Hoy empezó oficialmente el primer capítulo de la era Monchi, aunque, para ser exactos, hubo un prólogo muy significativo. El paso adelante que decidió dar el de San Fernando en la madrugada del domingo 10, convocando un encuentro con Manolo González y dándole el espaldarazo de confianza a un técnico que llegaba derrotado con estrépito de Sevilla y acumulando su decimoctava jornada sin ganar. Fue un movimiento clave para todo lo que ha venido después. Un gesto fundacional. Hoy, en rueda de prensa, se quitaba mérito el gaditano por lo poco, según él, que ha tenido que ver en la salvación. Pero en aquella noche negra, con las últimas hordas manolistas saltando del autobús del técnico y pasando a engrosar las filas de los críticos más acendrados, que en medio de la duda y el desconcierto de todo un club un hombre de fútbol ejerciese de tal, que levantase la voz para decir “Manolo ha de acabar la temporada”, tiene un mérito incuestionable, capital. Esta temporada tan extrañamente bipolar que hemos vivido no podrá explicarse en el futuro sin apelar a ese momento.
Y en ese momento Monchi se la jugó. Muchos dijeron entonces: “Pues ya está, si Manolo sigue nos vamos a Segunda”. Y se equivocaron. Hoy, cuando Monchi ha ratificado de nuevo al técnico, han vuelto a desilusionarse. Pero, de nuevo, un hombre de fútbol ha tomado una decisión coherente y lógica, aunque, desde luego, no exenta de riesgos. Pero ¿qué decisión en fútbol garantiza el éxito?Este año hemos podido ver que echar al entrenador, como hicieron Oviedo y Mallorca, no sirvió para salvarse. Pero mantenerlo, como hizo el Girona, tampoco. A nosotros sí nos funcionó, aunque no sin dudas. El fútbol está plagado de tópicos que suelen llevarse la contraria. Ahora bien, conocer, analizar, no dejarse llevar por las emociones y ser racional, aunque dejando espacio a la intuición y la empatía, suele ayudar a los buenos gestores del balón. Monchi es uno de ellos. Tiene acreditada su solvencia y hoy tuvimos un buen ejemplo.
Recogiendo el chiste que él mismo hizo sobre su ausencia de pelo, toreó a los medios sin despeinarse. Tiene tablas. No hubo venta de humo. Habló más de estructuras que de objetivos. Cuando resoplaba en el auditorio la ballena blanca europea, recordó a todos qué sucedió la última vez que el Espanyol cruzó los Pirineos. Que llegar a algún sitio es consecuencia de haber caminado bien y que no hay atajos. Respetó también la historia del club y el legado de Garagarza y sus técnicos, aunque dejó claro que ha traído a su mano derecha y a su mano izquierda, que se harán cargo del día a día. Nos deja en buenas manos, pues, en los momentos en los que le toque compaginar la presidencia en el San Fernando con su cargo en el Espanyol. Viéndole cómo se desenvuelve, apuesto a que en más de una ocasión le va a tocar ejercer también de portavoz.
Monchi mostró además su sintonía con el presidente Pace, que durante toda la rueda de prensa se mostró sonriente a su lado, mostrando al director deportivo como una conquista. Es lógico: haber traído al director deportivo más famoso de España es un aval importantísimo para su proyecto. Traerlo, además, en el momento en el cual se acumulaban más dudas sobre el futuro y florecían memes furibundos en las redes es un golazo por la escuadra. Para acabar de rematar ese balón, Pace, en un español resbaladizo, vino a decir algo así como: “No es lo que digo, es lo que hago”. Aquello de hechos, no palabras. Un bofetón para los que, como un servidor, le pedíamos voz en los aciagos tiempos de silencio en los que las derrotas aniquilaron la ilusión de la temporada. Understood, Mister President, ahora queremos que siga cumpliendo esa hoja de ruta que, aunque no nos la enseñe, sitúa al Espanyol en el Top 6 en cinco años. Con Monchi, todo sea dicho, nos lo creemos un poco más.







