El arranque ya fue muy suyo, directo y con ese punto de ironía amarga que ahora mismo casi sale solo: “Muy buen día familia perica, ¿cómo estáis? Espero que estéis mejor que nuestro equipo, sí, sí”. Y acto seguido dejó la frase que resume el drama: “Desde diciembre que no ganamos. Todo muy surrealista, difícil de explicar, pero tiene que tener una explicación”.
Y ahí fue donde empezó su análisis. No desde el grito fácil, sino intentando poner orden en el caos. Porque cuando un equipo lleva tantos meses sin ganar, ya no vale decir que ha faltado puntería, que el árbitro, que la mala suerte o que el calendario. Algo más hay. Y para Mirambell, el punto de partida está en diciembre y en lo que pasó después con el mercado de invierno.
El mercado de enero y el silencio institucional: “Hay una falta de liderazgo”
Ander situó uno de los momentos clave en diciembre, cuando el equipo ya empezaba a pedir algo más. Según explicó, “hay un momento en el que Manolo González, y creo que también Puado, piden refuerzos”. Esa frase pesa bastante, porque conecta con una sensación que el espanyolismo lleva meses repitiendo: el equipo necesitaba ayuda y la respuesta del club no estuvo a la altura.
A partir de ahí, Mirambell fue bastante claro con el papel de la entidad. “Durante enero, febrero, marzo, creo que hay un silencio institucional que hace que Manolo asuma unas responsabilidades que tal vez no le toquen”. Y aquí está una de las ideas más fuertes de su intervención: “Es decir, para mí hay una falta de liderazgo”.
No lo dijo como quien busca un culpable para descargar tensión. Lo dijo como quien ve una cadena. Si arriba no hay una voz clara, si no hay una dirección fuerte, si el entrenador queda demasiado solo dando la cara, eso se acaba notando abajo. Y lo remató así: “Esta falta de liderazgo comienza desde arriba y también se nota en el campo”.
Es una crítica dura, pero bastante fácil de entender viendo cómo ha ido la temporada. Manolo González ha sido muchas veces el único parachoques visible. El que explica, el que aguanta, el que responde, el que se come los marrones. Y eso, en un club como el Espanyol, termina pasando factura.
Un equipo bloqueado: “Hago el pase, no hago el pase para no equivocarme”
Mirambell también bajó el análisis al césped, que es donde se ven de verdad las heridas. Habló de un Espanyol sin confianza, lleno de dudas, con jugadores que parecen pensar demasiado cada acción. “En el último partido ves esta falta de confianza y seguridad”, comentó. Y lo explicó con una imagen muy sencilla, pero muy real: “Hago el pase, no hago el pase para no equivocarme, entro, pero no entro”.
Ahí está el miedo. Ese miedo que no sale en las estadísticas, pero que se nota en cada balón dividido, en cada pase hacia atrás, en cada centro que llega tarde o en cada delantero que remata con el cuerpo encogido. El Espanyol no solo está jugando mal por cuestiones tácticas: está jugando con la cabeza llena de ruido.
Y cuando pasa eso, todo cuesta el doble. Un pase fácil parece una final. Un control normal se convierte en un problema. Un remate claro acaba fuera. Lo hemos visto. Lo ha visto todo el mundo.
El caso Pol Lozano: “No es porque fuese con mala fe”
Uno de los ejemplos que puso Ander fue el de Pol Lozano, protagonista de una expulsión muy dura por doble amarilla en muy pocos minutos. Mirambell no quiso cargar contra el jugador desde la mala leche, sino usar ese episodio para explicar el estado mental del grupo.
“Entra, doble tarjeta amarilla, la más rápida de la historia de la Primera división”, recordó. Y luego matizó: “Y no es porque fuese con mala fe, sino por esta sensación de entrar revolucionado, de decir, ostras, tienes que cambiar el partido”.
La lectura tiene bastante sentido. Pol no entra al campo pensando en hacer daño ni en tirar el partido. Entra pasado de vueltas, con esa ansiedad de querer arreglar en dos acciones lo que el equipo lleva semanas sin poder arreglar. Y ahí, claro, te equivocas. Porque como dijo Ander, “tienes que valorarlo esto, pero también tienes que tener la sangre fría de decir, a ver, el partido no se cambia golpeando desde la defensa”.
La frase final de ese bloque fue de las que deberían ponerse en el vestuario: “El partido se cambia haciendo las cosas bien”. Fácil de decir, difícil de hacer cuando vas con el agua al cuello. Pero es justo eso.
Más cabeza que pizarra: “Para mí es un tipo de trabajo más mental”
Una de las partes más interesantes de la opinión de Mirambell fue cuando separó el problema táctico del problema mental. Para él, el Espanyol no se ha descompuesto porque de pronto haya olvidado cómo colocarse en el campo. “Desgraciadamente creo que no es un tema de trabajo táctico o técnico, porque el equipo más o menos tiene la misma estructura”, explicó.
La clave, según él, va por otro lado: “Para mí es un tipo de trabajo más mental, de confianza, de seguridad”.
Y se entiende. Porque este equipo, con sus defectos y sus limitaciones, ya había competido mucho mejor durante el curso. Ya había ganado partidos. Ya había transmitido otra cosa. Ahora, en cambio, parece que cada jugador lleva una mochila encima. El Espanyol necesita piernas, sí, pero necesita sobre todo volver a creerse capaz.
Mirambell incluso tiró de una idea casi de vestuario de toda la vida: “Ahora nos iría genial que se programara un partido amistoso y le metiéramos 10 goles a cualquier equipo. Que cojan confianza, que crean que pueden marcar desde cualquier lugar”. Suena a exageración, pero se entiende perfecto. A veces un delantero no necesita una charla larguísima. Necesita ver entrar una pelota.
El ejemplo de Pere Milla en Vallecas: cuando no entra ni a un metro
Para explicar ese bloqueo, Ander recordó una ocasión clarísima de Pere Milla en Vallecas. “Recuerdo la penúltima jornada, que fue el campo del Rayo. Pere Milla, que remata de cabeza, un jugador que ha marcado golazos de cabeza. A un metro no la mete. Luego, el penal… Es decir, una situación muy complicada”.
Esa acción resume muchas cosas. No es que Pere no sepa rematar. No es que el equipo no tenga jugadores con experiencia. Es que cuando la cabeza pesa, pesa de verdad. Y cuando llevas semanas sin ganar, la portería se hace pequeña, el portero parece enorme y el balón parece que quema.
El Espanyol está en ese punto en el que hasta lo normal se vuelve difícil. Y por eso Ander insistió tanto en la confianza. Porque sin eso, la pizarra se queda corta.
Puado, Manolo y el debate del banquillo: “Aporta poco ya con el poco tiempo de liga que nos queda”
En el tramo de soluciones, Mirambell fue bastante claro: alguien tiene que dar un paso adelante. “Creo que pasa porque alguien de un paso adelante. Tanto arriba como en el campo de juego, que diga, yo soy el líder”.
Y ahí apareció un nombre que ahora mismo se echa muchísimo de menos: Javi Puado. “En estos momentos echamos mucho en falta a Puado”, dijo. Normal. Porque más allá de los goles, Puado es uno de esos jugadores que ordenan emocionalmente al equipo. Capitán, referencia, perico, futbolista con jerarquía. Cuando no está, se nota.
Sobre Manolo González, Ander tampoco compró demasiado el ruido de la destitución a estas alturas. “Y sobre todo, todo lo que sea cuestionar a Manolo o no Manolo, creo que aporta poco ya con el poco tiempo de liga que nos queda”. Su visión fue bastante práctica: cambiar ahora puede no arreglar nada y hasta complicar más el futuro.
“Que un cambio podría servir para que los jugadores se agarren confianza… lo dudo mucho ya. En estos momentos es difícil”, apuntó. Y fue más allá pensando en la próxima temporada: “También un cambio de entrenador hipotecaría mucho la temporada que viene”.
Incluso puso un ejemplo concreto: “Por ejemplo, por decir un nombre, traes a Sergio García y ya estás hipotecando sus resultados de esta parte de la temporada a la temporada que viene”. Es decir, si traes ahora a alguien con perfil de futuro y la cosa acaba mal, lo quemas antes de empezar. Y eso, en un club que necesita reconstruirse, sería otro lío.
Subir una o dos marchas: la receta final de Ander Mirambell
La conclusión de Ander fue clara: el problema nace en el liderazgo, pasa por el mercado de invierno, se nota en el campo y ahora solo queda apretar. “Creo que el gran problema ha sido la falta de liderazgo desde arriba. El mercado de invierno, el terreno de juego”, resumió.
A partir de ahí, toca competir. No hay otra. “Y ahora lo que nos queda es poner la pelotita, salir con la intensidad que vimos ayer en las semifinales de Champions”, dijo, lanzando una pregunta que duele: “¿por qué esos jugadores pueden correr tantos kilómetros de intensidad y nosotros no?”.
Es una pregunta incómoda, porque no tiene una respuesta simple. Pero el mensaje sí lo es: hay que correr más, morder más, llegar antes, vivir cada balón como si fuera el último. No por estética. Por supervivencia.
Mirambell todavía dejó una puerta abierta a la esperanza: “Y una vez tengamos eso, estoy seguro de que rascamos los puntos suficientes para salvarnos”. Eso sí, avisó de que “dependerá mucho de los duelos directos”.
Sobre el partido ante el Real Madrid, no quiso darlo por perdido de antemano: “Es verdad que el domingo es un partido difícil contra el Real Madrid pero tampoco descartaría nada con esta locura que estamos teniendo de segunda vuelta”.
Y cerró con una frase que suena casi a arenga para el vestuario y para la grada: “Así que hay que seguir. Creo que hay que subir una o dos marchas de intensidad y reventar los últimos partidos que nos quedan. Y a partir de entonces reconstruir todo, partiendo del liderazgo”.
Ahí está la hoja de ruta. Primero salvarse. Como sea. Luego ya tocará mirar arriba, revisar responsabilidades, ordenar el club y decidir qué Espanyol se quiere construir. Pero ahora mismo, con el agua tan cerca del cuello, solo hay una misión: subir marchas, recuperar liderazgo y competir hasta el último segundo.







