El Espanyol cerró la temporada con un 1-1 ante la Real Sociedad que, visto en frío, tuvo menos peso por el resultado que por todo lo que pasó alrededor. El equipo ya estaba salvado, el sueño europeo era casi una carambola de feria y el RCDE Stadium vivió una noche de fin de curso, con despedidas, debuts, ovaciones y una pregunta enorme flotando en el aire: ¿y ahora qué? Porque el Espanyol ha terminado la Liga con 46 puntos, sin descenso, sin Europa y con una sensación muy rara. Alivio, sí. Pero también la certeza de que este verano no puede ser uno más. Toca poner sobre la mesa ese cambio de clima alrededor de Manolo González, la mirada hacia Monchi y el análisis de una temporada que empezó como un cohete y casi acaba descarrilando.
El partido ante la Real dejó una segunda parte mejor y señales de vestuario vivo
El Espanyol arrancó con siete cambios respecto al once que ganó en El Sadar, y eso se notó. Fortuño debutó en Liga, Rubén volvió a tener minutos de titular, Calero cerró una etapa, Romero se despidió con emoción y Manolo probó piezas en una noche sin la presión terrible de las semanas anteriores. La primera parte fue algo plana, con el equipo queriendo pero sin acabar de morder. La Real aprovechó una de las suyas con Óskarsson y el RCDE Stadium se quedó un poco frío. Pero la segunda parte fue otra cosa. Dolan agitó, Pere Milla dejó detalles, Roberto Fernández marcó el empate y el equipo acabó mejor que como empezó. No dio para ganar, ni para Europa, pero sí para despedir la temporada sin ese ruido feo de otras noches.

La afición cambia el mensaje y Manolo sale reforzado
Lo más fuerte no estuvo en el césped, sino en la grada. Hace un mes, después de 18 partidos sin ganar, el ambiente alrededor de Manolo González estaba crispado. Había desgaste, dudas, cabreo y miedo real a que el equipo se fuera al pozo. Pero el fútbol cambia rápido cuando entra la pelota. Las victorias ante Athletic Club y Osasuna lo cambiaron todo. Y este sábado, ya con la permanencia en el bolsillo, el RCDE Stadium dictó una especie de sentencia emocional. Gritos de apoyo, Manolo subiendo a la grada, complicidad con La Curva y una imagen bastante potente delante de Alan Pace y Monchi. A estas alturas, la continuidad de Manolo ya no parece solo una decisión deportiva: también tiene un peso social muy claro.
🤣 «𝐋𝐨 𝐝𝐞 𝐌𝐚𝐧𝐨𝐥𝐨 𝐞𝐬 𝐭𝐫𝐞𝐦𝐞𝐧𝐝𝐨»
La celebración de Manolo González, con su gente, tras sufrir por la pemanencia de su Espanyol.#LALIGAenDAZN pic.twitter.com/jfq5sh2pkI
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Francesc Via lo dejó claro: “A ver quién es el guapo”
En el post de la transmisión de La Grada Ràdio, Francesc Via lo resumió con una frase muy directa y bastante gráfica: “¿Pero de verdad creéis que alguien se atreve a cargarse a Manolo en estas circunstancias?”. Y luego remató: “Cuando un entrenador le clama a la grada y cuando ya no te digo cuando el entrenador se va a saltar con la grada… Vamos, a ver quién es el guapo. A ver quién es el guapo.” La idea es sencilla: Monchi puede tener su criterio, claro, y debe tenerlo. Para eso está. Pero aterrizar en un club y encontrarte al vestuario, a buena parte de la afición y al entrenador unidos en una noche de alivio cambia mucho el paisaje. No lo decide todo, pero pesa. Mucho.
Monchi, el martes y una decisión que marcará el arranque del proyecto
Ahora todo mira a Monchi. El martes hablará y, más allá de lo que diga, lo importante será lo que empiece a hacer desde ya. Porque el Espanyol necesita algo más que buenos discursos. Necesita una plantilla mejor, más profunda, más equilibrada. Necesita no llegar a febrero con el equipo cogido con pinzas. Necesita no depender de milagros emocionales ni de rachas finales para salvar lo que se pudo torcer muchísimo. Manolo puede seguir, y todo apunta a que seguirá, pero si sigue debe tener herramientas. No vale pedir estabilidad y luego dejar al entrenador con una plantilla corta, desequilibrada y con agujeros que se ven desde agosto.
Manolo pide unión y reconoce el desgaste de una temporada durísima
El propio Manolo habló después del partido desde una mezcla de cansancio, orgullo y ganas de seguir. Dio las gracias a todo su equipo de trabajo y recordó que el cuerpo técnico, fisios, médicos, analistas y utilleros han sido clave para sacar adelante el curso. Sobre su futuro, dejó una frase clara: “Han sido tres años muy duros, con poca inversión. La gente siempre ha estado ahí. Yo no voy a poner ningún problema en nada, en lo que decidan. El club está por encima obviamente. Yo quiero estar aquí si la gente quiere. Quiero ser un punto de unión. Tengo contrato y lo que decida el club es lo que será lo mejor para todo el mundo”. No suena a pulso. Suena a alguien que quiere seguir, pero que sabe que ahora manda otra persona.

La frase del “gigante dormido” ya es casi un titular de verano
Manolo dejó otra reflexión que conecta bastante con lo que siente mucha gente del Espanyol. Hablando de la stuación del club, soltó: “El club tiene un margen de mejora grande. Es un gigante dormido, a ver si lo despertamos de una puta vez. Eso se hace con exigencia. Me gustaría que el día que me vaya del Espanyol sea con un Espanyol mucho mejor”. La frase tiene fuerza porque no maquilla nada. El Espanyol tiene masa social, estadio, historia y sentimiento. Pero lleva demasiados años funcionando como si todo costara el doble. Despertar al gigante no va de decirlo bonito; va de fichar bien, ordenar la casa, acertar en las decisiones y no volver a vivir con el agua al cuello.
La temporada no se puede leer solo desde el miedo de la segunda vuelta
El análisis del curso pide equilibrio. La primera vuelta fue muy buena, con momentos de fútbol reconocible, con el equipo compitiendo bien, con puntos y con una ilusión que llegó a desbordarse un poco. Luego llegó la caída. Una caída larga, fea y mentalmente agotadora. Dieciocho jornadas sin ganar no son una anécdota, son una herida. Pero tampoco se puede borrar todo lo anterior como si no hubiera existido. Si el orden hubiera sido al revés, si la mala racha hubiera llegado al inicio y la reacción al final, casi nadie dudaría tanto. El problema es que en fútbol pesa más lo último, y lo último antes del rescate fue una racha de miedo.
Manolo cumplió el objetivo, pero el aviso queda escrito en rojo
El entrenador lo explicó con bastante honestidad al poner nota al curso: “Si hubiesen sido 46 puntos en una trayectoria normal te diría un 8. Pero la segunda vuelta ha manchado la temporada. Pero es que ni la primera vuelta era de 33 puntos ni la segunda como ha sido. Me hubiese gustado que fuera más regular. Viendo cómo ha acabado la Liga, con los equipos que han bajado, tiene mucho mérito la temporada que hemos hecho. Tenemos que intentar no repetir errores”. Ahí está todo. El Espanyol se ha salvado con mérito, sí. Pero lo ha hecho después de pasar por un túnel que no puede repetirse. Porque otra racha así, en otra temporada, quizá no acaba con aplausos.
Girona y Mallorca bajan y enseñan que nadie estaba tan a salvo
La última jornada fue una bofetada para Girona y Mallorca. El Girona se quedó en 41 puntos tras empatar con el Elche. El Mallorca ganó 3-0 al Oviedo, pero descendió igual con 42. Osasuna y Levante respiraron también con 42. Elche, Sevilla y Alavés acabaron con 43. Todo apretadísimo. Y ahí el Espanyol debe mirar con atención, porque durante muchas semanas estuvo metido en esa centrifugadora. Ver bajar al Girona y al Mallorca, dos equipos que en distintos momentos parecían tener más aire, debe servir de aviso serio: en esta Liga, si te duermes, te vas.

La permanencia era lo primero, pero el club no puede conformarse
Manolo fue muy claro al hablar de la dificultad de seguir en Primera: “Es una barbaridad. Si miramos la Bundesliga, el Calcio o la Premier los equipos que bajan tienen muchos menos puntos. La igualdad es muy grande. Lo primero es salvarnos cada año. Es complicado seguir en Primera y el equipo no podrá crecer si no lo hace. Hay que dar pasos adelante para mejorar. Te puedes encontrar en una situación como la del Girona o el Mallorca, pero hay que intentar que no nos pase”. Es una lectura muy realista. Primero salvarse. Vale. Pero el Espanyol no puede vivir eternamente como si quedar decimosexto fuera el techo. La permanencia debe ser el suelo, no el sueño.
La plantilla necesita cambios, pero no una revolución sin cabeza
Monchi tiene trabajo. Mucho. No parece realista pensar en doce fichajes ni en un gasto salvaje. Pero sí en una cirugía bien hecha. La plantilla necesita más nivel competitivo en varios puestos, más piernas, más gol, más fondo de armario y más soluciones para que una lesión o una mala racha no dejen al equipo temblando. También habrá que resolver salidas: Romero vuelve al Villarreal, Calero acaba etapa, habrá cedidos que regresen y jugadores con futuro pendiente. El Espanyol necesita menos parches y más estructura. Menos apagar fuegos y más construir un equipo que aguante una temporada entera.
El rol de Manolo debe cambiar si continúa
Si Manolo sigue, hay otra cosa que el club debe corregir: no puede volver a ser el portavoz de todo. Este año ha tenido que dar la cara por el equipo, por el vestuario, por la institución, por los arbitrajes, por los silencios y hasta por cosas que no le tocaban. Eso desgasta. Y mucho. El entrenador debe entrenar, competir, mejorar al equipo y gestionar el vestuario. La parte institucional debe tener otras voces. Si el Espanyol quiere crecer, también debe aprender a proteger a su entrenador, no exponerlo cada semana como único escudo del club.
El vínculo con la afición es el gran capital que no se puede malgastar
La escena final con Manolo, los cánticos a Carlos Romero, los aplausos a Roberto Fernández y el cariño a Fortuño hablan de algo que sigue muy vivo: la gente. El espanyolismo ha sufrido, se ha cabreado, ha dudado, ha empujado y ha acabado celebrando una permanencia que hace nada parecía mucho más incierta. Y ahí hay un activo enorme. La afición no pide milagros. Pide respeto, competir, una plantilla digna, decisiones claras y no tener que vivir cada mayo como si fuera una operación de supervivencia. El RCDE Stadium ha vuelto a demostrar que sostiene al equipo incluso cuando el club no se ayuda demasiado a sí mismo.

El Espanyol llega al verano con alivio, pero también con obligación
La foto final es esta: 46 puntos, salvación, décima plaza, un entrenador muy reforzado por la grada, Monchi a punto de poner las primeras piedras del proyecto y una plantilla que necesita una revisión profunda. No es un mal punto de partida. Tampoco es para lanzar cohetes. El Espanyol ha sobrevivido, que era lo urgente. Ahora toca crecer, que es lo importante. El verano será la primera prueba real de la nueva etapa: ahí se verá si el club ha aprendido algo o si vuelve a confiarlo todo a la épica de siempre.







