A cuatro días de que se juegue el Atlético – Espanyol en el Metropolitano, en La Grada Ràdio se habló menos de números y más de sensaciones. Porque la tabla dice una cosa -zona europea, posición privilegiada- pero el cuerpo te pide creer otra. Dos puntos de los últimos 21 posibles pesan más que cualquier puesto en la clasificación.
El Espanyol vive un momento extraño, difícil de etiquetar. No está hundido ni descolgado, pero tampoco transmite esa seguridad que lo convirtió en una de las sorpresas del campeonato hasta Navidad. Es como si el equipo siguiera de pie gracias a lo que hizo antes, no a lo que está haciendo ahora.
La sensación de fragilidad atrás
Gran parte de esa inseguridad nace en defensa. Durante meses, el Espanyol se sostuvo porque concedía poco y competía cada balón como si fuera el último. Eso se ha ido diluyendo. En siete partidos ha encajado doce goles y la portería a cero se ha convertido casi en un recuerdo lejano.

Manolo González lo expresó con una sinceridad poco habitual: “Hemos de volver a defender el área. No sé si la palabra es humildad, pero no ganamos duelos como en la primera vuelta, no regresamos igual. El hándicap es recuperar el tono defensivo y a partir de ahí a crecer. Empezando por mí debemos tener un toque de humildad para recuperar las cosas que hicieron que firmásemos un 2025 tan bueno”.
Más que una frase de entrenador, suena a aviso interno. Cuando desaparece la seguridad atrás, todo lo demás empieza a tambalearse.
Cornellà ya no es ese lugar donde todo parecía posible
Otro cambio que se percibe con claridad es lo que ocurre en casa. El RCDE Stadium había sido durante meses un refugio, casi un lugar donde el partido empezaba con ventaja emocional. Eso ya no pasa. Los resultados recientes han enfriado el ambiente y han reducido ese margen de confianza.
La grada sigue ahí, empujando como siempre. Pero también aparecen los silencios, los murmullos, esa tensión que se cuela cuando el equipo no encuentra soluciones. No es falta de apoyo, es inquietud acumulada.
Jugadores lejos de su mejor versión
También se comentó algo que suele pasar desapercibido cuando el equipo gana y se vuelve evidente cuando deja de hacerlo: varios futbolistas han bajado su rendimiento respecto a la primera vuelta. Nada dramático por separado, pero significativo en conjunto.
El Espanyol funcionaba porque muchas piezas estaban al mismo tiempo cerca de su techo. Ahora ese pico colectivo se ha desdibujado. Hay desgaste, hay acumulación de minutos y también un componente de confianza. Cuando nadie marca la diferencia, los partidos se hacen cuesta arriba.
El peso de los golpes recientes
Más allá de lo físico o lo táctico, hay algo que se nota incluso desde la grada: el impacto emocional. Cada gol en contra parece doler más, cada error genera más nervios, cada partido sin victoria agranda la sensación de urgencia.
Desde dentro del vestuario se insiste en que hay autocrítica y trabajo, pero la confianza no se recupera con discursos. Se reconstruye con resultados. Y ahora mismo esos resultados no llegan.
Un calendario que no invita al optimismo
El contexto tampoco ayuda. La segunda vuelta siempre aprieta, pero este año da la sensación de que todo cuesta el doble. Los equipos de abajo pelean con desesperación y los rivales directos por Europa juegan con un margen mínimo de error. Encima, el factor sorpresa que tenía el Espanyol en otoño ya no existe.
Aun así, el colchón de puntos mantiene al equipo en la pelea. Kike García lo resumió con una frase simple, casi de vestuario de barrio pero cargada de sentido común: “Al igual que lo bueno se acaba, lo malo también”.
Entre la preocupación y la esperanza
La conclusión que quedó flotando en el programa no fue catastrofista, pero tampoco tranquilizadora. El Espanyol no se ha roto, pero sí se ha desgastado. Sigue vivo en la carrera europea gracias a lo construido antes de Navidad, aunque necesita reencontrarse pronto con esa versión sólida y fiable que parecía tenerlo todo bajo control.
La crisis está ahí, nadie la niega. Pero también existe margen para cambiar el rumbo. Y quizá eso es lo único que permite mirar al Metropolitano con algo más que resignación.
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— LA GRADA (@lagradaonline) February 17, 2026
La IA mantiene al equipo en la pelea continental tras la jornada 24, pero sin impulso y con señales claras de desgaste competitivo
El Espanyol sigue sexto con 35 puntos reales, sí, pero el superordenador de OPTA mira más allá y dibuja un futuro mucho menos optimista: octavo puesto final con unos 51,37 puntos y opciones europeas que se van apagando poco a poco. No hay desplome, pero tampoco reacción. Hace apenas dos jornadas la proyección superaba los 52 puntos y el club rondaba el 43% de probabilidades continentales; ahora la estimación se queda en un 18,89% total -apenas un 0,26% para Champions, un 2,38% para Europa League y un 16,25% para Conference- mientras Real Sociedad, Celta o Betis ganan terreno y Atlético y Villarreal se escapan hacia la Champions.

El dato más incómodo aparece en la tabla de puntos esperados: duodécimo con 32,3 xPTS, por debajo de los 35 reales, lo que sugiere que el equipo ha vivido por encima de su producción (32,5 xG a favor y 31,3 en contra). La lectura es clara: el empate frena la caída tras La Cerámica, pero no devuelve crédito. En la vida real, el Espanyol sigue dependiendo de sí mismo; en el universo de los datos, es un aspirante con pinta de quedarse a medio camino si no llegan victorias pronto. La primera vuelta aún sostiene el edificio… pero el colchón pierde aire jornada a jornada.
Ashlyn Pace-Ferguson muestra el Espanyol desde dentro con un vídeo íntimo del día de partido
Ashlyn Pace-Ferguson, hija del propietario del RCD Espanyol, ha publicado un vídeo grabado durante la jornada del Espanyol-Celta que enseña el club desde un ángulo muy poco habitual, más cercano a un diario personal que a una pieza oficial. Desde el inicio sitúa el contexto con naturalidad -“Mi papá es el presidente de un equipo LaLiga y de un equipo Premier League”- y explica que, mientras Alan Pace estaba en Inglaterra viendo la FA Cup del Burnley, ella y su madre viajaron a Barcelona para asistir al partido. El vídeo recorre zonas internas del RCDE Stadium normalmente inaccesibles: llegada temprana, sala de prensa, pasillos, túnel, césped durante el calentamiento e incluso el pequeño museo del club, del que comenta que le gustaría algo similar para el Burnley.

También menciona un “lugar secreto” al que fueron guiadas para reunirse con jugadores, reforzando la sensación de acceso privilegiado. El encuentro lo siguieron desde la sala de prensa, desde donde vivieron un final tenso que describe con honestidad: “No voy a mentir, pensé que íbamos a lograr los tres puntos en el final, pero no era lo que se suponía”. El formato, muy habitual en el entorno del Burnley, aterriza así en clave perica como una forma de acercar la propiedad a la afición desde un tono familiar y directo, algo que remata con una despedida que une ambos mundos: “Forza Mágico Español, y Up the Clarets!”.
La polémica con la afición del Burnley explica la ausencia de Alan Pace ante el Celta
Durante el programa, Francesc Via puso contexto a esa ausencia de Alan Pace. El máximo accionista del Espanyol atraviesa días delicados con una parte de la afición del Burnley, molesta por unas declaraciones en las que el dirigente comparaba sus protestas con la “pataleta de un niño”. Ese comentario, que tal vez fue sobredimensionado o malinterpretado en un momento muy sensible por parte de la afición del Burnley ante el mal momento del equipo, encendió todavía más el ambiente en Turf Moor e influyó en la decisión de no viajar a Barcelona para el duelo ante el Celta y permanecer en Inglaterra. La imagen de un propietario dividido entre dos frentes -uno deportivo y otro emocional- refuerza la idea de una semana incómoda en el entorno Claret, con la tensión todavía latente mientras el Espanyol afrontaba el partido sin su principal figura institucional en el palco.

Fin de semana gris para los cedidos del Espanyol
El parte de los cedidos del Espanyol deja un sabor raro, tirando a amargo. Más sombras que luces y la sensación de que a muchos les está costando arrancar de verdad en 2026. Gragera sigue completamente desaparecido en el Dépor, encadenando suplencias sin jugar ni un minuto, mientras Sadik salió desde el banquillo en otra derrota del Pau sin poder cambiar nada. El día más negro fue para Marcos Fernández, expulsado en Huesca en una acción muy discutida que dejó al Ceuta con diez y condicionó todo el partido.

Justin Smith apenas tuvo tiempo para tocar balón con el Sporting, Hugo Pérez sufrió atrás en el empate del Nàstic y el Racing echó de menos a Pablo Ramón, ausente por lesión, igual que la Cultural notó la baja de Hinojo entre sanción y problemas físicos. Dentro de ese panorama cuesta arriba, la nota más luminosa la puso Rafa Bauza con un golazo en Anduva que adelantó al Mirandés, mientras Javi Hernández estuvo cerca de sentenciar el partido antes de que se escapara en el descuento. Un resumen que no habla de progresión ni de explosión, sino de paciencia… y de esperar tiempos mejores.
El filial compite sin premio y el Femenino deja escapar dos puntos en casa
Carlos Martínez resumió el fin de semana del filial y del equipo femenino con una idea bastante clara: buenas sensaciones competitivas, pero resultados que saben a poco. El Espanyol B firmó un 0-0 muy trabajado en un campo siempre incómodo como el de Olot, dominando largos tramos, generando ocasiones claras -sobre todo en la primera parte- y mostrando la seriedad habitual del equipo de Jardiel, aunque sin el gol necesario para convertir ese control en victoria. En la segunda mitad los locales se soltaron más y el partido se equilibró, pero el filial siguió dando la cara hasta acabar protegiendo un punto que mantiene viva la pelea por el playoff.

En paralelo, el Espanyol Femenino dejó escapar dos puntos en la Dani Jarque tras empatar 1-1 ante el DUX Logroño en un encuentro que tuvo de todo: dominio inicial, gol de penalti de Ballesté, empate visitante también desde los once metros y varias ocasiones claras para llevarse el triunfo, incluida una última acción en el descuento que rozó el 2-1. Dos partidos distintos con un mismo sabor final: el equipo compite, genera y se deja la piel, pero se queda con la sensación de que podía haber sacado bastante más.








