Álex Calatrava está a unas horas de vivir uno de esos momentos que explican muchos años de fútbol. Si Manolo González apuesta por él este domingo ante el Levante, el atacante catalán debutará por fin en Primera División, y lo hará con la camiseta del Espanyol y en el RCDE Stadium. En una entrevista concedida a La Vanguardia, Cala ha repasado un camino que no ha tenido nada de directo. Damm, Barça, Sant Andreu, Jabac i Terrassa, Horta, Parets, Sants, Costa Brava, Atlético Madrileño, Castellón… hasta llegar aquí. Por eso, cuando habla de su fichaje por el Espanyol, la palabra que aparece es sueño: “Que había cumplido un sueño que tenía desde pequeño. A veces dudé, pero sentí que lo había logrado. Ahora debo saber dónde estoy, pero lo primero es disfrutar porque me ha costado llegar”.
El estreno ante el Levante ya le ronda por la cabeza
No esconde que lleva días imaginando qué puede sentir cuando empiece a rodar el balón. Y hay un detalle que lo hace todavía más especial: el posible debut será en casa, delante de una afición que espera muchísimo de él después de lo visto durante la pretemporada. Cala lo explica así: “Tengo muchas ganas e ilusión. Y además jugamos en casa, con la afición. Pienso en el ambiente de un partido de Primera, que es diferente. Quiero saber lo que es ganar en Primera y que la gente disfrute de mi fútbol. Sería bonito”. Después de tantos campos y tantas categorías, la imagen de salir al RCDE Stadium en un partido de LaLiga tiene un significado especial.
Antes de Primera hubo trabajo, estudios y fútbol casi a cualquier hora
La historia de Calatrava ayuda a entender por qué vive este momento de una manera tan particular. Cuando terminó su etapa juvenil pasó por el Parets, en Primera Catalana, y tuvo que compaginar el fútbol con una vida bastante más normal de lo que uno imagina cuando piensa en un jugador de Primera. Empezó Ingeniería Industrial y llegó a trabajar de madrugada en un Primark. “Sí, porque estudiaba por la mañana, entrenaba por la tarde y en el trabajo tenía horarios difíciles. Por suerte ahora vivo de lo que me gusta. No pienso mucho en aquella época. La vida son procesos. Es lo que tocaba hacer y si hubiese necesitado seguir, lo hubiera hecho. He aprendido de todo”.
Primera Catalana, Segunda, Primera: un camino recorrido casi entero
Cala no llegó a la élite con 18 años ni pasó directamente de una cantera grande al fútbol profesional. Ha ido subiendo escalones prácticamente uno a uno, y precisamente por eso siente que todo lo anterior ha tenido sentido. “Algo más de experiencia y lo valoro más porque he tenido un camino largo. He jugado desde Primera Catalana hasta Primera y todas las categorías me han servido”, explica. Ese recorrido también le ha obligado a convivir con suplencias, entrenadores que confiaban menos en él y momentos en los que era fácil pensar que aquello podía no llegar nunca.
“Por lo que sea no me rendí nunca”
Su explicación sobre cómo ha conseguido mantenerse en el camino quizá sea la más sencilla de todas. No habla solamente de talento. “Un poco todo. Se deben juntar muchas cosas, pero además del talento por lo que sea no me rendí nunca. He seguido intentándolo”. Tampoco elimina de la ecuación la suerte. Reconoce que las lesiones le han respetado, que se ha encontrado gente que le ha ayudado y que ha sabido adaptarse a cada etapa. Esa capacidad para caer en contextos distintos y acabar encontrando su sitio ha sido una constante en su carrera.
Su padre estuvo siempre detrás cuando las cosas no eran tan bonitas
En ese recorrido aparece también una figura importante: su padre, que fue portero y llegó a competir en Segunda B. Cala recuerda que estuvo siempre cerca, llevándolo a entrenamientos y campos cuando todavía no había focos, contratos de Primera ni presentaciones. “Siempre me apoyó. Desde pequeño me ha llevado a los campos. Me apretaba cuando las cosas iban bien o mal. Me llevaba a Terrassa, cuando estaba en el Costa Brava, y eso hizo que también lo siguiera intentando. Aunque me exijo yo mismo”. No parece una historia de grandes discursos, sino de kilómetros y constancia.
El Atlético le hizo empezar a creer que podía llegar
Hubo un momento en que el sueño empezó a parecer algo menos lejano. Fue cuando llegó al filial del Atlético de Madrid. “Cuando fui al filial del Atlético ya era todo más profesional y estaba respaldado por un primer equipo grande. Ahí empecé a ver que podía llegar, a creérmelo de verdad. Hasta entonces jugaba para disfrutar y lo veía como un sueño”. Aun así, el empujón definitivo no llegó allí, sino más tarde.
Castellón fue el lugar donde terminó de explotar
El paso por el Castellón terminó siendo decisivo. Allí encontró un fútbol que potenciaba justo aquello en lo que es mejor: recibir entre líneas, aparecer cerca del área, asociarse y decidir. También tuvo que crecer en tareas que hasta entonces le habían costado más. “Me vino de maravilla el Castellón por el estilo y la idea de juego. La parte ofensiva es lo mejor que tengo y allí crecí mucho a nivel defensivo, que es lo que más me costaba”. El Espanyol se fijó en esa versión de Calatrava, no únicamente en el talento, sino en un jugador cada vez más completo.
La Primera ya se nota en cada entrenamiento
Cala lleva semanas descubriendo que hay cosas que cambian cuando subes otro peldaño. No necesariamente porque todo sea completamente distinto, sino porque cada acción exige un punto más de velocidad, precisión y concentración. “Sí, es un ritmo diferente con los pases y la precisión. Los compañeros son mejores. Y si estás predispuesto a seguir aprendiendo ellos te hacen mejor a ti. Coger ese punto de más de Segunda a Primera también pasa por conocer a los compañeros y su manera de jugar”.
La exigencia del Espanyol le obliga a acelerar su adaptación
Le preguntan si ya está preparado y su respuesta tampoco deja demasiado espacio para excusas: “Debo estarlo, es lo que toca. Me gusta porque me exige más. Si tu compañero no falla, tú no puedes fallar, y eso a un jugador en crecimiento como yo me va bien. Estoy conociendo a la gente, el ambiente es bueno. Me ayudan a adaptarme, todos me dan consejos”. Es una de las claves de su llegada. Calatrava tiene 25 años, pero futbolísticamente todavía está entrando en un mundo nuevo y sabe que no puede perder demasiado tiempo.
Manolo y Cala comparten un camino desde abajo
Hay una coincidencia curiosa entre jugador y entrenador. Manolo González también conoce bien el fútbol modesto y en su momento ya quiso a Cala para el Badalona. Ahora se encuentran en Primera División, aunque el atacante asegura que no han dedicado demasiado tiempo a recordar aquello. “No se ha dado una conversación sobre nuestro pasado, pero yo sé de dónde viene y él sabe de dónde vengo. Solo hemos hablado sobre lo que debo hacer en el campo”.
Manolo le pide exactamente lo que hizo en Castellón: marcar diferencias
Y ahí está seguramente la frase que mejor explica por qué el Espanyol fue a buscarlo. Manolo no quiere que Calatrava llegue a Primera y cambie completamente su juego por respeto a la categoría. Quiere al mismo futbolista atrevido que fue decisivo en Castellón. Cala lo explica directamente: “Que sea determinante como en el Castellón, ese jugador diferencial. Si han apostado por mí, es por lo que he hecho estos años”. Es una responsabilidad importante, pero también una declaración de confianza.
El RCDE Stadium ya le ha impresionado antes incluso de debutar
Cuando le preguntan qué le ha llamado más la atención desde su llegada al Espanyol, la respuesta es rápida: el estadio. A partir de ahí habla también de profesionalidad y, especialmente, de exigencia. Para Cala, la gran diferencia entre Segunda y Primera no está tanto en las instalaciones como en todo lo que se pide al futbolista cada día y en cada acción. Este domingo podrá vivir esa diferencia desde dentro si entra en los planes de Manolo.
Cumplir el sueño no significa que el camino termine aquí
Llegar a Primera era el objetivo de toda una vida, pero Calatrava no quiere convertirlo en el final de la historia. “Seguir creciendo. He llegado al Espanyol en un momento bueno de mi carrera. Me queda mucho por aprender y puedo ayudar mucho al equipo”. Esa es la siguiente prueba. Ya no se trata de llegar. Ahora se trata de quedarse, ser importante y conseguir que aquello que hizo en Castellón también funcione en Primera. Y el primer examen puede llegar este domingo, en casa, ante el Levante.








