención de quien la comete.
El Espanyol no está para acompañar al Madrid
El Espanyol no juega contra el Real Madrid para caer simpático ni para confirmar esa etiqueta de club amigo. Juega para sumar puntos, defender su camiseta y tratar de reducir una diferencia económica y deportiva gigantesca. Eso exige orden, concentración y también intensidad. Si algún futbolista supera la línea, ahí están el árbitro y el VAR para castigarlo. Disputar cada pelota no rompe ninguna amistad; simplemente recuerda que el Espanyol tiene sus propios intereses. La cordialidad puede existir antes y después del encuentro. Durante los noventa minutos, nadie debería esperar una alfombra roja.
El Madrid ganó, pero su televisión necesitó buscar otro frente
El Real Madrid salió de Cornellà con tres puntos. Mourinho elogió el trabajo del Espanyol y consideró bueno el arbitraje. Real Madrid TV podía haber dedicado su contenido a Bellingham, al estreno de Espí o a la capacidad del equipo para encontrar la victoria en el último suspiro. Eligió hablar de la dureza perica. Eso indica que estos vídeos no aparecen únicamente para explicar una derrota: forman parte de una manera de controlar el relato que rodea al Madrid. El Espanyol ya sabe lo que puede ocurrir cuando esa rueda empieza a girar. Por eso el recuerdo de Carlos Romero no es un detalle del pasado, sino una advertencia bastante seria.
Una victoria que no necesitaba construir otro conflicto
El Real Madrid ganó el partido, Mourinho alabó al rival y el arbitraje no dejó ninguna decisión decisiva contra los blancos. Real Madrid TV podía haber centrado su contenido en Bellingham, en el debut de Espí o en la capacidad del equipo para resolver el encuentro en el último minuto. Prefirió destacar la dureza del Espanyol. Esa elección confirma que no se trata únicamente de reaccionar ante una derrota, sino de una manera concreta de influir en el relato que rodea al equipo. Para el Espanyol, el recuerdo de Carlos Romero obliga a permanecer atento. La supuesta amistad con el Madrid no puede significar silencio cuando sus jugadores vuelven a quedar señalados.








