Charles Pickel ya ha puesto palabras a su despedida del RCD Espanyol. Después de que el club oficializara que no seguirá la próxima temporada, el centrocampista congoleño publicó un mensaje en sus redes sociales dirigido a la afición, al club, a la ciudad y también a su familia. Fue una despedida elegante, con mucho agradecimiento, pero tampoco del todo neutra. Pickel dejó caer que esperaba haber jugado más y que, en su opinión, se había ganado más minutos. Una frase suave, sin incendio, pero con mensaje. De esas que no hacen ruido de entrada, pero que explican bastante bien cómo se marcha.
Una despedida marcada por la gratitud y una espina deportiva
El mensaje de Pickel empieza desde el agradecimiento, aunque pronto aparece esa sensación de oportunidad incompleta que le ha acompañado durante su año como perico. El jugador lo explicó así: “Cuando echo la vista atrás a esta etapa, lo que predomina por encima de todo es la gratitud. Por supuesto, a nivel personal quizá a veces hubiera deseado tener más minutos de juego y sentía que me los merecía. Sin embargo, he decidido conscientemente centrarme en todo lo positivo que he podido vivir aquí.” Ahí está el punto. Da las gracias, sí, pero también deja claro que no se va con la sensación de haber tenido todo el espacio que creía merecer. Y eso, viendo cómo fue su temporada, tampoco pilla a nadie despistado.
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Pickel cree que pudo tener más sitio en el equipo
La frase sobre los minutos es seguramente la más futbolera de toda su despedida. Pickel no carga contra nadie de forma directa, ni convierte el adiós en una queja amarga, pero sí marca posición. Cree que pudo jugar más. Cree que merecía jugar más. Y seguramente se va con la sensación de haber sido un recurso puntual, no una pieza de verdad dentro del plan. En el Espanyol nunca terminó de encontrar un rol claro, y cuando un jugador vive entre el banquillo, apariciones cortas y posiciones que no son del todo las suyas, es normal que acabe con esa espina clavada.
856 minutos en 26 partidos: presencia, pero poca continuidad
Pickel se marcha del Espanyol con 856 minutos repartidos en 26 partidos. Son números que explican bastante bien el desenlace. Participó, pero no tuvo continuidad. Apareció, pero casi nunca con la sensación de ser una apuesta firme para Manolo González. En el centro del campo, el técnico tenía por delante a jugadores como Urko González de Zárate, Pol Lozano o Edu Expósito, perfiles que le daban más confianza para sostener la idea del equipo. La estadística dice que Pickel jugó; la sensación dice que nunca llegó a tener sitio fijo.
Las expulsiones en Elche y Mallorca también pesaron
Su temporada también quedó marcada por dos episodios que no ayudaron nada: las expulsiones consecutivas en Elche y Mallorca. En un contexto en el que ya le costaba entrar en dinámica, esos dos golpes terminaron de complicarle el camino. No se trata de reducir todo su paso por el Espanyol a esas acciones, porque sería injusto, pero sí de entender que, cuando un futbolista busca convencer y no tiene demasiadas oportunidades, errores así pesan más. Pickel necesitaba sumar argumentos para ganar espacio, y aquellas expulsiones le jugaron claramente en contra.

De mediocentro a recurso para presionar arriba
Uno de los detalles más curiosos de su año fue verle actuar en zonas más adelantadas, casi como segundo punta en algunos tramos, con la misión de morder arriba y ayudar en la presión. No era su hábitat natural, pero fue una forma de encontrarle utilidad en una plantilla que tuvo problemas para sostener determinados planes de partido. Pickel puso físico, energía y trabajo. Eso no se le puede negar. Pero tampoco acabó encajando como mediocentro de peso. Y quizá ahí nace parte de su reproche: no solo jugó menos de lo que quería, sino que muchas veces lo hizo lejos del papel donde podía sentirse más cómodo.
El deseo de jugar más no borra la lectura deportiva
El matiz importante es este: que Pickel sintiera que merecía más minutos no significa que el Espanyol estuviera obligado a apostar decididamente por él. Son cosas distintas. Su actitud pudo ser buena, su compromiso también, y su físico era útil en ciertos contextos. Pero si el club quiere elevar el nivel de la plantilla este verano, cuesta defender que su temporada haya dejado méritos suficientes como para hacer un gran esfuerzo por retenerlo. Pickel no transmitió nunca la sensación de ser un futbolista imprescindible ni de esos que te obligan a cambiar el plan para hacerle sitio.

La opción de 150.000 euros que el Espanyol no ha querido activar
El jugador firmó por una temporada, con la posibilidad de seguir hasta 2027 si alcanzaba una cifra concreta de partidos o si el club pagaba 150.000 euros para activar esa ampliación. El Espanyol podía retenerlo, pero decidió no hacerlo. Y ahí la lectura parece bastante clara. Si un futbolista no acaba de entrar en el dibujo, si no tiene continuidad y si el club busca subir el nivel competitivo, lo normal es pasar página. Para Pickel puede quedar la sensación de que mereció más margen; para el Espanyol, la decisión encaja con una plantilla que necesita menos piezas a medio camino.
El club y la ciudad, algo más que recuerdos deportivos
Más allá del fútbol puro, Pickel sí quiso dejar claro que su paso por Barcelona y por el Espanyol le ha marcado. En su carta escribió: “Este club y esta ciudad me han dado mucho más que simples recuerdos deportivos. Aquí he encontrado amigos para toda la vida y he conocido un lugar en el que me imagino viviendo, tarde o temprano, junto a mi familia. Por eso siempre estaré agradecido.” Es una parte bonita del mensaje. Porque aunque deportivamente no haya cuajado del todo, su año en el Espanyol no fue vacío. Hubo vestuario, hubo ciudad y hubo vínculo humano.
Un agradecimiento familiar con mucho peso
Pickel también dedicó un tramo importante de su despedida a su familia, recordando todo lo que implica acompañar la carrera de un futbolista. “Un agradecimiento muy especial a mi familia. Como tantas familias de futbolistas, habéis dejado vuestra vida cotidiana segura, habéis venido conmigo a un lugar nuevo, con gente nueva y hacia un futuro incierto. Habéis aceptado cada reto y me habéis acompañado en cada paso. Sé que eso no es algo que se pueda dar por sentado.” Es una parte que ayuda a mirar la historia desde otro lado. A veces hablamos de minutos, fichas y cláusulas, pero detrás hay mudanzas, colegios, rutinas nuevas y familias enteras cambiando de vida.
Pickel se acuerda de su mujer y sus hijos
El congoleño siguió con un mensaje muy personal hacia su mujer y sus hijos: “A mis hijos y a mi mujer: quiero que sepáis siempre que cada decisión que tomo nace del amor que os tengo. Papá solo quiere lo mejor para vosotros. Os quiero con todo mi corazón y os agradezco que hayáis recorrido este camino conmigo y, espero, que sigáis haciéndolo.” La despedida mezcla fútbol y vida, como suele pasar cuando una etapa se cierra de verdad. Pickel no solo deja un club. También deja una ciudad en la que su familia ha vivido un curso entero.

El agradecimiento final a la afición perica
Pickel también quiso dirigirse a los seguidores blanquiazules, que le han respondido en redes con muestras de cariño, igual que algunos compañeros de vestuario. “Y, por supuesto, gracias a vosotros, aficionados. Por vuestro apoyo, vuestra fidelidad y los muchos momentos especiales que hemos podido vivir juntos. Ha sido un honor para mí llevar esta camiseta y formar parte de esta comunidad.” Aunque su paso deportivo no haya sido brillante, sí parece claro que dejó buena imagen humana. Y eso también tiene valor. No todos los jugadores que pasan poco por el campo dejan buen recuerdo en el vestuario.
Un adiós con cariño, pero también con una lectura clara
El mensaje termina con una frase sentida: “Siempre llevaré en mi corazón los recuerdos, a las personas y a este club.” Y después, el cierre: “Gracias por todo. 💙🤍”. Pickel se va agradecido, pero no totalmente satisfecho. Y eso se entiende. Quería más minutos. Pensaba que se los merecía. Pero desde el punto de vista del Espanyol, su salida también se entiende. No basta con querer jugar más; hay que dejar una sensación fuerte de que el equipo pierde algo importante si no sigues. Y Pickel, por desgracia para él, no llegó a dejar esa sensación.
Monchi y Manolo empiezan a limpiar una plantilla que debe subir el nivel
La salida de Pickel forma parte de las primeras decisiones del nuevo verano perico. Monchi y Manolo González tienen que construir una plantilla con más nivel, más encaje y menos futbolistas a medio camino. En ese dibujo, el congoleño no entraba. Su físico podía ser útil, su actitud no se discute y su despedida ha sido respetuosa, pero su rendimiento no dio argumentos suficientes para activar el año opcional. Pickel se marcha con cariño hacia el Espanyol, con una espina deportiva evidente y con la sensación de que su etapa pudo dar más, aunque el club haya entendido que lo mejor era mirar hacia otro lado.







