El Espanyol se libera ante el Athletic: lágrimas de Manolo, golazo de Pere Milla y oxígeno en Cornellà; Pace y Monchi lo celebran juntos pero ojo: la permanencia aún no está cerrada

13 de mayo de 2026

El Espanyol volvió a ganar. Y solo con escribirlo ya parece que se suelte algo dentro. Habían pasado 18 jornadas, 143 días, demasiados partidos con cara larga y demasiadas semanas con la sensación de que cada balón dividido pesaba el doble. El 2-0 al Athletic Club fue una victoria, pero también fue una especie de grito colectivo en Cornellà. De esos que salen después de aguantar mucho.

No fue solo ganar. Fue dejar de perderse dentro de una mala racha que ya parecía no tener fondo. El equipo de Manolo González necesitaba una noche así como el comer: por la clasificación, por la cabeza, por la grada y por un vestuario que llevaba meses metido en una dinámica durísima. Ganar al Athletic, encima al mismo rival ante el que había llegado la última victoria, tuvo hasta ese punto raro que a veces tiene el fútbol, como si todo estuviese escrito con un poco de poesía.

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Una primera parte con ritmo, sustos y dos equipos mirando al área

El partido empezó con un Espanyol con ganas, con piernas y con esa voluntad que tanto se había echado de menos en los últimos meses. No fue un inicio tímido ni de equipo encogido. Los blanquiazules salieron a mandar, a apretar y a intentar meter al Athletic en su campo, aunque los de Valverde respondieron rápido y el encuentro se convirtió en un ida y vuelta bastante serio.

Unai Simón salvó a los rojiblancos en una ocasión clarísima de Roberto, mientras Dmitrovic volvió a sostener al Espanyol con dos paradones a Berenguer y Unai Gómez. Y luego estuvieron los palos, claro. Dos remates del Athletic que dejaron a Cornellà con ese silencio de medio segundo en el que todo el mundo piensa lo mismo: “otra vez no, por favor”.

La primera parte fue intensa, rápida, con transiciones, con llegadas y con mucha tensión en las dos áreas. Faltó el gol, pero no faltó partido. Y eso, viendo de dónde venía el Espanyol, ya era bastante.

Pere Milla cambia el partido y vuelve a aparecer en una noche grande

Tras el descanso, el Espanyol lo siguió intentando, aunque durante muchos minutos apareció otra vez esa versión espesa, voluntariosa pero poco clara arriba, que se ha visto demasiadas veces esta segunda vuelta. El equipo quería, pero no acababa de encontrar el último pase, ni el remate limpio, ni ese punto de calma que hacía falta.

Entonces entró Pere Milla. Y Pere tiene estas cosas. No siempre aparece, no siempre te sostiene una temporada entera, pero en partidos con olor a noche grande tiene algo. Un punto especial. Un no sé qué. En el 68’, Carlos Romero puso el centro y Pere remató con una dificultad tremenda, abriendo el tobillo, a media altura, mandando el balón al fondo de la red.

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Fue un golazo por la ejecución y por el momento. Porque ese balón, con todo lo que había encima, quemaba.

Pere Milla lo explicó después con su punto de naturalidad, entre la broma y la verdad de delantero: “No, como le digo aquí a alguno dentro del área, soy letal. Aunque el día del Rayo Vallecano la fallé a medio metro de la portería, ¿no? Yo siempre le digo a los que centran que intenten centrar ahí, que están atentos los centrales, porque les voy a intentar ganar la cara. Así que, bueno, que me la pongan ahí, que yo intento llegar. Y si luego no llegamos los delanteros, ya sea Kike, yo, Roberto, el que sea, que es culpa nuestra, ¿no? Pero, bueno, que centran al área y que, como diría un gran entrenador que tuve, que pasan cosas”.

Y vaya si pasaron.

“No tenemos perdón por los 18”: Pere Milla no escondió la mochila

Pere Milla no quiso vender una película de felicidad total. Sabía perfectamente lo que había detrás de la victoria. La racha era durísima, el equipo estaba tocado y la afición llevaba semanas tragando una angustia enorme. Por eso, cuando habló, mezcló alivio con autocrítica.

“Tres puntos. También te diría que puede ser un alivio, pero también te tengo que decir que no hemos hecho nada. Está todo muy apretado, ya vemos cómo está la Liga, cómo está la competición”, explicó nada más acabar.

Luego fue incluso más claro con la deuda que tenía el vestuario con la gente: “Así que muy contento, muy contento por la afición, por el escudo que llevamos en el pecho. No tenemos perdón por los 18, sabemos que es muy difícil ganar en primera división o en cualquier categoría. Nos ha costado un mundo, hoy hemos sufrido, pero la afición una vez más, como se dice, nos ha llevado en volandas”.

Esa frase pesa: “No tenemos perdón por los 18”. Porque la victoria ayuda, claro, pero no borra de golpe todo lo anterior. Lo arregla un poco. Lo calma. Le da sentido a la semana. Pero el Espanyol todavía tiene trabajo.

Kike García sentencia y Manolo González se rompe en la banda

El 1-0 liberó al Espanyol, pero también abrió una fase de nervios. Porque cuando llevas tanto tiempo sin ganar, incluso ir por delante puede dar miedo. El equipo administró mejor que otras veces esos minutos finales y, en el 91’, llegó el golpe definitivo: pase de cabeza de Terrats y Kike García remató ante Unai Simón para hacer el 2-0.

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Ahí Cornellà explotó. Y Manolo González también. El técnico, que venía de semanas de presión brutal, se echó a llorar en la banda. Sin esconderlo. Sin intentar quedar entero para la foto. Lloró como alguien que se quita de encima una mochila que llevaba demasiado tiempo clavada en la espalda.

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A veces se nos olvida que el entrenador, los futbolistas y la afición viven todo esto desde sitios distintos, pero con sufrimiento real. Manolo es responsable, claro. Se le puede criticar. Se le ha criticado. Sus decisiones han estado en el foco y su equipo ha pasado por una segunda vuelta casi inexplicable. Pero verle así también sirve para recordar que detrás del personaje público hay una persona reventada de tensión.

Manolo González: “La liberación es muy grande”

En sala de prensa, Manolo no escondió lo que llevaba dentro. Habló como quien todavía está con el pulso alto, pero con la sensación de haber sobrevivido a una noche enorme.

“El vestuario está muy contento. Ha sido un chute de energía muy grande. Cuando llevas tanto tiempo sin ganar… no es fácil. Seremos mejores o peores, pero no tengo una palabra mala hacia ellos. Se han dejado la piel. Otro equipo te habría dejado de la mano y ellos han creído en lo que hacemos, les estoy muy agradecido. Me quitaré la losa cuando el equipo esté salvado”.

La frase final marca el punto exacto de la noche. Hay alivio, pero no hay cierre. Hay emoción, pero no hay permanencia matemática. Hay una victoria que cambia el ánimo, pero todavía falta el último paso.

Manolo también habló de esa mezcla tan rara entre miedo, presión y necesidad de volver a creer: “Es una situación que no se puede explicar. Con el tiempo quizás sí puedo explicar lo que ha pasado en la segunda vuelta, pero es muy jodido. Cuando tuvimos juego llegaron las situaciones de gol, pero había miedo a perder la pelota. Era difícil hacerle creer al jugador que había que arriesgar. La liberación es muy grande. Queda un último paso para alcanzar el puñetero objetivo de una vez y después a descansar. Está siendo un año no esperado y está siendo duro”.

“Desde que estoy aquí son saltos sin red”

El técnico también dejó una reflexión muy personal, de esas que ayudan a entender lo que se ha acumulado durante estos meses. Manolo habló de su peor momento como entrenador y casi como persona, quitando una pérdida familiar muy dura.

“Y casi en general, por desgracia. Quitando cuando murió mi tío hace tres años, que era como padre, este año a nivel de desgracias ha sido tremendo. Ha sido una segunda vuelta infernal. Está siendo muy dura y la gente a veces no es consciente. Los jugadores se juegan su futuro y yo. Desde que estoy aquí son saltos sin red. Temporadas que no puedo fallar y hay que sacarlo para adelante como sea”.

Es una declaración fuerte. Muy fuerte. Porque enseña una parte que normalmente queda tapada por el ruido del resultado, por la clasificación y por los debates de siempre. Y ojo, eso no significa que no se pueda analizar su trabajo con dureza. El Espanyol ha sufrido demasiado, ha perdido fútbol, confianza y puntos por el camino. Pero la imagen de Manolo llorando y estas palabras dejan claro que dentro también había una tensión tremenda.

Luego remató con otra frase muy humana: “Me acuerdo y pienso en mi familia, son de los que me acuerdo porque lo pasan mal. Son los que me ven. Eres fuerte porque mi vida, por suerte o por desgracia, me ha tocado ganarme muchas cosas. Pero todos tenemos límites, has de mantenerte arriba y sumar. Los que tengo en casa me han empujado para ello. Últimamente no duermo mucho, cuesta dormir, pero es el trabajo del entrenador. A ver si esta noche duermo una noche entera como Dios manda”.

Pace y Monchi celebran juntos: una imagen que también pesa

La victoria dejó otra imagen potente: Alan Pace y Monchi celebrando el triunfo. Y no es un detalle menor. Durante muchos meses, la afición ha echado de menos más presencia, más cercanía y más sensación de mando por parte de los responsables del club. Por eso ver al propietario y al nuevo director general deportivo abrazándose y viviendo la victoria desde dentro también cuenta algo.

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Monchi cae de pie. Esto es fútbol y ya sabemos cómo funciona: llega, el equipo gana después de 18 jornadas y habrá quien empiece a hablar de efecto inmediato. Igual es exagerado, claro. Pero la imagen está ahí y el relato también.

Para Pace, si se confirma la permanencia, esta victoria puede ser un alivio enorme. No solo por evitar una caída deportiva que habría sido terrible, sino porque le daría una nueva oportunidad para acercarse otra vez a una afición que estaba muy enfadada con él. Salvarse no arregla todo, pero permite volver a construir. Y eso, ahora mismo, ya es muchísimo.

El Athletic también hizo números: nadie está para presumir

La noche fue feliz, pero conviene no perder el norte. El Espanyol ganó, sí. Respira, sí. Pero nada está hecho. Y la prueba más clara llegó desde el otro lado: Ernesto Valverde y el entorno del Athletic también hablaban de sumar un punto más para estar tranquilos. Y el Athletic está con 44 puntos.

Eso es bastante fuerte. Un equipo noveno, con 44 puntos, mirando todavía de reojo la salvación. Esta Liga se ha apretado tanto que nadie quiere decir demasiado alto que ya está fuera de peligro. Y si eso pasa con el Athletic, el Espanyol no puede relajarse ni medio segundo.

La victoria del Sevilla también aprieta el escenario. El Levante sigue ahí, el Mallorca se mete en cálculos, Pamplona será una batalla y la Real Sociedad cerrará la temporada en Cornellà. Todo sigue vivo. Demasiado vivo.

Osasuna, la próxima batalla del Espanyol

La victoria ante el Athletic cambia la semana. Cambia la cara de los jugadores, cambia el ambiente y permite preparar Pamplona con algo que no había desde hacía meses: una victoria reciente. Parece poco, pero mentalmente es un mundo. El equipo ya sabe que puede ganar. Ya no es solo un “hay que creer” dicho con voz temblorosa. Ahora hay una prueba.

Pero El Sadar no será amable. Osasuna te lleva al choque, al centro lateral, al duelo, al partido incómodo. Manolo ya avisó: “Ahora no hay que bajar nada, hay que ir a Pamplona a ganar. No especular ni verlas venir. Porque te van a coser a centros y en ese aspecto son fuertes. Hemos de ir con el suflé adelante y ser valientes”.

Esa es la cuestión. No especular. No pensar que el 2-0 al Athletic ya lo soluciona todo. No guardar todo para la Real Sociedad. El Espanyol necesita sumar cuanto antes para no llegar al último día con el corazón en la boca.

Una victoria que alivia, pero todavía exige rematar

La noche del Athletic fue una liberación para todos: para los jugadores, para Manolo, para la grada, para Pace, para Monchi y para un espanyolismo que llevaba meses viviendo en una especie de túnel. Hubo lágrimas, abrazos, goles y una sensación de alivio que se notó en cada rincón de Cornellà.

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Pero el mensaje debe ser claro: no está hecho. El Espanyol ha dado un paso enorme, pero aún debe rematar. El equipo se ha quitado una mochila, sí, pero no puede dejarla a medio camino. Quedan dos partidos y hay que ir a por ellos con la misma tensión competitiva.

El Espanyol volvió a ganar. Ya era hora. Ahora toca convertir esta noche de emoción en el empujón definitivo hacia la permanencia.