El Espanyol toca fondo tras perder ante el Real Madrid: ya no queda casi nada a lo que agarrarse, y cuesta encontrar respuestas en el campo y en el banquillo

3 de mayo de 2026

El Espanyol salió del partido ante el Real Madrid con una derrota que, mirando solo el rival, podía entrar dentro de lo posible. Pero el problema ya no es perder contra el Madrid. El problema es todo lo que arrastra esta derrota. El equipo de Manolo González se queda clavado en los 39 puntos, sigue sin ganar en este 2026 que se ha convertido en una pesadilla larga y ahora mira de reojo el Sevilla – Real Sociedad de este lunes como quien mira una tormenta acercarse por la ventana. La permanencia sigue estando a tiro, sí, pero la sensación es horrible. Porque el espanyolismo ya no encuentra casi ningún argumento futbolístico para pensar que este equipo está capacitado para ganar un partido.

romero cabrera real madrid 25 26

La jornada aprieta todavía más la zona baja de LaLiga

La Jornada 34 ha dejado una zona baja bastante comprimida. El Mallorca ganó 0-1 al Girona y metió a los dos en ese bloque de los 38 puntos. El Levante recibió un 5-1 en Villarreal y sigue con 33, el Valencia perdió 0-2 ante el Atlético y se queda con 39, como el Espanyol, mientras que el Alavés no pudo sumar ante el Athletic y continúa con 36. El domingo, el Celta ganó al Elche, que también se queda en 38, y el Rayo dio un salto enorme ganando en Getafe para ponerse con 42. Por abajo, el Oviedo queda hundido con 28 tras perder ante el Betis. La foto, antes del Sevilla – Real Sociedad, es esta: Rayo 42; Espanyol y Valencia 39; Elche, Mallorca y Girona 38; Alavés 36; Sevilla 34; Levante 33; Oviedo 28. El margen existe, pero cada vez se parece menos a un colchón y más a una manta corta.

El 0-2 ante el Real Madrid deja poco que rescatar

El partido tuvo una primera parte seria del Espanyol, eso es verdad. El equipo aguantó el tipo, se ordenó, sufrió cuando tocaba y hasta tuvo alguna llegada al área blanca, aunque casi siempre faltó lo mismo: colmillo, remate, mala leche futbolística. Cabrera obligó a Lunin a intervenir al filo del descanso y durante un rato Cornellà tuvo la sensación de que el partido seguía vivo. Pero la segunda parte abrió la puerta a lo de siempre. Vinicius apareció dos veces, primero en el 54’ y luego en el 66’, y el Real Madrid resolvió con dos acciones de calidad un partido que el Espanyol no supo discutir después del golpe. Lo peor no fue solo el 0-2. Lo peor fue que, tras encajar, el equipo volvió a parecer diminuto.

omar vinicius espanyol real madrid 1

Manolo González quiso ver cosas positivas, pero cuesta comprar el relato

Manolo González, consciente de que no puede salir a quemarlo todo, intentó rescatar lo poco que se podía rescatar. Habló de una primera parte buena, de ocasiones y de un equipo que hasta el segundo gol estuvo dentro del partido. Su frase fue clara: “La derrota duele porque hicimos un buen partido”. También defendió que el Espanyol tuvo momentos para ponerse por delante: “Se nos han escapado varias ya. En la primera parte hicimos mejor partido que ellos, incluso empezamos la segunda bien. Después del 0-1 reaccionamos bien con varias acciones de gol. La acción de Terrats, una de Roberto… El 0-2 sí nos hizo daño. Pienso que si el equipo se hubiese adelantado hubiese sido radicalmente distinto”. Se entiende lo que intenta hacer. No quiere hundir más al vestuario. Pero ahora mismo, desde fuera, cuesta muchísimo sentir que se vio el mismo partido. Porque las ocasiones sin gol, en esta situación, ya no consuelan a nadie.

El técnico habla de competir, pero el equipo no transmite soluciones

Manolo también insistió en la falta de gol, uno de los grandes agujeros de este Espanyol: “En Vallecas tuvimos un penalti, una opción muy clara de Pere Milla. El equipo ha generado juego y ocasiones. Lo que me preocupa es no terminar las ocasiones”. Y sobre Sevilla fue directo: “Los que quedan son muy importantes, definitorios. Toca dar todo lo que tenemos dentro”. El mensaje es el lógico, claro. Nadie espera que el entrenador salga a decir que no ve salida. Pero el problema está en el campo. El Espanyol no remata, no golpea, no se adelanta y, cuando recibe un mazazo, se apaga demasiado rápido. Ahí está el drama. No en una frase de sala de prensa, sino en una dinámica que ya no hay manera de maquillar.

También cuesta confiar en que Manolo tenga ya respuestas

Y aquí hay otro tema incómodo, pero que también hay que decir. Porque no solo cuesta confiar en que el equipo sea capaz de reaccionar. También cuesta confiar ahora mismo en la capacidad de Manolo González para encontrar la tecla, por mucho que nadie pueda negar todo lo que ha dado desde que llegó al banquillo del Espanyol. El problema es que la sensación, viendo al equipo semana tras semana, es que al técnico se le han ido acabando los recursos. Cambia piezas, mueve nombres, intenta sostener el discurso, busca brotes verdes donde casi no los hay, pero el equipo sigue clavado en el mismo sitio: sin gol, sin reacción y con una fragilidad emocional enorme cuando el partido se tuerce.

manolo gonzalez espanyol real madrid 1

No se trata de cargarlo todo sobre Manolo, porque sería demasiado fácil y bastante injusto. La plantilla tiene limitaciones, el mercado de invierno no ayudó lo que tenía que ayudar y hay futbolistas que están muy lejos de su mejor versión. Pero el banquillo también está bajo examen, claro. Cuando un equipo lleva tanto tiempo sin ganar, ya no basta con decir que compite o que tiene ocasiones. Hace falta algo más. Una sacudida, una idea distinta, una respuesta que se vea en el campo. Y ahora mismo, siendo sinceros, cuesta verla. Manolo parece tan atrapado como sus jugadores en esta dinámica horrible, y eso aumenta todavía más la angustia del espanyolismo antes de Sevilla.

El vestuario aparece hundido y eso preocupa casi más que la derrota

La imagen de algunos jugadores tras el partido fue durísima. Ramon Terrats salió a hablar ante la prensa abatido, con una expresión que dejó más preocupación que sus propias palabras. No parecía solo tristeza por perder ante el Madrid. Parecía agotamiento, culpa, bloqueo. Y eso, a seis días de ir al Sánchez-Pizjuán, asusta. Porque el Espanyol necesita energía, rabia, orgullo y cabeza. No puede llegar a Sevilla con pinta de equipo derrotado antes de jugar. Si el rival ve miedo, lo huele. Y si lo huele el Pizjuán, te come. Esa es la sensación que queda ahora mismo, por mucho que desde dentro se quiera vender fuerza y unión.

ramon terrats espanyol real madrid

La afición perica ya empieza a mirar más a los demás que a su propio equipo

Este es quizá el punto más triste de todos. El espanyolismo, que hace no tanto miraba hacia arriba, ahora está pendiente de que el Sevilla pierda, de que el Levante no reaccione, de que el Alavés tampoco gane, de que el Elche no se escape, de que el calendario ayude un poco. Y eso dice mucho. Porque cuando una afición deja de confiar en que su equipo gane y empieza a rezar para que fallen los demás, algo se ha roto. Ahora mismo, la permanencia parece más ligada al fallo ajeno que a una respuesta propia. Suena duro, pero es lo que se respira. Y ojalá el equipo cierre bocas en Sevilla, porque falta hace. Pero hoy cuesta verlo.

De soñar con Europa a rezar por no caer: la caída duele el doble

Lo que más rabia da no es solo sufrir. El Espanyol ha sufrido muchas veces, demasiadas. Lo que duele es recordar dónde estaba este equipo hace unos meses. Había una oportunidad preciosa para mirar hacia Europa, para dar un salto como club, para vivir una temporada que cambiara el ánimo del entorno. Y todo eso se ha ido cayendo jornada tras jornada, empate tras empate, derrota tras derrota, hasta llegar a este punto absurdo: pelear por no meterse en un incendio que parecía lejísimo. La primera vuelta dejó una ilusión real. La segunda está dejando una herida que costará cerrar.

roberto espanyol real madrid 1

El partido de Sevilla ya no admite medias tintas

Manolo dijo sobre el momento emocional: “Obviamente estamos fastidiados. A partir de aquí toca preparar la semana e iremos a competir al máximo a Sevilla. Daremos todo lo que tenemos. Tenemos que ser fuertes y competir el partido al máximo nivel sabiendo que será complicado”. Es lo mínimo que se puede pedir. Pero Sevilla no será un partido para discursos bonitos. Será una prueba de verdad. De piernas, de cabeza y de carácter. El Espanyol no puede salir a especular con el miedo ni puede hundirse al primer golpe. El equipo tiene que salir vivo del Pizjuán. Y, si puede ganar, ganar. Pero sobre todo no puede volver a dar esa imagen de fragilidad de los últimos minutos ante el Madrid.

Manolo insiste en que el equipo no estuvo agarrotado

El entrenador rechazó que el Espanyol jugara atenazado: “Al equipo no le he visto agarrotado jugando. Hasta el 0-2 lo vi yendo a por el partido, siendo valiente y con situaciones para adelantarnos. Cuando vas a remolque, lógicamente ya se complica mucho”. También quiso quedarse con el inicio de la segunda mitad: “Tras el 0-2 sí nos costó mucho. Pero vuelvo a decirlo: cerramos al Madrid en su área al inicio de la segunda parte. Tras el 0-1 tuvimos tres ocasiones de gol. Después sí que ya faltaron fuerzas para afrontar el final del partido”. Es verdad que hubo fases dignas. Pero esto ya va de ganar. De puntos. De tabla. De salvarse. El fútbol de los “casi” está bien cuando vienes creciendo. Cuando llevas 17 jornadas sin ganar, el “casi” suena a castigo.

vinicius espanyol real madrid

El Espanyol necesita orgullo, no solo mensajes de ánimo

El presidente, según explicó Manolo, habló con el vestuario antes del partido: “Hablé con él antes del partido. Nos dio ánimos y nos pidió que vayamos para adelante”. Está bien que haya apoyo institucional, pero ahora mismo el equipo necesita algo más visible. Necesita que alguien ponga voz, cuerpo y carácter. Que el vestuario no parezca un sitio hundido. Que el club dé señales. Que los jugadores transmitan que van a Sevilla con algo más que miedo. La semana pide orgullo. Pide sangre. Pide que los futbolistas saquen algo de dentro, aunque ahora mismo parezca difícil encontrarlo.

Ya no sirve hablar de finales: toca jugarlas como tal

La frase de Manolo sobre las fuerzas fue una de las más claras: “Nos tiene que llegar para todo. La vida no es fácil, el fútbol no es fácil. Hay que levantarse y pelear para ir a Sevilla a ganar”. Pues eso. Ya no hay mucho más. El Espanyol tiene cuatro partidos por delante y necesita sumar, seguramente esos tres o cuatro puntos que acabarían cerrando la permanencia. Matemáticamente, todavía hay margen. Futbolísticamente, la confianza está por los suelos. Y emocionalmente, el equipo parece caminar sobre hielo. Ojalá nos cierren la boca. Ojalá el sábado aparezca un Espanyol competitivo, orgulloso y vivo. Pero ahora mismo cuesta no ser muy, muy pesimistas.